Los rezos no producen efectos

Por: Benedict Carey

De “The New York Times”

NUEVA YORK.- Los rezos ofrecidos por extraños no tendrían ningún efecto en la recuperación de las personas que han pasado por una operación del corazón, revela un estudio realizado en los Estados Unidos. Es más, los pacientes que sabían que se estaba rezando por ellos tuvieron una tasa más alta de complicaciones posquirúrgicas, como ritmos cardíacos anormales, quizá debido a las expectativas creadas por los que rezaban, sugirieron los investigadores.

El estudio en cuestión es la investigación científica más rigurosa sobre la posibilidad de que rezar pueda curar enfermedades: comenzó hace casi una década, abarcó a más de 1800 pacientes y ha sido, durante años, objeto de especulaciones. Los defensores han sostenido que rezar es quizá la respuesta más profundamente humana ante la enfermedad y que podría aliviar el sufrimiento mediante mecanismos aún no comprendidos. Los escépticos lo han refutado y sostienen que estudiar los efectos de rezar es una pérdida de dinero ya que es algo que se encuentra más allá del alcance de la ciencia.

Al menos diez estudios sobre los efectos de rezar han sido llevados a cabo en los últimos seis años con resultados dispares. El nuevo informe estaba programado para ser publicado en The American Heart Journal la semana próxima pero el editor de la publicación lo difundió online ayer. En una apresurada conferencia de prensa, los autores del estudio, dirigido por Herbert Benson, cardiólogo y director del Instituto Médico-Mente, afirmó que los descubrimientos no eran la última palabra sobre los efectos del llamado rezo mediador.

Pero los resultados plantean dudas sobre si los pacientes deben ser informados de que alguien reza por ellos.

“Una conclusión es que la función de conciencia del rezo tendría que ser más estudiada”,

aseguró el doctor Charles Bethea, cardiólogo del Integris Baptist Medical Center, de Oklahoma City, y coautor del estudio.
Otros expertos dijeron que el estudio subrayó la cuestión de si el tema es apropiado para un estudio científico.

“El problema con el estudio científico de temas religiosos es que violenta el fenómeno al reducirlo a elementos básicos que pueden ser cuantificados y ello produce una mala ciencia y una mala religión”,

afirmó el doctor Richard Sloan, profesor de medicina conductista de Columbia.
El estudio costó 2,4 millones de dólares y la mayor parte del dinero provino de la Fundación John Templeton, que apoya la investigación sobre espiritualidad.

Por su parte, el gobierno de Estados Unidos ha invertido más de 2,3 millones de dólares en estudios sobre el rezo desde el año 2000.

Plegarias no atendidas
En el estudio, los investigadores monitorearon a 1802 pacientes de seis hospitales que recibieron by pass coronarios. Los pacientes fueron divididos en tres grupos, por dos de los cuales se rezaba; por el tercero, nadie lo hacía. La mitad de los que recibían rezos fueron informados del hecho, y a la otra mitad no se le dijo nada.

Los investigadores solicitaron a los miembros de tres congregaciones que rezaran utilizando los nombres de pila de los pacientes y la inicial de sus apellidos. Se les dijo que podían hacerlo a su manera, pero se los instruyó para que agregaran la frase

“para una operación exitosa y con una recuperación rápida y sin complicaciones”.

Al analizar las complicaciones a los 30 días de las intervenciones, se observó que no había ninguna diferencia entre los pacientes por los que se había rezado y por los que no.
Otro hallazgo fue que un número alto de pacientes que sabían que se había rezado por ellos ( 59%) sufrieron complicaciones, comparados con un 51% entre los que no tenían la certeza.

Los autores dijeron que saber que extraños estaban rezando por ellos podría haber causado en algunos pacientes una suerte de ansiedad.

“Puede haberlos hecho sentir inseguros y preguntarse: «¿Tan mal estoy que debe intervenir un grupo de rezos?»”, afirmó Bethea.

El estudio también encontró que en el grupo de los que no estaban informados hubo un 18% que sufrió complicaciones severas, como ataques al corazón o al cerebro, mientras que en el grupo que no recibió ningún tipo de rezo sólo fue del 13%.
En su informe, los estudiosos sugirieron que estos resultados podían ser casuales.

Aunque el estudio fue diseñado rigurosamente para evitar distintos problemas que surgieron en estudios previos, los expertos dijeron que no podía superar el mayor obstáculo: la cantidad de rezos no conocidos que cada persona recibía de amigos, familiares y congregaciones de todo el mundo que rezan diariamente por los enfermos y moribundos.

Bob Barth, director espiritual de una cngreación de Missouri, aseguró que los resultados no afectarían su misión.

“Una persona de fe diría que este estudio es interesante -dijo Barth-, pero hemos estado rezando durante mucho tiempo y hemos visto que funciona, sabemos que funciona y la investigación sobre el rezo y la espiritualidad recién comienza.”

Apocalipsis…?

Por: Esteban Magnani

EL 23 DE OCTUBRE DE 1996, EL MUNDO NO DESAPARECIÓ.

La novedad de la oración anterior es tan escasa como para calificarla de no-noticia.
Sin embargo, en esa fecha debería haber ocurrido el fin del mundo según un exhaustivo trabajo publicado en 1650 por el arzobispo de Armagh (Irlanda), James Ussher.
El estudio, que se aceptó durante siglos, ubicaba el nacimiento del Universo en el 23 de octubre del 4004 a.C. al mediodía y el de Cristo, paradójicamente, en el 4 a.C. (cosa probablemente cierta, ya que en ese año murió Herodes, quien quiso matar al recién nacido).

Ussher también interpretó de las sagradas escrituras que el regreso del hijo de Dios se daría 2000 años después de su primer nacimiento y en coincidencia, justamente, con el fin del mundo.
Pero el 23 de octubre de 1996 al mediodía, 6000 años después de su supuesto surgimiento, el Universo no desapareció.
El caso Ussher, en el que se aplicó una lógica inapelable a la Biblia, no es el único vaticinio fallido del fin del mundo. En los últimos siglos, con el surgimiento de un paradigma científico, los apocalipsis pasaron a tener una base un poco más verosímil, pero conclusiones forzadas.

