por Marcelo Vázquez. | Nov 28, 2016 | Pensamiento Crítico |

Según el periodista Alejandro Borgo, adherirse al escepticismo evitaría caer en el marxismo o el neomarxismo. Lo pone en la misma posición que defender el psicoanálisis freudiano, por reclamar el título de científico. Para el comunicador, el ateísmo debe difundirse y no hay que espantar a la gente respecto del escepticismo.
Por Eduardo Quintana.
eduardoquintanaelsebf@gmail.com
Borgo es un reconocido periodista militante escéptico y ateo argentino que desde hace décadas lucha contra las pseudociencias, el pensamiento dogmático y el oscurantismo. Es representante del Center For Inquiry en Argentina y fue director de la revista Pensar y fundador y presidente del Centro Argentino para la investigación y refutación de la Pseudociencia, CAIRP (1991 – 1997).
Alejandro fue el organizador de la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico. Buenos Aires, setiembre de 2005. Además de su trabajo como escéptico, es músico. Es fundador, compositor e integrante de la Camerata Porteña. (www.camerata.com.ar)
Tiene cuatro libros: “Puede Fallar. Predicciones Fallidas de Astrólogos, videntes y mentalistas en Argentina”, en co-autoría con Enrique Márquez. Ed. Planeta (1998); “¡¿Por qué a mí?! Los errores más comunes que cometemos al pensar”. Ed. Planeta, 2011; “¿Te atrevés a ser libre?” Ed. Planeta, 2012 y “Beatles. Lo que siempre y nunca escuchaste sobre ello”, Ediciones Del Camino, 2016.
Alejandro se encuentra actualmente en Asunción, ya que ofrecerá dos charlas magistrales en la Universidad Iberoamericana, de la mano de APRA. El evento cuenta con el apoyo de la Universidad Iberoamericana, y del Center for Inquiry (CFI) de Argentina. Las ponencias se llevarán a cabo el jueves 1 y viernes 2 de diciembre, en el Salón Rectorado de la universidad (Ygatimí esq. 15 de Agosto). La inscripción se debe realizar al celular 0982-571013.

-Cuando hablamos de escepticismo, no nos referimos a los clásicos de la escuela escéptica griega que negaban la posibilidad del conocimiento. ¿Qué realmente es un escéptico en el siglo XXI?
– En el siglo XXI, un escéptico, al igual que en otras épocas, es una persona que duda de una afirmación hasta que haya evidencia que la sustente. Cuanto más extraordinaria es la afirmación, mayor debe ser la evidencia. Ello se refleja en todas las actividades y campos de la acción humana. Y en estos tiempos es urgente la aplicación del escepticismo a la economía y la política, no solo a las pseudociencias como la parapsicología, astrología, ufología, medicinas alternativas y otras.
-¿De qué nos sirve el pensamiento crítico?
– El pensamiento crítico es una poderosa herramienta que nos sirve, como se dice coloquialmente, para “separar la paja del trigo”. Consiste en detectar falacias para distinguir los razonamientos válidos de los defectuosos. Según Howard Gabennesch, el pensamiento crítico consiste en el uso de nuestras aptitudes racionales, ideas y valores para acercarnos a la verdad tanto como sea posible. Esas aptitudes comprenden: analizar, sintetizar, interpretar, explicar, evaluar, generalizar, abstraer, ilustrar, comparar y reconocer falacias lógicas.
-En la sociedad de la información, en la que vivimos a nivel global, ¿por qué abundan la superstición y la pseudociencia?
– En primer lugar, no creo que la sociedad esté tan informada. Hay miles de noticias o artículos circulando que parecen información válida, pero no lo son. En segundo lugar, la superstición y la pseudociencia abundan porque son expresiones del pensamiento mágico, que por lejos, es lo que todavía guía muchas de nuestras acciones, a base de creencias sin sustento. Lo que en inglés se denomina “wishful thinking”.
-¿Es la misma lógica que con las religiones? ¿Por qué la gente sigue creyendo en dioses?
– La gente sigue creyendo en dioses porque dicha creencia les da una suerte de consuelo frente a las calamidades cotidianas. Ya lo decía Bertrand Russell hace unos cien años aproximadamente. La religión se basa en la fe (creencia a ciegas), promueve el “creer para ver” en lugar del “ver para creer”. Por otra parte, las religiones tradicionales siguen promoviendo conceptos dañinos como el pecado, la culpa y la obediencia sin cuestionamientos. Y no debemos olvidarnos de que una de las causas principales de la existencia de las religiones, en todos los tiempos, fue el miedo a la muerte.
-¿Cuánto tiempo más de vida le das a las religiones?
– Las religiones se van transformando, mutando. Se van adaptando. Creo que tenemos varios siglos de religión o mentalidad religiosa por delante. La ciencia viene ganando todas las batallas, y ha aportado mucho para extinguir las creencias religiosas, pero éstas siguen y seguirán existiendo.
-¿Cómo debemos aplicar el escepticismo en la política? ¿Qué ejercicios del pensamiento crítico se deben hacer para evitar caer en manos del populismo, la demagogia, o peor, el autoritarismo?
– Es una pregunta difícil de responder. El escepticismo debe aplicarse en política como se aplica en otros campos. Si un líder político promete algo, debemos preguntarle cómo lo hará, evitando las respuestas ambiguas. El populismo apela a lo peor de nosotros: no cuestionar nada, aceptar todo en nombre de las mayorías. El nacionalismo es otro grave problema: apela a lo peor del ser humano, el odio a un enemigo inventado. Basta con examinar la historia de las guerras.
Iberoamérica lamentablemente se destaca por los gobiernos populistas, demagogos y autoritarios que ha tenido. No ha prevalecido, como lo dicen varias constituciones, el individuo por sobre la mayoría. Se ha dado todo lo contrario, lo cual no puede llevarnos a algo bueno.
-¿Cuál fue la labor que hacías el Instituto Argentino de Parapsicología? ¿Por qué desapareció?
-El Instituto Argentino de Parapsicología (IAP) era una institución seria, donde di mis primeros pasos en la investigación de lo paranormal. Allí aprendí metodología de la investigación y estadística. Me fui del IAP en 1987. Desconozco la razón de su desaparición. Cuando partí, el IAP no estaba en buenas manos.
-¿Qué trabajo realizaste durante tu presidencia en el Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia?
-El CAIRP realizó un trabajo descomunal. No solo durante mi presidencia, sino también durante la de Enrique Márquez, que fue la primera etapa, donde contamos con la invalorable participación del periodista Alejandro Agostinelli. Investigábamos los supuestos fenómenos paranormales, participábamos en programas de televisión, radio y éramos entrevistados a menudo por la prensa escrita. Hay cientos de programas que pueden verse en YouTube.
Editamos la primera revista escéptica argentina, El Ojo Escéptico (www.elojoesceptico.com.ar), con el fin de promover el pensamiento crítico y desmitificar las afirmaciones pseudocientíficas de astrólogos, parapsicólogos, videntes, etc.
Formamos un gran equipo, con docentes, profesionales e ilusionistas. Carl Sagan y Mario Bunge fueron Miembros de Honor del CAIRP.
-¿Costó mucho organizar la primera Conferencia Iberoamericana de Pensamiento Crítico en el 2005?
– Fue una tarea enorme, planeada con mucha anticipación. Logramos, con el apoyo del Center For Inquiry Transnational (www.centerforinquiry.net) llevar expositores de España, Estados Unidos, Brasil, Paraguay y Chile, aparte de los oradores argentinos. Duró dos días y hubo 21 oradores. Nunca se hizo nada igual en la Argentina.
-¿Qué postura tenés con relación a los Nuevos no jinetes del Apocalipsis ¿Dawkins, Harris, Dennet y Hitchens representaron un punto de inflexión en la concepción atea o solo sumaron esfuerzos de otros no religiosos?
– Según mi criterio, todos son, o fueron, buenos divulgadores del ateísmo, aunque no fueron los primeros. Vuelvo a nombrar al gran Bertrand Russell, filósofo que para el mundo académico se denominaba “agnóstico”, pero para el público, se reconocía como “ateo”. Estamos hablando de 1927. Russell hizo una tarea monumental. Tuvo el valor de transmitir la filosofía al hombre de la calle, hizo el esfuerzo por aclarar y arrojar luz sobre temas muy controversiales.
-¿Se debe difundir el ateísmo?
– ¿Por qué no? No es otra cosa que la descreencia en dioses. Veo que algunos ateos, sin embargo, tienen actitudes que no contribuyen a la causa: creen que los creyentes son gente estúpida y los tratan como tales. Y lo peor es que se jactan de ello. No estoy de acuerdo con esa postura.
-¿Fracasan los movimientos u organizaciones escépticas y racionalistas latinoamericanas? ¿Por qué cuesta mantenerlas durante un largo tiempo?
– Creo que la cuestión pasa por el voluntarismo, que tiene un límite. A veces está mal visto que una organización escéptica gane dinero. Eso ocurrió con el CAIRP. No entiendo por qué. Cuando propuse que la gente que trabajaba en el CAIRP debía obtener un rédito económico, varias voces “puristas” estuvieron en contra. Cualquier organización, para progresar, necesita dinero. Si dependemos del voluntarismo, estamos en vías de extinción.
-¿Es un problema que algunos grupos sean escépticos, pero abiertamente marxistas o socialistas?
– Sí son escépticos y marxistas están en un gran problema. No se puede ser una cosa y la otra al mismo tiempo. Es lo mismo que ser freudiano y científico. Por otra parte, el fracaso del socialismo en el mundo ha sido estrepitoso. Cuando se construyó el muro de Berlín, nadie emigraba de Alemania Occidental hacia Alemania Oriental. Todo el que podía hacía lo contrario ¿Los intelectuales socialistas nunca se preguntaron por qué? Es algo que le hubiera llamado la atención a un niño de jardín de infantes.
-¿Se debe buscar trabajar en conjunto, con APRA y organizaciones similares? ¿Sobre qué se podría trabajar?
– Desde luego que sí. Eso es lo que debemos hacer. Juntar fuerzas, recursos y trabajar en la promoción de la ciencia y la razón. Pero deberíamos hacerlo con humor, con simpatía, para acercarnos a la gente. Vuelvo al tema del ateísmo: hay ateos que espantan a la gente. No permitamos lo mismo con el escepticismo.
-¿Qué valores o códigos morales tienen los no creyentes con tu filosofía?
– Muchos: el respeto hacia la gente, la tolerancia al disenso, entre otras. Las personas no somos robots inmutables. Nadie es perfecto. He conocido gente creyente muy valiosa.
-La visión sobre la libertad que defendés te hizo chocar con Mario Bunge. ¿Las diferencias con el filósofo son solo filosóficas políticas?
– Yo no choqué con Mario. Él chocó conmigo. Él se peleó conmigo. Malinterpretó lo que yo alguna vez le expresé. Se enojó conmigo porque nombré a Ayn Rand y a Murray Rothbard en uno de mis libros. Su respuesta fue totalmente emocional. Ni siquiera leyó mi libro, en el cual lo cito a él y a otros pensadores.
-¿Qué representa la música en tu vida?
– Sentimiento, pasión, belleza. Soy músico desde mi infancia. La música llega a conmover, lo cual he presenciado en varias personas a lo largo de mi vida. El amor por la música me brindó varios amigos, con quienes he compartido momentos inenarrables.
-¿Cuál es la recepción del último libro sobre The Beatles que presentaste?
– ¡Muy buena! Fue un trabajo que me llevó 4 años. Y rindió sus frutos. Es el libro que quise escribir toda mi vida.
-¿Cómo fue tu experiencia durante el Primer Simposio Internacional de Pensamiento Crítico que realizó APRA en 2011?
– Excelente. Tuve la oportunidad de conocer gente brillante, con la cual discutimos sobre varios temas. Fue muy enriquecedor para mí. Espero que quienes hayan compartido esa experiencia sientan lo mismo.
-La primera charla que darás en la Unibe tratará sobre la matrix. ¿Cómo podés definir la realidad?
– Adopto la definición de Bunge: la realidad es la colección de objetos que hay en el Universo. No soy subjetivista, sino realista. Pero dejo el suspenso para la charla que daré sobre el tema.
-La segunda tratará sobre los chantas. Tenemos varios en nuestros países, que no solo pasan por la política, sino por la psicología, los medios de comunicación y hasta la cultura. ¿Se los puede detectar?
– Por supuesto. Para ello contamos con el pensamiento crítico. A lo largo de los años hemos desenmascarado a muchos charlatanes.
-¿Podrías citar algunos autores sugeridos para una introducción en el escepticismo y pensamiento crítico?
– Bertrand Russell, Martin Gardner, Isaac Asimov, Carl Sagan, James Randi, Ray Hyman, Joe Nickell, Alan Sokal, Jacques van Rilläer y muchos otros. Uno de los libros que más me impactó fue “El olvido de la razón” de Juan José Sebreli.
por APRA | Nov 14, 2016 | Articulos de nuestros lectores, Ciencia, Reseñas |

Por: Ariel Insaurralde Alviso, bioquímico y Coordinador de Investigaciones en la DGICT-Universidad Nacional de Asunción. insaurralde.alviso@gmail.com
Particularmente considero a Richard Dawkins como el más importante escritor de divulgación científica de nuestros días. Su último libro, “Una luz fugaz en la oscuridad. Recuerdos de una vida dedicada a la ciencia” (TusQuets, 2016), es una magnífica obra, que paradójicamente al título, es una verdadera “Supernova Científica”, sobre todo para los que amamos la ciencia y el conocimiento desde su esencia escéptica y racionalista.
