por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Fernando Savater
La religión considerada como verdad en el sentido literal y fáctico del término (decir «Dios existe», «el alma es inmortal» o «los santos pueden hacer milagros» resulta cierto en el mismo sentido en que lo es el asegurar «el Océano Pacífico existe», «el cuerpo humano está formado en buena parte por agua» o «los médicos pueden curar a sus pacientes») es la visión más tradicional y la que hoy es de suponer que adopta la inmensa mayoría de las personas religiosas en todo el mundo. Desde una perspectiva filosófica, choca frontalmente con todas las pautas de verificación que utilizamos para aceptar certezas en cualquier otro de los campos del conocimiento.
En una palabra, no hay razón para tenerla por ajustada a la realidad. Si alguien desea repasar pormenorizadamente los argumentos racionales a favor del teísmo (la existencia de una persona sin cuerpo, eterna, que está en todas partes, creadora de toda realidad, omnipotente, omnisciente y sumamente bondadosa) puede recurrir al libro de J. L. Mackie titulado El milagro del teísmo, donde son examinados con una honradez tan escrupulosa que a veces bordea el tedio. La conclusión, como los más impacientes ya habíamos previsto, es que no hay evidencia probatoria suficiente para tragarse enormidad semejante.
De ahí el título del libro de Mackie, pues al autor le parece milagroso que personas razonables puedan ser también creyentes teístas: pero es que las personas razonables lo son sólo de a ratos y no faltan condicionamientos tanto psicológicos como sociales que hacen inteligible la fe o al menos la profesión de fe. Una actitud que se pretende respetuosa pero que en el fondo no es más que hipócrita o timorata recomienda a este respecto el agnosticismo para evitar las consecuencias socialmente negativas del rechazo puro y simple: «no podemos saber, somos incapaces de fundar el sí o el no». Se trata de una postura intelectualmente inconsistente: o bien incurrimos en un escepticismo absoluto y declaramos no saber nada sobre nada, lo cual resulta desmentido por las estrategias y destrezas que acatamos para orientar nuestra vida cotidiana, o debemos aceptar el mismo uso relativo y sometido a examen pero inequívoco de «verdad» o «falsedad» también en cuestiones religiosas. Es un abuso hipócrita del lenguaje decir que yo no sé si los muertos resucitan o no: sé que no resucitan, de la misma forma que sé cualquiera de las otras cosas de las que estoy razonablemente seguro. Aun más: en lo que respecta al núcleo central de la mayoría de las religiones, es decir la existencia de la propia divinidad, el problema no estriba en que yo no pueda saber si existe o no existe sino en que ni siquiera resulta comprensible qué es lo que ha de existir o no.
Una de las piezas más devastadoramente lúcidas de nuestra tradición filosófica, los Diálogos sobre la religión natural, de David Hume, analizan de forma exhaustiva esta perplejidad cuya misma redundancia la convierte en certeza negativa: lo que Hume demuestra es que, dado que nada de mínimamente seguro podemos saber sobre la naturaleza de ese Dios por cuya existencia nos preguntamos, el hecho de que exista o no es igualmente vacuo.
No es que no sepamos, sino que no sabemos qué es lo que deberíamos saber: lo que queda así anulado en el agnosticismo no es nuestro conocimiento (en beneficio de la fe) sino nuestro raciocinio (en beneficio de la falsedad). Como bien resume Freud, «la ignorancia es la ignorancia y no es posible derivar de ella un derecho a creer en algo.
Ningún hombre razonable se conducirá tan ligeramente en otro terreno ni basará sus juicios y opiniones en fundamentos tan pobres. Solo en cuanto a las cosas más elevadas y sagradas se permitirá semejante conducta» (El porvenir de una ilusión).
Los creyentes aseguran que no es la razón ni la experiencia, con su frialdad científica, quienes pueden comprobar la verdad de la religión: es el sentimiento, una especie de intuición –ella misma de origen graciosamente natural– que percibe la autenticidad oculta de lo divino.
Pero también ese intuicionismo sentimental puede ser explicado sin recurrir a ninguna forma de trascendencia. Desde Jenófanes de Colofón hasta Feuerbach o Freud, abundan los análisis plausibles del sentimiento religioso en su dimensión más ingenua o literal. Viene provocado por el desamparo humano por la certeza de la muerte, por las contrariedades de la existencia y la brevedad del tiempo que duramos en este mundo. Los seres divinos son proyecciones hiperbólicas de nuestros deseos: de nuestro anhelo de vida inacabable e invulnerable, de nuestro afán de una condición bienaventurada que nada puede alterar ni amenazar, de nuestro interés en que las culpas sean castigadas y los méritos recompensados mejor de lo que asegura la incierta justicia humana.
Como establece Feuerbach en La esencia de la religión, un opúsculo admirable por su tino y honradez filosófica, «donde no percibas ningún lamento sobre la mortalidad y sobre la condición de miseria del hombre, tampoco sentirás ningún canto en loor de los dioses inmortales y felices. Solamente cuando el agua de las lágrimas del corazón humano se evapora hasta el cielo de la fantasía da origen a la formación nebulosa del ser divino».
Así se sacralizan, para acorazarlos frente a la zapa del tiempo y de la muerte, los gestos humanos vitalmente más intensos (amor, paternidad, capacidad para la caza y la guerra, coraje, inventiva, sabiduría…), las virtudes más elogiables (sinceridad, compasión, fervor patriótico, generosidad…) e incluso las instituciones sociales más necesarias (tribunales de justicia, autoridad, la comunidad misma en cuanto abstracción colectiva, etc.).
Las religiones naturalistas primitivas divinizaban a los seres naturales no humanos dotándoles de una intencionalidad y un carácter antropomórficos, mientras que los teísmos antropocéntricos posteriores veneran como divino al ser humano, desmesurando y proyectando en la trascendencia sus cualidades esenciales a escala deshumanizada.
Por medio de la religión se acuña un ideal compartido en el que cada cual puede hallar cierta compensación frente a las insuficiencias de la realidad establecida, a la par que se contrarrestan los impulsos destructivos y disgregadores que todo individuo siente frente a la disciplina de vida en común, sobre todo en las sociedades más complejas y avanzadas: «La satisfacción narcisista, extraída del ideal cultural, es uno de los poderes que con mayor éxito actúan en contra de la hostilidad adversa a la civilización, dentro de cada sector civilizado» (Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión).
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Paul Telleria Antelo
Por azar o efecto cadena, aún no lo sé, tropecé en la oficina, con un ejemplar de un excelente comic al óleo, elaborado en Colombia por Beccasino y Maldonado. El mismo tiene el sugestivo título de “Protégenos, sálvanos Nuestra Señora del Pollo frito”. Primero pensé que me encontraba ante un nuevo fenómeno religioso producto de una de las tantas sectas que ofrecen desmayos y convulsiones gratuitas y garantizan curarte de cualquier adicción visitando sus templos.
Luego de convencer a la propietaria que me pueda facilitar el tan mentado ejemplar, disfrute en una fugaz lectura nocturna el manejo visual del cómic, los textos bien logrados y el estilo gráfico muy a lo “manga japonés” . Ahí cobró sentido el comentario en la solapa de Ray Machado de que más que un cómic se trataba de una profunda reflexión sobre la fe popular.
Sigo escribiendo y frente a un monitor, disfruto de un masco de mi pollo Copacabana y me entero que la Virgen apareció en una pata de pollo frito en un local de Bogota. No se si santiguarme 3 veces, si asumir que debajo del rebosado esta la carne divina de Dios, o creer que si por ahí en algún tendón esta no más un bigote de Cristo. Sea como sea si es así en todo caso me alimentará más que la panza el alma.
La historia cuenta que cuando un colombiano se aprestaba a morder su pierna de pollo frito la Virgen, sin más ni más, se le apareció en la carne, luego a medida que los fieles crecían apareció también en la telita de un huevo, por eso ahora su imagen lleva una pierna irradiando luz en una mano y un huevito con alas en la otra.
Poco a poco voy leyendo la historia y pienso en esto del imaginario popular y el sincretismo de nuestros pueblos. Hoy por hoy, leyenda urbana o realidad, no lo se, pero dicen que la Virgen es conocida como patrona de sicarios, narcos y magdalenas de esquina, intercesora, de todos aquellos que dizque por necesidad y nada más no tenían otra que caer en la delincuencia.
Así como en Bogota, en La Paz necesitamos que nuestros ojos miren señales, que alimenten esperanza, aunque sea en la comida chatarra, tenemos que ver no más para creer, convencernos de que fue nuestro muertito quien comió la tantawawa que le dejamos en todos santos y no las palomas.
Vírgenes en el pollo frito, Cristo sangrando gotas de aceite en el teflón, médicos muertos que te operan la vesícula, la silueta de la Virgen de Copacabana en una nube de gas lacrimógeno en San Francisco, en fin la lista sigue, como sigue la desilusión y la falta de esperanza, como las ganas de que Dios nos mande pues más señales aunque sea por mail.
El marketing mediático sin duda, ayuda a construir nuevos iconos, nuevas imágenes. En la historia que les narro, todo empezó con un locutor de radio que dijo….”Que pasaría si antes de morder tu presa de pollo, una virgen se apareciera impresa?…” De ahí en más el resto fue pura publicidad e imaginario popular.
La fe en imágenes es creada a partir de eventos cotidianos y gracias al corre ve y dile es luego agrandada y sostenida. Luego sin darnos cuenta acabamos elevando altares en lugares inimaginables. ¿Será que la fe esta venida a menos en nuestros pueblo?, ¿qué necesitamos ver?, ¿qué estamos hambrientos de milagros?
Debe ser así no más, queremos la sorpresa inexplicable que surge así mágicamente, no como accidente, no como producto del juego del aceite en la olla, sino como sorpresa, como mensaje divino que llega cuando más jodidos estamos para decirnos, acá estoy yo, te estoy mirando, te estoy diciendo para que lo cuentes, para que se multipliquen los creyentes.
Me quedo pensando en esto del Comic, de la intensidad de sus imágenes, de que hay vírgenes y santos para cada fin. Me acordé del escapulario en el tobillo del sicario para correr rápido, en esa seguidilla de dioses a medida, en el hincha brasilero que le reza al Cristo del Corcovado antes del fútbol.
Uno cree al final en lo que le da esperanza y le ayuda a aguantar el frío, el del alma y el de la calle. Mientras Dios este dentro, mientras mantengamos la esperanza viva, más allá de imágenes pululando por el desesperado mundo vale la pena.
Putas, y clientes le rezan al mismo Dios y por estos días El Vaticano se saltará procedimientos para hacer santo al Papá recién muerto. Seguro que pronto mil milagros callados tímidamente por años, se harán hoy públicos y su imagen volará de Roma a miles de sartenes y cortezas de árbol por el mundo.
Me quedo en la pregunta de esto de la fe popular, en que la Virgen apareció más veces en los dos últimos siglos en más lugares que cualquiera, en esto de que uno construye milagros por que los necesita para estar vivo.
No quedó claro nunca en la historia de Bogota si la virgen tenia “abrigo para la lluvia o capa larga, algunos dice que era bajita, otros que era más bien alta y rubia, otros los más que era un poco bizca y que tenia el cabello castaño. Al final poco importa, si cada quien ve lo que quiere ver y cuando necesita verlo.
Por si acaso de acá en adelante miraré bien la comida antes de cometer algún sacrilegio y si por descuido le muerdo el ala a un ángel de mi hamburguesa o Dios me castiga por no retransmitir por mail alguna cadena de oración clarito será.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Steven Weinberg
PUBLICADO EN ASTROSETI.ORG
Traducción de Heber Rizzo Baladán
De todos los descubrimientos científicos que han perturbado a la mente religiosa, ninguno ha tenido el impacto de la teoría de la evolución por selección natural de Darwin. Ningún avance de la física o incluso de la cosmología ha causado una conmoción igual.
En los primeros días de la cristiandad, los padres de la iglesia Teófilo de Antioquía y Clemente de Alejandríarechazaron el conocimiento, común desde la época de Platón, de que la Tierra era una esfera. Insistieron en la verdad literal de la Biblia, y desde el Génesis hasta los versos de Revelaciones podían ser interpretados como indicadores de que la Tierra era plana. Pero la evidencia de una Tierra esférica resultaba aplastante para quien hubiera visto cómo desaparecía tras el horizonte el casco de un barco, mientras que sus mástiles continuaban siendo visibles, y al final la Tierra plana no parecía merecedora de lucha.
Hacia la Alta Edad Media, la Tierra esférica era aceptada por los cristianos educados. Dante, por ejemplo, descubrió que el corazón de la Tierra esférica era un destino conveniente para los pecadores. Lo que alguna vez había sido un asunto serio se ha convertido en una broma. Un amigo de la Universidad de Kansas ha formado una Sociedad de la Tierra Plana para demandar (en una burla de la demanda de los creacionistas de Kansas para que las escuelas presenten el «diseño inteligente» como una «alternativa» a la evolución) que las escuelas públicas de Kansas enseñen la teoría de la Tierra plana como una alternativa a la teoría de la Tierra esférica.
La idea más radical de que la Tierra se mueve alrededor del Sol fue más difícil de aceptar. Después de todo, la Biblia pone a la humanidad en el centro de un gran drama cósmico de pecado y salvación, de modo que, ¿cómo podría nuestra Tierra no ser el centro del universo? Hasta el siglo XIX, la astronomía copernicana no pudo ser enseñada en Salamanca o en otras universidades españolas, pero para la época de Darwin apenas si molestaba a nadie. Incluso en fechas tan tempranas como las de Galileo, el cardenal Baronius, el bibliotecario del Vaticano, hizo el famoso comentario en broma de que la Biblia nos dice como ir al cielo, y no cómo es que los cielos funcionan.
Un reto diferente para la religión emergió con Newton. Sus teorías sobre el movimiento y la gravedad demostraron que los fenómenos naturales podían ser explicados sin la intervención divina, y a ellas se opuso, por razones religiosas y en la propia universidad de Newton, John Hutchinson. Pero la oposición a Newton en Europa colapsó cerca de fines del siglo XVIII. Los creyentes pudieron consolarse a sí mismos con el pensamiento de que los milagros eran simplemente excepciones ocasionales a las leyes de Newton, y de todos modos era muy improbable que cualquier física matemática pudiera molestar a aquellos que no comprendían su poder explicativo.