Por ejemplo, en mayo de 1910, durante el último acercamiento del cometa Halley, hacía mucho que los astrónomos habían previsto que su “llegada” no revestiría el más mínimo peligro.
Sin embargo, ante la falta de certeza absoluta sobre lo que iba a ocurrir, un imposible científico, corrieron titulares insistentes que sostenían que la Tierra atravesaría su larga cola de gas cianuro y la humanidad moriría.
Incluso algunos precursores vieron el negocio en el miedo ajeno y vendieron píldoras para evitar la muerte por asfixia.
La combinación entre un método científico que no puede asegurar que tal o cual cosa ocurrirá sino que en el mejor de los casos puede prever probabilidades y un periodismo que ve en la más improbable de ellas un titular atractivo, puede ser explosiva.

Que un asteroide tenga una posibilidad en un millón de chocar contra nuestro planeta permite, sin faltar a la verdad (aunque sí a la ética) titular “Cometa podría chocar contra la Tierra” y asegurar unos cuantos oyentes/lectores/televidentes extra, objetivo fundamental e irresistible para los medios.

A su vez hay quienes gustan de sembrar miedo para cosechar poder y dinero.
Por otro lado parece evidente que el atractivo por los apocalipsis tiene una profunda raíz psicológica y social que permitió, por ejemplo, que algunas personas salieran despavoridas a la calle sin hacer más preguntas cuando Orson Welles anunció una falsa invasión marciana por radio.

Como sea, más allá de que los apocalipsis tuvieron bastante buena prensa a lo largo de la historia, muy pocos ocurrieron y ninguno, obviamente, lo hizo con una intensidad definitiva.
Un breve repaso por algunos de los mentados apocalipsis, que en algunos casos supieron ganar kilómetros de titulares, puede inmunizar con un poco de sentido crítico a los lectores… al menos por unas semanas.

Y2K: El año que no estuvimos en peligro
Seguramente quienes hayan usado una computadora en 1999 puedan evocar en alguna medida el miedo que generaba una pequeña sigla: Y2K.
Los más memoriosos recordarán que así se llamó al “Bug del año 2000”, el primer anuncio milenarista en formato digital. Los “expertos” explicaban que los chips de prácticamente todas las máquinas, desde las cafeteras hasta las computadoras de los bancos, almacenan sólo los dos últimos números del año.

Por eso, una vez comenzado el 2000, para ellas en realidad se retrocedería al 1900, generando un caos que llevaría a la bancarrota a los países, a un sinnúmero de accidentes aéreos por fallas en los controles, hectolitros de café quemado y muchos otros males.
Para darse una idea de la seriedad que se daba al tema se puede recordar que en octubre de 1999 en el Senado de los Estados Unidos se especulaba sobre el riesgo de visitar el extranjero a principios de 2000, mientras que un miembro de la Secretaría de Defensa de ese país aseguraba que “el problema del Y2K es el equivalente electrónico de El Niño y habrá sorpresas desagradables alrededor del globo”.
La paranoia prendió tan fuerte que diarios de todo el mundo relataban sobre quienes almacenaban comida, previendo el enloquecimiento de las máquinas de las fábricas de pastas y los bancos que gastaban cientos de millones de dólares para reparar sus sistemas.

En el barrio, en cambio, todo pareció seguir como antes. En realidad, lo más preocupante que pasó el 1º de enero de 2000 fue que Meteo France, el servicio meteorológico nacional de Francia, mostró en una de sus páginas web el pronóstico para el 01/01/19100.
Difícil es saber si la escasa envergadura de los problemas se debió al excelente manejo preventivo de los informáticos o a que el problema en realidad creció de la mano de la atracción mediática por los apocalipsis y del negocio que generaban los paranoicos.
Por lo pronto, lo que sí se sabe es que países como Italia, Rusia o China, que prácticamente no tomaron medidas contra el Y2K, gozaron de sistemas tan saludables como los Estados Unidos, donde las consultoras embolsaron miles de millones de dólares “resolviendo” el defecto.

En la boca del miedo
En las últimas décadas, los títulos catástrofe que anunciaban o al menos insinuaban el fin de la humanidad llegaron sobre todo de la mano de las epidemias.
Una de las primeras, anunciada con bombos y platillos, fue la del ébola. La enfermedad se detectó por primera vez en 1976, en Zaire, a orillas del río Ebola, pero alcanzó su verdadera categoría de apocalipsis con algunos titulares a fines de los ‘80 cuando 100 monos llegaron a Estados Unidos infectados de una nueva cepa de la enfermedad que finalmente no afectaba a humanos.

Su reputación la redondearon varias películas (como Outbreak con Dustin Hoffman), libros (uno del best seller Tom Clancy llamado Executive Orders) e incluso videojuegos.
A casi 30 años de su aparición, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha verificado 1287 casos fatales de la enfermedad, todos ellos en Africa.
Los menos memoriosos pueden no recordar al Ebola, pero seguramente sí podrán evocar algún recuerdo sobre esta sigla: SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo).
Se trata de una forma de neumonía que puede llegar a ocasionar la muerte.
En febrero de 2003, en el sur de China, un vendedor de pescado se sintió mal y fue llevado al hospital donde contagió a 90 miembros de su personal.

Uno de los médicos luego se alojó en un costoso hotel de Hong Kong de esos donde se hospedan ejecutivos de todo el mundo. Como resultado el SARS llegó rápidamente a Vietnam, Singapur, Irlanda, Estados Unidos y Canadá.
La primera enfermedad de la globalización en tiempo real hacía irrupción en el mundo, una noticia de un atractivo irresistible que inundó los diarios de todos los rincones, incluso la Argentina.

La respuesta fue el aislamiento de los pacientes, un control exhaustivo de los vuelos que venían del sudeste asiático, el traslado del Mundial de Fútbol femenino que se iba a jugar en China en 2003 a los Estados Unidos, una buena dosis de paranoia y menos de 300 muertes comprobadas por la OMS, posiblemente porque los controles fueron terriblemente efectivos o, tal vez, porque en realidad la enfermedad no implicaba un riesgo tan profundo como el que se presagiaba.
Cabe aclarar que si bien 300 muertes en rápida sucesión indican un potencial peligro, puestas en perspectiva están muy lejos de alcanzar a realidades concretas como la que provoca la malaria, una epidemia que mata a 3 millones de personas por año en el mundo (en 13 años terminaría con los argentinos, por dar un ejemplo).

Existen medicamentos razonablemente efectivos para tratar y prevenir la malaria, pero los pacientes viven en las zonas más pobres del mundo, lo que les quita atractivo como negocio y los medios ya no lo consideran noticia.
Pero la estrella más reciente ha sido sin duda la gripe aviar, a la que la OMS ha atribuido 157 muertes humanas comprobadas, pero que ha generado millones de dólares para los laboratorios que venden las vacunas a países que compiten por hacerse un stock preventivo.
Pocos recuerdan ya al “mal de la vaca loca” o encefalopatía espongiforme bovina que con sus menos de 200 casos, que ocurrieron en el corazón de Europa (sobre todo en Reino Unido), ha logrado generar cambios alimentarios en el continente como el abandono masivo de carnes rojas o el aumento abrupto del vegetarianismo.

