
Por: Félix Piriyú, miembro de APRA y fundador de Astronomía Paraguay.
Seguro te resulta familiar la infundada afirmación de que un objeto extraterrestre se acerca a nuestro planeta. Incluso se llega a límites increíbles e irrisorios al decir que se trata de una nave interplanetaria hostil hacia nuestra especie.
Las redes sociales y muchos medios han difundido este tipo de desinformación a lo largo del pasado mes de julio, generando todo tipo de comentarios y reflotando la romántica idea de que, fuera de la Tierra, existen seres inteligentes que podrían tener algún tipo de interés en nosotros.
Pero no toda la culpa puede atribuirse a la credulidad natural del ser humano. Avi Loeb, un destacado científico y director del Departamento de Astronomía de Harvard, publicó un paper (ver aquí) en el que da a entender que un objeto interestelar descubierto el 1 de julio podría ser tecnología extraterrestre posiblemente hostil. Un documento hecho a la medida de los ET lovers, y que nos muestra una vez más que la falacia de autoridad es uno de los recursos comúnmente utilizados para justificar este tipo de afirmaciones.
Hagamos un poco de historia para aclarar lo que sabemos del ya famoso objeto interestelar.
El 19 de octubre de 2017, el observatorio PAN-STARRS descubrió un objeto con una trayectoria peculiar. El camino que recorría dentro del sistema solar mostraba claramente que se había originado en otra estrella. Lo bautizaron como ʻOumuamua (la comilla es parte del nombre). Así, la humanidad conoció por primera vez un objeto interestelar. Tengamos en cuenta que, en aquella ocasión, Loeb ya había afirmado que esa piedra espacial podría ser una sonda extraterrestre. Según él, la velocidad y la forma en que se movía ʻOumuamua se correspondían más con un objeto artificial que con un asteroide. Por supuesto, la comunidad científica descalificó rápidamente sus afirmaciones.
El 30 de agosto de 2019, Guennadi Borisov, un astrónomo aficionado, descubrió el segundo objeto interestelar. Esta vez no hubo nada de naves alienígenas: todos coincidieron en que se trataba de un cometa.
El tercer objeto interestelar fue descubierto el 1 de julio de este año, cuando se encontraba a unos 670 millones de kilómetros del Sol. Su velocidad rozaba los 210.000 km/h, y nuevamente, su trayectoria delataba su procedencia interestelar. El hallazgo fue realizado por el observatorio El Sauce, en Chile. El nombre oficial que recibió fue 3I/ATLAS. El número 3 indica que se trata del tercer objeto interestelar; la “I” hace referencia a su origen interestelar; y “ATLAS” es el nombre de una red de telescopios que vigila constantemente el cielo en busca de asteroides que puedan representar un riesgo de impacto contra la Tierra.
Para el 3 de julio ya se había publicado el primer paper (ver aquí). En él se detallan observaciones realizadas por el Telescopio Canadá-Francia-Hawái, el Very Large Telescope y otros instrumentos terrestres más pequeños. El artículo identificó claramente una coma, demostrando que el objeto es, en realidad, un cometa.
Sin embargo, 3I/ATLAS saltó a la fama no por ese paper, sino por la publicación de Loeb. Sin duda, el gran público se siente mucho más atraído por los ETs que por los cometas interestelares.
Tomémonos un momento para reflexionar: ¿qué características podría tener un minúsculo punto de luz a 670 millones de kilómetros que lo delaten como una nave extraterrestre hostil hacia la humanidad? Un punto de luz prácticamente invisible para la mayoría de los telescopios.
¿Por qué la idea de una tecnología extraterrestre espiándonos resulta más popular que el hecho —científicamente comprobado— de que el objeto observado es un cometa procedente de otra estrella?
Un segundo paper, publicado por la Universidad de Oxford (ver aquí), ofrece una evaluación preliminar de 3I/ATLAS. Según los modelos utilizados, el objeto proviene de una región de la Vía Láctea conocida como Disco Grueso, una zona poblada por estrellas muy antiguas, de una generación anterior a nuestro Sol.
Es por esto que decimos que 3I/ATLAS es el Tercer Mensajero. El autor principal del paper de Oxford explica que este objeto podría tener una edad de 7 u 8 mil millones de años. Si esos valores son correctos, sería mucho más antiguo que el sistema solar.
Y como se trata de un cometa, perderá material a medida que se acerque al Sol. Nuestros grandes telescopios podrán analizar los elementos que componen su cola.
Además, hacia finales de este año, existe una buena posibilidad de que 3I/ATLAS sea observado por los instrumentos que tenemos en Marte: tanto por los orbitadores como por los rovers que se encuentran en la superficie.
Por lo tanto, este cometa podría revelarnos cómo estaba constituida la galaxia antes del nacimiento del Sol. El análisis del espectro de la luz que refleja podría brindarnos información que lleva guardando desde hace 8.000 millones de años.
Sin duda, es un mensajero extraordinario de una época remota. Y esto debería maravillarnos y sorprendernos mucho más que la idea de hombrecitos verdes viajando en naves espaciales disfrazadas de rocas.
Excelente este articulo, bien explicado y muy bien documentado.
Pregunto, que es lo que mueve a un cientifico como Loeb a intentar convencer de la visita de seres inteligentes de otras estrellas..?
Con esto van 2 veces del mismo intento y los ET lovers maravillados..
¡Gracias por tu comentario, Rubén! Me alegra que hayas encontrado el artículo claro y bien documentado.
Respecto a tu pregunta sobre qué lleva a un científico como Avi Loeb a insistir en la hipótesis de tecnología extraterrestre, hay varias posibles explicaciones que se me ocurren:
1. Búsqueda de notoriedad o visibilidad mediática
En el competitivo mundo académico, destacar es difícil, incluso para científicos de alto nivel. Al proponer hipótesis llamativas (aunque poco probables), se genera atención mediática, entrevistas, libros y financiación para investigaciones. Esto no necesariamente significa deshonestidad, sino una estrategia de posicionamiento.
2. Sesgo de confirmación y convicciones personales (este es un clásico)
Loeb ha expresado en entrevistas que cree firmemente en la posibilidad de vida inteligente en el universo. Esa convicción puede influir en su interpretación de los datos. Como cualquier ser humano, los científicos también son susceptibles a sesgos cognitivos, especialmente si una idea se alinea con sus expectativas o esperanzas.
3. Narrativas atractivas para el público general
Las teorías sobre civilizaciones extraterrestres despiertan fascinación y curiosidad en millones de personas. Hablar de esto garantiza atención. Algunos científicos se apoyan en esto como una vía para acercar al gran público a la ciencia, aunque se corra el riesgo de desinformar.
4. La figura del “rebelde científico”
También hay un fenómeno social: quienes van contra el consenso tienden a ser vistos como valientes o visionarios. Algunos científicos adoptan ese rol, a veces sinceramente y otras como parte de una construcción de imagen.
En definitiva, no hay una única razón, pero probablemente se trate de una combinación de motivaciones humanas, algunas legítimas, otras discutibles. Y como bien señalás, no es la primera vez que Loeb realiza este tipo de afirmaciones, lo que indica una pauta.
Saludos.
Gracias por tu respuesta Marcelo.