Lejos de presentarnos exclusivamente un libro de ricas memorias de la comunidad científica, Dawkins repasa y actualiza conceptos fundamentales expuestos de sus grandes best sellers (Del “Gen Egoísta” al “Espejismo de Dios”), así como clarifica términos e ideas novedosas y las profundiza con detalles sumamente interesantes.
El Profesor Dawkins posee el “don divino” (valga la ironía) de trasladar ideas, hipótesis y conceptos complejos, de manera simple y efectiva, generando una fácil comprensión de parte del lector. Al mismo tiempo, destaca acontecimientos “cuasi caseros” ocurridos en eventos científicos, encuentros con celebridades del mundo de la ciencia y mediáticas (encabezado por Lalla, su tercera esposa), así como hechos muy curiosos como cuando menciona que él, Steve Pinker, Jim Watson y Craig Venter, tienen sus genomas enteramente secuenciados.
Avanzando en el apasionante contenido de la obra, el profesor remarca conceptos y los expone de manera didáctica; se explaya en temas como, la evolución del lenguaje y su transformación crítica, para que alcancemos el progreso evolutivo que vivimos hoy día; resume el casi inefable concepto de “evolución de la evolucionalidad”, así como la importancia de los “Genes espejo” en la simetría corporal.
Un apartado especial tiene el repaso y la actualización de los famosas “Biomorfos” o “bioformas”, basados en selección artifical y en el que Dawkins divaga en la hipotética evolución de infinitas y bellas formas, basadas en un programa creado por él mismo (introducidas en su maravillosa obra “El Relojero Ciego”).
La evolución no sólo es parte del “ADN conceptual” de Dawkins, también es un hecho en la evolución de sus conceptos e hipótesis, así nos presenta la evolución de sus “Biomorfos”, a partir del trabajo realizado sobre “Antromorfos”.
Un punto importante es la validación de conceptos, en este caso el autor, reafirma los conceptos plasmados en “El Gen Egoísta” de 1976, basado en conceptos como la duplicación génica. Por otro lado, se ahonda en el “Gen Cooperativo” y su importancia fuera del acervo genético, para desarrollar el concepto de “Cooperador Egoísta”.
Explicando y reforzando la ubicuidad de la “Evolución Universal”, profundiza los términos de Embriología epigenética (tipo papiroflexica) y Embriología preformacional (tipo impresora 3D), a fin de desarrollar el concepto de Selección Natural Darwiniana y otras formas hipotéticas de evolución en en otros mundos u otros sistemas.
Refrescándonos la memoria, Dawkins hurga en el nuevo replicador, en la unidad que permite lo que llamamos “Evolución Cultural”, al tan controvertido “meme” y desarrolla el hiperconcepto de “Memeplex”.
En síntesis, Dawkins un académico y un científico con todas las letras, desnuda su “espiritualidad científica” en esta obra preciosa y didáctica, se muestra como es, no sólo menciona sus éxitos, sus aciertos y se vanagloria, sino que el gran científico revela sus miedos, sus errores en toda una vida dedicada a la ciencia y en la búsqueda permanente de la verdad.
por Marcelo Vázquez. | Nov 8, 2016 | Crítica a las Religiones |

Por: Francisco Ascarza. Publicado originalmente en el blog Insurrectos.
En las sociedades democráticas modernas nadie duda del derecho que asiste a los padres de educar a sus hijos en la fe que profesan.
En efecto, el artículo 26, inciso 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Por su parte, el artículo 74 de la Constitución de la República del Paraguay garantiza “el derecho a la educación religiosa y al pluralismo ideológico”.
Pero, ¿somos capaces los padres de distinguir la diferencia que existe entre educar y adoctrinar?
El adoctrinamiento se define como la acción y el efecto de instruir a alguien en el conocimiento de un conjunto de opiniones religiosas, filosóficas o políticas, sustentadas por una persona o por un grupo, con la finalidad de establecer un control no necesariamente coactivo, pero sí influyente. En este sentido, el adoctrinamiento se caracteriza por ser sesgado, desviado de la búsqueda de la verdad y por lo tanto, tendencioso.
Por el contrario, y tal como la definiera Alfred North Whitehead, “La finalidad de la educación es infundir sabiduría, la cual consiste en saber usar bien nuestros conocimientos y habilidades. Tener sabiduría es tener cultura y la cultura es la actividad del pensamiento que nos permite estar abiertos a la belleza y a los sentimientos humanitarios”.
Esta sabia utilización de los conocimientos y habilidades de la que nos habla Whitehead lleva en sí la necesidad de la elección. Dicho de otro modo, la educación tiene como finalidad última brindarnos las herramientas del conocimiento y la ética, necesarias para convertirnos en hombres libres; hombres capaces de ELEGIR su propio devenir.
Cuando los padres enseñamos a nuestros hijos que la fe que practicamos es la única y verdadera; cuando les mostramos que el camino señalado por nuestros profetas y dioses es el que merece ser transitado, en detrimento de otros, no les estamos educando: les estamos adoctrinando. Estamos dejando en sus conciencias las huellas de nuestro propio sesgo y tendencia.
Este adoctrinamiento es particularmente dañino cuando se realiza a muy temprana edad, pues el niño no posee ni la madurez ni los conocimientos necesarios para poner en tela de juicio lo enseñado. Para el niño, lo dicho por el adulto tiene caracter de verdad absoluta. Y si bien es nuestro derecho el compartir con ellos nuestras vivencias espirituales, no debemos olvidar que es nuestra obligación moral guiarlos hacia la libertad, aunque ello signifique que el destino que escojan sea el opuesto al que esperábamos.
Debemos, por lo tanto, ser capaces de guiar a nuestros hijos por el sendero que consideramos el verdadero, pero también transitar con ellos el camino opuesto; debemos enserñarles acerca de Jesús, Mahoma o Budha, pero también leer y apreciar con la misma pasión a los escritores ateos, como Hitchens, Dawkins o Hawking.
Después de todo, ¿no sería de hipócritas atribuirle a Dios el que se nos permita elegir, y que seamos nosotros mismos quienes se lo impidamos a nuestros niños, ocultando lo que consideramos profano?
por Eduardo Quintana | Nov 1, 2016 | Ciencia, Pensamiento Crítico |
Según el presidente de APRA, Ricardo Montanía, los escépticos paraguayos cuestionan todo y no aceptan liderazgos fuertes. Sin embargo, sostiene, que aunque la individualidad es una característica de los librepensadores, el trabajo en conjunto a favor de la razón y el escepticismo ayudaron a visibilizar a los compatriotas que no siguen religiones, deidades ni pseudociencias.
Por Eduardo Quintana
@edquintana
En el año 2006, cuando comenzó a popularizarse el Nuevo Ateísmo, en el mundo anglosajón, con los Cuatro No Jinetes del Apocalipsis, en Asunción se reunían tres amigos para encausar un movimiento atípico en una sociedad históricamente conservadora: una organización atea, racionalista y escéptica. Meses después de los primeros encuentros, nacía la Asociación Paraguaya Racionalista, APRA. En el 2007 aceptó a sus primeros miembros.
Históricamente, según el historiador y aprano Claudio Fuentes, a inicios del siglo XX, hubo en Paraguay un medio de prensa librepensador, que defendía principios racionalistas. El periódico se llamaba “La Voz del siglo” y estaba dirigido por Ramona Ferreira. El diario el Porvenir también asumía posiciones escépticas y críticas. El debate del pensamiento estuvo muy presente en conferencias o discusiones que se tenían tanto en la academia como en los medios de prensa de la época.
Hasta 1992, Paraguay fue un Estado católico y el presidente de la República tenía la obligación de pertenecer a la religión oficial. Es en esta apertura democrática que los ateos, agnósticos o no religiosos comenzaron a visualizarse más, pero recién en el siglo XXI se llegó al movimiento organizado.
Según un estudio de 2010 del Centro de Investigaciones Pew, de Estados Unidos, el 1,1% de la población paraguaya era no religiosa, alrededor de 70.000 personas y que esa tendencia se mantendría por lo menos por cuatro décadas más. El único estudio a nivel local es una encuesta realizada por el diario La Nación, que sitúa a los ateos y agnósticos de Asunción y Central en el 4% de la población de capital y área metropolitana.

El estudio de Pew asegura que la tendencia del 1,1% de no religiosos en Paraguay se mantendrá.
APRA llegó a tener más de 100 miembros hace algunos años, incluso contó con escépticos de otros países americanos. Actualmente, los miembros activos de la asociación suman 30 personas. Los dos miembros honoríficos de la organización son el filósofo y científico Mario Bunge y el científico y pensador Antonio Cubilla.
En este extensa entrevista realizada hace unos meses al ingeniero Ricardo Montanía, que ya tuvo la presidencia en otras oportunidades, se resaltan los orígenes de la agrupación racionalista y las ideas que defiende. Incluso, hace una caracterización de los escépticos locales.
-¿Es válida la encuesta que publicó La Nación años atrás sobre que el 4% de los asuncenos y centralinos son ateos o agnósticos?
-No tengo motivos para dudar que sea consistente con la realidad, hay numerosos estudios que apuntan en esa dirección al señalar que los países menos desarrollados y pobres tienen un alto nivel de religiosidad. En efecto, el Paraguay presenta los caracteres de país pobre, con indicadores de desarrollo social paupérrimos y todos los inconvenientes del subdesarrollo que son usuales en los países con mayor índice de religiosidad.
Los países más desarrollados tienen altos porcentajes de ateísmo, como puede comprobar cualquiera que desee hacerlo. Si el Paraguay tuviera un alto porcentaje de ateos, con el nivel pobrísimo de desarrollo que tiene sería una verdadera anomalía estadística.
-¿Cómo un ciudadano paraguayo se hace ateo?
-Decir que se “convierte” al ateísmo da la impresión de que el ateísmo es otra adscripción religiosa, y no es así. En países como el nuestro el ateísmo es el resultado de un proceso lento y sistemático de incorporación del conocimiento científico a nuestras vidas, de suerte tal que se hace posible comprender que el universo no requiere de una explicación metafísica o sobrenatural.
Encontrar un paraguayo ateo es altamente improbable, tal y como se refleja en los estudios antes mencionados, es porque el método por el cual las creencias religiosas se perpetúan en el tiempo está plenamente vigente en nuestro país.
Si miramos a los católicos que son absoluta mayoría vemos que operan sobre los niños, ellos son bautizados a tierna edad y en la ceremonia se encomienda, literalmente. a un ejército de personas, velar porque la fe de sus ancestros le sea inculcada.
Todo lo que ve y oye tanto en el colegio, la calle o su casa en ese sentido son manifestaciones teístas y crece con el convencimiento de que la fe es una gran virtud y no el vicio del carácter como en realidad es.
Entonces al llegar a cierta edad, de no mediar circunstancias muy especiales, el joven es ya un teísta cuyas capacidades críticas están convenientemente atenuadas o apagadas y es presa fácil de todo tipo de supercherías religiosas o no.
Los ateos paraguayos que conozco, y conozco a muchos, lo son porque lograron pasar indemnes por ese mecanismo perverso o porque tenían un amor especial por el conocimiento que los llevaron a desapegarse de los dogmas tan eficientemente inculcados y con la lectura y el apego a la ciencia lograron darse cuenta que la visión teísta del Universo es, sin dudas, falsa y sin sustento racional y que la única posición razonable de un ciudadano libre e informado del siglo 21 es la del ateísmo.
-¿Cómo se puede saber el número de no creyentes que hay hoy en Paraguay? Pew apunta al 1,1% de la población.
-Es difícil definir con claridad esa cuestión, ocurre que es muy escaso el número de personas que tenga una posición “ortodoxa” en cuanto a sus creencias, es escaso el número de personas que crea, por ejemplo que la hostia consagrada sea el cuerpo de un carpintero judío que murió hace dos milenios, como exige el dogma Católico.
Sostengo que la mayoría de creyentes en este país es gente que cree que hay “algo” superior allá arriba y que relacionan de alguna manera indefinida con Jesucristo o alguna de sus variantes.
-Pero también hay variantes entre los ateos…
-Aún los ateos menos crédulos o dados a las fantasías, tienen enormes dificultades para tener una visión totalmente materialista del Universo, como es la del ateísmo de nuestros días. Se trata de un problema de falta de conocimiento de los últimos avances científicos en cosmología que nos muestran que lo más probable es un Universo totalmente natural, que no necesita de un ser transcendente que lo rija ni de un creador omnipotente que le haya dado origen.
Si la pregunta será tal que “no creyente” significa una visión totalmente naturalista del Universo, como la que APRA propugna, sin dudas que el resultado será de muy pocos ateos o agnósticos, en concordancia con la catástrofe educativa en que nuestro país se debate.
-APRA cumple su primera década de existencia, ¿por qué aparece recién en el siglo XXI una asociación escéptica en el país?
-El tipo de asociación escéptica que APRA pretende ser llega a nuestro país con unos treinta años de retraso, los escépticos existieron siempre, desde los griegos, pasando por aquel gran crítico de la religión y el estado Jean Meslier y los de la Ilustración, pero hablamos ahora de organizaciones escépticas racionalistas que pretenden someter a todo tipo de cosas al rigor del análisis escéptico racionalista, es decir exigiendo para todas las cuestiones del devenir humano una justificación adecuada racionalmente acerca de su grado de verdad.
Es de suponer que para un país, muy conservador como el Paraguay, tan poco dado a aceptar cuestionamientos frontales como es propio de este tipo de organizaciones, la aparición de una organización como APRA sea tardía y su supervivencia incierta. El hecho que aún persista un núcleo importante de racionalistas dispuestos a llevar adelante la organización es muy significativo y permite suponer que es posible su continuidad.
