por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Pensamiento Crítico |
Por: Sam Harris
El presidente Obama nominó a Francis Collins a ser el siguiente director de los Institutos Nacionales de la Salud. Se vería como una brillante elección. Las credenciales del Dr. Collins son impecables: es Fisicoquímico y M
édico Genético; además solía ser cabeza del Proyecto Genoma Humano. También, según él mismo, es la prueba viviente de que no hay conflicto entre ciencia y religión. En el 2006, publicó “El Lenguaje de Dios”, en el que dice demostrar “una consistente y profundamente satisfactoria armonía entre la ciencia del siglo 21 y el evangelio cristiano.
Al Dr. Collins lo suelen reconocer los científicos seculares por lo que no es, no es un “creacionista de tierra nueva” ni defensor del “diseño inteligente”. Dada la evidencia para la evolución, esas son dos muy buenas cosas que un científico no sea.
Pero como director de los Institutos, el Dr. Collins tendrá más responsabilidad sobre la investigación biomédica y relacionada con la medicina que cualquier otra persona en la tierra, controlando un presupuesto anual de más de 30 mil millones de dólares. También será uno de los mayores representantes de la ciencia en los Estados Unidos. Por esta razón, es importante que entendamos al Dr. Collins y su fe en cuanto se relacionan con la investigación científica.
Lo que sigue son una serie de diapositivas, presentadas en orden, de una conferencia sobre ciencia y creencia que el Dr. Collins dio en la Universidad de Californa, Berkeley, en el 2008.
Diapositiva 1: “Dios todopoderoso, que no está limitado en espacio o tiempo, creó el universo hace 13.7 mil millones de años con los parámetros precisos para permitir el desarrollo de la complejidad en largos periodos de tiempo.”
Diapositiva 2: “El plan de Dios incluye al mecanismo de la evolución para crear la maravillosa diversidad de criaturas vivientes en nuestro planeta. Especialmente, ese creativo plan incluía a los seres humanos.”
Diapositiva 3: “Después de que la evolución haya preparado una ‘casa’ lo suficientemente avanzada (el cerebro humano), Dios otorgó a la humanidad el conocimiento del bien y el mal (la ley moral), libre albedrío y un alma inmortal.”
Diapositiva 4: “Nosotros los humanos utilizamos nuestro libre albedrío para romper la ley moral, alejándonos de Dios. Para los cristianos, Jesús es la solución a ese distanciamiento.”
Diapositiva 5: “Si la ley moral es sólo un efecto colateral de la evolución, entonces no hay tal cosa como el bien y el mal. Todo es una ilusión. Todos hemos sido engañados. ¿Está alguno de nosotros, especialmente los ateos fuertes1, realmente preparado para vivir dentro de esa cosmovisión?”
¿Por qué habrían de ser las creencias del Dr. Collins importantes?
En los Estados Unidos hay una ignorancia científica epidémica. Esto no es sorprendente, ya que muy pocas verdades científicas son auto evidentes y muchas son contra intuitivas. No es de ninguna manera obvio que el espacio vacío tenga estructura o que compartamos un antecesor en común con la mosca y con la banana. Puede ser difícil pensar como un científico. Pero muy pocas cosas hacen más difícil pensar como un científico que la religión.
El Dr. Collins escribió que la ciencia hace la creencia en Dios “intensamente plausible”; el Big Bang, la precisión de las constantes naturales, la emergencia de vida compleja, la eficacia de las matemáticas, todo sugiere la existencia de un Dios “amoroso, lógico y consistente.”
Pero al confrontarlo con explicaciones alternativas de este fenómeno, o con evidencia que sugiere que Dios no es amoroso, ilógico, inconsistente o, de hecho, ausente, el Dr. Collins dice que Dios está fuera de la naturaleza, por lo tanto la ciencia no puede preguntar acerca de su existencia del todo.
Así mismo, el Dr. Collins insiste en que nuestras intuiciones morales dan fe de la existencia de Dios, a su carácter perfectamente moral y a su deseo de hermandad entre cada miembro de nuestra especie. Pero cuando nuestra intuición moral pregunta por la causa de la muerte de inocentes en, digamos, una inundación o un terremoto, el Dr. Collins nos asegura que nuestras nociones temporales del bien y el mal no son confiables y que la voluntad de Dios es un misterio.