Pero el apocalipsis no sólo viene de agencias de prensa internacional.
En la Argentina pareció por un tiempo que llegaría de la mano de las ratas que transmiten el hantavirus, una enfermedad pulmonar con complicaciones cardíacas.
Su particularidad, como la de la mayoría de estas enfermedades, es su rápida expansión: unos minutos en el mismo ambiente que ratones infectados puede desencadenarla y fue en la Argentina donde se reportaron los primeros casos de transmisión de persona a persona.
Ya existían antecedentes del hantavirus en otros lugares del mundo, pero su nombre asaltó los titulares a partir de 1995, cuando en El Bolsón se inició una epidemia. Incluso una variedad nueva, el hantavirus Andes, hizo suponer que sería más difícil aún encontrar una cura.

En total se detectaron menos de 100 casos confirmados con casi un 50 por ciento de mortalidad. Mientras tanto, el mal de Chagas, con el que tanto se machacó a los escolares de los años ‘80 pero que actualmente parece sumido en el olvido, ha infectado a unas 2 millones de personas.
Cerca de un tercio de los afectados tiene síntomas y un quinto muere por problemas cardíacos, pero la enfermedad sigue invisible para los medios más grandes, los cuales se especializan en un público urbano y de clase media.

Mensajeros del fin
Del cielo también llegan, con cada vez menos credibilidad, anuncios del fin del mundo.
Los protagonistas suelen ser presentados con un titular dramático e irresistible para cualquier lector con un mínimo sentido de la curiosidad: “Asteroide rozará la Tierra”.

Más abajo se detalla que “si impacta sobre la Tierra, la vida desaparecerá instantáneamente”, aunque sobre el final se aclara que la NASA o algún otro organismo espacial “aseguró que pasará a 40 mil km de distancia, una distancia que a escala cósmica es insignificante” o que “según los expertos las posibilidades de colisión son de 1 en 900 mil”.
Ese es el caso del 2004 MN4 que en febrero de 2005 levantó algunos titulares que indicaban que tenía el tamaño de “3 canchas de fútbol” y podía impactar sobre la Tierra… en 2029.
Una vez atraído el ojo del lector, se aclaraba que los estudios más precisos indicaban que ese año, en realidad, lo más probable es que transite entre la Tierra y la Luna, a unos 36 mil km del humano más cercano.

El tiempo de anuncio de estas visitas permite, por suerte, preparar una recepción.
Por ejemplo, se espera que el asteroide Apofis, de cerca de medio kilómetro de ancho, pase cerca de la Tierra entre los años 2024 y 2028, por lo que la NASA anunció que si para 2013 sigue habiendo alguna posibilidad de colisión empezará a estudiar cómo desviarlo.
Tampoco fueron escasos los medios que optaron por hablar de “marcianos”, con la carga de toneladas de ciencia ficción que tiene la palabrita, a la hora de mencionar que había alguna posibilidad de que se encontraran bacterias congeladas en rocas de Marte, insinuando que, tal vez, al experimentar con ellas revivieran y que… cuestiones todas que la mayoría de los científicos calificaba de una probabilidad casi inexistente.

Una parte del periodismo eligió quedarse con el “casi”.

Solitario y final
Lo único seguro es que la Tierra algún día desaparecerá, pero las probabilidades de que lo haga de forma espectacular y repentina no son tantas.
Una posibilidad es una guerra atómica que termine con la humanidad, pero que difícilmente logre hacer lo mismo con todas las formas de vida. El calentamiento global, la más simple contaminación, la falta de agua potable o algún otro fenómeno, son candidatos también probables.
En cambio las enfermedades difícilmente lleguen a tener la capacidad de poner en peligro a toda la humanidad: una de los peores casos fue el de la peste negra del siglo XIV, que en sucesivas oleadas se cree llegó a matar un tercio de una población europea mal alimentada y sin antibióticos.

Otras catástrofes naturales como los terremotos, tsunamis, inundaciones, olas de calor y sequías difícilmente logren tener un alcance mundial; pueden a lo sumo, y cuando afectan a millones en el tercer mundo o a unos pocos ciudadanos de los países con medios de comunicación transnacionales, alcanzar reputación global.
En el mejor de los casos la fecha de caducidad cierta del planeta y probablemente de nuestra especie junto a él, es el final del Sol dentro de 5000 millones de años, un espectáculo que de tener testigos humanos no sólo será impresionante por sí mismo sino también porque demostrará que ningún apocalipsis de manufactura propia o ajena ha logrado terminar con las mujeres y hombres de este maltratado planeta.

Pensamientos

Por: Robert Ingersoll

 

Entonces me dicen:

“¿Qué propone usted?

Usted ha destruido esto, ¿qué nos propone para reemplazarlo?”
No he destruido lo bueno. Sólo me he esforzado para salir con paso firme de los fuegos crueles e ignorantes del infierno. No destrocé el pasaje “Dios será misericordioso con el misericordioso”. No destruyo la promesa “Si perdonas a otros, Dios te perdonará”. Por nada del mundo macularía la más débil estrella brillando en el horizonte de la desesperación humana, ni en el cielo de la esperanza humana, pero haré lo que pueda para remover esa sombra infinita del corazón del hombre.

“¿Qué propone en lugar de esto?”

Bien, en primer lugar, propongo un espíritu de paz y concordia: hacer buenos amigos en todas partes.

No importa en qué creamos, estrechemos nuestras manos y dejémoslo así. Esta es tu opinión, ésta es la mía: seamos amigos.
La ciencia crea amigos; la religión y la superstición crean enemigos.

Se dice: “Creer es importante”.

Yo digo: No, son importantes las acciones. Juzga por los actos, no por las creencias. Paz y concordia, buenos amigos, hombres y mujeres sinceros, tolerancia mutua, surgida del respeto mutuo… No creo en el perdón como lo predica la iglesia. No necesitamos el perdón de Dios, sino el de los otros y el nuestro.

Si le robo al señor Smith y Dios me perdona, ¿en qué ayuda eso al señor Smith? Si yo, calumniando, cubro con la lepra de algún crimen a alguna pobre niña, y ella se marchita como una flor en decadencia y luego yo obtengo el perdón de Dios, ¿en qué la ayuda eso? Si hay otro mundo, tendremos que compensar a la gente que hemos perjudicado en éste. No hay convocatorias de acreedores allí. Hay que pagar cada centavo… En esto creo. Y si me trae problemas, lo sostendré, y me afirmaré en mi lógica, y lo aceptaré como un hombre.