-¿Fue difícil organizar y representar a los ateos y escépticos paraguayos?
-Es muy difícil la organización y el desarrollo de este tipo de asociación por las propias características de las personas que adhieren a las ideas que le son propias, en su mayoría gente muy poco dada a aceptar liderazgos fuertes, cuestionadoras de absolutamente todo, o que son ellas mismas líderes en su campo.
Entonces es difícil y hasta repulsivo para esta clase de gente actuar en forma colectiva, pues la individualidad es el sello que los caracteriza.

Apostasía colectiva, en diciembre de 2010, frente a la Catedral de Asunción.
Sin embargo también son gente razonable y si hay un hecho que hemos constatado con claridad acerca de estas cuestiones es que la acción individual en pro de la racionalidad y el escepticismo, aunque loable y en ocasiones destacada, tiende a perderse y ser poco fructífera.
En otras palabras, quienes integramos APRA, llegamos al convencimiento de que si queremos influir en la sociedad de manera efectiva, no tenemos otra sino renunciando en parte al individualismo que nos caracteriza como personas y actuando en forma conjunta y organizada.
-¿Cuáles son las ideas generales que defiende la Asociación?
-APRA defiende la idea que la razón es la que debe primar en la resolución de los problemas humanos, esto es, decimos que la ciencia es el mejor método para conocer el mundo y el parámetro que se debe utilizar para guiar nuestra moralidad, que no existen autoridades o “vacas sagradas” o “libros sagrados” que deban ser seguidos irreflexiva y acríticamente.
Ese es el principal aspecto que la hace tan corrosiva para las ortodoxias, en APRA sostenemos que todas las creencias, opiniones e ideas pueden y deben ser sometidas al escrutinio escéptico para ser aceptadas. Y como sabemos, una conocida y muy querida tradición de los creyentes es la de pretender que su cuerpo de creencias dogmáticas sea apartada de la mesa de análisis, “de eso no se discute”, porque son cuestiones “sagradas” y la ira divina caerá sobre quienes osen someter al análisis de la razón a esos temas
-También se combaten las pseudociencias.
-Además de lo anterior, APRA pretende luchar contra el abuso de la credulidad pública, es decir contra los comerciantes de la ignorancia que tienen por víctimas a los que creen en sinrazones científicamente conocidas como falaces, tales como la astrología, la quiromancia, las medicinas alternativas, el psicoanálisis, la programación Neurolingüística y un enorme y preocupante número de etcéteras.
Otro aspecto importante es el que algunos autores escépticos mencionan en el sentido de ser “los caballeros andantes de la ciencia”, expresión que es importante aclarar. Los escépticos no somos necesariamente científicos, pero buscamos defender a la ciencia de los ataques del oscurantismo. Se debe a que ni el Estado, ni la universidad y ni aún los propios científicos se han mostrado aptos o interesados en defender a la ciencia del ataque constante a que es sometida. El movimiento escéptico racionalista mundial es el que levanta la voz en defensa de la ciencia.
-En Paraguay, la palabra “ateo” estuvo asociada en la dictadura stronista a apátrida, comunismo, homosexualidad, ¿se tiene este preconcepto en plena democracia en el país?
-Quizás a la palabra “ateo” ya no se la relacione con los términos mencionados, pero el prejuicio de que el ateo pueda encarnar una suerte de inmoralidad, aquello de que sin Dios todo está permitido, sigue presente. Asegurar que no se cree en un ser supremo y que no se tiene fe en un ser que crea e interviene en el Universo, sigue convirtiendo en sospechosa a la gente.
También se relacionaba al comunismo con el ateísmo dogmático propio de la doctrina materialista de la ideología Marxista, cosa que es radicalmente diferente del ateísmo racional que propugnamos.
Sin embargo, más allá de algunas escaramuzas absolutamente intrascendentes, no veo que eso sea un problema en el Paraguay de hoy día, al menos no en la escala en que lo era durante la dictadura.
-¿Qué hizo APRA en estos años de existencia?
-Pienso que, en ciertos ámbitos capitalinos sobre todo, logró instalar la idea de que el ateísmo no se trata de una suerte de satanismo misterioso en el que sus miembros se dedican a devorar infantes, sino de gente que pasando por las mismas circunstancias que los demás paraguayos, pretendemos una sociedad más racional.
Originalmente hemos surgido como intento de dar una visión racional de las cosas, y con nuestro programa de radio y nuestra participación en la prensa, oral, escrita y televisiva, a más de las redes sociales, hoy día los ateos y escépticos ya no son la “rara avis” de otros tiempos sino que somos “parte del paisaje” aceptado.
La tarea por delante es ciclópea, apenas hemos comenzado.
-¿Se sienten discriminados, insultados o dejados de lado los no creyentes la el Paraguay de hoy?
-Solo puedo responder por mí mismo y por la opinión mayoritaria de mis amigos de APRA, y la respuesta es que no, no sentimos tal circunstancia. Más allá de ciertas manifestaciones de inquietud y rechazo totalmente comprensibles, no tenemos ese problema.
-En 2010 APRA fue una de las impulsoras a nivel de América Latina de la campaña de Apostasía Colectiva, ¿por qué decide la gente salir de la Iglesia católica?
-La Iglesia católica es víctima de sus contradicciones internas y de su falta de liderazgo acorde a este tiempo, la aparición del papa Francisco ha sido una excelente medida proselitista que ya ha comenzado a dar resultados para revertir esa situación.
En nuestro país los obispos son tan pusilánimes que ni siquiera son capaces de reconocer que existimos y que queremos dejar de figurar como miembros de esa Iglesia como efectivamente ocurre en contra de nuestra voluntad.
Jamás se han dignado responder a nuestras solicitudes, en las cuales aclarábamos que apostatábamos de las creencias cristiano católicas y han pasado seis años desde entonces sin merecer una letra de respuesta, ¿no le importa a la “madre iglesia” que algunos de sus miembros tengan esta posición? ¿Tanto como para ni siquiera dar cuenta de haberse enterado de esto?
-¿Crecerá el número de ateos o agnósticos en Paraguay en los próximos años?
-Todo dependerá de la mejora o el empeoramiento de la educación en el país. Un país lleno de brutos ignaros no puede apreciar el conocimiento y será victima de la ignorancia que lo aplastará, muchos curas, pastores y políticos de todos los colores están ávidos por que se dé ese escenario.
En realidad se trata de la disyuntiva que se plantea a nivel mundial, o avanzamos hacia una sociedad con más ciencia y que promueva la mejora de la vida del ser humano o nos sumimos en la oscuridad que más de una vez ensombreció por largas centurias el devenir humano. Depende de todos nosotros como se resolverá esta cuestión.
por Ricardo Montanía | Jul 25, 2016 | Pensamiento Crítico, Seudomedicinas y aguas milagrosas, Sin categoría |
Sadri Hassani, translated by Alejandro Borgo
July 12, 2016
Artículo traducido por Alejandro Borgo, Director del CFI/Argentina.
Los científicos chiflados son muy proclives a trivializar y abusar de la ciencia -especialmente de la física- y particularmente de la física fundamental.
Por eso es crucial luchar contra la pseudociencia donde más le duele: en el nivel fundamental. Si bien hay muchas críticas hacia los promotores de la falsa ciencia y sus ideas son desacreditadas en los hechos, hay pocos análisis profundos disponibles sobre la forma falaz en que hacen mal uso de la ciencia fundamental. En este artículo, mi propósito es ayudar a corregir las cosas, llenando las lagunas existentes. Uno de los primeros en vulgarizar la física fundamental fue Deepak Chopra, cuyo uso indiscriminado de palabras tales como quantum, energía, campo y no-localidad los torna tan frívolos como un eructo luego de hacer un curso para aprender a cocinar pollo tandori. Por consiguiente, vale la pena examinar su “física” y desentrañar las indignantes burradas conceptuales que inventa innecesariamente, especialmente cuando éstas sirven como fundamento de las conclusiones que vende a sus lectores y seguidores como hechos científicos.
El libro
Chopra logró la celebridad cuando publicó La curación cuántica (Quantum Healing), libro vanguardista sobre la medicina mente/cuerpo en el cual engaña a sus lectores haciéndoles creer que la medicina india tradicional, Ayurdeva, tiene base científica. Desde entonces, su misión es vender el mensaje que dice que el universo es consciente, que la conciencia crea y gobierna la materia, y que la física moderna está en el corazón de este mensaje. La táctica perniciosa que usa para dicho propósito es decorar sus discursos y escritos con los nombres de físicos famosos como Einstein, Planck, Schrödinger y Heinsenberg, y atribuirles sus propias ideas sobre la mente y la materia. (1)
Dado que La curación cuántica inició la novedosa trivialización de uno de los logros científicos e intelectuales más grandes de la humanidad, resulta instructivo presentar al lego una rigurosa evaluación científica del contenido del libro. Pero primero tenemos que evaluar la integridad profesional del autor. Después de todo, la premisa principal de la ciencia es la honestidad. Stanley Pons y Martin Fleischmann eran científicos confiables antes de su apresurado anuncio del descubrimiento de la fusión en frío, en marzo de 1989, luego del cual cayeron en desgracia frente a la comunidad científica (Huizenga, 1992). ¿Puede La curación cuántica pasar el test de honestidad científica?

El título del libro proclama una idea revolucionaria que requiere del autor un nivel de integridad intelectual equivalente a la de otros científicos revolucionarios. La integridad se ve, en parte, por la forma en que los científicos usualmente reconocen a los individuos que han tenido un rol en la construcción de las ideas expresadas en el trabajo. Einstein, en su artículo sobre la revolucionaria teoría especial de la relatividad, reconoce a su desconocido amigo Michele Besso, quien trabajaba con él en la oficina de patentes de Berna (Einstein, 1952). En un apartado en el que relata cómo nació la relatividad especial, Einstein profundiza sobre las conversaciones que tenía con Besso y cómo esas conversaciones ayudaron a consolidar su idea de la relatividad del tiempo (Hassani 2010, 362). De forma similar, dos artículos fundamentales de Planck que dieron origen a la teoría cuántica contienen numerosas menciones de los físicos que lo ayudaron a moldear la idea del quantum. Su gratitud se manifiesta principalmente en la conferencia que dio cuando ganó el premio Nobel, donde atribuye su descubrimiento del cuanto electromagnético a Ludwig Boltzmann, creador de la mecánica estadística, declarando “…este problema me llevó automáticamente a una consideración de… las ideas de Boltzmann; hasta que luego de algunas semanas del trabajo más extenuante de mi vida, la oscuridad devino en luz, y una inimaginable perspectiva se abrió delante mío” (Planck, 1918).
Semejantes reconocimientos de los descubridores de las ideas científicas no solo son un signo de honestidad sino también un recordatorio de que la ciencia es una emprendimiento colectivo que abarca no solo la invención de una sola persona sino la colaboración de una comunidad que llega a todo el globo y se extiende hacia el pasado y el futuro. Con el objetivo de contribuir con la ciencia, uno primero tiene que enterarse de las contribuciones relevantes hechas por otros científicos; uno puede ver más adelante solo “subiéndose a los hombros de los gigantes”, y cualquier “nuevo tipo de ciencia” que contradiga las ideas establecidas y empíricamente probadas sin presentar buena evidencia en contra solo puede ser el invento de un chiflado.
Chopra debería atenerse estrictamente al estándar de integridad como los científicos que a él tanto le gusta mencionar en sus discursos y escritos. Así es no solo porque está escribiendo sobre (su distorsionada versión de la) ciencia, sino también porque tiene millones de seguidores que literalmente lo consideran como un profeta. Sus palabras, empañadas por una terminología robada a la ciencia -una disciplina venerada y confiable, aunque incomprendida por la gente- son máximas poderosas y eslóganes para sus discípulos.
La estafa: la desaparición de Maharishi
El autor de un trabajo sobre hechos reales que tenga honestidad intelectual, solo publica una segunda edición cuando hay cambios sustanciales en el contenido del trabajo, generalmente años después de la edición original. Dichos cambios, y la razón y el propósito de ellos, se expresan claramente en el prefacio de la nueva edición, mientras que el prefacio de la edición anterior también se deja en el libro con el propósito de compararlos. La edición de tapa dura de La curación cuántica salió en 1989 y la edición en rústica en 1990. En la Introducción, Chopra relata sus encuentros con “uno de los más grandes sabios vivos”, que le impartió algunas técnicas antiguas que “restaurarían las habilidades para curar con la mente” (Chopra 1989, 2-4; también disponible online enhttp://skepticaleducator.org/wp-content/uploads/2015/03/IntroToFirstEd.pdf). En uno de los encuentros, el sabio le dice a Chopra: He estado esperando largo tiempo para sacar a relucir algunas técnicas especiales. Creo que van a transformarse en la medicina del futuro. Se conocían en el pasado remoto pero se perdieron en la confusión del tiempo; ahora quiero que las aprendas, y al mismo tiempo quiero que expliques clara y científicamente cómo funcionan. (2).
Por lo que dice, uno tiene la inequívoca impresión de que si no fuera por sus contactos con este gran sabio, Chopra nunca se hubiera encontrado con el “descubrimiento” descrito en su libro. De hecho, se siente en deuda con el sabio al que le dedica el libro “con todo mi corazón y las más profundas gracias al Maharishi Mahesh Yogi” (Chopra, 1989; también disponible online en http://skepticaleducator.org/wp-content/uploads/2015/03/Dedication.pdf). Como la influencia del Maharishi en el “descubrimiento” de Chopra es evidente a lo largo del libro, uno podría pensar que, al igual que un científico honesto, Chopra esta reconociendo las conversaciones que tuvo con el sabio y cómo esas conversaciones pueden haberle ayudado a moldear sus ideas. Sin embargo, ello sería pensar prematuramente porque el reconocimiento aparece solo hasta la décimo-cuarta edición del libro.
