Isaac Asimov y el feminismo: una reflexión pragmática

Nunca está de más conocer las opiniones de uno de los humanistas más grandes y prolíficos como lo fue Isaac Asimov (1920-1992). En este comentario, reflexiona sobre el feminismo desde una perspectiva netamente pragmática. Si bien algunos códigos podrían considerarse obsoletos, como se podrá apreciar, muchos de los vinculados al sexo opuesto, por usar una frase suya, “se niegan a morir”.


FEMINISMO POR LA SUPERVIVENCIA

Es fácil defender los derechos de las mujeres como una cuestión de justicia y equidad. Fácil, pero a menudo inútil, porque cosas como la justicia y la equidad no convencen a quienes se benefician de su ausencia.

Sin negar en absoluto que hay justicia y equidad en el concepto de derechos de las mujeres, prefiero defenderlo por necesidad.

Me parece claro que si seguimos manteniendo un sistema social en el que la mitad de la raza humana se ve obligada, por motivos de anatomía irrelevante, a trabajar en tareas que no incluyen la ciencia, las posibilidades de que la civilización perdure hasta el siglo XXI se reducirán drásticamente.

Esto no debería ser difícil de ver. Ahora nos enfrentamos a numerosos y graves problemas, y es evidente que, con el crecimiento diario del número de personas, el suministro energético cada vez más precario, las reservas de alimentos disminuyendo cada día y las incertidumbres crecientes que generan disturbios sociales y violencia que crecen cada día, estamos enfrentando una crisis masiva que representa vida o muerte para la civilización mundial.

Las soluciones precisas que ayudarán a resolver la crisis no son fáciles de prever pero podemos sentirnos bastante seguros argumentando que se lograrán, si es que llegan, a través de los avances en ciencia y tecnología. Debemos tener fuentes alternativas de energía y estas no ocurrirán solo porque alguien haya inventado una canción que se canta al ritmo de una guitarra. Eso puede crear un ambiente adecuado para el cambio pero seguirá requiriendo mucho pensamiento científico, diseño de ingeniería y una construcción cuidadosamente supervisada —y las personas con cerebro y formación tendrán que hacerlo.

Muchos están convencidos de que la tecnología está en la raíz de nuestros problemas y sostienen que nuestro complicado aparato industrial debe ser desmantelado y reemplazado por un modo de vida “más cercano a la naturaleza” y más sólido ecológicamente. Pero, ¿cómo se puede hacer esto en un mundo que contiene más de cuatro mil millones de personas y que nunca sostuvo más de mil millones en los días previos a la industrialización?

Si admitimos que los idealistas antitecnológicos no quieren ver la muerte de tres mil millones de personas, entonces debemos suponer que, a medida que nuestra tecnología actual se desmantela, debe construirse otra, más sencilla, menos destructiva y aun más eficiente, para que la población mundial siga siendo sostenida. Y eso también requiere pensamiento científico y diseño de ingeniería y construcción cuidadosamente supervisada —y personas con inteligencia y formación tendrán que hacerlo.

No es difícil ver, ¿verdad?, que si queremos que las cosas funcionen bien, no hay sustituto para la inteligencia y el entrenamiento.

Y todo lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor para ver que no hay precisamente un exceso de inteligencia y entrenamiento.

Sea cual sea la dirección que tome ahora la historia de la Tierra; ya sea que optemos por tecnología más grande y mejor, o por tecnología más pequeña y mejor, necesitaremos más cerebros y entrenamiento que nunca —es decir, si queremos que la civilización sobreviva, si no queremos que colapse en una orgía de luchas y asesinatos hasta que su número se reduzca a los pocos dispersos que pueden vivir de la recolección y la agricultura de subsistencia.

Con una inteligencia y un entrenamiento tan necesarios, tan cruciales, ¿no es una especie de voluntad suicida descartar a la mitad de la raza humana como posible fuente de inteligencia y voluntad? ¿No es una especie de máxima estupidez pensar que podemos resolver los problemas que enfrentamos avanzando a medio vapor?

Incluso a toda máquina, puede que no lo logremos — ¿pero a medias?

En otras palabras, no solo necesitamos más científicos y tecnólogos que nunca, sino también los mejores que podamos encontrar, dondequiera que podamos encontrarlos. ¿Por qué suprema locura asumimos entonces que ninguno de ellos se encuentra entre las mujeres? ¿Por qué organizamos nuestras sociedades de tal manera que la mitad de la raza humana rara vez entra en la ciencia o la tecnología como carrera y que, cuando parte de esa mitad lo consigue, el camino hacia mejores salarios y liderazgo se ve bloqueado paso a paso por la visión a menudo inconsciente pero a veces expresa de la subcultura predominantemente masculina de la ciencia?

Por supuesto, es fácil burlarse y decir que las mujeres no son buenas científicas, que la ciencia no es trabajo de mujeres.

Sin embargo, todo el concepto de “trabajo de mujeres” es un fraude, ya que “trabajo de mujeres” se define de una manera que resulta conveniente para los hombres. Si hay trabajos que los hombres no quieren hacer y no hay una minoría útil a la que desearlo, siempre se puede dar a las mujeres —la mayoría oprimida y disponible permanentemente.