La mayoría de los científicos que estudian la mente humana están convencidos de que es producto del cerebro y éste producto de la evolución. El Dr. Collins toma un enfoque diferente: insiste en que en algún momento del desarrollo de nuestra especie Dios insertó componentes cruciales; incluyendo un alma inmortal, libre albedrío, la ley moral, hambre espiritual, altruismo genuino, etc.
Como alguien que cree que nuestro entendimiento de la naturaleza humana puede ser derivado de la neurociencia, psicología, ciencias cognitivas y economía conductual, entre otras, me preocupa la línea de pensamiento del Dr. Collins. También creo que ella mermaría seriamente los campos como neurociencia y nuestro creciente entendimiento de la mente humana. Si tenemos que mirar hacia la religión para explicar nuestro sentido moral, ¿qué vamos a hacer con los déficits asociados con situaciones como el síndrome del lóbulo frontal y la psicopatía? ¿Son estos desórdenes mejor tratados desde la teología?
El Dr. Collins escribió que “la ciencia no ofrece respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana” y que “las afirmaciones del materialismo ateo deben ser constantemente resistidas”.
Uno sólo puede tener esperanza en que estas convicciones no afectarán su juicio en los Institutos de la Salud. Después de todo, entender el bienestar humano a nivel cerebral puede muy bien ofrecer “respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana”; preguntas como, ¿por qué sufrimos? ¿O es, de hecho, posible amar al prójimo como a uno mismo? ¿Y acaso cualquier esfuerzo de explicar la naturaleza humana sin referencia a un alma, y explicar la moralidad sin referencia a Dios, no constituye necesariamente un “materialismo ateísta”?
Francis Collins es un consumado científico y un hombre sincero en sus creencias. Y eso es precisamente lo que me hace sentir tan incómodo con su nominación. ¿Debemos realmente confiar el futuro de la investigación biomédica en los Estados Unidos a un hombre que sinceramente cree que un entendimiento científico de la naturaleza humana es imposible?
Sam Harris
Fuente original: http://www.nytimes.com/2009/07/27/opinion/27harris.html?_r=2&ref=opinion
Traducción por Sara García
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Stephen Jay Gould
Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes.
La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en los juicio
s de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar.
De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy.
El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) del derecho evangélico resurgente. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución.
Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución.
Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos.
En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella? Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría.
Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.” Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos.
La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.
Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física.
Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución.
Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, Charles Darwin que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución.
El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar.
Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas.
La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender.
En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad de sus teorías.
Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones.
Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones.
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Stephen Jay Gould
Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes.
La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en el juicio de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar.
De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy.
El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) de la resurgente derecha evangélica. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución.
Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución.
Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos.
En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella?
Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría. Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.”
Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos.
La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.
Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física.
Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución.
Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, Charles Darwin que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución.
El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar.
Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas.
La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender.
En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad de sus teorías.
Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones.
Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones.
Artículo original en inglés.
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Pensamiento Crítico |
Traducido por Ricardo Montania
Originalmente publicado en The Skeptic’s Guide to the Universe
¿Qué es una falacia lógica?
Todos los argumentos tienen la misma estructura: A por tanto B. Comienzan con una o más premisas (A) la cual es un hecho o verdad asumida en la cual se basa el argumento. Luego se aplican principios lógicos para llegar a una conclusión.(B) Un ejemplo de principio lógico es el de la equivalencia.Por ejemplo, si se comienza con las premisas de que A=B y B=C, se puede aplicar el principio de equivalencia para concluir que A=C. Una falacia lógica es un principio lógico falso o incorrecto.
Un argumento que esta basado en una falacia lógica por tanto no es válido. Es importante notar que si la lógica de un argumento es válida entonces la conclusión también debe ser válida, lo cual significa que si las premisas son todas verdaderas entonces la conclusión también debe ser verdadera.
La lógica correcta aplicada a una o más falsas premisas, sin embargo, conduce a un resultado no válido. También, si un argumento no es válido la conclusión, accidentalmente, todavía puede ser verdadera.