La décimo-sexta edición y las que le siguen (3) parecen ser la “segunda edición” porque contienen una sola página titulada “Prefacio a la Nueva Edición”. Sin embargo, la usual leyenda “Segunda Edición” ha desaparecido de la tapa. Más aún, al contrario que cualquier nueva edición, no tiene el prefacio de la primera edición. Así que… ¿Por qué escribir el prefacio para la “nueva edición”? Un cambio sospechoso en la nueva edición es que todas las citas del nombre del Maharishi fueron quitadas; los encuentros con él, que fueron el punto de partida de la curación cuántica, no se mencionan; las técnicas cruciales del “sonido primordial”, que eran “las terapias curativas más fuertes en Ayurveda” y se prescribían para enfermedades incurables como el cáncer, desaparecieron; no hay mención alguna de la revelación de “algún gran secreto” que haya tenido lugar luego del encuentro con el Maharishi; no se menciona cómo el Maharishi le enseñó a Chopra “cómo perforar la máscara de la materia”. Por lo tanto, el nuevo prefacio parece una pantalla de humo para que Chopra borre el nombre de la persona que le implantó la idea del libro en su mente.
Este borrado se manifiesta desvergonzadamente en las bibliografías de las dos “ediciones”. En la bibliografía de las impresiones anteriores del libro, Chopra escribe “Recomiendo enfáticamente los siguientes once libros, todos los cuales participaron en mi educación sobre estas fascinantes disciplinas” (Chopra, 1989; también disponible online en http://skepticaleducator.org/wp-content/uploads/2015/03/Biblio1.pdf). Dos de estos once libros son del Maharishi. En la bibliografía de la décimo-sexta edición y posteriores, también recomienda once libros, pero ¡solo figuran nueve! (4). Ustedes pueden imaginarse cuáles dos faltan. Dicha acción, que debería avergonzar a Chopra y su editor, y en un frenético apuro que solo puede atribuirse a charlatanes y estafadores que quieren ocultar la evidencia, Chopra borró toda huella del nombre del Maharishi y la influencia del gurú en La curación cuántica, pero se olvidó de contar el nombre de libros que permanecieron en la bibliografía.
La “segunda edición” ¿tenía cambios sustanciales en el contenido del libro? Aunque Chopra menciona el cambio en sus visiones en el prefacio de la nueva edición, no dice cómo el cambio afectó su contenido. De hecho, si comparan las páginas de la primera y segunda ediciones, como yo hice, encontrarán que prácticamente no hay cambios en el contenido exceptuando el borrado de cualquier referencia al Maharishi. Lo que hace que todo sea sospechoso es que no hay explicación alguna para cualquiera de estos cambios en el libro.
La metida de pata: “Explicación” luego de la muerte del Maharishi
Como colaborador habitual de The Huffington Post, Chopra escribió apresuradamente un artículo el 13 de febrero de 2008 (disponible online enhttp://www.huffingtonpost.com/deepak-chopra/the-maharishi-years-the-u_b_86412.html). Es importante examinar las partes más destacadas del artículo, como la narración de la turbulenta relación de Chopra con el Maharishi, especialmente porque el artículo está lleno de relatos de encuentros íntimos entre los dos, con extrañas afirmaciones que a menudo se parecen a milagros. Chopra comienza el artículo informando la publicación de su libro Perfect Health, en 1991, por lo menos seis años antes de conocer al Maharishi. No menciona su anterior libro, La curación cuántica, por lejos su libro más influyente, germen de la idea de lo que fue implantado en su mente luego de varios encuentros con el gurú. Ignora completamente que en 1985, inmediatamente después de sus reuniones con el Maharishi, renunció a su trabajo en en New England Memorial Hospital para fundar el Maharishi Ayurveda Health Center, en Boston (https://en.wikipedia.org/wiki/Deepak_Chopra). No menciona el hecho de que fue en este Centro donde tomaron forma sus ideas para escribir La curación cuántica (Chopra, 1989). No explica por qué cambió el nombre del centro a Ayurveda Health Center en las últimas ediciones del libro.
Chopra continúa: “Cuando estaba en meditación tuve una visión del Maharishi acostado en una cama de hospital con sondas intravenosas en su cuerpo respirando con un respirador”. Inmediatamente tomó un avión desde Chicago hasta (Nueva) Delhi y encontró al Maharishi exactamente como lo vio en su visión. Debido al grave estado del Maharishi, se decidió que viajara a Londres. Chopra toma un vuelo a Londres y hace arreglos para que el Maharishi sea admitido en un hospital privado. Mientras estaba parado fuera del hospital, mirando la ambulancia entre el tránsito, uno de los médicos acompañantes fue con la noticia de que el Maharishi había muerto súbitamente. Chopra corre hacia la ambulancia “levantando el cuerpo del Maharishi y llevándolo en mis brazos entre el tránsito de Londres”. Sin embargo, luego de veinticuatro a treinta y seis horas el asistente les informó que el Maharishi se estaba recuperando milagrosamente.
Pero la recuperación fue un tanto lenta. “Llegó un punto en el que el médico nos informó que (el Maharishi) tenía una anemia severa y necesitaba una transfusión de sangre. Cuando chequearon el tipo de sangre del Maharishi, resultó ser que yo era el único dador compatible”. Luego del hospital, el Maharishi fue trasladado a una casa de campo en el sudeste de Inglaterra donde “pasé horas cuidándolo personalmente”. El Maharishi estuvo fuera de circulación durante casi un año; pocos miembros del movimiento de Meditación Trascendental sabían dónde estaba. Luego de recuperarse totalmnte, lo llevaron en helicóptero a la pequeña villa de Vlodrop, en Holanda.
No está claro quién decidió llevarse al Maharishi a un lugar donde no lo viera nadie. Lo que está claro es que el permaneció en Vlodrop mientras Chopra “fue enviado, como uno de sus principales emisarios, en un vuelo de rutina… Donde iba me respetaban como a mi gurú, con ceremonias que rayaban la veneración”. En julio de 1993, Chopra fue a ver al Maharishi en sus habitaciones privadas para darle “sus respetos”, y el Maharishi dijo, “La gente me está diciendo que estás compitiendo conmigo… Quiero que dejes de viajar y vivas aquí en el ashram conmigo”. También quería que Chopra pare de escribir libros. Luego las deliveraciones llegaron a un ultimátum, “Me dio veinticuatro horas para que me decida”.
El 13 de febrero de 2008, cuando el artículo apareció en el Huffington Post, habían pasado solo ocho días desde la muerte del Maharishi y más de catorce años luego de que Chopra cortara relaciones con él en el segundo semestre de 1993. Chopra debía haber tenido el artículo listo cuando el Maharishi estaba en su lecho de muerte. ¿Qué motivos puede tener uno para esperar catorce años para contar una historia con tanto autobombo y tan íntima sobre una relación entre una persona y otra, y luego publicar la historia inmediatamente después de la muerte de la última? ¿Podría haber alguna intención de manchar los hechos?
Cualquier lector inteligente que no se ha dejado deslumbrar por el encanto de Chopra puede ver en el artículo del Huffington Post el poder de la lucha entre un viejo gurú y un discípulo conspirador que está tratando de robarle la congregación al gurú para beneficiarse personalmente? El lector también puede detectar el indignante intento de retratarse a sí mismo como un ser sobrehumano con un poder de cura milagroso, alguien que puede ver hechos que suceden a miles de millas. Por el contrario, un seguidor, cree cada palabra de la historia y la divulga a otros potenciales seguidores. Este es el público para el que Chopra escribió el artículo. Y este es el público que debería estar alerta acerca de su deshonestidad profesional.
La eliminación por parte de Chopra de todas las referencias al Maharishi en las últimas ediciones de La curación cuántica -independientemente de cualquier conflicto personal que él pueda haber tenido con el gurú- revela su falta de integridad profesional, de acuerdo con su propia admisión en las ediciones anteriores, de que sus varios encuentros con el Maharishi fueron los que lo inspiraron a “explicar, clara y científicamente, cómo (las técnicas de Ayurveda) funcionaban”. Y su explicación del conflicto, publicadas apresuradamente en el Huffington Post inmediatamente después de la muerte del Maharishi, es un signo revelador de su hipocresía profesional.
Parafraseando una famosa cita del fallecido Carl Sagan, los títulos de libros extraordinarios requieren un profesionalismo extraordinario. Este artículo ha documentado suficiente evidencia que demuestra que el profesionalismo de Deepak Chopra al escribir La curación cuántica, es de tan baja calidad que raya en la charlatanería.
Notas
- En la conferencia de apertura (https://www.youtube.com/watch?v=o-ijyqWzDrY&feature=kp) que Chopra dio en una reunión organizada por Salesforce en 2013, repetidamente menciona los nombres de varios científicos famosos, incluyendo a Newton, Einstein, Planck, etc., para convencer a la audiencia que la energía oscura y la materia oscura no solo son desconocidas sino también “incognoscibles” y que los científicos no deberían esconder la verdad. El videoclip en https://youtu.be/dA89wWI6ljo compara el mensaje de Chopra con otro poeta/profeta que también advertía sobre buscar la verdad y sirvió a los fines de pavimentar el camino hacia el Oscurantismo.
- Parece que el sabio estaba equivocado. Una técnica que de alguna manera está relacionada a la ciencia viene después de que se haya obtenido el conocimiento científico como prerrequisito. Uno nunca empieza con una técnica y luego solicita (o exige) una explicación científica. Es como si el papa le pidiera a un científico católico que ¡encuentre una base científica para el Ave María!
- No he visto la décimoquinta edición, así que no sé si el nombre del Maharishi está presente o no.
- Debido a que la “segunda edición” de La curación cuántica es solo una farsa, las fechas que aparecen en la página del copyright se refieren a la primera “edición”, o sea la de 1989 en tapa dura y la de 1990 para la edición comercial. Por lo tanto es difícil referir la “segunda edición” -que presumiblemente apareció en 1993 o 1994 luego de que Chopra rompiera con el gurú- de manera apropiada. Solo mirando el número de edición en la página del copyright uno puede anticipar si el libro contiene o no el nombre del Maharishi. En la trigésimo-cuarta edición que compré en 2013, Chopra no corrigió la bibliografía: todavía recomienda once libros y ¡hace una lista de nueve! Esta bibliografía se puede encontrar online enhttp://skepticaleducator.org/wp-content/uploads/2015/03/Chopras-bibliography.pdf.
- La fecha del post ha cambiado al menos una vez desde que la descubrí por primera vez el 2 de julio de 2011. El 18 de marzo de 2015, la fecha se cambió al 31/12/1969, 7:00 pm EST y el post parece haber sido actualizado el ¡17/11/2011! Hay una copia disponible en http://skepticaleducator.org/wp-content/uploads/2015/03/Deepak-Chopra-The-Maharishi-Years-The-Untold-Story-Recollections-of-a-Former-Disciple-.pdf) En mi opinión, 31/12/1969 7:00 pm EST es la época de algunas plataformas, y es el default al cual el sistema revierte cuando la fecha y hora de un archivo es ingresado incorrectamente.
Referencias
Chopra, D. 1989. Quantum Healing: Exploring the Frontiers of Mind/Body Medicine. New York: Bantam Books.
Einstein, A. 1952. The Principle of Relativity. New York: Dover Publications, Inc.
Hassani, S. 2010. From Atoms to Galaxies. Boca Raton: CRC Press.
Huizenga, J. 1992. Cold Fusion: The Scientific Fiasco of the Century. Rochester: University of Rochester Press.
Planck, M. 1918. Nobel lecture. Available at http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1918/planck-lecture.html.
por Ricardo Montanía | Jul 15, 2016 | Sin categoría |
Del Skeptical Inquirer
Elizabeth Loftus, Traducido por Alejandro Borgo
Julio 16, 2016
Artículo traducido por Alejandro Borgo, Director del CFI/Argentina.
El doctorado honorífico que recibí por parte de la Universidad Goldsmiths de Londres resulta muy significativo en este momento particular de mi vida.
Me da la oportunidad para hablar con ustedes acerca de mi trabajo sobre las ilusiones de la memoria -o los recuerdos que las personas a veces tienen de haber visto o hecho cosas que nunca vieron o hicieron.
Cuando comencé mi trabajo sobre las ilusiones de la memoria no me imaginaba que se iba a transformar en un tema tan relevante socialmente y tan políticamente explosivo. Por supuesto, las parejas y hermanos discuten interminablemente sobre quién tiene razón respecto de los recuerdos de hechos pasados -ese es un entretenido e irritante aspecto de la vida cotidiana de cualquier familia.
Pero ¿quién podía prever, a fines del siglo XX, la “terapia de recuerdos recuperados”? ¿O que la gente iba a creer fervientemente que recordaba haber sido secuestrada por alienígenas o cultos satánicos? ¿Quién podía saber que en la primera década del siglo XXI nos encontraríamos con cientos de individuos presos inocentes -su inocencia probada por análisis de ADN- y que la principal causa de las injustas condenas que habían recibido se debía a recuerdos defectuosos?
Así, mientras progresaba mi investigación sobre los recuerdos, los descubrimientos se usaban cada vez más para servir a la Justicia.