Y también creo en el evangelio de la Libertad, en dar a otros lo que pedimos para nosotros.

Creo que hay lugar en todas partes para el pensamiento, y mientras más libertad demos, más libertad tendremos. En libertad, la extravagancia es economía.

Seamos justos. Seamos generosos el uno con el otro…

Dicen: “¡Ah!, pero eso no alcanza. Debe usted creer”.

Yo digo: No. Mi evangelio de salud traerá vida. Mi evangelio de inteligencia, mi evangelio de buen vivir, mi evangelio de concordia cubrirá al mundo de hogares felices. Mi doctrina pondrá alfombras en sus pisos, cuadros en sus paredes. Mi doctrina pondrá libros en sus repisas, ideas en sus mentes. Mi doctrina librará al mundo de los monstruos anormales nacidos de la ignorancia y la superstición. Mi doctrina nos dará salud, bienestar y felicidad.

Esto es lo que quiero. En esto creo. Démosnos inteligencia. En poco tiempo un hombre descubrirá que no puede robar sin robarse a sí mismo. Descubrirá que no puede asesinar sin asesinar su propia felicidad. Descubrirá que cada crimen es un error…

Me dicen: “Ah, pero eliminas la inmortalidad”.

No lo hago. Si somos inmortales, eso es un hecho natural, y no se lo debemos a los sacerdotes, y no puede ser destruido por el descreimiento. Mientras amamos esperamos vivir, y cuando muere el ser amado, diremos: “Espero que podamos encontrarnos de nuevo”, y lo hagamos o no, no es obra de la teología.
Será un hecho de la naturaleza.
Por mi vida, no destruiré un ápice de la esperanza humana, pero quiero que, cuando una pobre mujer mece la cuna y canta un arrullo al adorable niñito de los hoyuelos, no se la haga creer que noventa y nueve veces de cada cien está criando astillas para arder en el infierno.
“Hay mal bastante para un día”, y yo digo: “Hay mal bastante para un mundo”.

Y supongamos que, después de todo, la muerte es el fin. Cercano al goce eterno, cercano a estar para siempre con los que amamos y nos han amado, cercano a ello, está el ser envuelto en el lienzo sin sueños de la paz eterna.

Cerca de la vida eterna está el sueño eterno. En las costas sombrías de la muerte, el mar de los problemas no agita ninguna ola. Los ojos que han sido cubiertos con la oscuridad permanente no volverán a conocer jamás el roce ardiente de las lágrimas. Los labios rozados por el silencio eterno no volverán a emitir jamás las quebradas palabras de la congoja. Los corazones de polvo no sufren. Los muertos no lloran. Dentro de la tumba no yacen penas veladas y sollozantes, y en la penumbra sin luz no se esconde ningún tembloroso temor. Prefiero pensar que aquellos que he amado y perdido han vuelto a la tierra, se han convertido en una parte de la riqueza elemental de la tierra.

Prefiero pensar en ellos como polvo inconsciente, prefiero soñar con ellos gorgoteando en las corrientes, flotando en las nubes, estallando en espuma de luz en las costas de los mundos, prefiero pensar que son las visiones perdidas de una noche olvidada, antes que tener el más mínimo temor de que sus almas desnudas han sido atrapadas por un dios ortodoxo.
Dejaré a mis muertos donde los deja la naturaleza.
Atesoraré cualquier flor de esperanza que florezca en mi corazón, le daré aliento con mis suspiros y la regaré con mis lágrimas.
Pero no puedo creer que haya algún ser en el universo que haya creado el alma humana para el dolor eterno.
Antes preferiría que cada dios se destruyera a sí mismo; preferiría que todo se convirtiera en caos eterno, en noche negra y sin estrellas, antes que siquiera un alma sufriera agonía eterna. He decidido que si hay un dios, será misericordioso con los misericordiosos.

Sobre esa roca me afirmo.

Que no torturará a los que perdonan.

Sobre esa roca me afirmo.

Que cada hombre debe ser fiel a sí mismo, y que no hay mundo, no hay estrella, donde la honestidad sea un crimen.

Sobre esa roca me afirmo.

El hombre honesto, la mujer buena, el niño feliz, no tienen nada que temer, en este mundo o en el venidero.

Sobre esa roca me afirmo.

 

 

Crítica a los escépticos

Por: Eric McMillan

Traducido por Ricardo Montanía

Los escépticos; ¿No saben nada? o, ¿Lo saben todo?

Hay varias acusaciones hechas constantemente a los escépticos. Las principales en mi experiencia son estas dos

1. Los escépticos no creen en nada.
2. Los escépticos piensan que saben todo.

Extrañamente estos cargos suelen provenir de las mismas fuentes.
El segundo cargo, que pensamos saber todas las cosas, suele ser puesto en otras palabras- que somos de mente cerrada a otros puntos de vista.
Que pensamos que nuestros métodos y filosofía nos han proveído de todas las respuestas.

Bien, permítanme hacer una pequeña confesión.

Somos de mente cerrada algunas veces.

Tenemos fe ciega en nuestros métodos muchas veces .

Algunas veces pensamos que lo sabemos todo.

Pero cuando actuamos así, no estamos siendo muy buenos escépticos.
Somos humanos y falibles y algunas veces fallamos así. Pero nuestro escepticismo no apoya esta clase de mentalidad. Existe una simple respuesta a ambos conceptos, el Escepticismo moderno del tipo que postulamos no está basado en tener un conjunto de creencias.
No hay credo, plataforma o línea que se pueda establecer como apropiada en el sentido de ser un escéptico. Solamente existe UN METODO y este método es el de la duda y la evaluación de evidencias, de examinar críticamente lo que se nos presenta como creencias a ser creídas y prácticas a ser practicadas.

Creyentes
Muchos escépticos sienten que hay suficiente evidencia y razones para justificar creer en una amplia variedad de cuestiones.
Dudo que haya un solo escéptico quien no crea en unos cientos de cosas. Se pueden encontrar escépticos que creen en Dios, mientras otros son ateos. Hay escépticos que creen que el universo está palpitante de vida extraterrestre y también unos pocos que dudan que haya muchas otras formas de vida tecnológicamente avanzadas en el universo. Se puede encontrar una variedad de posiciones políticas y diversidad de opiniones en asuntos sociales que son mantenidas por los individuos en las organizaciones escépticas.