El darwinismo fue otra cosa. No era simplemente que la teoría de la evolución, como la teoría de una Tierra esférica en movimiento, estuviera en conflicto con el literalismo bíblico; no era que la evolución, como la teoría copernicana, negara un lugar central para los humanos; y no era que simplemente la evolución, como la teoría de Newton, proporcionara una explicación no religiosa para los fenómenos naturales que hasta entonces habían parecido como inexplicables sin una intervención divina. Mucho peor. Entre los fenómenos naturales explicados por la selección natural se encontraban las características mismas de humanidad de las que estamos tan orgullosos. Se hizo plausible que nuestro amor por nuestras parejas e hijos y que, según el trabajo de los biólogos evolutivos modernos, aún principios morales más abstractos como la lealtad, la caridad y la honestidad, tengan su origen en la evolución y no en un alma creada por una divinidad.
Dado el ataque que la religión tradicional ha recibido de parte de la evolución, es lógico que los adversarios modernos más enérgicos, elocuentes y libres de compromiso de la religión son los biólogos que nos han ayudado a comprender la evolución: primero Francis Crick, y ahora Richard Dawkins. En The God Delusion,Dawkins corona una serie de sus libros sobre biología y religión con un ataque severo sobre todos los aspectos de la religión, no solamente la religión tradicional, sino también sobre el vago conjunto moderno de piedades que a menudo se apropian de su nombre. En su nota menos amable, Dawkins postula incluso que la persistencia de la creencia en dios es, en sí misma, un producto de la selección natural actuando tal vez sobre nuestros genes, como sostuvo Dean Hamer en El gen de dios, pero más seguramente sobre nuestros «memes», los conjuntos de creencias y actitudes culturales que en una forma darwiniana aunque no biológica tienden a ser transmitidos de generación en generación. No es que el meme haga que el creyente o que los genes del creyente sobrevivan, sino que es el meme en sí mismo que por su naturaleza tiende a sobrevivir.
Por ejemplo, la persistencia de la creencia en una religión en particular se ve naturalmente ayudada si esa religión enseña que dios castiga a la incredulidad. Una religión de ese tipo tiende a sobrevivir si el castigo con que amenaza es lo suficientemente horrible. Por contraste, una religión tendría problemas para conservar a sus conversos si enseña que los infieles están sujetos, después de la muerte, a un breve período de leve incomodidad, después del cual se unirán a los creyentes en una felicidad eterna.
Por lo tanto, resulta natural que en el cristianismo y en el islamismo tradicionales, la incredulidad se convierta en el crimen máximo, y que el infierno sea la máxima cámara de torturas. No es extraño que el matemático Paul Erdös siempre se refiriera a dios como el Fascista Supremo. Dawkins focaliza su libro sobre el cristianismo y el islamismo, que tradicionalmente enfatizan la importancia de la creencia, más que en religiones como el judaísmo, el hinduismo o el sintoísmo, que están relacionadas con grupos étnicos específicos y que tienden a remarcar la observancia más que la fe.
A Dawkins, al igual que a Erdös, dios no le gusta. El califica al dios del Antiguo Testamento como «el personaje más desagradable de toda la ficción: celoso y orgulloso de serlo, un controlador fanático mezquino, injusto e inclemente; un “limpiador” étnico vengativo y sediento de sangre; un matón caprichosamente malevolente, misógino, pestilente, megalomaníaco y sadomasoquista». Y en cuanto al Nuevo Testamento, cita con aprobación la opinión de Thomas Jefferson, de que «el dios cristiano es un ser con un carácter terrible, cruel, vengativo, caprichoso e injusto».
Todo esto es muy fuerte, y obviamente Dawkins intenta impactar al lector, pero su diatriba tiene un propósito constructivo. Al atacar al dios de las sagradas escrituras, está intentando debilitar la autoridad de los mandatos de ese dios, comandos cuya interpretación ha llevado a la humanidad a una historia vergonzosa de inquisiciones, cruzadas y jihads. Dawkins indica al lector muchos detalles brutales, pero debemos únicamente dar un vistazo a los encabezados de la actualidad para conseguir los nuestros propios. Por alguna razón, Dawkins no hace ningún comentario sobre el dios del Corán, quien parecería proporcionar iguales oportunidades para el ataque.
Las críticas de The God Delusion en el New York Times y en el New Republic reprochan a Dawkins sudespectivo rechazo de las pruebas «clásicas» de la existencia de dios. Yo estoy de acuerdo con Dawkins en lo que respecta al rechazo de esas pruebas, pero las hubiera contestado de forma un poco diferente.
La «prueba ontológica» de San Anselmo nos pide inicialmente concordar en que es posible concebir algo tal que no se pueda concebir nada más grande. Una vez que ha logrado ese acuerdo, el astuto filósofo apunta que la cosa concebida debe existir, ya que si no existiera entonces alguna otra cosa que sí existe debiera ser más grande. ¿Y qué podría ser esta cosa que es la más grande que existe, sino dios? QED.
Desde el monje Gaunilo de la época de Anselmo hasta los filósofos de nuestro tiempo como J. L. Mackie yAlvin Plantinga, hay una concordancia general en que la prueba de Anselmo es errónea, aunque no están de acuerdo en qué consiste el error. Mi propia visión es que la prueba es circular: no es verdad que uno pueda concebir algo tal que nada que sea más grande pueda ser concebido, a menos que inicialmente se asuma la existencia de dios. La «prueba» de Anselmo ha reaparecido y ha sido refutada en muchas formas diferentes, casi un poco como una enfermedad infecciosa que puede ser derrotada por un antibiótico, pero que evoluciona de tal forma que necesita ser derrotada una y otra vez.
La «prueba cosmológica» no es mejor desde el punto de vista lógico, pero tiene un cierto atractivo para el físico. Sostiene que todo tiene una causa, y como esta cadena de causalidad no puede prolongarse eternamente, debe concluir en una causa primera, a la que llamamos dios. La idea de una causa primordial es profundamente atractiva, y de hecho el sueño de la física de partículas elementales es encontrar la teoría final en la raíz de todas las cadenas de explicaciones de lo que vemos en la naturaleza.
El problema es que una teoría matemática final de ese tipo difícilmente resultaría ser lo que cualquiera entiende como dios. ¿Quién le reza a la mecánica cuántica? El creyente puede con igual justicia sostener que ninguna teoría de la física puede ser una causa inicial, ya que todavía nos preguntaríamos porqué la naturaleza está gobernada por esa teoría, en lugar de por alguna otra. Sin embargo, en exactamente el mismo sentido, dios no puede ser tampoco una causa inicial, ya que cualquiera que fuera nuestra concepción de dios todavía nos preguntaríamos porqué el mundo está gobernado por esa clase de dios, en lugar de por alguna otra.
La «prueba» que históricamente ha sido más persuasiva es el argumento del diseño. Se supone que el mundo en general (y la vida en particular) está conformado tan maravillosamente que únicamente podría ser el resultado del trabajo del diseñador supremo. El gran logro de los científicos, desde Newton hasta Crick y Dawkins ha sido la refutación de este argumento explicando al mundo.
Me inquieta que Thomas Nagel en el New Republic deje de lado a Dawkins por ser un «filósofo aficionado», mientras que Terry Eagleton en el London Review of Books se burla de Dawkins por sus carencias de entrenamiento teológico. ¿Debemos concluir entonces que las opiniones en materia de filosofía o de religión pueden ser expresadas únicamente por expertos, y no por simples científicos o por gente común? Eso sería como decir que únicamente los cientistas políticos pueden justificar la expresión de su visión sobre la política. El juicio de Eagleton es particularmente inapropiado; es como decir que nadie está calificado para juzgar la validez de la astrología, a menos que pueda producir un horóscopo.
Donde yo creo que Dawkins se equivoca es en que, como Enrique V en Agincourt, no parece darse cuenta de la extensión de la victoria de su bando. Dejando de lado el ascenso del islam en Europa, la caída de la creencia cristiana seria entre los europeos está tan ampliamente demostrada que Dawkins se dirige a los Estados Unidos para encontrar la mayoría de sus ejemplos sobre la creencia religiosa reaccionaria. Atribuye el gran respeto por la religión en los EE.UU. al hecho de que los norteamericanos nunca han tenido una iglesia establecida, una idea que puede haber tomado de Tocqueville.
Pero si bien la mayoría de los estadounidenses puede estar segura del valor de la religión, hasta donde yo puedo ver no está muy segura sobre la verdad de lo que enseña su propia religión. Según un artículo reciente del New York Times, los evangelistas estadounidenses están desesperados por una encuesta que demostró que únicamente el 4% de los adolescentes norteamericanos serán «cristianos creyentes de la Biblia» cuando alcancen la edad adulta.
La difusión de la tolerancia religiosa proporciona evidencia del debilitamiento de la certeza religiosa. Históricamente, la mayoría de los grupos cristianos ha enseñado que no hay salvación sin la fe en Cristo. Si se está realmente seguro de que cualquiera que no posea esa fe está condenado a un infierno eterno, entonces la propagación de la fe y la eliminación de la incredulidad serían lógicamente las cosas más importantes del mundo, mucho más importantes que cualquier otra virtud secular tal como la tolerancia religiosa. Sin embargo, la tolerancia religiosa campea por sus fueros en Norteamérica. Nadie que haya expresado públicamente su falta de respeto por cualquier religión en particular podría ser elegido para un alto cargo público.
Incluso cuando los ateos norteamericanos puedan tener problemas para ganar elecciones, los estadounidenses son bastante tolerantes con nosotros los incrédulos. Mis muchos buenos amigos en Texas que son cristianos profesos ni siquiera intentan convertirme. Esto podría ser tomado como evidencia de que a ellos no les importa realmente si yo paso la eternidad en el infierno, pero prefiero pensar (y tanto baptistas como presbiterianos lo han admitido frente a mí) que no están del todo seguros con respecto al cielo y al infierno.
A menudo he escuchado la afirmación (una vez por voz de un sacerdote estadounidense) que no es tan importante lo que uno cree; lo importante es como nos tratamos unos a otros. Por supuesto, aplaudo este sentimiento, pero imaginémonos intentando explicar eso de «no importa lo que uno crea» a Lutero, a Calvinoo a San Pablo. Afirmaciones como ésta muestra una retirada masiva de la cristiandad del terreno que alguna vez ocupó, una retirada que no puede ser atribuida a una nueva revelación, sino únicamente a la pérdida de certidumbre.
Buena parte del debilitamiento de la certeza religiosa en el occidente cristiano puede ser vista junto al portal de la ciencia; incluso personas cuya religión podría hacer que se inclinaran hacia la hostilidad frente a las pretensiones de la ciencia, comprenden generalmente que ellos mismos deben apoyarse en la ciencia y no en la religión para lograr que las cosas se hagan. Pero nada parecido a esto ha sucedido, con los mismos alcances, en el mundo del islam.
Uno encuentra en los países islámicos no solamente la oposición religiosa a teorías científicas específicas, como sucede ocasionalmente en occidente, sino también una extensa hostilidad religiosa hacia la ciencia misma. Mi difunto amigo, el distinguido físico paquistaní Abdus Salam, intentó convencer a los mandatarios de los ricos estados petroleros del Golfo Pérsico para que invirtieran en educación e investigación científicas, pero descubrió que si bien se mostraban entusiasmados con la tecnología, sentían que la ciencia pura representaba un reto muy grande para la fe.
En 1981, la Hermandad Islamita de Egipto pidió el fin de la educación científica. En las áreas de la ciencia que conozco mejor, aunque hay científicos talentosos de origen islámico trabajando productivamente en occidente, a lo largo de cuarenta años no he visto un simple artículo realizado por un físico o un astrónomo que trabajara en un país islámico y que valiera la pena leer. Esto es así pese al hecho de que en el siglo IX, cuando la ciencia apenas si existía en Europa, el mayor centro mundial de investigación científica se encontraba en la Casa de la Sabiduría en Bagdad.
El islam se volvió contra la ciencia en el siglo XII. La figura más influyente fue el filósofo Abu Hamid al-Ghazzali, quien argumentó en La incoherencia de los filósofos contra la idea misma de leyes de la naturaleza, sobre la base de que cualquiera de esas leyes pondría en cadenas las manos de dios. Según al-Ghazzali, un montón de algodón colocado sobre las llamas no se oscurece y arde a causa del calor, sino porque dios quiere que se oscurezca y se queme. Después de al-Ghazzali, no hubo más ciencia digna de mención en los países islámicos.
Las consecuencias son horrorosas. Sea lo que sea que se opine sobre los islamitas que se vuelan a sí mismos en ciudades atiborradas de gente en Europa o Israel, o que choquen con aeroplanos en edificios de los EE.UU., ¿quién discutiría que la certeza de su fe tiene algo que ver con el asunto?
George W. Bush y muchos otros quisieran que nosotros creyéramos que el terrorismo es una distorsión del islam, y que el islam es una religión de paz. Por supuesto, decir esto es una buena política, pero las afirmaciones sobre lo que es el islam tienen poco sentido.
El islam, como todas las otras religiones, fue creado por personas, y existen potencialmente tantas versiones diferentes del islam como hay personas que declaran ser islamitas (la misma afirmación se aplica a la opinión altamente personal de Eagleton sobre lo que “es” el cristianismo). No sé sobre qué bases uno puede decir que una persona pacífica y bien intencionada como Abdus Salam es más o menos islamita que los asesinos guerreros islámicos del Hezbollah y de la Jihad Islámica, que los clérigos de todo el mundo islamita que incitan al odio y a la violencia, o que aquellos islamitas que hacen manifestaciones contra supuestos insultos contra su fe, pero no contra las atrocidades cometidas en su nombre (incidentalmente, Abdus Salamse veía a sí mismo como un islamita devoto, pero pertenecía a una secta que la mayoría de los islamitas considera herética, y por años no se le permitió regresar a Paquistán).