Las principales 20 falacias lógicas (por orden alfabético)
1. Ad hominem.
Un argumento ad hominem es cualquiera que intente mostrar otras verdades o conclusiones atacando a la persona, antes que ateniéndose al argumento en sí mismo. Los verdaderos creyentes cometen a menudo esta falacia, rechazando los argumentos de los escépticos diciendo que son de mente cerrada. Los escépticos, por su parte, pueden caer en la trampa de desechar las afirmaciones de los creyentes en Ovnis, por ej, afirmando que la gente que cree en eso es loca o estúpida.
2. Ad ignorantum.
El argumento de ignorancia básicamente establece que una creencia específica es verdad, porque no sabemos que no es verdad. Los defensores de la percepción extrasensorial por ej. A menudo enfatizan fuertemente lo mucho que ignoramos sobre el cerebro humano. Los creyentes en ovnis suelen argüir que los objetos avistados en el cielo son desconocidos, y por tanto, son naves extraterrestres.
3. Argumento de autoridad.
Establece que una afirmación es cierta porque una persona o grupo que ostenta autoridad dice que eso es verdad. A menudo este argumento es empleado enfatizando los muchos años de experiencia, o las calificaciones formales que posee el individuo que realiza una afirmación específica.
Es razonable dar mayor credibilidad a aquellas afirmaciones hechas por quienes posean el adecuado entorno, educación y credenciales, así como sospechar de las afirmaciones de alguien que realiza afirmaciones de autoridad en un área en la cual no puede demostrar competencia. Pero, la verdad de una afirmación, debe descansar finalmente en la lógica y la evidencia, no en la autoridad de la persona que la enuncia.
4. Argumento de consecuencias finales.
Tales argumentos (también llamados teleológicos) están basados en una reversión entre causa y efecto, porque se arguye que algo es causado por el efecto último que tiene, o propósito al cual sirve. Por ej. Dios debe existir, porque sino la vida no tendría sentido.
5. Argumento de incredulidad personal.
Yo no puedo entender esto, por tanto no puede ser verdad. Los creacionistas argumentan que no pueden imaginar que la complejidad de la vida resulte de la evolución ciega, esto no demuestra que la vida no evoluciona.
6. Confundir asociación con causación.
Esta es similar a la falacia post-hoc en la que se asume causa y efecto para dos variables por el simple hecho de estar correlacionadas, aunque aquí la relación no es estrictamente de una variable siguiendo a la otra en el tiempo.
Esta falacia a menudo es usada para dar correlación estadística, una interpretación causal. Por ej. Durante los 90 el culto religioso y las drogas ilegales han sido de alto consumo. Sería una falacia concluir que por tanto el culto religioso ocasiona el consumo de drogas.
También es posible que el uso de drogas conduzca a un incremento en el culto religioso, o también es posible que ambas variables, se incrementen debido a una tercera variable como la inestabilidad social. También es posible que ambas variables sean independientes y sea una mera coincidencia que ambas aumenten al mismo tiempo.
Un corolario de esto es la invocación de esta falacia lógica para argüir que una asociación no significa causación, pero que podría significarlo. También múltiples correlaciones independientes pueden apuntar a una causación y es una razonable línea argumental.
7. Confundir lo actualmente inexplicado con lo inexplicable.
Que actualmente no tengamos una explicación adecuada de un fenómeno no significa que quedará inexplicado para siempre, o que ello desafía las leyes de la naturaleza, o que se requiera una explicación paranormal. Un ej es el Dios tapagujeros en que aquello que no podemos explicar es por tanto un acto de Dios.
8. Falsa continuidad.
La idea por la cual debido a que no hay una definitiva demarcación entre dos extremos, la distinción entre los extremos no es real o significativa. Hay una difusa línea entre los cultos y la religión, por tanto, ambas son realmente la misma cosa.
9. Falsa dicotomía
Arbitrariamente reducir un grupo de muchas posibilidades a solo dos. Por ej, La evolución no es posible, por tanto, debimos haber sido creados (asume que hay sólo dos posibilidades). Esta falacia también puede ser usada para simplificar en exceso un conjunto de variables de elección de blanco o negro.