También hay muchas creencias mundanas que son necesarias para que la gente pueda afrontar el día a día. Creemos que la gravedad continuará operando, que nuestros zapatos estarán donde los dejamos cuando nos los sacamos anoche, que nuestros seres queridos no han sido reemplazados por ingeniosos robots.
Algunos escépticos Paraguayos creen que el Club Cerro Porteño ganará alguna vez la copa Libertadores de América, (lo han hecho por muchos años). Sin embargo, es cierto que no se encontrarán muchos escépticos que crean que los extraterrestres han creado los círculos en los sembradíos, que existe el “Pie Grande” que los tumores pueden curarse por cirugía síquica, o que John Edward realmente comunica mensajes de los muertos.

Pero la razón por la cual no se encuentran esta clase de escépticos, no es sin embargo porque exista algún tipo de prohibición al respecto.

Más bien esto es porque existe un montón de fuertes evidencias que desacreditan totalmente estas creencias, que los escépticos han considerado.

Si alguien tiene alguna nueva evidencia o razones para apoyar estas creencias o prácticas, entonces los escépticos estarían encantados de verlas y, quién sabe?, quizás los convenza.

El escepticismo moderno no propugna ninguna creencia en particular, es una aproximación que conduce a tener creencias. Se puede afirmar que un requerimiento del escepticismo, aunque quizás requerimiento es una palabra muy fuerte, que;

LOS ESCÉPTICOS ESPERAN UNOS DE OTROS ES MANTENER LAS MENTES ABIERTAS Y ESTAR PREPARADOS PARA CONSIDERAR LAS EVIDENCIAS A FAVOR Y EN CONTRA

Quizás la palabra clave para los escépticos y sus organizaciones es la expresión“PENSAMIENTO CRITICO” que fue creada para sacar énfasis a la palabra ESCÉPTICO que tiene connotaciones negativas para mucha gente.

¿Escépticos del escepticismo?

Esto trae a colación una tercera mal interpretación o acusación que es usualmente oída.
La gente pregunta;

“Ah! …pero ustedes ¿son escépticos acerca del escepticismo?….

¿Somos escépticos del propio método científico?
La respuesta se puede ver en la mayoría de los estatutos de las organizaciones racionalistas donde se puede leer que están abocados a la constante evaluación del proceso científico como método para establecer la verdad.

Se preguntará entonces ¿cómo se puede sostener lo anterior y aún así apoyar el uso del método científico para evaluar las afirmaciones paranormales o de las seudo ciencias?.
Esto está implícito en la famosa cita de Carl Sagan; No hay otra especie en la tierra que haga ciencia, Esta es una creación enteramente humana, evolucionada por selección natural en la corteza cerebral por una simple razón, …funciona. No es perfecta. Puede ser mal usada. Es sólo una herramienta. Pero es y de lejos, la mejor herramienta que tenemos, auto correctiva, funcional, aplicable a todas las cosas. El método científico, es el mejor, el más potente, la más creíble herramienta disponible.

Nada más ha sido tan efectivo, nada trajo a la humanidad tanto entendimiento del mundo o lo han hecho avanzar tanto. Sin embargo, si hay algún defecto acerca de esta aproximación, queremos saberla de manera a mejorar nuestro trabajo.
O, incluso mejor, si existiera algún método más efectivo, nos encantaría escuchar acerca de él. Debemos señalar cuan difícil sería esto sin embargo. Para probar que otro método es mejor que la ciencia y el escepticismo, se deberán presentar comparaciones de resultados.

Se deberá abrir la mente a nuevas hipótesis, revisar y volver a revisar los estudios y determinar qué produce los mejores resultados.

¿Y como se llama ese proceso?….. ¡Exacto! La aproximación escéptica y el método científico.

 

Nuestra Ética Sexual

Por: Bertrand Russell

La sexualidad, más que ningún otro aspecto de la vida humana, sigue siendo abordada de modo irracional aún por la mayoría de nosotros.
El homicidio, la peste, la locura, el oro y las piedras preciosas (todas esas cosas, en fin, que son objeto de la esperanza y las pasiones humanas) han sido contemplados en el pasado con ojos mágicos o mitológicos.
El sol de la razón ha logrado ya disipar muchas zonas nebulosas, pero no ha alcanzado aún algunos rincones. Los nubarrones más densos se concentran en el terreno de la sexualidad, algo que tal vez sea bastante comprensible si consideramos que el sexo es un aspecto que despierta las pasiones de la mayoría de las personas.

Pero cada vez es más evidente que las circunstancias actuales del mundo están provocando un cambio en la actitud de la gente hacia el sexo.
No se puede prever con certeza qué cambio o cambios van a producirse, pero sí podemos distinguir algunas de las fuerzas que ahora están actuando y discutir los posibles resultados que pueden provocar en la estructura de la sociedad.

En lo que respecta a la naturaleza humana, no puede asegurarse que sea imposible implantar una sociedad en la cual haya muy poco trato sexual fuera del matrimonio; sin embargo, en la vida moderna sería muy difícil conseguir las condiciones necesarias para alcanzar ese objetivo.

Consideremos cuáles son.

Un factor esencial que favorece la monogamia es la inmovilidad en una zona donde haya pocos habitantes. Si el hombre no tiene apenas ocasiones de salir, y rara vez ve a otra mujer que no sea su esposa, le resulta fácil ser fiel; pero si viaja sin ella o vive en una ciudad populosa, le será proporcionalmente mucho más difícil.

Otra influencia para lograr la monogamia es la superstición; quienes creen sinceramente que el pecado lleva al castigo eterno pueden intentar evitarlo, y lo consiguen hasta cierto punto, aunque no tanto como podría esperarse.

El tercer factor que favorece la virtud es la opinión pública; en las sociedades agrícolas, donde los vecinos saben todo lo que uno hace, hay motivos poderosos para no romper los convencionalismos.

Pero hoy en día estos motivos tienen mucha menos fuerza de la que solían tener: la gente no vive tan aislada, la creencia en el fuego del infierno ha ido desapareciendo y en las grandes urbes nadie sabe lo que hace su vecino.
De modo que no es tan sorprendente que, tanto los hombres como las mujeres, sean menos monógamos de lo que eran antes de la moderna era industrial.
Algunos afirmarán que, aunque un numero cada vez mayor de gente deje de observar estas leyes morales, eso no es motivo para que nosotros también alteremos nuestras normas, ya que de por sí ese código ético es igual de bueno, aunque se haya hecho más difícil de cumplir.

Yo respondería que un código ético es bueno o malo según fomente o no la felicidad humana.