Dawkins trata al islam como simplemente otra religión deplorable, pero hay una diferencia. La ecuanimidad de Richard Dawkins es bien intencionada, pero está fuera de lugar. Comparto su falta de respeto por todas las religiones, pero en nuestros tiempos es tonto despreciarlas a todas ellas por igual.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Richard Dawkins
TRADUCIDO POR GABRIEL RODRÍGUEZ ALBERICH
La gente hace muchas cosas en nombre de Dios.
Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre.
Los árabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre.]
Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre.
Los shohets judíos le rajan la garganta a los animales en su nombre.
Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes.
¿Y a qué ha ayudado todo esto?
Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada.
No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido.
Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas.
Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.
¿Por qué cree la gente en Dios?
Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio.
Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia.
Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos.
Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir
“que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.”
Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).
Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completemente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.
¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador?
La respuesta es su improbabilidad estadística.
Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluímos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”.
Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad.
Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad.
La casualidad no cuenta como explicación.
Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable.
Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta.
¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.
De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano.
Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil.
Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente.
De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse.
Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!
Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad.
¿Cómo, pues, han aparecido?
La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético.
Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción.
A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo.
Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.
Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones.
Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande.
La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultánemente.
La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables.
Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado.
Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda.
¿Cuántas etapas intermedias podemos postular?
Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar.
¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?
Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa.
Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo.
Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito.
¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo?
Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo,
¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución?
La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo.
Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú.
Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.
Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido.
No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto.
A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo.
No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.
Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrjicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada.
Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenanzante de un depredador.
Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas.
Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie.
Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.
Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco.
Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible.
Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios.
Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente?
La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras.
Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta.
No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.
Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual.
Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes.
El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro.
La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real.
En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador.
¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude?
Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.
El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios.
¿Hay muchos más argumentos?
Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo.
El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse.
La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia.
La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa.
El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física.
Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inició el universo.
Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas.
Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el big bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo.
Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!
Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad.
Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple.
Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables.
¡Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso!
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Ligia Gómez
APARECIDO EN SINDIOSES.ORG
Una tarea realmente difícil para el que no profesa ni se adhiere a ninguna fe en particular, es vislumbrar los límites reales, si es que existen, entre sectas y religiones.
Más allá de estudiar el concepto de lo que es una secta y de lo que se supone que no es una religión, está el hecho de que para muchos no existe diferencia alguna. Para quien se adhiere a una secta difícilmente aceptará que se trata de una, por lo que no considerará en ningún momento que deba hacerse alguna diferenciación.
Para el que profesa una religión, desde su punto de vista, tampoco será necesario hacer distinción alguna pues se encuentra seguro de estar del lado correcto, es decir, en una religión y no en una secta. A fin de cuentas, queda para el escéptico, descreído, ateo o sencillamente indiferente a la temática sectaria/religiosa, intentar determinar o comprender si hay o no diferencias entre una forma de culto y otra.
Y quizás muchos se pregunten por qué es importante hacer alguna distinción. Es fácil si nos damos cuenta de la connotación despectiva que la palabra secta ha adquirido en las últimas décadas. Más que por la naturaleza de las mismas, que ya de por sí implican un perjuicio para quienes se adhieren a ellas, por los sonados casos de sectas suicidas, que desde Jonestown, con Jim Jones invitando al suicidio a más de 900 personas (e invitando es sólo un eufemismo deliberadamente usado), se han sucedido numerosos casos de sectas que llevaron a sus seguidores a la muerte, sea por un acto de suicidio o porque directamente los asesinaran cuando no aceptaron inmolarse junto al resto. Así que ahora quedan de un lado las sectas y del otros la religiones, consciente o inconscientemente se asume que profesar una religión está bien, mientras que ser parte de una secta está mal. Pensemos de nuevo: cerrarse a otras opiniones diferentes a aquellas que nuestro grupo acepta, aislarse intelectualmente al no aceptar que existan otras explicaciones para lo que es la vida, la naturaleza, el universo y todo lo que ello implica, asumir como reales seres, historias, hechos y relatos porque un libro, fundamento de ese grupo y en base al cual se ha tejido todo un sistema de creencias, que no filosófico, lo dice, no es, según las religiones, perjudicial para quienes se unen a ellas.
Sin querer ser reiterativos, no está de más pensar una tercera vez y considerar hasta qué punto somos certeros al acusar solo a las sectas de estar en la posición equivocada.
Hasta qué punto alertamos en una única dirección y dejamos que lo establecido por la tradición, por costumbre, por antigüedad, por ser extremadamente poderoso política, social y económicamente, se acepte como favorable para el individuo, aunque esto le signifique la mutilación de su libertad de opinión e individualidad y el derecho de todo ser humano a mantener su mente abierta al conocimiento, la información y la decisión para obrar según lo que las leyes morales de la sociedad y de sí mismo, le dicten como más adecuado, sin el continuo temor de que un error le condenará al infierno eterno o le asegurará la expulsión de quienes hasta ese momento fueron su refugio, su compañía y su guía, dándole la espalda al cometer algún pecado, decir una blasfemia o romper cualquiera de sus reglas sagradas impuestas por seres humanos tan imperfectos como quien las vulnera.
Ciertamente que en la actualidad algunas religiones no fomentan ni provocan la muerte se sus seguidores, pero no debemos olvidar que otras sí lo hacen, de hecho, esperan ganar el anhelado cielo de esa forma, a través del suicidio, aunque ello implique la muerte de miles de personas como podemos ver continuamente en Israel o, más recientemente, con lo ocurrido en Nueva York.
Sin embargo, no pasemos por alto algo que continuamente obviamos, sea porque queremos o porque no nos damos cuenta: muchos crímenes son cometidos también al amparo de supuestas posesiones, exorcismos y demás ideas que determinadas religiones han inculcado como ciertas.
Y eso sin contar que fenómenos como las sectas satánicas no existirían si no hubiese una fe, cuyo pilar fundamental es la supuesta lucha contra el mal, al cual han personificado, nombrado y dotado de toda una historia de, por supuesto, desobediencia a las reglas, normas o palabras de su dios, y es que no podía ser diferente.
Añadamos que para no dejar morir lo que tan sustanciosamente les ayuda a mantener a sus fieles en el camino de Dios, su dios claro, autoridades religiosas de alto poder aún en la actualidad insisten en asegurar a sus fieles que el Diablo existe y deben cuidarse de él…la solución, obviamente, es continuar siendo devotos a su respectiva fe y no desobedecer en absoluto a quienes detentan la autoridad, en un entramado jerárquico con tintes más políticos que espirituales. Siendo las cosas de esta forma, los crímenes se pueden adjudicar, fuera de las pasiones humanas, al rock, a las drogas, a las sectas, al Diablo, a las películas e incluso, increíble pero cierto, a los libros. Pero nunca a la devoción por la fe de una religión que se ha convertido en buen ejemplo de cómo tener
poder político y económico, y millones de seguidores alrededor del mundo que no se atreven a juzgarla ni cuestionarla por ello.
Si algo tiene de admirable, es esto.
Nada de lo que hemos desarrollado hasta ahora debe ser entendido como una crítica a ninguna religión en particular, sino a todas en general.
No se refiere a una crítica en contra del aspecto espiritual que todas buscan o, por lo menos, intentan desarrollar en sus adeptos, sino a los métodos, formas, normas, exclusión de otros conceptos diferentes a los suyos, la cerrazón filosófica y el sectarismo que les caracteriza, así como la falta de flexibilidad para adaptarse a la sociedad actual y las necesidades de cada individuo, dejándolo de lado en pro de su crecimiento como grupo acumulador de poder, de dinero o de reclutamiento de fieles que le confieran, precisamente, todo esto.
Tampoco debe ser entendido como una forma de quitar parte de la carga al fenómeno sectario, sino más bien de dar a entender que ambas, las dos, son, de una u otra forma, la misma cosa, que convergen en muchos puntos, quizás demasiados, y esto les lleva muchas veces a la misma posición. No sabemos si la muerte de miles de personas en el World Trade Center o la de cientos de personas en Israel mes a mes, son más o menos que las decenas que son conducidas al suicidio a través de las llamadas sectas destructivas.
Tampoco sabemos si la ceguera de los más acérrimos seguidores de las principales religiones es mayor que la de aquellos que se mantienen en los límites impuestos por sus líderes sectarios.
Pero lo que si nos muestra un cuidadoso estudio del fenómeno sectario y del religioso es que tal como pensaba Krishnamurti, son una camisa de fuerza para nuestra mente.
Creo que todo el que la tenga debería, o querría si lo supiera, escapar de ella.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Richard Dawkins
LA SUPUESTA SEPARACIÓN ENTRE AMBAS NO ES TAN PERFECTA
Existe una cobarde blandeza del intelecto que aflige a gente que, normalmente racional, se enfrenta a religiones establecidas desde hace mucho tiempo (aunque, de manera significativa, no con tradiciones más modernas como la Cienciología o los Moonies). S. J. Gould, comentando la actitud del Papa acerca de la evolución en su columna de Natural History, es representativo de una escuela dominante de pensamiento conciliador entre creyentes y no creyentes: La ciencia y la religión no están en conflicto, ya que sus enseñanzas ocupan dominios diferentes… Creo, con todo mi corazón, en un concordato respetuoso, incluso amoroso [el énfasis es mío]… ? Stephen Jay Gould
Bien, ¿en qué consisten esos dos dominios diferenciados, esos “Magisterios No Superpuestos” que deberían apiñarse en un concordato respetuoso y amoroso? De nuevo, Gould: La red de la ciencia cubre el universo empírico: de qué está formado (hecho) y por qué funciona de esta manera (teoría). La red de la religión se extiende sobre cuestiones del significado y el valor moral. ?
Stephen Jay Gould
¿Quién ostenta la moral?
Ojalá fuera tan perfecto. En un momento abordaré lo que realmente dice el Papa sobre la evolución, y luego otras afirmaciones de su iglesia, para ver si realmente están tan bien diferenciadas del dominio de la ciencia. Sin embargo, primero haré un inciso sobre la afirmación de que la religión posee algún tipo de preparación especial sobre cuestiones morales. Esto lo acepta a menudo incluso la gente no religiosa, presumiblemente con el ánimo de esforzarse civilizadamente por concederle al oponente la mejor cualidad que puede ofrecer – por muy débil que sea esa cualidad. La pregunta “¿Qué es lo correcto y lo equivocado?” es una pregunta genuinamente difícil que la ciencia no puede responder. Dada una premisa moral o una creencia moral a priori, la importante y rigurosa disciplina de la filosofía moral secular puede buscar formas científicas o lógicas de razonamiento para sacar a relucir implicaciones ocultas de esas creencias, o inconsistencias ocultas entre ellas. Pero las propias premisas morales absolutas deben provenir de algún otro sitio, presumiblemente de la convicción no argumentada. O, puede esperarse, de la religión – lo que significa una combinación de autoridad, revelación, tradición y escritura. Desafortunadamete, la esperanza de que la religión pueda proporcionar un lecho de roca a partir del cual pueda derivarse nuestra moral (que de otra manera estaría basada en arena), es una esperanza vana. En la práctica, ninguna persona civilizada utiliza las Escrituras como autoridad última para el razonamiento moral. En lugar de eso, escogemos las partes bonitas de las Escrituras (como el Sermón del Monte) e ignoramos alegremente las partes desagradables (como la obligación de lapidar a los adúlteros, ejecutar a los apóstatas y castigar a los nietos de los delincuentes). El propio Dios del Viejo Testamento, con sus celos vengativos y despiadados, su racismo, sexismo y ansias de sangre, no sería adoptado como modelo de comportamiento literal por nadie que usted o yo queramos conocer. Sí, por supuesto que es injusto juzgar las costumbres de una era antigua con nuestros estándares ilustrados. ¡Pero ése es precisamente mi punto! Evidentemente, tenemos una fuente alternativa de convicción moral última que invalida a las Escrituras cuando nos conviene. Esa fuente alternativa parece ser algún tipo de consenso liberal sobre la decencia y la justicia natural que cambia a lo largo del tiempo histórico, frecuentemente bajo la influencia de reformistas seculares. Hay que admitir que eso no suena como un lecho de roca. Pero, en la práctica, nosotros, incluídos los religiosos, le damos una prioridad mayor que a las Escrituras.
En la práctica, más o menos ignoramos las Escrituras, citándolas cuando respaldan nuestro consenso liberal, olvidándonos de ellas silenciosamente cuando no lo hacen. Y, venga de donde venga ese consenso liberal, nos es accesible a todos nosotros, seamos religiosos o no. De manera similar, los grandes maestros religiosos como Jesús o Gautama Buddha pueden inspirarnos, con su buen ejemplo, a adoptar sus convicciones morales personales. Pero, de nuevo, escogemos nuestros líderes religiosos, evitando los malos ejemplos como Jim Jones o Charles Manson, y podemos escoger buenos modelos de comportamiento seculares como Jawaharlal Nehru o Nelson Mandela. También las tradiciones, por mucho tiempo que haya pasado desde que las seguimos, pueden ser buenas o malas, y utilizamos nuestro juicio secular de la decencia y la justicia natural para decidir cuáles seguir y cuáles abandonar.
La religión sobre el césped de la ciencia
Pero esta discusión sobre los valores morales no era más que una digresión. Ahora regreso a mi tema principal de la evolución y de si el Papa cumple con el ideal de mantenerse fuera del césped de la ciencia. Su “Mensaje sobre la Evolución de la Academia Pontificia de las Ciencias” comienza con un casuístico discurso tergiversador diseñado para reconciliar lo que Juan Pablo II estaba a punto de decir con los pronunciamientos anteriores más equivocados de Pío XII, cuya aceptación de la evolución era comparativamente más reacia y de mala gana. La Revelación nos enseña que [el hombre] fue creado a imagen y semejanza de Dios. […] si el cuerpo humano tiene su origen en materia viva preexistente, el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios […] Por consiguiente, las teorías de la evolución que, de acuerdo con las filosofías que las inspiran, consideran a la mente como algo que emerge de las fuerzas de la materia viva, o como un mero epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. […] Con el hombre, por tanto, nos encontramos ante una diferencia ontológica, un salto ontológico, podríamos decir. Para crédito del Papa, en este punto reconoce la contradicción esencial entre las dos posiciones que intenta reconciliar: “Sin embargo, ¿no va la existencia de esa discontinuidad ontológica en contra de esa continuidad física que parece ser la línea de investigación principal en la evolución, en el campo de la física y la química?” Que no cunda el pánico. Igual de a menudo que en el pasado, el oscurantismo viene al rescate: Considerando el método utilizado en las variadas ramas del conocimiento, es posible reconciliar dos puntos de vista que parecen irreconciliables.