10. Inconsistencia.
Es aplicar ciertos criterios o reglas a algunas creencias, argumentos o posiciones pero no a otros. Por ejemplo, un consumidor argumenta que necesitamos regulaciones más fuertes en las prescripciones de las drogas para asegurar su efectividad y prevenir posibles efectos negativos, pero al mismo tiempo dice que las hierbas medicinales deben poder ser vendidas sin regulaciones relativas a su seguridad y/o efectividad.
11. Estándares aceptables móviles
Esto consiste en un método de negar una prueba cambiando arbitrariamente el criterio de prueba aceptable llevándolo más allá de cualquier evidencia existente hasta el momento.
12. Non-Sequitur
En Latín esto significa “no sigue”. Esto se refiere a un argumento en el cual la conclusión no se fundamente necesariamente en la premisa. En otras palabras, se implica una conexión lógica donde no la hay.
13. Post-hoc ergo propter hoc.
Esta falacia tiene el siguiente formato; el evento A precede al evento B por tanto el evento A ocasionó el evento B, es decir, se asume una relación de causa y efecto entre dos eventos por la sola razón de su ordenamiento temporal. (Del latín ” después de esto por tanto a causa de esto”.
14. Reductio ad absurdum.
En lógica formal la reducción al absurdo es un argumento legítimo. Sigue el formato de que si las premisas son asumidas como verdaderas esto necesariamente llevará a un absurdo o falsedad en conclusión una o más de las premisas deben ser falsas. El término es ahora usado a menudo para referirse al abuso de este tipo de argumento estrechando la lógica para forzar una conclusión absurda.
Por ejemplo un entusiasta de los Ovnis argumenta que si alguien es escéptico acerca de la existencia de los visitantes del espacio también debe serlo con relación a la existencia de la Gran muralla China, porque ambas no han sido vistas personalmente.
Esta es una falsa reducción al absurdo pues ignora toda evidencia mas que la de testigos presenciales, también es una falsa inferencia lógica. En forma breve, ser escéptico acerca de Ovnis no requiere rechazar la existencia de la gran muralla.
15. Cuesta resbaladiza.
esta falacia lógica es el argumento de que una posición es no-consistente porque aceptándola significa que la posición extrema también debe ser aceptada. Pero posiciones moderadas no necesariamente conducen la cuesta resbaladiza hasta el extremo.
Por ejemplo deducir que la registración de armas de fuego necesariamente conduzca a la incautación de las mismas. Esto no necesariamente es así, una posición moderada no es inconsistente con la lógica. Dar un poco mas de poder al gobierno no necesariamente implica que esto hará que la gente perciba mas favorablemente darle un poder que en otros tiempos parecía muy grande.
16. Hombre de paja, esto consiste en crear una posición falsa contra la cual argüir.
El formato que sigue es el siguiente; La persona A tiene una posición X, la B presenta una posición Y que es una versión torcida de la X, a continuación B argumenta contra Y para llegar a la conclusión de que X es incorrecto.
17. Razonamiento ad-hoc o argumentos especiales;
este tipo de falacia, difícil de reconocer, es la introducción arbitraria de nuevos elementos en la argumentación para hacer que una afirmación aparezca como válida. Un buen ejemplo es el argumento ad-hoc utilizado para rechazar resultados negativos que utilizan los propugnadores de la percepción extrasensorial PE, entonces a la argumentación de que ” La PE nunca ha sido demostrada bajo condiciones adecuadas de estudio, por tanto la PE no es un fenómeno genuino.
A esto lo promotores de PE han introducido el argumento especial de que la PE no funciona en la presencia de escépticos. Esta falacia a veces es llevada hasta extremos ridículos y más y más elementos ad-hoc son añadidos para intentar explicar las fallas experimentales o inconsistencias lógicas.
18. Tautología.
Una tautología es un argumento que utiliza el razonamiento circular, lo cual significa que la conclusión a la que se llega es también la misma premisa. La estructura de tal argumento es A=B por tanto A=B, aunque la premisa y la conclusión pueden haber sido formuladas en forma diferente esto es solo aparente. Por ejemplo decir que el “toque terapéutico” funciona porque manipula la “fuerza de vida” es una tautología porque la definición de “toque terapéutico” es la alegada manipulación (sin tocar) de la fuerza de vida.