Para decirlo brevemente, en esa investigación mis colaboradores y yo demostramos que uno puede alterar los recuerdos que las personas tienen sobre crímenes, accidentes y otros hechos. Usted podría hacerle creer a alguien muy fácilmente que un auto iba más rápido de lo que realmente iba o que el malhechor tenía pelo enrulado y no lacio. Luego demostraríamos que usted puede implantar eventos enteros en las mentes de personas comunes y saludables, haciéndoles creer que tuvieron experiencias que nunca ocurrieron -incluso experiencias que podrían haber sido muy traumáticas si hubieran ocurrido de verdad.
De manera que es posible advertir cómo estos descubrimientos podrían aplicarse para servir a la justicia. Nos ayudan a entender cómo un manejo inapropiado de los testimonios de testigos puede llevar a recuerdos falsos y a la condena de gente inocente. Nos ayudan a comprender cómo las terapias coercitivas o de sugestión pueden hacer que la gente desarrolle recuerdos de haber sido abusada en un culto satánico, acusaciones que pueden provocar una miseria indecible a personas inocentes y a sus familias.
Al mismo tiempo, esta investigación se transformó en una controversia emocional y en el foco de una tremenda hostilidad entre quienes no podían aceptar sus descubrimientos o implicaciones respecto del mundo real. En mi caso particular, personas muy disgustadas me escribieron incontables cartas amenazantes. Habían tratado de generar una campaña de cartas de lectores dirigidas al responsable de mi anterior departamento académico, el Presidente de la Universidad, e incluso al gobernador del Estado para que me expulsen. Amenazaron con tomar represalias violentas en los lugares donde había sido invitada a hablar, en varias ocasiones sugiriendo a las universidades que pusieran guardias armados para acompañarme durante los discursos. La gente divulgó insultos difamatorios en cartas individuales, en columnas de periódicos, y por supuesto, en Internet. Una persona llegó a denunciarme ante la justicia cuando publiqué un artículo que cuestionaba la veracidad de un estudio psiquiátrico sobre los recuerdos recuperados de abuso sexual maternal de una joven mujer. El litigio duró casi cinco años hasta que terminó.
A través de estas experiencias, aprendí de primera mano que la ciencia nunca es desapasionada, por lo menos si uno está estudiando algo que tenga implicaciones políticas, económicas, emocionales o financieras en la vida de la gente: testimonios de niños, sexo, falta de confiabilidad de tests proyectivos como el Rorschach, o en mi caso, ilusiones de la memoria. Podría haber elegido estudiar la memoria de una babosa marina -puesto que difícilmente alguien fuera experto en ello. Pero elegí estudiar la memoria humana, el testimonio de testigos, los falsos recuerdos, la confabulación en los adultos y niños, y los métodos terapéuticos dañinos. Y tuve grandes problemas.
Sin embargo estoy orgullosa del trabajo que logré hacer como psicóloga científica y de la gente que tuve la oportunidad de ayudar. He aprendido a aceptar las confusiones y el fastidio como el precio que todos los científicos pagan por hacer investigaciones que se ocupan o desafían creencias muy arraigadas.
Y todo esto me retrotrae a Goldsmiths: estoy especialmente agradecida por el doctorado honorífico que me otorgaron – donde un número de magníficos académicos están haciendo investigaciones que desafían las más profundas creencias, y también sobre lo que le preocupa a la gente. Es por ello que este honor tiene un significado más que especial, conmovedor y significativo para mí.
Elizabeth Loftus,
Elizabeth Loftus es Profesora Distinguida en Comportamiento psicológico y social y Criminología, Ley y Sociedad, en el Departamento de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California, Irvine. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y socia y miembro del Consejo Ejecutivo del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).
por Ricardo Montanía | Jun 16, 2016 | Sin categoría |
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María Antonia Sánhez-Vallejo
Publicado en El País de Madrid
Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes. Son el tercer grupo de población en el paisaje religioso global que ha diseñado el think tank estadounidense Pew Center. Se trata de un mapamundi con el tamaño y la distribución de decenas de confesiones que van desde el cristianismo o el islam —las dos principales, en ese orden— hasta los zoroástricos (o parsis), los jainistas y los seguidores de Tenrikyo, la secta más influyente de Japón, pasando por yazidíes, rastafaris o cienciólogos: en el informe Pew hay sitio para todos.
Los 1.100 millones de descreídos que hay en el mundo, casi tantos como católicos, no son necesariamente ateos, subraya el estudio, sino simplemente individuos que pueden albergar sentimientos espirituales o de trascendencia pero no se identifican con ninguno de los sistemas existentes. «Los límites entre creyentes, personas que se adhieren a los dogmas, los aceptan, y religiosos, gente con sentimientos espirituales o una cierta dimensión de profundidad, son difusos», señala el teólogo y filósofo Manuel Fraijó, que imparte Historia de las Religiones en la UNED. Abunda en la idea Juan José Tamayo, teólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid: «Se trata de una desafección institucional; no supone una renuncia a las creencias, la experiencia religiosa personal o las opciones éticas. Ese 16% de desafectos institucionales pueden experimentar sentido de la trascendencia, espiritualidad, actitudes religiosas y valores éticos de manera espontánea y gratuita, es decir, al margen de las instituciones, que son el fracaso de la religión porque dogmatizan mensajes éticos y los mercantilizan».
El estudio del Pew Forum on Religion & Public Life, que refleja el estado de la cuestión en 2010 y se basa en el análisis de más de 2.500 censos, investigaciones y registros de población, arroja los siguientes datos: los cristianos son mayoría en el mundo, el 31,5% de la población (2.200 millones, la mitad de ellos católicos), seguidos de cerca por los musulmanes (23,2%, 1.600 millones). Tras lo que el informe denomina «no afiliados» aparecen los siguientes grupos: hindúes (15% de la población mundial, o 1.000 millones); budistas (7,1%, 500 millones); seguidores de religiones populares (africanas o de tribus chinas, indios americanos y aborígenes australianos), el 5,9%, o 400 millones; otras religiones (taoísmo, sintoísmo, parsis, sijs, bahai’s, jainistas, seguidores de Tenrikyo, etcétera), el 0,8% (58 millones), y, finalmente, judíos, que solo suponen el 0,2% de la población mundial (14 millones, repartidos casi a partes iguales entre EE UU y Oriente Medio, es decir, Israel).
Aunque el informe Pew no precisa si los «no adscritos» son desencantados de alguna fe o si esta es su primera opción, Fraijó aventura la procedencia de parte de ellos: «Del islam no se sale nadie, porque es una forma de vida; salirse implica abandonar la sociedad. Pero del cristianismo sí se van muchos, hay una secularización muy fuerte. La religión donde más movimiento hay en Europa es el cristianismo». Un ejemplo: del 18% de españoles sin adscripción religiosa, según un estudio de 2008 de la Fundación Bertelsmann, «el 87% de ellos habían tenido una educación católica», subraya Fraijó. «Independientemente de lo que diga el informe, yo creo que el mayor grado de desafección se produce en Occidente y, más concretamente, en el catolicismo, una religión con una estructura jerárquica patriarcal inamovible», coincide Tamayo.
Sin embargo, la distribución geográfica del grupo de no religiosos —son mayoría en China, República Checa, Estonia, Hong Kong, Japón y Corea del Norte, países en apariencia inconexos y ajenos a la tradición cristiana— no parece corroborar la desviación de la que hablan ambos expertos. «En China ha habido un abandono masivo del confucionismo, que es visto como la religión de los funcionarios, los políticos y las ciudades, más que del taoísmo, la religión del campo», explica Fraijó, en alusión a la vertiginosa transformación socioeconómica del gigante asiático en los últimos lustros. «Japón, por su parte, es muy refractario a las conversiones: pese a la importante presencia de los jesuitas en el país desde hace siglos, sólo un 1% de la población se ha convertido al cristianismo», puntualiza.
Del mapamundi de Pew puede inferirse que la región de Asia-Pacífico es la reserva espiritual del planeta: varios grupos tienen allí una poderosa presencia, incluida la aplastante mayoría de hindúes y budistas, con una población cercana al 90% del total. Paradójicamente, tres cuartas partes de los «no afiliados» (76%) también se concentran en esa región, y sólo en China son 700 millones (dos veces la población de EE UU).
Aunque la cristiana es la comunidad más dispersa geográficamente —está presente en todos los continentes—, el estudio de Pew señala que tres cuartas partes de la población mundial —el 73%— viven en países donde su confesión es mayoritaria, en especial hindúes y cristianos; estos últimos se concentran además en los 157 estados donde son mayoría. Un nada desdeñable 27% de los seres humanos pertenecen a minorías religiosas en los países donde viven, como los cristianos de Oriente Medio o los musulmanes en Europa, lo que a menudo es fuente de fricciones sectarias-políticas con la comunidad dominante, como demuestra el caso de Egipto o Siria.
Por tramos de edad, la religión con mayor número de seguidores jóvenes es el islam (23 años de media), frente a los judíos, que con 36 años son los mayores de los ocho grandes grupos estudiados. El informe no precisa la edad media del creyente católico, sólo la del cristiano: 30 años, un promedio que la pujanza de las confesiones evangélicas en América Latina, África y, en menor medida, en el Este de Europa rebaja al catolicismo tradicional en el Viejo Continente.
«Las religiones ganan por goleada a Dios»
«Hay unas 10.000 religiones en el mundo. Podríamos decir que las religiones están ganando por goleada a Dios», explica gráficamente Manuel Fraijó, catedrático de Filosofía Moral y Política de la UNED. La frase tal vez ayude a explicar por qué en el estudio de Pew figuran, junto a confesiones milenarias como el sintoísmo o el sijismo, o la amenazada comunidad parsi —cuyos ritos funerarios corren peligro por la contaminación y la disminución del número de buitres—, creencias tan curiosas y bisoñas como la wicca, una religión neopagana fundada en la primera mitad del siglo XX y que muchos relacionan con la brujería, o la discutida Cienciología. O infinidad de religiones tradicionales y paganas (animistas, totémicas, etcétera), que conforman nada menos que el 6% mundial (las profesan 400 millones de personas). El País contactó por correo electrónico con Pew para preguntar la inclusión de creencias como la wicca o los rastafaris, pero no recibió respuesta.
«En muchas zonas, las religiones se identifican con los sistemas filosóficos tradicionales que permean la civilización correspondiente; de ese sustrato tan enraizado también es difícil salirse. Pero el abandono de la religión ha perdido dramatismo. Se pasa de la creencia a la increencia sin traumas, ya no hay una guerra fría entre teísmo y ateísmo», explica Fraijó. Decía Hegel que lo importante no es ser creyente o no serlo, sino tener lucidez al respecto, pero si la claridad del razonamiento lleva a querer romper oficialmente el vínculo con la comunidad, el deseo se convierte a veces en pesadilla: la apostasía es una tarea ardua en España. Sin embargo, más de 100.000 católicos apostataron en Austria y Alemania en 2010 tras los escándalos de los abusos a menores por representantes de la Iglesia.
La diferencia generacional tiene su traslación en las creencias. Mientras los no creyentes tienen una edad media de 32 años en el mundo, entre los españoles, los jóvenes en torno a 20 años casi triplican a los mayores de 60: un 24% frente al 9%, según el estudio Bertelsmann. «En el grupo de no adscritos crece proporcionalmente el porcentaje de gente joven», subraya Fraijó
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Juan Eslava Galán
Según el rito judío a Jesús le extirparon el prepucio a los ocho días de su nacimiento. Este hecho se conmemora anualmente en la fiesta de la Circuncisión. El destino de dicho anillito de carne divina encierra más teología de lo que a primera vista pudiera parecer. Es evidente que ese trocito de carne participaba como el resto del cuerpo del Señor de su carácter divino: era un trozo de Dios. Y dado que Dios es eterno, es imposible que un trozo de su cuerpo se consuma o se pudra. Si no se pudrió existe…y si existe ¿dónde está?. La cuestión que ha preocupado a los teólogos es si Jesús ascendió al cielo con prepucio o sin él, ¿o acaso estaba ya esperando en el cielo desde que lo cortaron? En ese caso debieron producirse dos ascensiones, la propiamente dicha y la del prepucio.
Aunque esto suene a chufla lo cierto es que en el siglo XVII, el teólogo y erudito católico griego Leo Allatius (1586-1669) escribió un ensayo titulado De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (Discusiones sobre el Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo) donde especulaba que el santo pellejo ascendió al cielo en el mismo momento de la ascensión de Jesús y se convirtió en los anillos de Saturno, vistos por primera vez al telescopio en aquella época.
En diversas iglesias repartidas por Europa y Asia se veneran las supuestas reliquias del Santo Prepucio, en San Giovanni in Laterano, en Roma, en Charroux (donde incluso contaba con una Hermandad del Santo Prepucio y era muy venerado por las mujeres embarazadas), cerca de Poitiers, en Amberes (donde se decía que el que se veneraba era un trozo considerable notandam portiunculam del de San Juan de Letrán), en París, en Brujas, en Bolonia, en Besançon, en Nancy, en Metz, en Le Puy, en Conques, en Hildeshin, en Calcuta. Tampoco faltan en España, en Burgos tenemos uno. Sin embargo, todas deben ser falsas, si hacemos caso a la narración de la beata Sor Agnes Blannbekin (muerta en Viena en 1715) que sufría en extremo al cavilar sobre el destino de aquel precioso fragmento del órgano viril del Redentor y que dice así:
[Un día, al comulgar…comenzó a pensar en dónde estaría el prepucio. ¡Y ahí estaba! De repente sintió un pellejito, como una cáscara de huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas lo había tragado, de nuevo sintió en su lengua el dulce pellejo y, una vez más se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces….Y le fue revelado que el prepucio había resucitado con el Señor el día de la Resurrección. Tan grande fue el dulzor cuando Agnes tragó el pellejo, que sintió una dulce transformación en todos sus miembros. Karlheinz Deschner, Historia Sexual del Cristianismo, pág 130.]