Las ciencias de la observación describen y miden las múltiples manifestaciones de la vida con creciente precisión y las correlacionan con la línea del tiempo. El momento de transición a lo espiritual no puede ser objeto de este tipo de observación que, sin embargo, puede descubrir, a nivel experimental, una serie de signos muy valiosos que indican lo que es específico del ser humano En lenguaje corriente, hubo un momento en la evolución de los homínidos en el que Dios intervino e inyectó un alma humana en un linaje que previamente era animal. (¿Cuándo? ¿Hace un millón de años? ¿Hace dos millones de años? ¿Entre el Homo erectus y el Homo sapiens? ¿Entre el Homo sapiens “arcaico” y el H. sapiens sapiens?) Es necesaria una inyección súbita, por supuesto, porque de otra manera no habría distinción en la que basar la moralidad católica, que es especiesista hasta la médula. Puedes matar animales adultos como alimento, pero el aborto y la eutanasia son asesinatos porque está implicada vida humana. La “red” del catolicismo no se limita a las consideraciones morales, aunque sólo sea porque la moral católica tiene implicaciones científicas.
La moral católica requiere la presencia de un gran abismo entre el Homo sapiens y el resto del reino animal. Tal abismo es fundamentalmente antievolutivo. La inyección súbita de un alma inmortal en la línea del tiempo es una intrusión antievolutiva en el dominio de la ciencia. Hablando más generalmente, es completamente irrealista afirmar, como hacen Gould y muchos otros, que la religión se mantiene fuera del césped de la ciencia, restringida a la moral y los valores. Un universo con una presencia sobrenatural sería un universo fundamental y cualitativamente distinto de uno que no la tuviera. La diferencia es, ineludiblemente, una diferencia científica. La religión realiza afirmaciones sobre la existencia, y esto significa afirmaciones científicas. Lo mismo es cierto para muchas de las principales doctrinas de la Iglesia Católica Romana. La Inmaculada Concepción, la Asunción corporal de la Virgen María, la Resurrección de Jesús, la supervivencia de nuestras almas tras la muerte: todo esto son afirmaciones de una naturaleza claramente científica. O Jesús tuvo un padre corporal o no lo tuvo. Ésta no es una cuestión de “valores” o “moral”; es una cuestión sobre un hecho formal. Puede que no tengamos la evidencia para responderla, pero es una cuestión científica. Puede estar seguro de que si se descubriese alguna evidencia que apoyara esa afirmación, el Vaticano no se resistiría a promocionarla. O se descompuso el cuerpo de María cuando murió, o fue extraído físicamente de este planeta hacia el Cielo. La doctrina católica oficial de la Asunción, promulgada tan recientemente como en 1950, implica que el Cielo tiene una ubicación física y existe en el dominio de la realidad física – ¿Cómo podría el cuerpo físico de una mujer ir allí de otra manera? No estoy diciendo aquí que la doctrina de la Asunción de la Virgen sea necesariamente falsa (aunque, por supuesto, así lo pienso). Simplemente estoy refutando la afirmación de que está fuera del dominio de la ciencia. Al contrario, la Asunción de la Virgen es evidentemente una teoría científica. También lo es la teoría de que nuestras almas sobreviven a la muerte corporal, y todas las historias de las visitas angélicas, manifestaciones marianas y milagros de todo tipo.
Hay algo deshonesto y auto beneficioso en la táctica de afirmar que todas las creencias religiosas están fuera del dominio de la ciencia. Por un lado, las historias milagrosas y la promesa de la vida tras la muerte se utilizan para impresionar a la gente sencilla, ganar adeptos y engrosar rebaños. Es precisamente su poder científico lo que les da a estas historias su atractivo popular. Pero, al mismo tiempo, se considera golpe bajo someter a las mismas historias a los rigores habituales de la crítica científica: son temas religiosos y por tanto están fuera del dominio de la ciencia. Pero no se puede jugar a dos bandas. O, al menos, no se debería dejar a los teóricos y proselitistas religiosos que jueguen a dos bandas. Desafortunadamente, demasiada gente, incluyendo a gente no religiosa, está inexplicablemente dispuesta a dejarles. Supongo que es gratificante tener al Papa como aliado en la lucha contra el creacionismo fundamentalista. Es ciertamente gracioso ver cómo se fastidian los planes de creacionistas católicos como Michael Behe. A pesar de ello, si me dieran a elegir entre el fundamentalismo genuino por un lado, y el doblepensamiento oscurantista y nada ingenuo de la Iglesia Católica Romana por otro, sé muy bien cuál prefiriría.
Sobre el autor
Richard Dawkins es biólogo evolutivo, nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel, y desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo extendido (1982), El relojero ciego (1986), River Out of Eden (1995), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris (2000) y La máquina de memes (2000). Copyright © 1998 Richard Dawkins
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Ferney Yesyd Rodríguez
TOMADO DE SINDIOSES.ORG
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días es un grupo religioso que está creciendo aceleradamente. Según su presidente, el señor Gordon B. Hinckley, en el programa televisivo Larry King Live cada año hay 40.000 nuevos mormones, ya sea por que nacieron en una familia mormona o porque fueron convertidos a este grupo. Si se tiene en cuenta que la feligresía de esta comunidad se acerca a los diez millones el crecimiento anual es del 0,4%. Pero, ¿Qué tiene de particular esta confesión religiosa para ser mirada con incredulidad por agnósticos y ateos? Las dos razones principales son su supuesto origen profético y la discordancia de sus libros inspirados con la historia prehispánica de América. Para explorar mejor estas dos razones es necesario revisar la historia de esta iglesia.
Historia denominacional
Este grupo religioso se originó en los Estados Unidos de Norteamérica alrededor del año de 1830.
El fundador de este movimiento fue el neoyorquino José Smith (1805-1844) quien es a la vez el “profeta” de esta fe y el traductor por voluntad divina -según él- del Libro de Mormón, el cual es uno de sus libros guías junto con otros como La Biblia, Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio. En el Libro de Mormón se narra la historia de supuestos israelitas que llegaron a América desde el Viejo Mundo en tiempos prehispánicos. José Smith sostenía además, que los indígenas americanos descienden de las tribus israelitas. En el año 1820, el señor Smith tiene su primera visión en la que se le dice que todas las religiones están en el error y por eso no debe unirse a ninguna. En este año se le presenta el ángel “Moroni” quien le habla de la historia antigua de los israelitas en América. Se le dice que el libro lo encontrará escrito en unas planchas de oro y que junto a él, encontrará dos piedras: El Urim y el Tumín, que le servirán para traducirlo.
Al día siguiente el “profeta” halla las planchas de oro en un cofre de piedra en el monte Cumorah (Nueva York). Desde 1823 hasta 1827, el profeta va al monte cada 22 de septiembre para acudir a una charla con el ángel con el fin de recibir instrucción. Es importante resaltar que existen registros legales del Estado de Nueva York que demuestran la gran afición del Sr. Smith por buscar tesoros perdidos y por adivinar la suerte, tal aspecto deja mucho que desear. Supuestamente en 1827 recibió las planchas de oro, y entre diciembre de 1827 y febrero de 1828, José Smith tradujo algunos caracteres, claro está, recurriendo a la ayuda del Urim y el Tumín. En este mismo año se le une como secretario el señor Martín Harris, quien termina siendo despedido por mostrar una porción traducida del Libro de Mormón. En 1829, Smith nombra como nuevo secretario a Oliverio Crowdey, el cual sirve de amanuense al profeta Smith. El 15 mayo de ese año se les aparece en el bosque a Crowdey y a Smith el mismísimo Juan el Bautista.
También en este año se les concede a tres testigos el privilegio de ver las planchas de oro (claro, ¡con tres testigos ya no hay posibilidad de que se trate de un fraude! ¿Verdad?) En 1837, los mormones inician su carrera capitalista: Fundan la Sociedad Bancaria de Kirtland, la cual caería en bancarrota dos años después. En 1838, ocurre un acontecimiento, que resulta muy interesante para los críticos escépticos: Dos de los testigos especiales, Oliverio Cowdery y David Whitmer son excomulgados; el año anterior había sido excomulgado Martin Harris, por lo tanto el mormonismo se queda sin los testigos de la existencia de las planchas de oro.
Inconsistencias históricas del Libro de Mormón
El libro de Mormón también despierta la incredulidad de los racionalistas al examinar las referencias históricas que contiene. Examinaremos tres importantes razones Poblamiento de América.
En el Libro de Mormón hay una historia sobre un supuesto segundo viaje judío a América que fue hecho en el 600 A. C. Después de llegar a América, los judíos se dividieron en dos grupos: los buenos (los nefitas) y los malos (los lamanitas). Estos últimos, los castiga Dios, volviéndoles la piel oscura por su maldad; de ahí vendrían los indígenas americanos. Sin embargo, las pruebas genéticas no dan el menor indicio de que los indígenas americanos desciendan de inmigrantes semitas. De otro lado, no hay pruebas de que hubiera una migración a América después del 600 A. C. Al examinar los datos aportados por los arqueólogos nos damos cuenta que hay presencia humana en América desde hace 40000 años. Un descubrimiento reciente que corrobora esta hipótesis fue hecho en una cueva de Alaska, por el paleontólogo Timothy Heaton (National Geographic, diciembre de 2000).
Estos descubrimientos apoyan la idea de que América estaba habitada desde la edad de hielo por gente venida desde Siberia. (Cabe resaltar que las obras evangélicas, y adventistas que confrontan el mormonismo no debaten este tema pues ellos mismos resultarían afectados, pues el creacionismo estricto (Old earth-creationism) sostiene una edad de la Tierra cercana a los 6 mil años.
Ciudades, cereales, ovejas y armas de hierro en América
En el Libro de Mormón se menciona que en la América prehispánica existían rebaños y cultivos similares a los del Viejo Mundo, además de ciudades semejantes a las del antiguo Oriente Medio. Los paleobotánicos (estudiosos de la flora en tiempos prehistóricos) hacen perforaciones en el suelo y examinan el polen de las plantas del pasado (las especies más antiguas están más abajo y las más recientes están en las capas superiores).
Es curioso notar que ningún estudio realizado ha revelado el hallazgo de polen de trigo, cebada u otras plantas cultivadas en el Viejo Mundo en tiempos prehispánicos. Los indígenas americanos no conocían la lana de las ovejas (como aparece erróneamente ilustrado en las obras mormonas) sino que confeccionaban su ropa de algodón; sólo los incas utilizaron a las llamas para proveerse de materia prima para sus prendas. En el Libro de Mormón hay un libro llamado Alma que en su capítulo 53 menciona la reunión de 2000 jóvenes para una lucha; las armas ilustradas son espadas, escudos, lanzas, en fin, toda una dotación militar semejante a la utilizada por los pueblos del Viejo Mundo. Pero de nuevo, jamás se ha encontrado un yacimiento arqueológico que muestre que existían estos instrumentos en tiempos prehispánicos.
Cuando un escéptico examina una idea hace una predicción sobre esta y luego mira si esta predicción se cumple o no, y sobre esta base se acepta o se rechaza la hipótesis. En este caso en particular, los escépticos esperamos que si en América se desarrollaron los acontecimientos de la manera descrita por el libro de Mormón deberíamos encontrar yacimientos arqueológicos con lana, huesos de ovejas, cereales, polen de trigo, espadas de hierro, o deberían mencionarse estos objetos en las narraciones indígenas. ¿Ocurre esto? La respuesta es un rotundo no. El Libro de Mormón (3 Nefi 8) señala la existencia de varias ciudades que fueron destruidas en el momento que Jesús murió, supuestamente en el 33 D. C. Pero como siempre con los relatos mormones, no existe rastro de ninguna ciudad arrasada en esa fecha. No creo que encontrar los restos de estas ciudades, de existir, fuesen difíciles de encontrar: ¿dónde se encontraría la mayor cantidad de población de América? La respuesta es fácil: En los mismos lugares donde hoy abunda, porque el establecimiento de poblaciones depende de la productividad de la tierra.
Pero nuevamente los hallazgos de ciudades amuralladas, con habitantes con una religión y cultura similar a la judía, con lana de ovejas, espadas y escrituras en planchas de metal son inexistentes.
Lenguajes americanos de origen semita
Según las propuestas mormonas los pobladores nativos de América serían de origen semita, pero no hay la más remota relación lingüística entre cualquier idioma nativo americano y el hebreo. Otra ciencia más se pone en contra de los supuestos hechos del libro del Mormón.
¿Racismo en el libro del Mormón?
El libro de Mormón maneja una historia de simple dicotomía: Los buenos (los nefitas) y los malos (los lamanitas). Aparte de esto es curioso que se narra que como castigo a los lamanitas Dios volvió oscura la piel de estos. Las citas del Libro de Mormón que dejan ver esta tendencia racista son: 2 Nefi 5: 21, 24 y Jacob 1:14. El texto abreviado para niños dice: “Lamán y Lemuel y su gente, fueron llamados lamanitas: Estos no trabajan: Fueron inicuos. Dios hizo que su piel fuera oscura” En las ilustraciones que siguen a esa parte, cada vez que se refieren a los “lamanitas” aparecen dibujados indígenas americanos con aspecto de incas, mayas o aztecas.
Es importante notar que en el siglo XIX, cuando vivió José Smith, había un fuerte creencia en la inferioridad racial de negros e indios. Muchos religiosos de la época llegaron a decir que las personas de piel oscura descendían de Cam, el hijo malvado de Noé en el mito del diluvio, que avisó a sus hermanos para que vieran la desnudez de su padre embriagado. Otros religiosos del siglo XIX creían que los negros no tenían alma y por lo tanto no era necesario hacer esfuerzos para su evangelización. La narración racista de José Smith refleja un prejuicio de la época victoriana y no una realidad histórica del pasado de América.