19. Tu quoque.
Literalmente, tu también. Este es un intento de justificar una mala acción porque “alguien más” también la realiza. ” Mi evidencia puede ser inválida, pero la tuya también”.
20. Premisa mayor no establecida.
Esta falacia ocurre cuando se asume una premisa que no ha sido explícitamente establecida. Por ejemplo cuando se argumenta que los alimentos deben ser etiquetados con su contenido de colesterol porque la gente tiene alto colesterol asume que;
- El colesterol en la comida produce colesterol en el cuerpo
- Etiquetando el producto se reducirá el consumo de colesterol y
- Que el alto colesterol no es saludable.

por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Bertrand Russell
DE “LA VOLUNTAD DE DUDAR”

Deseo proponer una doctrina que puede, me temo, parecer violentamente paradójica y subversiva.
La doctrina en cuestión es ésta: que es indeseable creer en una proposicion cuando no hay razones fundadas para suponerla verdadera.
Debo, por supuesto, admitir que si tal opinión llegara a ser común transformaría totalmente nuestra vida social y nuestro sistema político; puesto que ambos son actualmente intachables, ésto debe pesar contra élla. Creo también (lo que es mas serio) que esto tendería a disminuir las rentas de clarividentes, de editores de libros, obispos, y de otros que viven de las esperanzas irracionales de los que no han hecho nada para merecer buena fortuna aquí o de aquí en adelante. Primero que todo, deseo guardarme contra el pensamiento de mantener una posicion extrema.
Soy Whig británico, con un amor británico del compromiso y la moderación. Una historia se cuenta de Pirro, el fundador del Pirronismo (tál era el viejo nombre del escepticismo). Él mantuvo que nunca sabemos bastante para estar seguros que una línea de conducta es más sabia que otra.
En su juventud vio a su profesor en filosofía (de quién él tomo sus principios) con su cabeza metida en una zanja, incapaz de salir. Después de contemplarlo un cierto tiempo, se marcho, diciendo que no habia suficiente fundamento para suponer que haría algún bien sacando al hombre.
Otros, menos escépticos, efectuaron un rescate, y culparon a Pirro por ser de corazon duro. Pero su profesor, fiel a sus principios, lo elogio por su consistencia. No abogo por un escepticismo heroico tal como ése. Estoy preparado para admitir la creencia ordinaria del sentido común, en la práctica si no en teoría.
Estoy preparado para admitir cualquier resultado bien establecido por la ciencia, no como verdad absoluta, sino como suficientemente probable para producir una base para la acción racional. Si se anuncia que habra un eclipse de luna en tal-y-tal fecha, creo méritorio mirar y ver si está ocurriendo. Pirro habría pensado de otra manera.
En este terreno, me siento justificado al afirmar que abogo una posición media. Hay materias acerca de las cuales convienen los que las han investigado; las fechas de eclipses pueden servir como ilustración. Hay otras materias sobre las cuales no convienen los expertos. Aun cuando los expertos coincidan, ellos bien pueden fallar. La opinión de Einstein en cuanto a la magnitud de la desviación de la luz por la gravitación habría sido rechazada por todos los expertos hace no muchos años, con todo se demostró correcta.
Sin embargo la opinión de expertos, cuando es unánime, se debe aceptar por los no expertos como más probablemente correcta que la opinión opuesta. El escepticismo que abogo refiere solamente a esto:
- que cuando convienen a los expertos, la opinión opuesta no puede ser sostenida con certeza;
- que cuando no convienen, ninguna opinión se pueden mirar como segura por un no-experto; y
- que cuando todos coinciden en que no hay bases para una opinión positiva, el hombre ordinario haría bien en no emitir juicio alguno.
Estos asuntos pueden parecer triviales, con todo, si fueran aceptados, revolucionarían absolutamente la vida humana. Las opiniones por las cuales la gente está dispuesta a luchar y a seguir pertenecen todas a una de las tres clases que este escepticismo condena.
Cuando hay argumentos racionales para una opinión, la gente esta contenta en establecerlas y esperan verlas funcionar. En tales casos, la gente no exterioriza sus opiniones con la pasión; las sostiene tranquilamente, y dispone sus razones en silencio. Las opiniones que están sostenidas con la pasión son siempre aquellas que no disponen de buenas bases que las sustenten; la pasión es de hecho la medida de la carencia de bases racionales del expositor.