Muchos adultos conservan en lo profundo de sus corazones las enseñanzas que recibieron en la niñez y se sienten pecadores cuando sus vidas no siguen el rumbo que les fue indicado en la escuela dominical. El daño que se produce no es únicamente la escisión que provoca entre la personalidad razonable consciente y la personalidad infantil inconsciente; reside también en el hecho de que, junto con las partes no válidas de la moral tradicional, se desacreditan también los aspectos válidos, y se llega a pensar, por ejemplo, que si el adulterio es excusable lo son también la ociosidad, la deshonestidad o la crueldad.

Este peligro está estrechamente relacionado con un sistema que enseña a los jóvenes un conjunto de creencias que tienen que desechar en bloque cuando son adultos; cuando entran en la fase de rebeldía social y económica es muy probable que desechen tanto lo bueno como lo malo.
El conflicto que existe entre los celos y la tendencia a la poligamia es una de las principales dificultades para alcanzar una ética sexual viable.
No hay duda de que los celos, aunque tengan algo de instintivo, son convencionales en muy alto grado.
En los grupos humanos donde el hombre es objeto del ridículo social si su mujer le es infiel, el marido se sentirá celoso aunque no la quiera.
De este modo, los celos van íntimamente unidos al sentido de propiedad, y disminuyen cuanto más se carece de dicho sentido; si la fidelidad no fuera convencional, los celos serían menos frecuentes.

Las dimensiones del Pensamiento Crítico

Por: Ricardo Montanía

ADAPTADO DEL SKEPTICAL INQUIRER

Los racionalistas, en general, consideran al pensamiento crítico como una de las herramientas más importantes para el análisis de las diferentes situaciones, se intenta por tanto aquí hacer algunas clarificaciones acerca de Que Es y Que No Es el pensamiento crítico.

Aunque no se debería pontificar acerca de una definición de Pensamiento Crítico, sin embargo, es buena aquella que dice lo siguiente: “El Pensamiento Crítico es el uso de las habilidades racionales, cosmovisión y valores para llegar tan cerca como sea posible a la verdad.

Es decir, consta de tres dimensiones esenciales, habilidades, cosmovisión y valores.

Las Habilidades racionales

Las habilidades críticas consisten en las operaciones cognitivas de alto nivel envueltas en el procesamiento, antes que en la simple absorción, de la información; analizar, sintetizar, interpretar explicar,  evaluar, generalizar, abstraer, ilustrar, comparar y reconocer falacias lógicas.

Esta parece ser la dimensión que la mayoría de la gente tiene en mente cuando habla de Pensamiento Crítico, en general, esto puede ser enseñado y se enseña en la mayoría de las escuelas, colegios y universidades en mayor o menor grado y de acuerdo a las deficiencias o excelencias de cada uno de ellos, pero esto sólo no basta para aquel que se define como un pensador crítico, tener estas habilidades por si solas no es suficiente, pues uno puede ser excelente en el razonamiento mientras falla en las otras dimensiones del pensamiento crítico, lo cual no es poco común.

Una concepción mas completa del pensamiento crítico, que incluya la cosmovisión y los valores, sin embargo, es más difícil de enseñar y sobre todo más peligrosa que aquella que sólo hace énfasis en el razonamiento lógico.

El reconocimiento que el mundo no es a menudo lo que parece es quizás la característica dominante de la cosmovisión del pensador crítico.

Desde esta perspectiva, el mundo es un lugar intrínsecamente engañoso.

Esta cosmovisión va más allá de los aspectos tradicionalmente sospechosos, como los anuncios en la TV o los círculos en los campos de maíz y amplia su visión de la naturaleza engañosa del mundo incluyendo cuestiones como:

1. Muchas veces somos inconscientes de los apremios impuestos a nuestro pensamiento por las fuerzas sociales, eso sin mencionar las fuerzas genéticas dentro de nosotros.

2. Algunos aspectos del mundo social parecen naturales, pero son realmente invenciones humanas. Y viceversa.

3. Los roles sociales que desempeñamos, muchas veces, moldean no sólo nuestro comportamiento sino nuestra propia identidad.

4. Somos a menudo ignorantes de nuestra ignorancia. Y cuanto más incompetentes somos, más probable es que sobreestimemos nuestra capacidad.

5. Es normal que cosas aparentemente contradictorias ocurran juntas.

6. Todas las cosas buenas tienen costes. Muchas cosas malas tienen ventajas.

7. Los hechos aparecen con frecuencia como blancos o negros cuando, en realidad, son generalmente grises.

8. Confundimos continuamente trozos de verdad con la verdad completa

9. Las verdades parciales pueden ser tan engañosas como las mentiras.

10. Es más probable que seamos engañados por la gente que cree sinceramente en lo que dice, que por los mentirosos.

11. El autoengaño puede ser un problema incluso más grande que el engaño por otros.

En fin, puesto que es tan fácil percibir mal la realidad, un pensador crítico está poco dispuesto tomar las cosas como se le presentan, sospecha de las certezas, no se adecua a la sabiduría convencional (o poco convencional) y es desconfiado de las fachadas y de las ideologías que sirven como cosméticos de la vida social.

Es decir, los pensadores críticos son necesariamente escépticos
.

El escepticismo se puede resumir como:

1. Los escépticos no creen fácilmente. Han pasado la credulidad infantil (Dawkins 1995) a un nivel de credulidad menor que el que poseen la mayoría de los adultos

2. Cuando los escépticos toman una posición, lo hacen en forma provisional.
Entienden que su conocimiento en cualquier tema es falible, incompleto y pasible de cambio.

3. Los escépticos no adhieren a ninguna “vaca sagrada”. Ven a las ortodoxias como enemigas mortales del pensamiento crítico.

Convencer a la gente de que subestima el hecho que las cosas no son siempre lo que parecen, requiere una amplia gama de ejemplos tales como éstos:

* Desde el principio, el SIDA se ha exagerado como amenaza significativa para los heterosexuales en los EE.UU.

* Es más que aventurado afirmar que Abraham Lincoln estaba fuertemente dedicado a los problemas de igualdad social entre los blancos y los negros.

* Martin Luther King Junior, engañó en su disertación doctoral y también a su esposa.

* Perdemos el amor menos a menudo a nuestros hijos que a nuestros amantes / esposos porque nuestros hijos llevan nuestros genes.

* Aunque los profesionales del asesoramiento en la industria y la educación  lo asumen como cierto, la autoestima no ha demostrado causa y efecto en relación con los resultados académicos y del comportamiento.