¿Es de origen divino el Libro de Mormón?
Un manto de duda cubre al Libro del Mormón, pues las planchas de oro, de las cuales se extrajo el mensaje, estuvieron siempre ocultas. Es sospechoso que el ángel Moroni haya prohibido dejar ver las planchas de oro a cualquier persona diferente a José Smith, pues años después permitiría que tres testigos las observaran.
Si la acción de mostrar al público las planchas de oro a tres testigos tenía como objetivo presentar la evidencia sobre la que la fe mormona está fundamentada, ¿por qué no mostrarla a todo el mundo? ¿Por qué no dejarla examinar por arqueólogos para que por pruebas de datación confirmaran su antigüedad y permitir además que estudiosos de lenguas muertas vieran estas planchas? Creo que de permitirse el escrutinio de los arqueólogos las planchas de oro de José Smith rivalizarían en importancia con la piedra de Rosetta o con las tabillas de escritura cuneiforme de Mesopotamía. ¿Por qué este recelo? En mi opinión, las probabilidades de que el Libro de Mormón sea un fraude son muy altas. Un estudio detallado revela que José Smith se valió de referencias de La Biblia y de obras de Shakespeare para escribir este libro. Este análisis fue hecho por el pastor adventista Daniel Scarone en su libro Mormonismo la historia que pocos conocen. (Curiosamente el escepticismo que aplica este pastor adventista para examinar el profeticismo de un credo que compite con el suyo por nuevos conversos no es aplicado para examinar a la profetisa de su denominación, la señora Elena G. de White.)
En el libro de Mormón, específicamente en 2 Nefí 1:14, se puede leer una frase de Shakespeare: “¡Despertad! y surgid del polvo, y escuchad las palabras de un padre tembloroso, cuyos miembros pronto depositaréis en la fría y silenciosa fosa, de donde ningún viajero puede regresar”. Esta frase suena muy similar a una línea de Hamlet, tercer acto, escena primera, en el pasaje donde se encuentra el conocido “ser o no ser”: “pero ese, el pavor por algo después de la muerte, el país ignoto de cuyas fronteras ningún viajero regresa, confunde la voluntad”.
El parecido es más notable en inglés: Awake! and arise from the dust, and hear the words of a trembling parent, whose limbs ye must soon lay down in the cold and silent grave, from whence no traveller can return; (2 Nefí 1:14) But that the dread of something after death, / The undiscover`d country from whose bourn / No traveller returns, puzzles the will (Hamlet, Acto III, escena I) Según los mormones, el pasaje del Libro de Mormón fue escrito entre el 588 y el 570 A.C. pero el texto en el cual se inspiró, Hamlet, fue escrito en 1564 D. C. Otra similitud notable se da entre el libro de Alma y la confesión de Westminster, la cual fue escrita en noviembre de 1646.
Una importante profecía sin cumplimiento
Este texto estaría incompleto si no hiciese referencia a una profecía que no se cumplió, la cual fue recibida, según José Smith, el 2 de abril de 1843. En ella se puede ver una creencia en la inminente venida del Señor Jesucristo. La profecía se puede leer en el libro Doctrinas y Convenios, capitulo130, versículos 12-15. “Yo profetizo en nombre del Señor Dios, que las dificultades que causarán el derrame de mucha sangre antes de la venida del Hijo del Hombre, empezarán en la Carolina del Sur. Probablemente, surgirán a causa del problema de los esclavos”. Así lo declaró una voz mientras oraba en cuanto al asunto, el 25 de diciembre de 1832.
En una ocasión estaba orando muy sinceramente para saber la hora de la venida del Hijo del Hombre, cuando oí una voz repetirme lo siguiente: José, hijo mío, si vives hasta cumplir 85 años, verás la faz del Hijo del Hombre; por tanto que te baste esto, y no me molestes más sobre el asunto.” En esta “profecía” se ve que en realidad José Smith interpreta los acontecimientos políticos de su época y de allí se desprenden predicciones en las que deposita su fe en un segundo advenimiento de Jesús. ¿Por que afirmó esto? Porque en 1843 el problema de los esclavos era el asunto político más importante en los Estados Unidos. Aunque en la “profecía” no se menciona fecha alguna para la venida del Señor Jesucristo sí se puede deducir. Como “la voz” le dijo que si llegaba a la edad de 85 años lograría ver el rostro de Jesús, se puede hacer la inferencia. José Smith nació en el año de 1805, para el año de 1890 tendría 85 años pero 1890 vino, se fue, y nada pasó. Por otra parte, la expresión de “si vives” y “probablemente surgirán a causa del problema de los esclavos” colocadas en los labios de un dios que lo sabe todo, deja ver muchas dudas sobre su omnisciencia. ¿Acaso no sabía lo que iba a pasar? Una reflexión final Las religiones, de cualquier ropaje, y los místicos de la Nueva Era nos venden la idea que la fe es una virtud.
Pero sostengo que ésta es un insulto a la inteligencia humana. El escepticismo es la virtud. Creo que todos los seres humanos debemos evaluar críticamente lo que se nos presenta antes de aceptarlo sin importar cuantas personas lo creen, o que tan antigua sea. En 1830 eran pocos los que creían que existieron pueblos americanos descendientes de inmigrantes semitas a los cuales Jesús visitó en persona después de su resurrección; unos años más tarde casi todo el estado de Utah los creía. Ahora, más de 10 millones de personas en todo el mundo acepta estas historias. Así pasa con las historias sagradas. Así ocurrió con el mito de la ascensión a los cielos de la virgen María, el nacimiento virginal de Jesús o las 550 historias de las reencarnaciones anteriores del Buda compiladas en el libro de Jataka.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Richard Dawkins
DE LA REVISTA FREE INQUIRY
Como Darwiniano, el aspecto de la religión que llama mi atención es su derroche libertino, su despliegue extravagante de inutilidad barroca.
La naturaleza es un contador tacaño, enviando los centavos, observando el reloj, castigando el más mínimo desperdicio. Si un animal salvaje realiza habitualmente una actividad inútil, la selección natural favorecerá a los individuos rivales que a cambio dedican tiempo a sobrevivir y a reproducirse.
La naturaleza soporta jeux d’esprits frívolos. El utilitarismo rudo triunfa, aunque no parezca. “El hormigueo (Anting)” es el hábito raro de pájaros como el arrendajo que “al bañarse” en un nido de hormigas aparentemente incita a las hormigas a invadir sus plumas.
Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el beneficio de esto: tal vez sea algo de higiene, limpieza de parásitos en las plumas. Mi punto es que la incertidumbre como propósito no-ni debe-hacer que los Darwinianos dejen de creer, con gran confianza, que el “hormigueo”, debe ser bueno para algo.
La conducta religiosa en simios bípedos ocupa grandes cantidades de tiempo. Devora grandes recursos. Una catedral medieval consumía cientos de hombres y siglos en su construcción.
La música sagrada y las pinturas devocionales monopolizaron enormemente el talento medieval y el del Renacimiento. Miles, talvez millones, de personas han muerto, con frecuencia aceptando primero la tortura, por la lealtad a una religión contra una alternativa que apenas se distinguía.
Gente devota ha muerto por sus dioses, asesinado por ellos, ayunado por ellos, soportado azotes, llevado una vida de celibato y jurado silencio por el bien de la religión.
Aunque los detalles varían según las culturas, ninguna cultura conocida carece de una versión de los rituales religiosos del paso del tiempo, consumo de riqueza, provocación de hostilidad, pérdida de la fecundidad. Todo esto presenta un mayor rompecabezas para alguien que piensa de manera Darwiniana. Adivinamos por qué los arrendajos utilizan las hormigas.
¿No es la religión un reto similar, una afrenta a priori al Darwinismo, que requiere de una explicación análoga? ¿Por qué rezamos y cedemos en prácticas costosas que, en muchos casos individuales, más o menos consumen totalmente nuestras vidas?
Por supuesto, los cavernícolas deben ahora venir dando tumbos.
La conducta religiosa es solamente un asunto Darwiniano si se extiende, no alguna anomalía extraña. Aparentemente, es universal, y el problema no se ve solamente porque los detalles cambien con las culturas. Como con el lenguaje, el fenómeno subyacente es universal, aunque se interpreta de manera diferente en diferentes regiones.
No todos los individuos son religiosos, como la mayoría de los lectores de esta revista pueden atestiguar. Pero la religión es un universal humano: cada cultura, en cualquier lugar del mundo, tiene un estilo de religión que aún los no practicantes reconocen como norma para esa sociedad, así como se tiene un estilo de vestir, un estilo de cortejar y un estilo de servir la comida. ¿Para qué es buena la religión? Hay poca evidencia de que las creencias religiosas protejan a las personas de enfermedades relacionadas con el estrés. La evidencia no es buena, pero no sería del todo tan sorprendente. Una parte no-insignificante de lo que un doctor puede darle a un paciente es consuelo y seguridad.
Mi doctor no practica literalmente la imposición de manos. Pero muchas veces he sido instantáneamente sanado de alguna enfermedad menor por una voz calmada y tranquilizante de un rostro inteligente superando un estetoscopio. El efecto placebo está bien documentado. Pastillas ficticias, sin ninguna actividad farmacéutica, mejoran la salud demostrablemente.
Es por eso que las pruebas de drogas utilizan placebos como controles. Es por eso que los remedios homeopáticos parecen funcionar, aunque ellos están tan diluidos que contienen la misma cantidad de ingrediente activo que el placebo de control-cero moléculas.
¿Es la religión un placebo médico, que prolonga la vida reduciendo el estrés?
Tal vez, aunque la teoría va a tener que aceptar el reto de los escépticos quienes señalan las muchas circunstancias en las que la religión aumenta el estrés más que lo que lo disminuye.
En cualquier caso, encuentro la teoría del placebo muy exigua para tener en cuenta el fenómeno masivo o persuasivo de la religión. No pienso que tengamos la religión porque nuestros antecesores religiosos redujeron sus niveles de estrés y por lo tanto sobrevivieron más. No pienso que ésta sea una teoría lo suficientemente grande para la tarea. Otras teorías se desvían del punto de las explicaciones Darwinianas. Me refiero a sugerencias como,
“La religión satisface nuestra curiosidad acerca del universo y nuestro lugar en él.”
O “La religión es consuelo. La gente le teme a la muerte y están enredados en religiones que prometen que la sobreviviremos.”
Puede haber algo de verdad sicológica en esto, pero no es en sí misma una explicación Darwiniana.
Como lo ha dicho Steven Pinker en How the Mind Works (Cómo trabaja la mente) (Penguin, 1997): . . . sólo surge la pregunta de por qué una mente evolucionará para encontrar confort en creencias que claramente ve que son falsas. Una persona yerta no encuentra confort creyendo que está tibia; una persona cara a cara con un león no se apacigua creyendo que es un conejo. (p. 555)
Una versión Darwiniana de la teoría del miedo a la muerte tendría que ser de la manera, “La creencia en la supervivencia después de la muerte tiende a posponer el momento en el que se pone a prueba.” Esto podría ser cierto o falso-talvez esta sea otra versión del estrés y de la teoría del placebo-pero no debo seguirla. Mi punto es que ésta es la clase de camino en el que un Darwiniano debe rescribir la pregunta. Los planteamientos sicológicos al efecto de que la gente encuentre alguna creencia agradable o desagradable son aproximados, no explicaciones últimas.
Como Darwiniano me preocupan las preguntas últimas. Los Darwinianos resaltan la distinción entre próxima y última. Las preguntas próximas nos conducen a la sicología y neuroanatomía. No hay nada de malo con las explicaciones próximas. Son importantes y científicas. Pero mi preocupación son las explicaciones últimas relacionadas con lo Darwiniano.
Si los neurocientíficos encuentran un “centro de dios” en el cerebro, los científicos Darwinianos como yo, queremos saber por qué el centro de dios evolucionó. ¿Por qué aquellos de nuestros antecesores quienes tuvieron una tendencia genética a que creciera un centro de dios sobrevivieron mejor que sus rivales que no lo tenían? La pregunta última Darwiniana no es una mejor pregunta, no es una pregunta más profunda, no es una pregunta más científica que la pregunta próxima neurológica.
Pero es de la que hablo aquí. Algunas últimas supuestas explicaciones pasan a ser -o son declaradas- teorías de selección de grupos. La selección de grupos es la idea controversial de que la selección Darwiniana elige entre grupos de individuos, en la misma forma que, de acuerdo con la teoría Darwiniana normal, elige entre individuos en los grupos. El antropólogo de Cambridge Colin Renfrew, por ejemplo, sugiere que la Cristiandad sobrevivió por una forma de selección por grupos ya que esto promovió la idea de la lealtad y el amor fraterno entre grupos. El evolucionista Americano David Sloan Wilson ha hecho una sugerencia similar en la Catedral de Darwin.
Este es un ejemplo, para mostrar otra forma en la cual la teoría de la selección por grupos de la religión podría funcionar. Una tribu con un “dios de las batallas” conmovedoramente beligerante gana las guerras contra una tribu cuyo dios pide paz y armonía o una tribu sin ningún dios.
Los guerreros que creen que la muerte de un mártir los enviará derecho al paraíso luchan valientemente y deseosos de dar sus vidas. De modo que es más probable que su tribu sobreviva a una selección entre tribus, robe el ganado de la tribu que conquistó y tome a sus mujeres como concubinas. Esas tribus exitosas crean otras tribus hijas que salen y propagan más tribus hijas, todas venerando al mismo dios de la tribu.
Note que es diferente a decir que la idea de una religión guerrera sobreviva. Claro que lo hará, pero en este caso el punto es que el grupo de personas que sostienen la idea sobreviven. Hay objeciones formidables a las teorías de la selección de grupos. Pero debo tratar de alejarme de estas en esta columna. Los modelos matemáticos sugieren condiciones muy especiales bajo las cuales la selección de grupos puede funcionar. Podría decirse que las religiones en las tribus humanas establecen dichas condiciones especiales.
Esta es una línea interesante de la teoría para seguir, pero no lo haré aquí.