Las opiniones en política y religión se llevan a cabo casi siempre en forma apasionada. Excepto en China, se cree que que un hombre es una pobre criatura a menos que tenga fuertes opiniones sobre tales materias; la gente odia a los escépticos mucho mas que a los abogados que sostienen ideas hostiles a las propias.
Se piensa que las demandas de la vida práctica exigen opiniones sobre tales cuestiones, y que, si nos volviéramos más racionales, la existencia social seria imposible.
Creo lo contrario de esto, e intentaré poner en claro porqué tengo esta creencia.
por Ricardo Montanía | May 3, 2016 | Análisis de Textos Sagrados, Artículos de Ricardo Montanía, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
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EFLEXIONES EN EL MARCO DEL DEBATE CIENCIA VS RELIGIÓN EN EL DIARIO ABC COLOR
En contra de las pruebas
La idea de que el debate entre Ciencia y religión tiene tendencia a atenuarse o desaparecer es errónea, muy por el contrario, es cada vez mayor, esta polarización se debe en parte al hecho de que la ciencia, a la luz de los nuevos descubrimientos, contrariamente a la mayoría de los antiguos científicos medievales y hasta principio del siglo XX, que veían el rostro del creador en cada aspecto del mundo material, no ha encontrado rastros de él en todo el universo y peor aún ninguna necesidad de que exista para que las cosas sean tal como son.
En realidad lo que la mayoría de las religiones desea es que la ciencia dé una “validación”, a su cuerpo particular de creencias, cuando la ciencia realiza un descubrimiento que vaya en contra de alguna de estas, los fundamentos se tambalean y, casi siempre, las religiones se escudan en el sin sentido de “creer sin pruebas y aún en contra de las pruebas”, uno de los ejemplos más actuales, sobre todo en el mundo anglosajón, es el debate creacionismo vs. evolucionismo, la teoría de la evolución de Darwin es una de las teorías mas sólidamente establecidas en la ciencia, en ese sentido, tiene un carácter similar a la teoría de la gravitación universal de Newton, se debe destacar que la palabra teoría, en ciencia, no tiene el carácter que generalmente se le da en el lenguaje coloquial en el que se la considera una hipótesis a ser demostrada, una teoría científica del orden que mencionamos es una formulación que relaciona una serie de hechos y observaciones y que es capaz de realizar predicciones, para que pueda adquirir su carácter de tal en el mundo científico es sometida a todo tipo de pruebas, y la sospecha sobre su validez es permanente, su bondad se mide por la exactitud de sus predicciones.
En ese sentido tanto la teoría de la evolución como la de la gravitación son resaltantes, las leyes de Newton lejos de ser “cómicas” son una gloria de la humanidad, base de la moderna ingeniería y caso particular para bajas velocidades de las leyes mas generales de la teoría de la relatividad, y se cumplen en todos los puntos del universo.
Las leyes de la evolución tienen este mismo carácter, aunque pueda tener fallas en su formulación y deba estar, como toda teoría científica, sometida a permanente duda, no es posible hoy afirmar razonablemente que la creación de acuerdo a la biblia sea una verdad objetiva. Las refutaciones usando términos como “entropía” y “termodinámica”, se basan en la ignorancia de lo que dichos términos significan (*).
Noventa y dos años de no-existencia
Otra de las teorías controvertidas que golpea los cimientos bíblicos es la teoría del Big Bang, que dice que el universo comenzó como un punto de densidad infinita que fue expandiéndose creando la materia y el espacio, ocurre que tal proceso, de acuerdo a las mediciones tiene una duración de unos quince mil millones de años, mientras que la edad de la creación bíblica es de sólo unos pocos miles de años, afirmación harto refutada por la arqueología y la paleontología.
El Big Bang es otra de las teorías de gran calado que explican el funcionamiento del mundo en forma racional, las predicciones que realiza se ajustan magníficamente a los hechos comprobados y NO esta sustentada en la fe, como se afirmara recientemente, sino en la razón.