* Las pruebas de inteligencia se relacionan con muchos resultados académicos, ocupacionales, económicos y del comportamiento y es substancialmente heredable.

* No es nada claro que el abuso sexual del niño produce efectos devastadores y duraderos en casi todas sus víctimas.

* Los estudios han encontrado que muchos estereotipos del género contienen algún elemento de verdad.

* Puede haber avistamientos creíbles de OVNIS que la ciencia no puede actualmente explicar.

* Solamente la suerte hizo que la 46° palabra del principio del salmo 46 (en Ingles) fuera “shake” (“sacudida”) y la 46° palabra desde el final fuera”Spear” (“lanza”) en la biblia del rey James que fue publicada en el año en que Shakespeare cumplió 46 años (Myers 2002).

El desarrollar el pensamiento crítico perturba fuertemente las presunciones fundamentales de las personas, es de esperar que muchos se sientan ofendidos y molestos ante esto, pero aun falta mencionar el tema de los valores.

La dimensión de los valores.

Imaginemos a un Juez que tenga a su cargo impartir justicia en un caso tan terrible como el del incendio del supermercado Ycua Bolaños, en Asunción Paraguay, donde en un incendio murieron unas 400 personas el 1 de agosto de 2.004.

Se presentan ante él las fotos de los quemados, las filmaciones, los muertos …..el horror, los llantos de los familiares de las victimas y al abogado acusador explicando con todo detalle las culpabilidades del caso. A continuación, el Juez deberá realizar una proeza notable, “escuchar a la defensa en forma igual de perceptiva y desprejuiciada a como hizo con la parte acusadora”.
Para ello necesitará mas que buenas habilidades racionales y un robusto escepticismo apropiado para escuchar a dos abogados en pleno duelo, necesitará, también, cierto sistema de valores que lo motivarán para realizar las difíciles tareas necesarias para alcanzar un veredicto honesto.

Aún a una persona principista, toma tiempo forzar a un lado sus suspicacias y preferencias personales para poder determinar si la acusación ha probado su caso debidamente.
Tal cual el juez honesto, el pensador crítico ético confía en el concepto de la duda procesal-intelectual como la mejor manera de aumentar la probabilidad de encontrar la verdad. Este código de conducta requiere una gran atención a las ideas expuestas para poder dar un veredicto informado y razonado. Los rasgos requeridos para una persona así son algunos tales como estos:

* Estar poco dispuesto a subordinar su pensamiento a ortodoxias que exigen ser admitidas in-totum (en su totalidad) a riesgo de ser acusados de herejía.

* Rechazar el negar méritos a una determinada idea aunque esta pueda parecer repugnante y se corra el riesgo de aparecer como inmoral.

* Ser capaz de decir “no sé”, aun a costa de aparecer como falto de inteligencia.

* Estando dispuesto a juzgar el valor de verdad de las ideas patrocinadas por los grupos demográficos y culturales a los cuales uno no pertenece, bajo el riesgo de ser acusado de prejuicioso.

* Estando dispuesto a cambiar de opinión, a riesgo de aparecer caprichoso

* Estando abierto a opiniones adversas, a riesgo de parecer desleal

* Teniendo un claro conocimiento de los límites y falibilidad de su conocimiento, a riesgo de aparecer temeroso o con baja autoestima. En fin, este aspecto del pensamiento crítico puede ser el más difícil de todos.

Las ideas que sostienen al proceso intelectual adecuado pueden requerir más integridad, humildad, tolerancia a la incertidumbre y valor que el que la mayor parte de nosotros puede encontrar fácil de asumir.

Ventajas
El pensamiento crítico ¿Vale lo que cuesta?

Considérese por un momento cuán costoso puede ser el pensamiento acrítico.

Jay Gould, llama la atención sobre dos potenciales humanos que, juntos, considera “la más potente conjugación de valores para el bien que nuestro planeta haya conocido jamás”.

Solamente dos escapes posibles pueden librarnos de la mutilación organizada que el lado oscuro de nuestras potencialidades humanas nos depara aquel que nos ha dado cruzadas, cazas de brujas, esclavitud y holocaustos.
El primero es la decencia moral que proporciona un ingrediente necesario, pero no suficiente.

El segundo elemento debe venir del lado racional de nuestra mentalidad. A menos que rigurosamente utilicemos la razón humana, saldrán las fuerzas espantosas de la irracionalidad, del romanticismo, de la creencia “verdadera” inflexible y del fatalismo que resultan de las masas.

El escepticismo es el agente de la razón contra la irracionalidad organizada y es por lo tanto una de las llaves a la decencia social y cívica del ser humano.
Según esta llamativa declaración, el pensamiento crítico es uno de los recursos más importantes que una sociedad podría desarrollar.
Esto es porque las malas cosas no emanan solamente de la mala gente.
Las malas cosas pueden también ocurrir debido al pensamiento equivocado de la gente decente.
Además de los peligros de un mal pensamiento, el peligro verdadero se da cuando es aceptado por el entendido y perdonado por el sincero que tiene poco más que la comprensión de un niño de lo que exige el debido proceso intelectual.

Es probable que haya una relación importante entre el pensamiento crítico, definido ampliamenteç y la democracia en sí misma.

El jurista americano Hand describió esta conexión como sigue:

La libertad yace en los corazones de hombres y mujeres; cuando allí muere, ninguna constitución, ninguna ley, ninguna corte, puede preservarla.

El espíritu de libertad es el espíritu que no está demasiado seguro de estar en lo correcto; el espíritu de libertad es el espíritu que intenta entender las mentes de otros hombres y mujeres; el espíritu de libertad sopesa su interés y el de los demás sin estar predispuesto en algún sentido.

Cultivando el pensamiento crítico genuino, consolidamos los soportes cruciales de la democracia (Kuhn 2003). La gente que estima la verdad tiene menos probabilidades de ser engañada por las ideologías que justifican prácticas anti-liberales o prometen soluciones simples.
Además, tales personas reconocen mas probablemente el valor intelectual e ideológico de la diversidad, también entienden que la verdad normalmente viene en pedazos que son poco probables de ser encontrados todos juntos.. Son el mejor contrapeso contra los creyentes de todas las layas. Dentro de una democracia, el mundo social sigue siendo un lugar engañoso, tanto para el sofisticado, como para el inocente.

La tendencia de líderes y de una gran cantidad de ciudadanos a subestimar este hecho es una fuente enorme de miseria humana.