¿Puede la religión ser un fenómeno reciente, que surgió desde que nuestros genes fueron sometidos a la selección natural?
Su ubicuidad va contra cualquier versión simple de esta idea, No obstante, existe una versión de ésta que quiero defender. La propensión de que lo que fue naturalmente seleccionado en nuestros antecesores no fue la religión per se.
Tiene otros beneficios, y solo se manifiesta incidentalmente hoy como conducta religiosa. Entenderemos esta conducta religiosa solamente después de haberla renombrado.
Es natural para mí como zoologista utilizar una analogía de los animales no humanos. La “jerarquía de dominación” fue descubierta primero como el “orden de picoteo” en las gallinas. Cada gallina aprende qué individuos puede picotear en una lucha y cuáles lo picotearán.
En una jerarquía de dominación bien establecida, se puede ver una lucha poco evidente. Grupos estables de gallinas, que han tenido la oportunidad de clasificarse en un orden de picoteo, ponen más huevos que en gallineros cuya afiliación cambia continuamente.
Esto puede sugerir una “ventaja” para el fenómeno de la jerarquía de dominación. Pero este no es un buen Darwinismo, ya que la jerarquía de dominación es un fenómeno a nivel de grupos.
Los granjeros pueden cuidar la productividad del grupo, pero, excepto bajo condiciones muy peculiares que no aplican aquí, la selección natural no lo hace. Para un Darwiniano, la pregunta
“¿Cuál es el valor de supervivencia de la jerarquía de dominación?” no es legítima.
La pregunta adecuada es,
“¿Cuál es el valor de supervivencia individual de deferencia para las gallinas más fuertes?
Y de castigar la falta de deferencia de las más débiles.”
Las preguntas Darwinianas tienen que dirigir la atención hacia el nivel en el cual las variaciones genéticas puedan existir. Las tendencias agresivas o deferentes en gallinas son un objetivo adecuado ya que ellas varían o pueden variar fácilmente genéticamente. Los fenómenos de grupos como jerarquía de dominación no varían en sí genéticamente, puesto que los grupos no tienen genes.
O por lo menos usted tendría su trabajo detenido argumentando un sentido peculiar en el cual un fenómeno de grupo pudiera estar sujeto a variación genética. Mi punto, por supuesto, es que la religión puede ser como la jerarquía de dominación.
“¿Cuál es el valor de supervivencia de la religión?” puede ser la pregunta equivocada.
La pregunta correcta puede ser, “¿Cuál es el valor de supervivencia tanto de una conducta individual o característica sicológica no especificada todavía, que se manifiesta, bajo circunstancias apropiadas, como de la religión?” Tenemos que rescribir la pregunta antes de responderla sensatamente. Los Darwinianos que buscan el valor de supervivencia de la religión se están haciendo la pregunta equivocada. En cambio, nos debemos centrar en algo en la evolución de nuestros antecesores que no hubiera sido reconocido como religión, pero que está listo para ser reconocido como tal en contexto modificado de la sociedad civilizada.
Cité el orden de picoteo en las gallinas, y el punto es muy importante para mi tesis que espero que usted perdone otro ejemplo de animal. Las polillas vuelan por encima de la llama de una vela y no parece un accidente.
Ellas se salen de su camino para hacer de ellas mismas una ofrenda. Podemos llamar a esto “conducta de auto inmolación” y preguntarnos cómo la selección natural Darwiniana podría favorecerla.
Mi punto, de nuevo, es que necesitamos rescribir la pregunta antes de poder si quiera dar una respuesta inteligente. No es suicidio. El suicidio aparente surge como un efecto colateral inadvertido. La luz artificial es una llegada reciente en la escena nocturna. Hasta hace poco, las únicas luces nocturnas eran la luna y las estrellas. Estando en infinidad óptica, sus rayos son paralelos, lo que los hace compases ideales. Se sabe que los insectos utilizan los objetos celestiales para guiarse con exactitud en una línea recta. El sistema nervioso de los insectos es experto en establecer una regla temporal de reconocimiento como, “Establecer un curso tal que los rayos de luz lleguen a sus ojos a un ángulo de 30°.” Debido a que los insectos poseen ojos compuestos, esto sumará para favorecer un omatidio particular (tubo óptico individual que sale de la parte del centro del ojo compuesto). Pero el compás de luz cuenta con el objeto celestial que está en la infinidad óptica.
De lo contrario, los rayos no están paralelos sino que divergen como los radios de una rueda. Un sistema nervioso que utiliza una regla de 30° hacia una vela, como si fuera la luna, guiará a la polilla, en un espiral logarítmico puro, hacia la flama. Es aún, en promedio, una buena regla. No notamos los cientos de polillas que silenciosamente y efectivamente están guiándose por la luna o una estrella luminosa o es más, por las luces de una ciudad distante. Solamente vemos polillas que se lanzan hacia nuestras luces y nos hacemos la pregunta incorrecta. ¿Por qué todas esas polillas están suicidándose? En cambio, debemos preguntarnos por qué ellas tienen sistemas nerviosos que se guían manteniendo un ángulo fijo automático hacia los rayos de luz, una táctica que sólo notamos en ocasiones cuando va mal. Cuando se replantea la pregunta, desaparece el misterio. Nunca estuvo bien llamarlo suicidio. Una vez más aplica la lección para la conducta religiosa en humanos. Observamos gran número de personas -en muchas áreas locales suman hasta el 100 por ciento- que mantienen creencias que contradicen de lleno hechos científicos demostrables, así como a religiones rivales.
Ellas no sólo sostienen estas creencias sino que dedican tiempo y recursos a actividades costosas que surgen de mantenerlas. Mueren o matan por ellas. Nos asombramos ante todo esto, así como nos maravillamos de la conducta de inmolación de las polillas. Desconcertados, nos preguntamos
“¿Por qué?”
Aún de nuevo, el punto es que podemos estar haciéndonos la pregunta incorrecta.
La conducta religiosa puede ser una falla, una manifestación desafortunada de una propensión sicológica subyacente que en otras circunstancias fue una vez útil.
¿Qué podría haber sido esa propensión sicológica? ¿Cuál es el equivalente de utilizar los rayos paralelos de la luna como compás útil?
Ofreceré una sugerencia, pero debo hacer énfasis que es sólo un ejemplo de la clase de cosas de las que estoy hablando. Estoy mucho más comprometido con la idea general de que la pregunta debe ser replanteada correctamente que con lo que estoy en dar una respuesta en particular.
Mi hipótesis específica tiene que ver con los niños. Más que otras especies, sobrevivimos debido a la experiencia acumulada de las generaciones previas. Teóricamente, los niños deben aprender de la experiencia para no nadar en aguas infestadas de cocodrilos.
Pero para decir lo menos, habrá una ventaja selectiva en los cerebros de los niños con la regla: Crea lo que sus mayores le digan. Obedezca a sus padres, obedezca a los ancianos de la tribu, especialmente cuando adopten un tono solemne. Obedezca sin preguntar.
Nunca he olvidado un sermón horroroso, predicado en la capilla de mi escuela cuando era pequeño. Fue horroroso: en ese entonces, mi cerebro de niño lo aceptó como lo pretendía el predicador. Él contó la historia de un grupo de soldados, que entrenaba a lado de una línea del ferrocarril.
En un momento crítico, el sargento que dirigía el entrenamiento se distrajo y olvidó dar la orden de detenerse. Los soldados que habían sido bien entrenados para obedecer órdenes sin preguntar continuaron marchando justo en la vía en la que venía un tren.
Ahora, por supuesto, no creo la historia, pero lo hice cuando tenía nueve años. El punto es que el predicador quería que nosotros los niños consideráramos como virtud el servilismo de los soldados y la obediencia incuestionable hacia una orden, por demás absurda. Y, hablando por mí, pienso que lo consideramos como una virtud. Me pregunto si yo hubiera tenido el coraje de cumplir con mi deber marchando hacia el tren. Como los soldados entrenados idealmente, los computadores hacen lo que se les dice. Ellos obedecen servilmente las instrucciones que se les den correctamente en su lenguaje de programación. Es así como realizan cosas útiles como procesar palabras y hacer hojas de cálculo. Pero, como producto inevitable, son igualmente automáticos al obedecer malas instrucciones.
No tienen forma de decir si una instrucción tendrá un efecto bueno o malo. Simplemente obedecen, como se suponen que hacen los soldados. Es su obediencia incuestionable lo que hace que un computador sea vulnerable a la infección de virus.
Un programa diseñado maliciosamente que diga “Cópieme en todo nombre en cualquier lista de direcciones que encuentre en este disco duro” será obedecido sencillamente y obedecido nuevamente por otros computadores a los cuales se les envíe, de manera exponencial. Es imposible diseñar un computador que sea obediente y al mismo tiempo inmune a la infección. Si he hecho mi trabajo bien, usted ya habrá completado el argumento acerca del cerebro de los niños y la religión. La selección natural construye los cerebros de los niños con una tendencia a creer lo que sus padres y ancianos de la tribu les digan. Y esta cualidad los hace automáticamente vulnerables a la infección. Por excelentes razones de supervivencia, los cerebros de los niños necesitan confiar en sus padres y en los ancianos a los cuales sus padres les dijeron que debían confiar. Una consecuencia automática es que “el que confía” no tiene forma de distinguir entre un buen consejo y uno malo.
El niño no puede decir que “Si nada en el río será alimento de los cocodrilos” es un buen consejo pero que “El que no arriesga un huevo no tiene un pollo” es un mal consejo. Estos suenan igual.
Ambos consejos vienen de fuentes confiables y están dichos con una seriedad solemne que exige respeto y requiere obediencia. Lo mismo aplica para las proposiciones acerca del mundo, el cosmos, la moralidad y la naturaleza humana. Y, por supuesto, cuando el niño crece y tiene sus propios hijos, naturalmente les pasará toda la suerte a sus hijos utilizando las mismas sentencias impresionantes. En este modelo, esperamos que, en diferentes regiones geográficas, diferentes creencias arbitrarias que no tienen una base real sean transmitidas, para que sean creídas con la misma convicción que los conocimientos útiles de la sabiduría tradicional tales como la creencia de que el estiércol es bueno para los cultivos. También debemos esperar que estas creencias que no están basadas en los hechos evolucionarán por generaciones, aleatoriamente o siguiendo alguna clase de analogía de la selección Darwiniana, mostrando eventualmente un patrón de divergencia significativa de los ancestros comunes.
Los lenguajes se van distanciando de un origen común dado el tiempo suficiente en la separación geográfica. Igualmente verdaderas son las creencias tradicionales y los requerimientos judiciales transferidos por generaciones, inicialmente debido a la capacidad de programación del cerebro de un niño.
La selección Darwiniana establece que el cerebro en la niñez tiene una tendencia a creer en sus ancianos, a imitar, por lo tanto indirectamente a extender rumores, leyendas urbanas y a creer en religiones. Pero dado que la selección genética ha creado los cerebros para esto, entonces ellos pueden proporcionar el equivalente de una nueva clase de herencia no genética, que puede formar la base de una nueva clase de epidemiología y talvez una nueva clase de selección Darwiniana no genética. Yo creo que la religión es uno de los grupos de fenómenos explicados por esta clase de epidemiología no genética, con la posible mezcla de una selección Darwiniana no genética. Si estoy en lo correcto la religión no tiene un valor de supervivencia para los seres humanos individuales ni para el beneficio de sus genes. El beneficio si existiera no sería la religión en sí
Nota: Richard Dawkins es biólogo evolutivo, nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford.
Comenzó su carrera como investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel, y desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo extendido (1982), El relojero ciego (1986), River Out of Eden (1995), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris (2000) y La máquina de memes (2000).