Los teólogos que intentan dar un cariz racional a sus dogmas y mitos fundacionales caen en la desesperación cuando la ciencia, lejos de confirmar sus textos sagrados, los refutan, y las predicciones que realizan a la luz de sus textos y dogmas son generalmente fallidas; es conocido el caso de la religión de origen norteamericano que había predicho el fin del mundo para 1.914, como esto no ocurrió y aún pudiendo decir o que se equivocaron y que el año del fin era 2.014 o que rezaron tanto que Dios pospuso el final, dijeron simplemente que el fin del mundo SI había ocurrido en 1.914, si alguien no lo percibió es su problema.
Pues bien, esta es generalmente la forma como las religiones reaccionan ante estas contradicciones.
Nos lo enseñaron de niños
Algunas religiones, como la católica, han aceptado muchas de estas teorías científicas, como por ejemplo la teoría del Big Bang o la de la evolución, (aunque aparecen preocupantes signos de regresión), y se sitúan en una prudente posición de no hacer afirmaciones susceptibles de ser refutadas por los hallazgos científicos, aunque mantiene dogmas como el de la eucaristía, cuya verdad objetiva podría estudiarse con un simple análisis histológico de la hostia.
Otras, mantienen que la Biblia debe ser interpretada literalmente y que Dios la ha preservado libre de error, sobre estas cae todo el peso de las innumerables refutaciones a lo mencionado en tal libro, la falacia del diluvio universal, la detención de la rotación de la tierra, la existencia de gigantes en tiempos antiguos, el caminar sobre las aguas y en realidad casi cada relato de la biblia son relatos fantásticos que consideraríamos fruslerías, sino fuera porque son “nuestros” relatos fantásticos, los que nos enseñaron a venerar cuando éramos niños impresionables.
Sobre esto invito a debatir en el sitio web de A.P.R.A (Asociación Paraguaya Racionalista) www.apra.org.py.
Si existiera…
Volviendo al tema central de la existencia de Dios debo decir que, “demostrar” su existencia utilizando las cinco vías de Tomas de Aquino, es una discusión medieval superada hace mucho tiempo, lo expresado allí no se sostiene lógicamente y creo que no es de interés (a quien interese la refutación lo remito a nuestra web), por otro lado la demostración en estos casos se refiere a un ser absoluto creador del universo (**), mientras que el caso que nos ocupa la mayoría de las veces que tratamos el tema Dios hablamos del Dios Cristiano, y sucede que para este caso y aún no teniendo la carga de la prueba, es demostrable por medios lógicos la no-existencia de tal Dios, la demostración es extensa como para mostrarla aquí, pero básicamente y rigorismos aparte, muestra como la existencia del mal en el mundo es incompatible con la creación de todo lo que existe por un Dios Bueno y omnipotente.(Ver web de APRA).
Lo indicado es el fundamento de la posición de la mayoría de los racionalistas sobre este problema de existencia, No encontramos a Dios, No creemos probable que exista, Si existiera, no actúa de una manera sensible, Si existiera el Dios de la Biblia, a juzgar por las atrocidades que allí se mencionan que comete, no quisiéramos pasar la eternidad a su lado.
(*) Termodinámica y entropía.
Cuando se realiza una transformación o transferencia de energía existe una parte de la energía libre que se pierde, a esto se llama entropía, en un sistema cerrado a medida que transcurra el tiempo realizándose estos intercambios energéticos la energía libre total del sistema disminuye y finalmente desaparece, el universo es un sistema “cerrado” y llegará el día en el cual el universo pierda toda su energía o muerte térmica del universo, este sí es un verdadero final en el cual no habrá siquiera la vibración de un átomo. Esto no es así cuando se consideran porciones del universo donde existen sistemas abiertos como por Ej. es la tierra donde constantemente entra energía al sistema (Ej. La energía solar) y permite la disminución de la entropía total del sistema, totalmente compatible con las leyes de la evolución.
(**) Dios: creador del universo, en comunicación intelectual y afectiva con la humanidad, es decir con quien se puede interactuar a través de la oración. Ser único, divino, infinito, eterno, perfecto, omnisciente, omnipotente y bondadoso, dotado de infinitos atributos de manera tal que la falta de uno solo de ellos, disminución o contradicción deriva en que no pueda ser considerado Dios.
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