En otra famosa visión, Santa Catalina de Siena, a la sazón, patrona de los astrónomos, se vio casada con Cristo y podéis imaginar cuál era la alianza matrimonial. Su confesor declaró que la santa veía y sentía constantemente el prepucio de Cristo en su dedo. Certifica la veracidad del caso el hecho de que después de la muerte de la santa, cuando el dedo se veneraba como reliquia, diversos devotos percibieron el Santo Prepucio inserto en él, aunque seguía siendo invisible para el común de los observadores. Ya se sabe, con San Pablo, que el “Espíritu sopla donde quiere”.
Más información aquí y aquí.
Información extraída de El Fraude de La Sábana Santa y las Reliquias de Cristo de Juan Eslava Galán.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Richard Dawkins
ENTREVISTA A RICHARD DAWKINS.
por Richard Dawkins, traducido por Anahí Seri (originalmente para Rebelión)
En el principio fue ¿. . .?
La simplicidad.
¿En qué difiere su intolerancia de la de un fanático religioso?”
Yo sería intolerante si abogara por prohibir la religión, cosa que por supuesto jamás he hecho. Lo único que hago es expresar de forma contundente unos puntos de vista acerca del cosmos y de la moralidad con los que usted resulta que no está de acuerdo. Usted lo interpreta como “intolerancia” debido al curioso estatus privilegiado del que goza la religión, que consigue sus objetivos gratis, sin tener que defenderse. Si escribiera un libro titulado “El engaño del socialismo” o “El engaño del monetarismo”, usted nunca emplearía una palabra como intolerancia. Pero “El engaño de Dios” enseguida suena a intolerancia. ¿Por qué? ¿Dónde está la diferencia?
Yo deseo (y usted podría decir que es un deseo fanático) que la gente piense por sí misma y tome sus propias decisiones, basándose en las pruebas que están a la vista de todos. Los fanáticos religiosos quieren que la gente desconecte su propia mente, ignore las pruebas y siga ciegamente un libro sagrado basado en una “revelación” privada. Hay una diferencia enorme.
Usted no hace distinción alguna entre la religión organizada (que puede ser peligrosa) y la “creencia en Dios” de un individuo (que no perjudica a nadie). ¿A que se debe que usted parezca ser incapaz de establecer una diferencia?
Por supuesto que soy capaz de distinguir entre las dos cosas. Pero la cuestión de si las creencias son peligrosas o inocuas no es el único criterio de interés para distinguir entre ellas. Está, además, la pequeña minucia de si son ciertas. Los científicos se preocupan de esas cosas.
Se han cometido actos terribles en el nombre de Cristo, pero él siempre predicó la paz y el amor. ¿Qué tiene eso de malo?
La paz y el amor no tienen nada de malo. Tanto más lamentable es que haya tantos seguidores de Cristo en desacuerdo. Escribí una vez un artículo titulado “Ateos a favor de Jesús” (véasehttp://www.RichardDawkins.net) y estuve encantado de lucir una camiseta con ese lema.
¿Considera usted que el hecho de que los padres obliguen a sus hijos a aceptar su religión es una forma de maltrato infantil?
Sí. ¿Qué pensaría usted de unos padres que obligaran a sus hijos a aceptar sus ideas políticas, o sus gustos de arquitectura? ¿Alguna vez ha oído a alguien hablar de un “niño leninista” o un “niño posmoderno”? Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué aceptamos lo del “niño cristiano” y “niño musulmán”? Ponerles a los niños la etiqueta de la religión de sus padres es maltrato infantil.
¿Se deleita usted discutiendo con creyentes?
No.
¿Su mujer alguna vez dice “Jesús” cuando usted estornuda, sólo para fastidiarle?
Dios, tendría que tener una mente horriblemente literal para que me molestara algo así. ¿Qué se piensa usted que soy, una de esas personas que envían felicitaciones navideñas a The Archers” ?
Soy ateo igual que usted, pero ¿podría haber en la vida humana un lugar para la metáfora que proporciona la religión y, en particular, la mitología?
Las metáforas están bien si fomentan la comprensión, pero a veces son un estorbo. Puede ser mejor tomar el atajo hacia lo real y obviar la metáfora.
Einstein, Newton, Bacon, Kepler, Pascal, Boyle y Faraday, todos ellos creían en Dios. ¿Le molesta a usted que estos eminentes científicos puedan haber sido víctimas de un “engaño”?
Era difícil ser ateo antes de El origen de las especies. Einstein es el único de su lista que nació en un mundo post-darwiniano, y no es casualidad que fuera además el único que no creía en Dios. Él declaró: “Lo que usted leyó sobre mis convicciones religiosas era, desde luego, mentira, una mentira que se repite sistemáticamente. Yo no creo en un Dios personal y nunca lo he negado, sino que lo he expresado con claridad.”
¿No le preocupa a usted que, en última instancia, la mayor parte de la humanidad no sea capaz de enfrentarse a la idea de que Dios no existe?
Ojalá se equivoque usted, pues parece un insulto bastante condescendiente hacia la humanidad. En cualquier caso, creo que hay mayor nobleza, y mayor consuelo en enfrentarse a la verdad, incluso si es algo que duele o da miedo.
Da la impresión de que su campaña por exponer la irracionalidad de la creencia religiosa le ha dado a su figura un mayor relieve que su trabajo en el campo de la biología evolutiva. Usted que preferiría, ¿llegar a ser conocido como Richard Dawkins el científico o Richard Dawkins el ateo militante?
Bertrand Russell se designó a sí mismo como el Escéptico Apasionado. Es apuntar muy alto, pero a eso aspiro.
¿Cómo debería un ateo responder con compasión a alguien que dijera que sin la creencia en una vida espiritual después de la muerte no habría sido capaz de soportar la muerte del hijo que tanto amaba?
Los médicos compasivos a veces mienten a sus pacientes acerca de la gravedad de su estado, y no siempre está mal hacerlo. Sin embargo, yo prefiero no seguir este precedente. En su lugar, yo señalaría la suerte que hemos tenido de haber vivido, por breve que sea nuestra vida. Desarrollé la idea en el prefacio de Destejiendo el arco iris, y espero que lo lean en mi funeral.
¿Qué cree usted que ocurrió con el cuerpo de Jesús, y cómo concuerda eso con los relatos de la resurrección?
Probablemente, lo que le ocurrió a Jesús es lo que nos ocurre a todos cuando morimos. Nos descomponemos. Los relatos sobre la resurrección y el ascenso de Jesús carecen de todo fundamento .
Nuestro equipo de “pub quiz” se llama La Iglesia de Richard Dawkins. En una reciente velada de “quiz” en Oxford, nos dijeron que cambiáramos de nombre en caso de que fuera considerado ofensivo para los cristianos practicantes que estuvieran presentes. ¿Se le ocurre a usted algún nombre “menos ofensivo”?
¡Y a mí me llaman intolerante! Me horroriza que esto haya sucedido precisamente en Oxford. Ojalá que ganéis el torneo de forma tan rotunda que podáis dictar vosotros las reglas y llamaros como queráis. Ofensivo, anda ya.
¿Son estúpidas las personas que propugnan el diseño inteligente, y piensa usted que la selección natural actuará y las eliminará de la generaciones futuras?
La mayoría son ignorantes, que no es lo mismo que estúpidos. La selección natural no eliminará la ignorancia de las generaciones futuras. Tal vez lo consiga la educación, y ésa es la esperanza a la que nos debemos aferrar.
La filósofa Mary Midgley le ha leído a usted la cartilla por utilizar palabras tales como “egoista” para describir la entidad inconsciente de un gen. ¿Tiene ella razón, y persiste todavía un resentimiento entre ustedes?
Oh, sí, cuánta razón tiene. ¿Y que hay de los físicos que hablan del “encanto” de los quarks? ¿No es eso terrible? ¿O los médicos que hablan de un cáncer “agresivo”? ¿O los economistas que hablan de la “serpiente monetaria” europea? Me ocupé de Mary Midgley en un artículo titulado En defensa de los genes egoístas en la misma revista que publicó su ataque no provocado. El texto está enhttp://www.royalinstitutephilosophy.org
Usted ha sido una fuerza increíble en cuanto a la popularización del Darwinismo. ¿Por qué investigación original le gustaría ser recordado?
El fenotipo extendido, aunque se podría decir que es investigación filosófica más que científica.
¿Cómo pudo un friki científico como usted conseguir una mujer tan atractiva?
Le sugiero que acuda a “The Sexiest Man Living” en salon.com y se coma sus palabras. Pero, hablando en serio, (claro, usted sabía que tendría que haber un “hablando en serio”) la ciencia tiene un problema de imagen con la gente joven, y términos como “friki científico” no ayudan. ¿No es un poco del estilo de “guiri” o “yanqui”?
Usted apoyó en las últimas elecciones al candidato que se oponía a la guerra. ¿Sería usted más feliz si Saddam Hussein estuviese aún en el poder?
Oh, que tonto fui. Tenía ese estúpido recuerdo de que a Saddam Hussein se le dio un ultimátum en la víspera de la guerra de que si entregaba sus armas de destrucción masiva se evitaría la guerra. Tonto de mí, pensaba que el objetivo de la guerra era eliminar estas armas de destrucción masiva. O sea que ahora lo entiendo. Desde el principio, el objetivo de la guerra fue eliminar a Saddam Hussein. Ahora los talibanes vuelven al poder porque Bush y Blair apartaron la vista de Afganistán y atacaron a Irak en su lugar. Sabe usted, por horrible que fuera Saddam Hussein, creo que lo prefiero a él antes que a los talibanes. La semana pasada en Afganistán destriparon a un profesor y lo descuartizaron con cuatro motocicletas por el crimen religioso de enseñarle álgebra a las chicas. No creo que Saddam Hussein ejecutara a la gente por enseñar álgebra a las chicas.
¿Constituye el calentamiento global una amenaza para la especie humana?
Sí. Se podría decir que la especie humana es una amenaza para la especie humana. Recomiendo la película de Al Gore sobre el calentamiento global. Es para verla y ponerse a llorar. No sólo por la especie humana. Lloremos por lo que podríamos haber tenido en 2000, si no hubiera sido por el fraude electoral en el Florida de Jeb Bush.
Celebro su coraje a la hora de cuestionar el cristianismo, pero ¿qué hace usted el día de Navidad cuando todo el mundo está de celebración? Imagino que usted no envía ni recibe tarjetas de felicitación ni regalos.
¿Por qué imagina usted eso? ¿Cree usted de verdad que todos, o incluso una mayoría de las personas que envían tarjetas y regalos son seguidores de Jesús? Pero si incluso la música que tenemos que soportar en las tiendas suele ser “White Christmas”, “Rudolph the Red-Nosed Reindeer” y el repugnante “Jingle Bells”. ¿Qué tiene eso de religioso?
Si usted muriera y llegara a las puertas del cielo, que le diría a Dios para justificar el ateísmo que ha preconizado a lo largo de su vida?
Citaría a Bertrand Russell: “No había pruebas suficientes, Señor, no había pruebas suficientes.”
Pero, ¿por qué se supone que Dios se preocupa tanto de si creemos en él? Tal vez él quiere que seamos generosos, amables, bondadosos y honrados, sin importarle nuestras creencias.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Sam Harris
TRADUCCIÓN DE FERNANDO G. TOLEDO Y J.C. ÁLVAREZ
En algún lugar del mundo un hombre ha secuestrado a una niña. Pronto va a violarla, torturarla y matarla. Si una atrocidad de este tipo no estuviera ocurriendo en este preciso momento, sucederá en unas pocas horas, como máximo unos días. Tanta es la confianza que nos inspiran las leyes estadísticas que gobiernan las vidas de 6 mil millones de seres humanos. Las mismas estadísticas también sugieren que los padres de esta niña creen que en este preciso momento un Dios todopoderoso y amoroso cuida de ellos y su familia. ¿Tienen derecho a creer esto? ¿Es bueno que crean esto?
No.
La integridad del ateísmo está contenida en esta respuesta. El ateísmo no es una filosofía; ni siquiera es una visión del mundo; es un rechazo a desmentir lo obvio. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el cual lo obvio es, por principio, pasado por alto. Lo obvio debe ser observado y reobservado y discutido. Ésta es una tarea ingrata. Se la toma con un aura de petulancia e insensibilidad. Es, más que nada, una tarea que el ateo no desea.
Aunque resulta menos notorio, nadie necesita identificarse a sí mismo como un no-astrólogo o un no-alquimista. Consecuentemente, no tenemos palabras para la gente que niega la validez de esas pseudodisciplinas. En el mismo sentido, «ateísmo» es un término que no debería existir. El ateísmo no es más que el ruido que la gente razonable hace cuando se topa con el dogma religioso. El ateo es simplemente una persona que cree que los 260 millones de estadounidenses (el 87% de la población) que dicen no tener dudas sobre la existencia de Diosdeberían estar obligados a presentar pruebas de su existencia, e incluso, de su benevolencia, dada la imparable destrucción de seres humanos inocentes de la que somos testigos a diario.
Nada más que el ateo advierte cuán sorprendente es nuestra situación: la mayor parte de los nuestros cree en un Dios que, bajo todo concepto, es igual de fantástico que los dioses del Olimpo; nadie, sea cuales fueren sus capacidades, puede ocupar un cargo público en los Estados Unidos sin suponer que ese Dios existe; y muchas de las cosas que pasan en la política pública en este país se deben a tabúes religiosos y supersticiones propias de una teocracia medieval. Nuestra realidad es abyecta, indefendible y horrorosa. Sería graciosa, si las consecuencias no fuesen tan graves.