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Alfredo Silletta
TOMADO DE SINDIOSES.ORG
La Iglesia Universal del Reino de Dios fue fundada por Edir Macedo en Brasil durante 1977. Macedo, quien se autoproclamó ?Obispo?, anteriormente había trabajado como cajero de la lotería del Estado de Río de Janeiro. Actualmente existen más de 2.000 templos en todo Brasil, con un promedio de 6 millones de miembros. La Iglesia esta en mas de 40 países (por todo América Latina, en algunas ciudades de Estados Unidos, Europa, Africa y Asia). Poseen, solo en Brasil, un Banco, dos periódicos, una revista, 30 emisoras de radio y la red televisiva TV Récord con 25 repetidoras en todo en el territorio. Desde hace varios años la Justicia y el gobierno del Brasil investigan a los lideres por presuntas vinculaciones con el Cartel de Cali y el lavado de dinero. En 1990 instalaron el primer templo en Argentina. Hoy se han expandido por todo el territorio y han adquirido espacios en varias radios de todo el territorio argentino. Inicios y doctrina A los 20 años el joven Edir Macedo abandonó el catolicismo y se convirtió al pentecostalismo, ingresando a la iglesia Nova Vida. Permaneció allí durante 10 años antes de abandonarla por ?elitista?. En 1977, junto a un grupo de amigos abrió un pequeño local en un barrio pobre de Río de Janeiro. Se declaró ?Obispo? y fundó la Iglesia Universal del Reino de Dios. En los primeros tiempos apenas sobrevivía económicamente hasta que una feligresa vendió un terreno y le donó el dinero. En ese momento compro 10 minutos por día en la radio Río Metropolitana. Comenzó el éxito. Para 1980 tenia varias horas de radio y una hora de televisión en el canal Río Tupí. Abrió un local en la ciudad de San Pablo y para 1982 compró la primera emisora radial: Rio Copacabana-. Su carisma, falta de límites y el uso de técnicas de manipulación produjeron una explosión en su iglesia y un crecimiento imparable. Para un observador no estudioso del fenómeno religioso, la Iglesia Universal parecería un grupo similar a otros evangélicos pentecostales. Por ejemplo creen en la deidad de Jesucristo, la Trinidad, la resurrección corporal de Jesucristo y la salvación por gracia a través de la fe. Sin embargo, el obispo Macedo incorporó nuevos elementos a su doctrina que poco tienen que ver con lo bíblico. Para sanarse venden ?piedras de la tumba de Jesús?, ?el agua bendita del río Jordán?, ?la rosa milagrosa?, ?sal bendecida por el Espíritu Santo?. Y como si esto fuera poco invitan a los fieles a participar de las reuniones y ?comer el pan bendecido para curar enfermedades?. Pero la doctrina central del Obispo Macedo es la lucha contra los demonios y la teología de la prosperidad: Demonios y más demonios La Iglesia Universal practica la liberación de demonios en los fieles. En todos sus templos se ora por la liberación de espíritus, tales como hechicería, adulterio, fornicación, celos, pleitos, envidias, borracheras, etc. En uno de sus libros el obispo Macedo dice: “Hay algunas enfermedades que caracterizan posesión(por el diablo): la neurosis, dolores de cabeza constantes, el insomnio, temor, desmayos, o ataques; deseos suicidas, las enfermedades que los doctores no pueden descubrir, vicios y depresión”. Y como si todo esto fuera poco culpa al demonio por la homosexualidad y el SIDA. En el semanario oficial llamado Tribuna Universal puede leerse en la primera página: “SIDA, la epidemia de la década puede curarse si cree (en Jesús)”. En el interior del periódico cuentan que un angoleño, portador del virus mortal comenzó a participar de las sesiones de la Iglesia y que luego de una oración muy fuerte ?sintió? como el mal había sido arrancado de su cuerpo. Luego explican que el joven fue al médico y los síntomas habían desaparecidos. Merece destacarse que todo este tipo de practicas y la culpa constante al diablo produce temor en los fieles y obediencia ciega a las autoridades de la Iglesia. Dinero, dinero y más dinero Desde un principio Edir Macedo copió de los predicadores norteamericanos la llamada teología de la prosperidad. Los fieles deben entregar sus diezmos para no ser conducidos a las garras de Satanás. Un pastor dice sin vacilar: “Hay una guerra adentro de cada uno de nosotros. Dios quiere que usted de, pero el diablo sostiene su billetera. Venga, venga ahora. Mañana usted podría estar muerto. Si usted no paga a Dios, usted paga al diablo”. En la Iglesia Universal las reuniones duran aproximadamente dos horas con la mitad del tiempo dedicada a la Biblia y la otra mitad a recaudar dinero. Veamos otros ejemplos: ? Si quieres salir de la miseria, si quieres obtener un empleo, si quieres sanarte de una enfermedad debes aportar tu diezmo. ? Dios dijo: traed los diezmos. Cuando usted da su diezmo, Dios abre las ventanas del cielo y derrama bendiciones. ? El diezmo no es solo del sueldo, también de su jubilación o su pensión. ? Si no aportas tu diezmo el dinero va desapareciendo porque el demonio devorador ha entrado. ? Saquen todas las monedas que ustedes tienen. Yo no quiero sacar diez centavos. Eso no existe. Quiero todas las monedas porque ellas representan la miseria. ? Si diezmas consigues trabajo. El diezmo no es una donación es una devolución. ? Honra a Dios con tus bienes. El tema de la recaudación de dinero ha sido sin lugar a dudas el gran invento-negocio de Macedo. A diferencia de otros cultos pentecostales que prometen a sus fieles la felicidad en el ?mas allá?, Macedo asegura que Dios dará las gratificaciones de sus fieles aquí en la Tierra. De allí que si uno entrega mas dinero tendrá mas posibilidades de ser rico en esta vida. Macedo dice: “Yo no sigo a un Dios pobre. Si su Dios es pobre es porque sus pensamientos son pobres… La pobreza es del diablo; no de Dios”. Un dato interesante es que no solamente la Iglesia Católica denuncia a la Iglesia Universal. Las Asociaciones Evangélicas del Brasil los han denunciado por “utilizar métodos manipulativos para obtener dinero”. Martín Dreher, un prestigioso pastor luterano brasileño expresa que este grupo “es contrario a todo lo que uno se imagina como Iglesia, pues hay una mezcla de lo comercial con lo divino. La gracia y la comunicación dejan de ser temas centrales y también del pecado. Los demonios son culpables por todas las desgracias del mundo. La función de la Iglesia es ?quebrar hechizos, con un lenguaje que se aproxima mucho a los cultos afro-amerindios”. Un imperio político-económico-religioso En los suplementos económicos de los diarios brasileños se pueden leer este tipo de noticias, sorpresivas para los argentinos,: “La Iglesia Universal factura mas que Autolatina: En un año la Iglesia tuvo una ganancia de 735 millones de dólares mientras que Autolatina solo 337 millones, siendo la mejor empresa privada del país.” En menos de 20 años, Edir Macedo convirtió un pequeño local alquilado de un barrio humilde de Río de Janeiro en el más grande brasileño multinacional. Hoy la Iglesia Universal cuando con 6 millones de fieles y 1.000 millones de ingreso anual que produce, libre de impuestos, sus 3.000 templos distribuidos mayoritariamente en Brasil y en 46 países de todo el mundo. Preguntarse de donde sale el dinero es fácil de responder. La Iglesia Universal cuenta en todos sus templos, mas de 2.000 solo en Brasil, con cinco cultos por día donde los fieles son incentivados a donar su diezmo. Macedo ha organizado su empresa en forma piramidal, él es el dueño, lo siguen un grupo selecto de obispos, que discuten dos veces por año las políticas ha seguir, y más de 7.000 pastores que cobran un sueldo de 700 dólares, reciben una casa y un auto cuando pastorean mas de un templo. Lo que se dice un negocio redondo. Quienes conocen al Obispo Macedo dicen que su sueño es convertir al Brasil en un estado religioso y gobernar con mano dura y mesiánica. El trata de desmentirlo al señalar que “Dios me eligió para predicar el Evangelio al pobre en el espíritu, para liberar a los oprimidos por el diablo y anunciar el perdón de Jesucristo”. Lo concreto es que Macedo concentra su capital, además de sus templos, en ser el dueño más importante de medios de comunicación. Es el propietario de dos periódicos con más de un millón de ejemplares, de 30 emisoras de radio y de la segunda red de televisión más importante del Brasil. En 1989, inesperadamente compró la tradicional cadena de televisión TV Récord con 25 repetidoras en todo el país. En un principio la cadena televisiva se convirtió en un púlpito de 24 horas y muchos creyeron que seria el final de su experiencia televisiva. Pero al poco tiempo contrató un servicio de noticias independiente, adquirió los mejores filmes de Estados Unidos y obtuvo los derechos de televisación del San Pablo, uno de los equipos del fútbol mas populares. Hoy se ha convertido en una rival de la famosa red Globo. Por otra parte en el exterior ha comprado y contratado emisoras en Portugal, Mozambique y Argentina. No conforme con sus negocios religiosos-televisivos, el obispo Macedo decidió incursionar en la política partidaria. La actividad comenzó en 1986 cuando patrocinó varios candidatos a diputados que le prometieron beneficios para la Iglesia. Hoy la Iglesia Universal presenta sus propios candidatos y en las ultimas elecciones logro 34 diputados y se consolidó como la fuerza evangelica mas importarte de la Camara de Diputados en Brasil. El proyecto político de Macedo es muy serio. La consigna es Hermano, vota por hermanos. Para su triunfo político no escatima esfuerzos. Solo en San Pablo distribuye mas de un millón y medio de alimentos. Para el sociólogo brasileño Alexandre Fonseca existen varios motivos para que los fieles no duden en votar los candidatos de la Iglesia Universal, pero sobre todo sobresale la idea de que son perseguidos. El mismo Macedo decía en un acto masivo en el Maracaná: “Nos persiguen porque estamos en el camino cierto. Tenemos que escoger de acuerdo con aquellos que nos van a ayudar. Los otros nos persiguen, la Iglesia Católica nos persigue”. Por otro lado no debemos olvidarnos que en esta secta donde conviven el fanatismo, la ignorancia y la alienación es mas sencillo presionar a los adeptos que voten a los propios candidatos ya que viven bastante aislados de la sociedad real. Macedo les pide a sus fieles que se aíslen del mundo: “busca la amistad entre la gente de la misma fe y evita cualquier charla o contacto que pueda comprometer tu salvación”. A mediados de 1990 la Justicia brasileña comenzó a investigar al Obispo Macedo y los negocios de la Iglesia Universal. En 1992 terminó preso durante 12 días acusado de defraudación y malversación ya que su cuenta bancaria había acumulado mas de 100 millones de dólares. Al final sus abogados lograron la absolución en el proceso judicial. En 1995, Carlos Magnos de Miranda, un obispo disidente de la Iglesia Universal, relató que narcotraficantes colombianos habían entregado en 1989 varios millones de dólares para la compra de TV Récord, la cadena televisiva; que Macedo utilizaba la Iglesia para el lavado de dinero del Cartel de Cali y utilizaba un doble contabilidad para evadir al fisco. Las declaraciones produjeron un gran revuelo en la sociedad brasileña. La Justicia comenzó a investigar a Macedo por fraude fiscal, extorsión a sus fieles para obtener contribuciones y lazos con el narcotrafico. El juez Guillermo Calmon allanó 12 locales de la secta y ordeno levantar el secreto bancario de las empresas y de los lideres de la Iglesia Universal. Paralelamente, la red televisiva Globo aprovecho para darle el golpe final a la Iglesia Universal. Mostró en la pantalla, una y otra vez, imágenes del obispo Macedo enseñándole a sus pastores a pedir dinero: ¿Entienden cómo es? Si quieren ayudar, bien. Si no, pueden irse al infierno. O contribuyen o se condenan. En otra escena se lo ve a Macedo y otros pastores en cuclillas sobre un montón de billetes. Pero faltaba la gota que rebasaría el vaso. La red Globo obtuvo un vídeo donde se observa en el escenario de un templo a un pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios pateando y rompiendo en pedazos la figura de la patrona del Brasil, Nuestra Señora de Aparecida. Ante la gravísima situación que irritó a millones de católicos brasileños y que anunciaba una guerra santa, la Confederación Nacional de Obispos (CNBB) pidió a los fieles no responder los ataques y solo realizar actos de desagravio a la patrona del Brasil. Paralelamente Macedo, desde su residencia en los Estados Unidos, pidió disculpas a la grey católica justificando la juventud del pastor, aunque su respuesta no fue muy creíble ya que en otros discursos ha señalado: “No somos locos ni idiotas para venerar una imagen de madera, metal o piedra”. En la Argentina La Iglesia Universal del Reino de Dios llegó a la Argentina en 1990. En un principio se instalaron más activamente en el interior del país, especialmente en las provincias del Norte y la capital de Córdoba. Cuando se consolidaron empezaron una actividad agresiva en Capital y Gran Buenos Aires con la apertura de gran cantidad de templos. En octubre 1995 el Obispo Macedo viajó a Buenos Aires e inauguró un moderno edificio de cinco plantas ubicado en Avenida Rivadavia 7258, a pocas cuadras de la plaza Flores. Por otra parte en el microcentro abrieron un local en la peatonal Lavalle al 940. A partir del crecimiento masivo en el país compraron las 24 horas de programación de Radio Argentina, una AM con llegada a todo el territorio nacional. La radio tiene un formato similar a las emisoras brasileñas donde se promocionan las actividades de la Iglesia Universal. La conducción de los programas la realizan pastores brasileños que hablan portuñol. Los títulos de los programas son similares: Punto de Fe, Pare de Sufrir, Línea Directa, Milagros de Fe, etc. En todos se pasan testimonios de fieles que han vencido al demonio o que gracias al diezmo son personas felices. La emisora no tiene casi publicidad. Merece recordarse que el CONFER no autoriza por ley que ningún grupo religioso extranjero obtenga una licencia. A mediados de 1995, la Iglesia Universal había comprado el cierre de transmisión de Canal 9 pero el escándalo del lavado de dinero en Brasil llevó a que las autoridades de la emisora levantaran el ciclo. En enero de 1996 el Registro Nacional de Cultos a cargo del Dr. Angel Centeno paralizó la apertura de seis nuevos locales y las radicaciones de pastores brasileños debido al agravio sufrido por otra religión, en este caso la católica, por la destrucción de la imagen de la virgen María. Cuatro meses después la situación se regularizó cuando los responsables de Argentina pidieron disculpas por lo sucedido en Brasil. Actualmente residen en el país aproximadamente 20 pastores de origen brasileño. Paralelamente a la actuación del Registro de Cultos, el Juzgado Federal N° 3 a cargo del juez Ballesteros los investigó de oficio por el supuesto delito de lavado de dinero, sin que se pudiera obtener pistas concretas.