Aquí está un ejemplo.
En su libro y en el de Errol Morris, La Niebla de la Guerra, la secretaria anterior de Roberto S. McNamara secretario de defensa de USA se identifican las equivocaciones en que incurrieron él y otros, lo cual condujo a la calamidad en Vietnam.

Su historia, describe a hombres confiables, sobre todo decentes, que hicieron lo que pensaron que era lo mejor, pero que cayeron presa de una serie de errores que debieran figurar como capítulos de un libro de texto de pensamiento crítico: pensamiento dualista, optimismo a ultranza, ausencia de humildad intelectual, subestimación de la complejidad, pensamiento de grupo, credulidad infantil y adherencia rígida a la ortodoxia.
Éstos eran hombres inteligentes, educados en habilidades lógicas del razonamiento muy por encima del promedio.

Con todo, McNamara encuentra “increíble” que” hayamos fallado en analizar nuestras asunciones críticamente. ”
Quizás los arquitectos de la guerra de Vietnam fallaron porque cayeron en lo qué Thomas Sowell (2002) llama los “shibboleths” como substitutos para el pensamiento crítico.
Un shibboleth, es una creencia que responde al propósito de identificar al creyente con los “chicos buenos”, son figuras prominentes de carácter angélico.

Los Shibboleths, “transforman preguntas sobre hechos, causalidad y evidencia, en preguntas sobre identidad personal y dignidad moral”: Los meros hechos no pueden competir con shibboleths cuando hacen sentir bien a la gente.
Por otra parte, los shibboleths, evitan la cuestión dolorosa de cuan peligroso es tener políticas que afecten a millones de seres humanos sin un conocimiento cuidadoso de los duros hechos que se necesita para entender cuál ha sido ese impacto realmente.

Los Shibboleths son peligrosos, no sólo porque movilizan apoyo político para políticas que la mayor parte de sus partidarios no han deseado, sino también porque estas divisiones de identidad hacen más duro invertir esas políticas cuando resultan ser desastrosas. Como muchas otras formas de pensamiento no-crítico, los shibboleths derivan su poder del hecho de que los seres humanos están diseñados para ser animales sociales, más que para ser buscadores de verdad. Para todos los beneficios sociales del pensamiento crítico, a nivel individual, el pensamiento acrítico ofrece recompensas sociales y psicológicas propias.

Promover el pensamiento crítico
Si las ventajas sociales del pensamiento crítico multidimensional son tan grandes, entonces la tarea de levantar el nivel de tal pensamiento en nuestra sociedad: ¿En hombros de quién descansa?

Thomas Gilovich (1991, 193-194), ha discutido que los científicos sociales, en virtud de su “manera de mirar el mundo, y de los hábitos de la mente que promueven,” están en la mejor posición para educar a otros sobre la importancia de cuestionar nuestras presunciones y desafiar lo que pensamos saber.”
Esto no es especialmente estimulante porque los científicos aparecen como dados a promover ortodoxias, pensamiento deseoso, argumentos ad-hominem y a los shibboleths y a cualquier otro (Horowitz 1996; Berger 2002; Goldberg 2003).

Hojeando en los libros de sociología, encontramos que es difícil tratar de enseñar genuino pensamiento crítico en las ciencias sociales.

Las ciencias “duras”, ¿ lo estarán haciendo mejor?

En primer lugar, la educación científica no está produciendo altos niveles de instrucción científica en la población (National Science Foundation 2004). Además, aparece haber solamente una relación débil entre el conocimiento de la ciencia y la incredulidad en varias formas de absurdo (el Walker y Hoekstra 2002; Johnson y Pigliucci 2004).

Como muchos han observado, enseñamos ciencia como colección de hechos y de teorías sobre cierta categoría de fenómenos, más bien que como sistema de principios para entender el mundo.
Un curso en “ciencia, Pseudociencia, y Contra-ciencia” estimularía un pensamiento crítico más amplio que la típica clase de química 101. Pero el problema es más profundo que esto.
El verdadero pensamiento crítico no es colineal con el buen pensamiento científico.
El pensamiento crítico hace que el pensamiento científico sea proyectado a los hechos de vida diaria, con todas sus demandas y complicaciones.

Esta generalización expansiva del método científico es difícilmente espontánea o evidente en sí misma para la mayoría de la gente.
Así como aprender la verdad sobre Papá Noel no rompe la cosmovisión crédula del niño típico, aprendiendo los principios de la ciencia se puede fácilmente fallar en llegar a la visión extensa de la misma por parte de los estudiantes de ciencia y por tanto de los científicos.
Por sí mismas, las salas de clase de ciencia son una pobre competencia para los poderosos obstáculos existentes para llegar a un altamente desarrollado pensamiento crítico que se encuentran en la vida social humana y en el “cableado”del cerebro humano.

El pensamiento crítico multidimensional no es simplemente un subproducto más.

Debe ser enseñado.

¿Bien, entonces, qué hay sobre la tendencia del “pensamiento critico” que ha impregnado la educación americana a través del plan de estudios en todos los niveles? ¿Estos esfuerzos están teniendo éxito en la consolidación de la calidad del pensamiento crítico en toda la sociedad?
Una vez más, varios indicadores de pensamiento acrítico en nuestra sociedad sugieren no.
Es dudoso que lo que los estudiantes aprendan en esas salas de clase y esos textos haga mucho para modificar sus cosmovisiones y valores con respecto a la verdad.
Una causa primaria de este déficit es la naturaleza antiséptica del “pensamiento crítico” enseñado típicamente a los estudiantes.

O la mayoría de los profesores y los autores no poseen un concepto propio altamente multidimensional del pensamiento crítico, o son renuentes (quizás con buena razón) a acercarse a ese peligroso territorio
El resultado es la enseñanza de un cuasi- pensamiento crítico.
Es ingenuo contar con que la educación en sociología, en ciencias naturales, o la educación en general, al menos en su presente forma, eleva el pensamiento crítico a algo más que una moda pedagógica que todos aplauden, pero pocos conceptúan muy profundamente.
Esto nos deja solos a la comunidad escéptica.
Nos identificamos como campeones de la ciencia y de la razón.
Pero esto es un amplio mandato. Debemos evitar concentrar nuestro escepticismo en forma demasiado estrecha en los reinos de la superstición, la seudo ciencia y lo sobre natural, el desafío final a un pensador crítico no son las cosas extrañas sino las insidiosamente mundanas.

Si esperamos llegar al éxito del pensamiento crítico, es importante que los escépticos se reafirmen en una definición multidimensional del pensamiento crítico — las habilidades del razonamiento, cosmovisión escéptica, valores de un juez principista – sin eximir de todo eso a ningún aspecto de la vida social.