Vivimos en un mundo donde todas las cosas, buenas y malas, acaban destruidas por el cambio. Los padres pierden a sus hijos y los hijos a sus padres. Los maridos y esposas se separan por un instante, y nunca se vuelven a ver. Los amigos se despiden con prisa, sin saber que será la última vez que lo hagan. Esta vida, cuando se la mira en su totalidad, se aparece como poco más que un vasto drama de la pérdida. La mayoría de las personas, sin embargo, imaginan que hay una cura para esto. Si vivimos correctamente –ni siquiera éticamente, sino dentro de los parámetros de ciertas creencias antiguas y conductas esterotipadas– obtendremos todo lo que queramos después de que hayamos muerto. Cuando caigan finalmente nuestros cuerpos, simplemente nos desharemos de nuestro lastre corporal y viajaremos a una tierra en la que nos reuniremos con todos los que amamos cuando estábamos vivos. Por supuesto, la gente demasiado racional y demás chusma quedará excluida de este sitio feliz, y aquéllos que suspendieron su increencia mientras vivían serán libres para disfrutar de sí mismos por toda la eternidad.
Vivimos en un mundo de sorpresas inimaginables –desde la energía de fusión que irradia el sol a la genética y las consecuencias evolutivas de estas luces que bailan por eones desde el Oriente– y todavía el Paraíso conforma a nuestros intereses más superficiales con la comodidad de un crucero por el Caribe. Esto es asombrosamente extraño. Alguien no lo conociera pensaría que el hombre, en su miedo a perder todo lo que ama, ha creado el cielo, junto con su Dios guardián, a su imagen y semejanza.
Considérese la destrucción que el huracán Katrina dejó en Nueva Orléans. Más de un millar de personas murieron, decenas de miles perdieron todas sus posesiones terrenas y cerca de un millón fueron desposeídas de su hogar. Con seguridad, se puede decir que casi todos los que vivían en Nueva Orléans en el momento del desastre del Katrina creía en un Dios omnipotente, omnisciente y compasivo. ¿Pero qué estaba haciendo Dios mientras un huracán devastaba su ciudad? Seguro que oía la plegarias de los viejos y las mujeres que huían de la inundación hacia la seguridad de sus azoteas, sólo para terminar ahogándose más lentamente. Eran personas de fe. Eran buenos hombres y mujeres que habían rezado durante todas sus vidas. Sólo el ateo ha tenido el coraje de admitir lo obvio: esa pobre gente murió hablándole a un amigo imaginario.
Claro, había advertencias de que una tormenta de proporciones bíblicas sacudiría Nueva Orléans, y el la respuesta humana al desastre posterior fue trágicamente ineficaz. Pero fue ineficaz sólo bajo la luz de la ciencia. Los indicios del avance del Katrina fueron sacados de la muda Naturaleza mediante cálculos meteorológicos e imágenes satelitales. Dios no le cuenta a nadie sus planes. De haberse confiado los residentes de Nueva Orléans en la caridad del Señor, no se habrían enterado de que un huracán asesino se abatiría sobre ellos hasta que hubieran sentido las primeras ráfagas del viento sobre sus rostros. A pesar de todo, según una encuesta del Washington Post, un 80% de los sobrevivientes del Katrina aseguraban que el suceso había reforzado su fe en Dios.
Mientras el Katrina devoraba Nueva Orléans, cerca de mil peregrinos chiítas morían al derribarse un puente en Iraq. No caben dudas de que esos peregrinos creían poderosamente en el Dios del Corán: sus vidas estaban organizadas alrededor del hecho indubitable de su existencia; sus mujeres caminaban con el rostro velado delante de él; sus hombres se mataban regularmente unos a otros en nombre de interpretaciones enfrentada de su palabra. Sería de destacar si un solo de los sobrevivientes de esta tragedia perdiera su fe. Lo más probable es que los sobrevivientes imaginen que han sido resguardados por la gracia de Dios.
Sólo el ateo reconoce el infinito narcisismo y el autoengaño de los que se salvaron. Sólo el ateo comprende cuán moralmente despreciable es que los sobrevivientes de una catástrofe se crean salvados por un Dios amoroso mientras que este mismo Dios ahogaba a los niños en sus cunas. Debido a que se niega a tapar la realidad del sufrimiento del mundo con el disfraz de una fantasía de vida eterna, el ateo siente hasta en los huesos cuán preciosa es la vida, y al mismo tiempo cuán desafortunados sos esos millones de seres humanos que sufren el más terrible ataque a su felicidad sin ninguna razón valedera.
Uno se pregunta cuán vasta y gratuita tiene que ser una castástrofe para que alcance a a sacudir la fe del mundo. El Holocausto no lo consiguió. Tampoco lo habría hecho el genocidio en Ruanda, ni aunque sus perpetradores fuesen sacerdotes armados con machetes. Quinientos millones de personas murieron deviruela durante el siglo XX, casi todos niños. Los caminos de Dios son, sin duda, inescrutables. Pareciera que cualquier hecho, no importa cuán infeliz sea, puede ser compatible con la fe religiosa. En materia de fe, hemos decidido no tener los pies en la Tierra.
Por supuesto, la gente de fe asegura que Dios no es responsable del sufrimiento de la humanidad. Pero, ¿cómo podemos entender que se afirme que Dios es a la vez omnisciente y omnipotente? No hay otro modo, y es tiempo de que los seres humanos razonables lo asuman. Es el viejo problema de la teodicea, claro, y deberíamos considerarlo resuelto. Si Dios existe, pues no puede hacer nada por detener las más descomunales calamidades o no le importa hacerlo. Dios, por consiguiente, o es impotente o es malvado. Los lectores piadosos ejecutarán ahora la siguiente pirueta: Dios no puede ser juzgado por las simples reglas humanas de moralidad. Pero, obviamente, las simples reglas humanas de moralidad son precisamente las que primero usan los fieles para establecer la bondad de Dios. Y cualquier Dios que se preocupara por algo tan trivial como un matrimonio gay o el nombre por el que debe ser mencionado en una plegaria, no es tan inescrutable después de todo. Si existiera, el Dios de Abraham no sería solamente indigno de la inmensidad de la creación, sería indigno de cualquier hombre.
Hay otra posibilidad, claro, y es la más razonable y la más odiosa: el Dios de la Biblia es una ficción. Como Richard Dawkins ha observado, todos somos ateos con respecto a Zeus y a Thor. Sólo el ateo ha concluido que el dios bíblico no es diferente. Consecuentemente, sólo el ateo es lo suficientemente compasivo como para tomarse en serio la hondura del sufrimiento mundial. Es terrible que todos vayamos a morir y perder cada cosa que amamos; es doblemente terrible que tantos seres humanos sufran sin necesidad mientras viven. Buena parte de ese sufrimiento puede ser directamente atribuido a la religión –a los odios religiosos, las guerras religiosas, las ilusiones religiosas (religious delusions) y las diversiones religiosas de escasos recursos–, y es lo que convierte al ateísmo en una necesidad moral e intelectual. Es una necesidad, de todos modos, que el desplaza al ateo hacia los márgenes de la sociedad. El ateo, por el mero hecho de estar en contacto con la realidad, termina lleno de vergüenza al no tener relación con la vida de fantasía de sus vecinos.
La naturaleza de la creencia
Según varias encuestas recientes, el 22 % de los americanos están totalmente convencidos de que Jesús volverá a la Tierra algún día de los próximos 50 años. Otro 22% cree que lo anterior es bastante probable. Seguramente este mismo 44 % de americanos son los que van a la iglesia una vez por semana o más, que creen literalmente que Dios prometió la tierra de Israel a los judíos, y que quieren prohibir la enseñanza del hecho biológico de la evolución a nuestros hijos. Como bien sabe el Presidente George W. Bush, los creyentes de esta categoría constituyen el segmento más cohesionado y motivado del electorado americano. Por consiguiente, sus opiniones y prejuicios influyen en casi todas las decisiones de importancia nacional. Los políticos liberales parecen haber extraído una lección incorrecta de estos acontecimientos y han vuelto su mirada hacia las Escrituras, preguntándose cómo podrían congraciarse con las legiones de hombres y mujeres de nuestro país que votan en gran parte basándose en el dogma religioso. Más del 50 % de los americanos tiene una opinión «negativa» o «sumamente negativa» de la gente que no cree en Dios; el 70 % piensa que es muy importante que los candidatos a la presidencia sean «firmemente religiosos». La irracionalidad se encuentra ahora en ascenso en los Estados Unidos: en nuestras escuelas, en nuestros tribunales y en cada rama del gobierno federal. Sólo el 28 % de los americanos cree en la evolución; el 68 % cree en Satán. Una ignorancia de tal calibre, concentrada tanto en la cabeza como en el vientre de una superpotencia sin rival, representa actualmente un problema para el mundo entero.
Aunque sea bastante fácil para la gente de buen tono criticar el fundamentalismo religioso, la llamada «moderación religiosa» todavía disfruta de un prestigio considerable en nuestra sociedad, incluso dentro de la torre de marfil. Lo anterior resulta irónico, ya que los fundamentalistas tienden a hacer un uso de sus cerebros más basado en principios que los «moderados». Aunque los fundamentalistas justifiquen sus creencias religiosas con pruebas y argumentos extraordinariamente pobres, al menos intentan dar una justificación racional. Los moderados, en cambio, generalmente no hacen más que citar las consecuencias benéficas de la creencia religiosa. En lugar de decir que creen en Dios porque ciertas profecías bíblicas se han cumplido, los moderados dirán que ellos creen en Dios porque esta creencia «da sentido a sus vidas».
Cuando un tsunami mató a cien mil personas el día siguiente al de Navidad, los fundamentalistas interpretaron fácilmente este cataclismo como una prueba de la ira de Dios. Al parecer, Dios había enviado otro mensaje oblicuo a la humanidad sobre los males del aborto, la idolatría y la homosexualidad. Aunque moralmente obscena, esta interpretación de los acontecimientos es hasta cierto punto razonable, aceptando determinadas suposiciones (absurdas). Los moderados, en cambio, rechazan extraer cualquier conclusión sobre Dios a partir de sus obras. Dios sigue siendo un perfecto misterio, una mera fuente de consuelo que es compatible con la existencia del mal más desolador. Ante desastres como el tsunami asiático, la piedad liberal es apta para producir las mas afectadas y pasmosas tonterías imaginables. Así y todo, los hombres y mujeres de buena voluntad prefieren habitualmente tales vacuidades a la moralización y profetización odiosas de los creyentes auténticos. Ante las catástrofes, sin duda es una virtud de la teología liberal que ésta enfatice la piedad sobre la ira. Vale la pena señalar, sin embargo, que es la piedad humana lo que se revela –no la de Dios– cuando los cuerpos hinchados de los muertos son devueltos por el mar. Cuando miles de niños son arrancados simultáneamente de los brazos de sus madres y ahogados en el mar durante días, la teología liberal debe revelarse como lo que es –el más vacuo y estéril de los pretextos mortales. Incluso la teología de la ira tiene más mérito intelectual. Si Dios existe, su voluntad no es inescrutable. Lo único inescrutable en estos hechos terribles es que hombres y mujeres neurológicamente sanos puedan creer lo increíble y pensar que esto es la cumbre de la sabiduría moral.
Es completamente absurdo sugerir, como hacen los religiosos moderados, que un ser humano racional pueda creer en Dios simplemente porque esta creencia le hace feliz, porque alivia su miedo a la muerte o porque otorga sentido a su vida. La absurdidad se hace obvia en el momento en que cambiamos la noción de Dios por alguna otra proposición de consuelo: imaginemos, por ejemplo, que un hombre desea creer que existe un diamante enterrado en algún lugar de su patio trasero, y que este diamante es del tamaño de un refrigerador. Sin duda, se sentirá extraordinariamente bien al creer esto. Imaginemos qué pasaría entonces si ese hombre siguiera el ejemplo de los religiosos moderados y mantuviera dicha creencia en términos pragmáticos: cuando se le pregunta por qué piensa que hay un diamante en su patio trasero y que además ese diamante es miles de veces mayor que ningún otro que haya sido descubierto, el hombre dice cosas como las siguientes: «Esta creencia da sentido a mi vida», o «Mi familia y yo disfrutamos cavando para encontrarlo los domingos», o «Yo no querría vivir en un universo donde no hubiera un diamante enterrado en mi patio trasero y que fuera del tamaño de un refrigerador». Claramente estas respuestas son inadecuadas. Pero son peores que eso. Son las respuestas de un loco o de un idiota.
Aquí podemos ver por qué la apuesta de Pascal, el «salto de fe» de Kiergegaard y otros esquemas epistemológicos fideístas no tienen el menor sentido. Creer que Dios existe es creer que uno se encuentra en alguna relación con su existencia, tal que dicha existencia es ella misma la razón de la creencia de uno. Debe haber alguna conexión causal, o al menos una apariencia de ésta, entre el hecho en cuestión y la aceptación de ese hecho por parte de la persona. De este modo, podemos ver que las creencias religiosas, para ser creencias sobre cómo es el mundo, deben ser tan probatorias en el ámbito del espíritu como en cualquier otro ámbito. Pese a todos sus pecados contra la razón, los fundamentalistas religiosos entienden lo anterior; los moderados –casi por definición– no lo entienden en absoluto.