por APRA | May 11, 2016 | Crítica a las Religiones |
Por: Ferney Yesyd Rodríguez
TOMADO DE SINDIOSES.ORG
Una de las diferencias de los adventistas del séptimo día respecto a los demás cristianos, es la creencia en el “don de profecía” de la señora Elena G. de White (cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día). Sin embargo, tras una mirada racionalista podemos afirmar que no hay pruebas para admitir que las visiones de la señora Elena G. de White se puedan deber a una causa sobrenatural. El presente escrito tiene por finalidad mostrar algunos fallos de la señora White, que los pastores adventistas se esfuerzan por esconder o justificar vanamente. En algunas ocasiones la Iglesia Adventista distribuye artículos en sus revistas para hacer parecer a la señora White como una profeta. Por ejemplo, el mes de mayo de 2001 distribuyeron en su revista mensual El centinela un curioso artículo apologético sobre Elena G. de White. El artículo decía lo siguiente: “Ella escribió mayormente sobre la vida espiritual. Pero sus obras discuten también temas variados tales como educación, relaciones sociales y nutrición. Lo asombroso es que aunque murió en 1915 y la ciencia ha tenido un progreso enorme desde entonces en nuestra comprensión de los requisitos de la salud física, lo que ella escribió al respecto todavía es válido.” Para finalizar el autor dice: “Los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día creen que sus nociones sobre la salud espiritual y física son más que el mero resultado de adivinar bien. Ven en ella un cumplimiento de la promesa bíblica de conducción profética poco antes del regreso de Jesús”. La anterior declaración me animó a buscar cuidadosamente en los escritos de la señora White (los adventistas los llaman “El Espíritu de Profecía”) para ver si en verdad ella había recibido consejos sobre la salud que eran ignorados por la ciencia de finales del siglo XIX y principios del XX. Los resultados en verdad fueron asombrosos, pero no de la forma como lo presentan los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. El apologista adventista afirma en su artículo que Elena G. de White dijo que el fumar produce enfermedades. Esto es totalmente cierto, pero es necesario mencionar que la señora White nunca mencionó los tipos de cánceres que el uso del tabaco produce; jamás mencionó los productos cancerígenos presentes en el cigarrillo (alquitrán, radicales libres, etc.). La señora White tampoco habló concretamente sobre otros problemas de salud relacionados con el hábito de fumar, tales como la hipoxia fetal en madres fumadoras, o el riesgo de ataques cardíacos. Todo esto me lleva a la conclusión, en lo que a este punto se refiere, que la señora White no se adelantó en nada a la ciencia de esa época, y por tal razón tampoco hay indicio que su “fuente de información sobrenatural” fuese lo suficientemente inteligente como para adelantarse en la explicación sobre el daño del tabaco a los alvéolos pulmonares (enfisema pulmonar). Lo verdaderamente curioso es que la señora White realizó una serie de explicaciones a hechos naturales que resultaron ser totalmente falsos. Pero es extraño que los señores de El centinela no los mencionan. Por esta razón presento algunos de ellos aquí. Las equivocaciones de la profetisa Elena G. de White Antes de continuar debo advertir a los lectores que los Adventistas consideran a los libros citados como revelados por Dios mismo; algo así como lo es el Corán para los musulmanes. Estos son algunos errores: 1. Al enfriarse las extremidades, la sangre se acumula en los pulmones o en la cabeza “Cuando las piernas y los brazos se enfrían, la sangre se aleja de ellos y se acumula en los pulmones y la cabeza. La circulación queda entorpecida y la delicada máquina de la naturaleza no funciona adecuadamente” Mensajes selectos, tomo II, página 533 ¿Qué tan confiable es la fuente sobrenatural de Elena G. de White que no supo que los humanos tenemos circulación cerrada? ¡Toda nuestra sangre permanece siempre circulando en los vasos sanguíneos! 2. El vestido mojado y embarrado en contacto con los tobillos produce catarros y escrófula El vestido embarrado y húmedo se pone en contacto con los tobillos, que no están suficientemente protegidos, y los enfría pronto; esta es una de las grandes causas productoras de catarros y tumefacciones escrofulosas, y pone en peligro la salud y la vida. Mensajes selectos, tomo II, página 542 Era muy poco lo que sabía Elena G. de White sobre los virus y las bacterias. La escrófula es tuberculosis linfonodular y es producida por una bacteria. 3. El cáncer se produce por el consumo de carne con gérmenes de cáncer “… la práctica de comer mayormente carne hace que se contraigan enfermedades de todo género: cáncer, tumores, escrófula, tuberculosis y una cantidad de otras afecciones similares” “Continuamente sucede que la gente come carne llena de gérmenes de tuberculosis y cáncer. Así se propagan estas enfermedades y otras también graves” Consejos sobre el régimen alimenticio, página 464 Sólo unos pocos tipos de cánceres son producidos por un virus. Existen algunos tipos que son producidos por radiación ultravioleta, X, gamma, o por sustancias como la nicotina que causan una alteración en las mitosis celulares. No existen gérmenes de cáncer. A decir verdad, en los escritos revelados no encontré ninguno en que ella lograse distinguir entre bacteria, virus o protozoo. Todo lo que le “sonaba” microscópico ella lo llamaba germen. 4. La tuberculosis se propaga gracias al consumo de carne con gérmenes de tuberculosis Consejos sobre el régimen alimenticio, página 464 (Texto mencionado en el punto 2). En realidad el contagio de tuberculosis por alimentos es casi nulo. El Mycobacterium tuberculosis, agente infeccioso de la tuberculosis, se contrae principalmente por vía respiratoria, por ejemplo, si Ud. respira el mismo aire que haya sido contaminado poco tiempo después de haber tosido un tuberculoso. 5. La escrófula, (tuberculosis linfonodular) se debe al consumo de carne Consejos sobre el régimen alimenticio, página 464 (Texto mencionado en el punto 2). No es de extrañarse que la señora White se preocupara tanto por la tuberculosis, dado que esta enfermedad constituía una emergencia sanitaria por aquellos días. Como escéptico me pregunto ¿Por qué Dios nunca le reveló a la señora White algo sobre la acción de los antibióticos en los microorganismos? ¡Habría salvado muchas vidas! 6. Los tumores se producen principalmente por consumir carne “Por la luz que Dios me ha dado, sé que la prevalencia de carne y tumores se debe a un sistema de vida vulgar a base de carne”. Consejos sobre el régimen alimenticio, página 463 Un tumor es el desarrollo descontrolado de un grupo de células que se dividen casi sin parar. En los escritos de White no se nota que ella relacione tumor con neoplasia (desarrollo de tejido nuevo por mitosis desordenadas). ¡Las vacas no comen carne y también pueden desarrollar tumores! 7. La carne se descompone en el estomago a menudo, produciendo enfermedad “Muchas veces cuando se come carne, está se descompone en el estómago, y produce enfermedad” Consejos sobre el régimen alimenticio, página 458 Hay que recordar (también a los adventistas) que al finalizar la digestión, las carnes y todo alimento proteínico queda reducido a los componentes básicos de las proteínas: los aminoácidos. Cuando White dice “muchas veces”, debe entenderse estadísticamente como algo superior a un 50% de los casos. 8. Todas las enfermedades inflamatorias se deben principalmente al consumo de carne “El cáncer, los tumores y todas las enfermedades inflamatorias son producidas mayormente por el consumo de carne” (énfasis mío) Consejos sobre el régimen alimenticio, página 463. Aquellas enfermedades cuyo nombre termina en “itis” involucran algún tipo de inflamación; por ejemplo: bronquitis, gastritis, hepatitis, apendicitis, etc. No tengo nada en contra de los vegetarianos; lo inaceptable es engañar a la gente con supuestas “revelaciones divinas” como éstas. Al contrario de lo que dice Elena de White, y para poner un ejemplo, está comprobado que muchas gastritis son producidas por la infección de la bacteria Helicobacter pylori. 9. Dejar los niños recién nacidos con los brazos descubiertos altera la circulación sanguínea y esta afecta a los pulmones y al cerebro terriblemente “Otra gran causa de la mortandad de los niños y de los jóvenes es la costumbre de dejarles los brazos y los hombros desnudos. Ninguna censura es demasiado severa para esta moda. Ha costado la vida a miles. El aire que baña los brazos y las piernas, y que circula alrededor de las axilas, enfría estas partes del cuerpo tan cercanas a los órganos vitales y estorba la circulación saludable de la sangre produciendo enfermedad, especialmente de los pulmones y del cerebro.” Mensajes selectos, tomo II, página 532 Note que aquí no hace distinción de país o clima. Su recomendación resulta obvia si se refiere a dejar a los bebés con los brazos descubiertos en el invierno de Alaska o en plena Antártida… ¿Cómo puede haber gente tan crédula que siga creyendo en revelaciones y profetas? 10. Dar carne a los niños nerviosos los corrompe y los hace perder las prácticas virtuosas “Los efectos de que un régimen basado en carne tendrá sobre hijos nerviosos no tenderá a hacerlos de un temperamento dulce, sino malhumorados, irritables, apasionados e impacientes frente a las restricciones; se pierden las prácticas virtuosas, y la corrupción destruye la mente, el alma y el cuerpo.” Mensajes selectos, tomo III, página 331 11. El carbón y el petróleo se encienden bajo la Tierra y producen los terremotos y las erupciones volcánicas “…En ese tiempo (en el diluvio) inmensos bosques fueron sepultados. Desde entonces se han transformado en el carbón de piedra (…) y han producido también inmensas cantidades de petróleo. Con frecuencia el petróleo se enciende y arde bajo la Tierra. Esto calienta las rocas, quema la piedra caliza y derrite el hierro. La acción del agua sobre la cal intensifica el calor y ocasiona terremotos, volcanes y brotes ígneos” Historia de los patriarcas y profetas, página 99 ¡Qué curioso! En 1915 no se conocían las zonas de subducción en los lugares donde se encuentran dos placas tectónicas y una resbala por debajo de la otra; ni siquiera se conocía la tectónica de placas. Este caso hubiese sido una excelente oportunidad para adelantarse a su tiempo y demostrar que en realidad “algo inefable” le enviaba sus visiones. 12. Las caderas estrechas de las mujeres son producto de la herencia de caracteres adquiridos. Algunas mujeres poseen en forma natural cinturas pequeñas. Pero en lugar de considerar estas formas como hermosas, deberían ser consideradas defectuosas. Estas cinturas de avispa podrían haberle sido transmitidas de sus madres, como resultado de su indulgencia en la práctica pecaminosa de usar corsés apretados, y como resultado en una respiración imperfecta. Review and herald, 31 octubre 1971; “Words to christian mothers,” The health reformer, octubre 1871, página 121, y noviembre 1871, páginas 154-157; Healthful living, 1897, página 58 Hoy podemos decir, gracias a la genética, que esta declaración es contundentemente falsa. 13. La señora White afirmó que era posible la formación de nuevas especies, y razas de seres humanos por medio de la copula entre seres humanos y bestias. La afirmación iba encaminada a explicar las especies fósiles que se estaban descubriendo en el siglo XIX y que ponían en aprietos al creacionismo. Por otro lado estos textos han sido usados para explicar el origen de razas humanas diferentes a la caucásica (supuestamente la que dios creo en el Edén ) “Pero si hubo un pecado, por encima de cualquier otro, que requería la destrucción de la raza por medio del diluvio, fue el crimen degradante de la amalgama del hombre y la bestia, un crimen que desfiguró la imagen de Dios y causó confusión por todas partes.” Spiritual gifts (Dones espirituales), tomo 3, página 64, 1864 “Cada una de las especies de animales que Dios había creado fue preservada en el arca. Las especies confusas que Dios no creó, y que eran el resultado de la amalgama, fueron destruidas por el diluvio. Desde el diluvio, ha habido amalgama entre hombres y bestias, como puede verse en la interminable variedad de especies de animales y ciertas razas de hombres.” Spiritual gifts (Dones espirituales), tomo 3, página 75, 1864 Las anteriores declaraciones de la señora White han sido un verdadero dolor de cabeza para la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ya que estos textos insinúan que toda raza humana, diferente a la caucásica, fue originada por entrecruzamiento entre humanos y bestias. 14. Declaró que la Biología y Geología se equivocan al sostener la teoría de la evolución Historia de los patriarcas y profetas, capítulos 2, 7 y 9 “No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo…” ¿Predicciones cumplidas? Cuando señalé uno de estos puntos a un adventista, me respondió: “Sabe una cosa, precisamente sé que Elena G. de White es la profeta de Dios porque ella dijo que en estos tiempos el enemigo (tradúzcase por Diablo) intentaría demostrar que sus revelaciones son inexactas.” ¡Me quedé de una sola pieza! Lo mismo pueden decir los mormones y los musulmanes respectivamente: “Los mormones sabemos que José Smith (cambiarlo por Mahoma si son los musulmanes) es el profeta de Dios porque él profetizó que los enemigos de este maravillosa obra lo refutarían”. Otro adventista me dijo en una ocasión que Elena G. de White profetizó el terremoto de San Francisco del 18 de abril de 1906. Decidí revisar el escrito y en él dice: “San francisco y Oakland están llegando a ser como Sodoma y Gomorra y el Señor las visitará con su ira” (El evangelismo, página 296) No dio datos de la fecha exacta; el terremoto bien podría haber ocurrido 30 días o 30 años después, y al fin y al cabo, los adventistas lo hubiesen achacado a la profecía de Elena G. de White. Es lo mismo que ocurre con Nostradamus (debería ser Nos-trabamos); siempre que hay un desastre natural o una guerra dicen: “¡Esto ya fue profetizado antes!” Vale la pena recordar que el terremoto afectó principalmente a San Francisco y poco a la ciudad de Oakland. Y si el terremoto de San Francisco fue el castigo de Dios a una ciudad corrupta, ¿por qué pagaron por igual rufianes y bebés inocentes? ¿No es más lógico, ya que hay pruebas, achacarle el terremoto de San Francisco del 18 de Abril de 1906 a la geología de esta zona? (recuerde la falla de San Andrés que surca California de Norte a Sur) Un pastor adventista me dijo que Elena G. de White habló de corrientes eléctricas en el sistema nervioso antes de que los médicos las descubriesen. Esto es totalmente falso. Desde 1780, Luis Galvani descubrió el efecto de la electricidad en el tejido muscular de animales muertos. Con descargas leves, y luego con descargas atmosféricas logró que las ancas de ranas muertas en su laboratorio tuvieran contracciones, de la misma forma como el sistema nervioso actúa sobre los músculos. Este descubrimiento fue tan famoso que la escritora inglesa Mary Shelley se basó en él para escribir su novela Frankenstein, de 1818. En ella, se resucita al monstruo usando electricidad proveniente de rayos. Decir que Elena G. de White se adelantó a su tiempo es pura ignorancia. No puedo desconocer que los adventistas al no fumar tabaco, ni consumir alucinógenos, ni embriagarse, disminuyen los riesgos de enfermedades cardiovasculares, entre muchas otras. Tampoco puedo negar que ellos promueven valores elevados como la honradez y la sinceridad; no obstante, dejan de practicar lo que predican al no revelar estos datos que demuestran que Elena G. de White no recibió nada “superior para los conocimientos de su época”, como lo afirman en la revista El centinela (mayo de 2001) que distribuyeron por toda Colombia. Es más, ellos dan información sesgada adrede y luego dicen campantemente que “lo que ella escribió al respecto todavía es válido” lo cual es completamente falso. Fue esto lo que me movió a escribir este artículo. Fueron ellos quienes mencionaron la palabra “ciencia” en su divulgación, sin embargo, lo que se encuentra es una montaña de mentiras para ganar creyentes. Esto se traduce en un mayor ingreso de diezmos y el hecho de que estén engañando a las personas pasa a un segundo plano.
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