La incompatibilidad entre la razón y la fe ha sido un rasgo evidente de la cognición humana y del discurso público durante siglos. Una persona debe tener buenas razones para sostener firmemente lo que cree o lo que no cree. Las personas de todos los credos generalmente reconocen la primacía de las razones, y recurren al razonamiento y a las pruebas siempre que pueden. Cuando la indagación racional apoya el credo, aquélla siempre es defendida; cuando representa una amenaza, es ridiculizada, a veces en la misma frase. Sólo cuando las pruebas favorables a una doctrina religiosa son escasas o inexistentes, o hay una evidencia aplastante en su contra, sus defensores invocan la «fe». Es decir, los fieles simplemente citan los motivos para defender sus creencias (por ejemplo, «el Nuevo Testamento confirma las profecías del Antiguo testamento», «yo vi la cara de Jesús en una ventana», «rezamos, y el cáncer de nuestra hija comenzó a retroceder»). Tales razones son generalmente inadecuadas, pero son mejores que ninguna razón en absoluto. La fe no es más que la licencia que la gente religiosa se otorga a sí misma para seguir creyendo cuando las razones fallan. En un mundo fragmentado por creencias religiosas incompatibles entre sí, en una nación que se encuentra cada vez más sometida a concepciones propias de la Edad de Hierro acerca de Dios, el final de la historia y la inmortalidad del alma, esta lánguida división de nuestro discurso en asuntos de razón y asuntos de fe es sencillamente inadmisible.
La fe y la sociedad buena
La gente de fe afirma regularmente que el ateísmo es responsable de algunos de los crímenes más espantosos del siglo XX. Aunque sea cierto que los regímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot eran irreligiosos en diversos grados, no eran especialmente racionales. De hecho, sus declaraciones públicas eran poco más que letanías de ilusiones: ilusiones sobre la raza, la identidad nacional, la marcha de la historia o los peligros morales del intelectualismo. En muchos sentidos, la religión fue directamente culpable incluso en estos casos. Consideremos el Holocausto: el antisemitismo que construyó pieza a pieza los crematorios nazis era una herencia directa del cristianismo medieval. Durante siglos, los alemanes religiosos habían visto a los judíos como la peor especie de herejes, y habían atribuido todos los males sociales a su presencia continuada entre los fieles. Mientras en Alemania el odio a los judíos se expresaba de un modo predominantemente secular, la demonización religiosa de los judíos continuó existiendo en Europa. (El propio Vaticano perpetuó el libelo de la sangre en sus publicaciones, en una fecha tan tardía como 1914.)
Auschwitz, el Gulag y los campos de la muerte no son ejemplos de lo que ocurre cuando la gente se hace demasiado crítica con las creencias injustificadas; al contrario, estos horrores son un testimonio de los peligros que conlleva el no pensar lo bastante críticamente sobre ideologías seculares específicas. Por supuesto, un argumento racional contra la fe religiosa no es un argumento para abrazar ciegamente el ateísmo como dogma. El problema expuesto por el ateo no es otro que el problema del dogma mismo (del que toda religión participa en grado extremo). No existe ninguna sociedad en la historia escrita que haya sufrido porque su gente se volviera demasiado razonable.
Aunque la mayor parte de los americanos creen que deshacerse de la religión es un objetivo imposible, la mayor parte del mundo desarrollado ya lo ha conseguido. Cualquier relato sobre un supuesto «gen divino», el cual sería responsable de que la mayoría de los americanos organicen desvalidamente sus vidas alrededor de antiguas obras de ficción religiosa, debe explicar por qué tantos habitantes de otras sociedades del Primer Mundo parecen carecer de dicho gen. El nivel de ateísmo existente en el resto del mundo desarrollado refuta cualquier argumento según el cual la religión es de algún modo una necesidad moral. Países como Noruega, Islandia, Australia, Canadá, Suecia, Suiza, Bélgica, Japón, Países Bajos, Dinamarca y el Reino Unido se encuentran entre las sociedades menos religiosas de la Tierra. Según el Informe de Desarrollo Humano 2005 de las Naciones Unidas, dichos países son también los más sanos, como indican las medidas de esperanza de vida, alfabetismo adulto, ingresos per cápita, desarrollo educativo, igualdad entre sexos, tasa de homicidios y mortandad infantil. A la inversa, las 50 naciones que ahora se encuentran en el escalafón más bajo en términos de desarrollo humano son fuertemente religiosas. Otros análisis reflejan la misma situación: los Estados Unidos son únicos entre las democracias ricas por su nivel de fundamentalismo religioso y por su oposición a la teoría evolutiva; también son únicos por las altas tasas de homicidio, abortos, embarazos de adolescentes, casos de SIDA y mortandad infantil. La misma comparativa es cierta dentro del territorio de los Estados Unidos: los Estados del Sur y del Medio Oeste, caracterizados por los niveles más altos de superstición religiosa y de hostilidad hacia la teoría evolutiva, están especialmente afectados por los mencionados indicadores de disfunción social, mientras que los estados relativamente seculares del Noreste se conforman más a los estándares europeos. Desde luego, los datos correlacionales de este tipo no resuelven las cuestiones de causalidad –la creencia en Dios puede conducir a la disfunción social; la disfunción social puede dar lugar a la creencia en Dios; cada factor puede fomentar el otro; o bien ambos factores pueden surgir de alguna fuente más profunda de disfuncionalidad. Dejando aparte la cuestión de la causa y el efecto, estos hechos demuestran que el ateísmo es absolutamente compatible con las aspiraciones básicas de una sociedad civil; también demuestran, de manera concluyente, que la fe religiosa no hace nada para asegurar la salud y el bienestar de una sociedad.
Los países con altos niveles de ateísmo también son los más caritativos en términos de prestación de ayuda extranjera al mundo en desarrollo. El dudoso eslabón existente entre el fundamentalismo cristiano y los valores cristianos también es refutado por otros índices de caridad. Consideremos la proporción entre los salarios de los altos ejecutivos y los salarios de los empleados medios: en Gran Bretaña es de 24 a 1; en Francia, de 15 a 1; en Suecia, de 13 a 1; en los Estados Unidos, donde el 83 % de la población cree que Jesús literalmente resucitó de entre los muertos, es de 475 a 1. Parece que aquí muchos camellos esperan entrar fácilmente por el ojo de una aguja.
La religión como fuente de violencia
Uno de los mayores desafíos afrontados por la civilización en el siglo XXI es que los seres humanos aprendan a hablar sobre sus intereses personales más profundos –sobre la ética, la experiencia espiritual y la inevitabilidad del sufrimiento humano– de un modo que no sea flagrantemente irracional. Nada obstaculiza más el camino de este proyecto que el respeto que concedemos a la fe religiosa. Doctrinas religiosas incompatibles han balcanizado nuestro mundo en comunidades morales separadas –cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, etc.– y estos desacuerdos se han convertido en una fuente continua de conflicto humano. Ciertamente, la religión es hoy en día una fuente activa de violencia, tanto como lo fue en cualquier momento del pasado. Los conflictos recientes en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos; serbios ortodoxos contra musulmanes bosnios y albaneses), Irlanda del Norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Etiopía y Eritrea (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (budistas cingaleses contra hindúes tamiles), Indonesia (musulmanes contra cristianos timoreses), Irán e Irak (musulmanes chiítas contra musulmanes sunníes), y Cáucaso (rusos ortodoxos contra musulmanes chechenos; musulmanes azerbaijanos contra armenios católicos y ortodoxos) son simplemente algunos ejemplos. En estos lugares, la religión ha sido la causa explícita de literalmente millones de muertos en los últimos 10 años.
En un mundo dividido por la ignorancia, sólo el ateo se niega a rechazar lo evidente: la fe religiosa promueve la violencia humana a un nivel asombroso. La religión inspira la violencia en al menos dos sentidos: (1) a menudo las personas matan a otros seres humanos porque creen que el Creador del Universo quiere que así lo hagan (el corolario psicopático inevitable es que tal acto les asegurará una eternidad de felicidad después de la muerte). Los ejemplos de este tipo de comportamiento son prácticamente innumerables, siendo el más destacado el de los terroristas suicidas jihadistas. (2) Un número cada vez mayor de personas se encuentran inclinadas hacia el conflicto religioso, simplemente porque su religión constituye el corazón de sus identidades morales. Una de las patologías duraderas de la cultura humana es la tendencia a educar a los niños en el temor y a demonizar a otros seres humanos en base a la religión. Muchos conflictos religiosos que parecen motivados por intereses terrenales son, por lo tanto, de origen religioso. (Los irlandeses lo saben muy bien.)
A pesar de todos estos hechos innegables, los religiosos moderados tienden a imaginarse que el conflicto humano siempre puede reducirse a la carencia de educación, a la pobreza o a los agravios políticos. Ésta es una de las muchas ilusiones de la piedad liberal. Para disiparla, sólo tenemos que pensar en el hecho de que los secuestradores del 11-S eran universitarios de clase media-alta que no tenían ninguna historia conocida de opresión política. Sin embargo, habían pasado una cantidad de tiempo excesiva en su mezquita local, oyendo hablar de la depravación de los infieles y de los placeres que esperan a los mártires en el Paraíso. ¿Cuántos arquitectos e ingenieros aeronáuticos deberán volver a estrellarse contra una pared a 400 millas por hora, antes de que admitamos que la violencia jihadista no es un asunto de educación, política o pobreza? La verdad, bastante asombrosa, es la siguiente: una persona puede ser tan culta e instruída como para construir una bomba nuclear, y así y todo creer que obtendrá a 72 vírgenes en el Paraíso para toda la eternidad. Tal es la facilidad con que la mente humana puede ser alienada por la fe, y tal es el grado de acomodación de nuestro discurso intelectual a la ilusión religiosa. Sólo el ateo ha observado lo que ahora debería ser evidente para todo ser humano pensante: si queremos desarraigar las causas de la violencia religiosa debemos desarraigar las falsas certezas de la religión.
¿Por qué la religión es una fuente tan poderosa de violencia humana?
- Nuestras religiones son intrínsecamente incompatibles entre sí. Jesús resucitó de entre los muertos y volverá a la Tierra como un superhéroe, o no; el Corán es la palabra infalible de Dios, o no lo es. Cada religión hace afirmaciones explícitas sobre cómo es el mundo, y la profusión abrumadora de estas afirmaciones incompatibles –que además son dogmas de fe obligatorios para todos los creyentes– crea una base duradera para el conflicto.
- No hay ninguna otra esfera del discurso en la que los seres humanos articulen de manera tan clara sus diferencias mutuas, o en la que expresen estas diferencias en términos de recompensas y castigos eternos. La religión es la única realidad humana en la que el pensamiento nosotros-ellos alcanza una importancia trascendente. Si una persona cree realmente que llamar a Dios por su nombre correcto puede marcar la diferencia entre la felicidad eterna y el sufrimiento eterno, entonces se hace bastante razonable tratar con rudeza a los herejes e incrédulos. Hasta puede ser razonable matarlos. Si una persona piensa que hay algo que otra persona puede decirles a sus hijos que podría poner en peligro sus almas para toda la eternidad, entonces el vecino hereje es en realidad mucho más peligroso que el más sádico violador infantil. Los estigmas de nuestras diferencias religiosas son enormemente más pronunciados que los nacidos del mero tribalismo, del racismo o de la política.
La fe religiosa es un poderoso obstáculo al diálogo. La religión no es más que el área de nuestro discurso donde las personas se protegen sistemáticamente de la exigencia de aportar pruebas en defensa de sus creencias firmememente sostenidas. Así y todo, estas creencias de las personas a menudo determinan para qué viven, para qué morirán, y –demasiado a menudo– para qué matarán. Éste es un problema muy grave, porque cuando los estigmas diferenciales son muy pronunciados los seres humanos sólo encuentran una opción entre el diálogo y la violencia. Sólo una buena voluntad fundamental de ser razonable –de manera que nuestras creencias sobre el mundo sean revisadas por nuevas pruebas y nuevos argumentos– puede garantizar que sigamos hablando entre nosotros. La certeza sin pruebas es necesariamente divisoria y deshumanizadora. Aunque no existe ninguna garantía de que la gente racional siempre vaya a ponerse de acuerdo, indudablemente la gente irracional siempre estará dividida por sus dogmas. Parece sumamente improbable que podamos curar los desacuerdos existentes en nuestro mundo simplemente multiplicando las ocasiones para el diálogo interconfesional.
El objetivo de la civilización no puede ser la tolerancia mutua ni la irracionalidad manifiesta. Aunque todos los partidarios del discurso religioso liberal han acordado pasar de puntillas por aquellos puntos en los que sus visiones del mundo chocan frontalmente, estos mismos puntos seguirán siendo fuentes de conflicto perpetuo para sus correligionarios. La corrección política, por lo tanto, no ofrece una base duradera para la cooperación humana. Si la guerra religiosa debe hacerse inconcebible para nosotros, del mismo modo que ya lo son la esclavitud y el canibalismo, es absolutamente necesario prescindir de todos los dogmas de fe.
Cuando tenemos razones para creer lo que creemos, no tenemos ninguna necesidad de fe; cuando no tenemos ninguna razón, o sólo tenemos malas razones, hemos perdido nuestra conexión con el mundo y con los seres humanos. El ateísmo no es sino un compromiso con el nivel más básico de honestidad intelectual: las convicciones de una persona deberían ser proporcionales a sus pruebas. Pretender estar seguro de algo cuando no se está –en realidad, pretender estar seguro sobre proposiciones para las que ni siquiera es concebible prueba alguna– es un defecto tanto intelectual como moral. Sólo el ateo ha comprendido esto. El ateo es simplemente una persona que ha percibido la mentira de la religión y que ha rechazado convertirla en una mentira propia.
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