En cuanto a que la ciencia en particular no sea obra de mujeres, sería cansino repasar la lista de mujeres que han contribuido de forma importante a la ciencia, desde las laureadas con el Nobel hasta abajo —incluyendo algunas de las que quizá nunca hayas oído hablar, como la amante de Voltaire, que fue la primera en traducir al francés los Principia Mathematica de Isaac Newton (y lo hizo con una inteligencia completamente exitosa) y la hija de Lord Byron, que fue una de las dos primeras personas en dedicarse en detalle a la tecnología informática.

Se podría argumentar que estas mujeres eran excepciones (incluso excepciones “que prueban la regla”, por usar una frase idiota que depende de un malentendido del significado de la palabra “demostrar”).

Por supuesto, son excepciones, pero no porque la gran mayoría de las mujeres no estén destinadas a la ciencia, sino porque la gran mayoría de las mujeres no puede superar los obstáculos imposibles que se les imponen.

Imagina intentar ser científico cuando constantemente te dicen que no estás capacitado para la tarea y que no eres lo suficientemente inteligente; cuando la mayoría de las escuelas no te dejaban entrar, cuando las pocas que lo hacían no enseñaban ciencia de verdad; cuando, si lograbas aprender ciencia de alguna manera, los practicantes del campo te recibían con una indiferencia congelada o abierta hostilidad y hacían todo lo posible por colocarte en un rincón fuera de la vista.

Si hubiera sido un negro del que hablara aquí, cualquier persona decente se indignaría por la situación y protestaría. Pero hablo de una mujer, por lo que mucha gente decente se queda desconcertada.

Las personas que niegan vehementemente que exista alguna diferencia básica de inteligencia entre las “razas” seguirán creyendo de forma insípida que los hombres son razonables, lógicos y científicos, mientras que las mujeres son emocionales, intuitivas y tontas.

Ni siquiera es posible argumentar en contra de esta dicotomía con sensatez, ya que la diferencia entre los sexos se da tan por sentada que se vuelve autocumplida. Desde la infancia temprana, esperamos que los niños actúen como niños y las niñas como niñas y presionamos a cada uno para que lo hagan. A los niños pequeños se les dice que no sean cobardes y a las niñas pequeñas a ser femeninas.

Una cierta indulgencia puede mantenerse hasta la adolescencia, pero ¡ay de los afeminados y las marimachos a partir de ahí! Una vez que empiezan las clases de carpintería y economía doméstica, hay que ser una chica muy valiente para insistir en cursar carpintería y un chico con un valor casi imposible de igualar para soportar la execración generalizada que se desata si elige economía doméstica.

Si existe una división natural de aptitudes, ¿por qué todos nos esforzamos tanto en ridiculizar y evitar las “excepciones”? ¿Por qué no dejar que la naturaleza siga su curso? ¿Sabemos en nuestro corazón que hemos malinterpretado la naturaleza?

Cuando los jóvenes son lo suficientemente mayores para interesarse por el sexo, las presiones de la diferenciación sexual se vuelven insoportables. Los jóvenes, bien adoctrinados para creerse el sexo más cerebral, tienen la tranquilidad de saber que son más inteligentes que la mitad de los seres humanos del mundo, por más tontos que sean frente a otros hombres. Entonces sería insoportable para un hombre encontrar a una mujer que demostró ser más lista que él. Ningún encanto, ningún nivel de belleza compensaría.

Las mujeres no necesitan descubrirlo por sí mismas; sus madres y hermanas mayores les enseñan eso nerviosamente. Hay todo un mundo de formación en el fino arte de ser tonta y estúpida — y atractiva para los chicos que quieren brillar por contraste.

Ninguna chica perdió nunca a un chico por reírse y decir: “Oh, por favor, suma estas cifras por mí. No puedo sumar dos más dos por nada del mundo.” Lo perdería al instante si decía: “Te estás equivocando, querido. Déjame sumarlo por ti.”

Y nadie puede practicar ser tonto y estúpido todo el tiempo y con la intensidad suficiente sin olvidar cómo ser otra cosa.

Si eres mujer, sabes de qué hablo. Si eres hombre, busca a una mujer que no tenga ninguna necesidad económica o social de halagarte y pregúntale cuánto tiene que trabajar a veces para no parecer más lista que su cita.

Por suerte, creo que estas cosas están cambiando. No son tan malos como antes, digamos, hace un cuarto de siglo. Pero aún queda mucho camino por recorrer.

Con el mundo tan sobrepoblado, ya no necesitamos numerosos bebés. De hecho, debemos tener muy pocos, no más que suficientes para reemplazar a los moribundos y, por un tiempo, quizás incluso menos.

Esto significa que no necesitamos a las mujeres como máquinas de bebés.

Y si no van a ser máquinas de bebés, deben tener otra cosa que hacer. Si queremos que tengan solo uno o dos bebés como mucho, debemos invitarlos al mundo y hacer que merezca la pena estar allí. No podemos limitarnos a ofrecerles, como si fuera lo más normal del mundo, trabajos de baja categoría y mal remunerados. Debemos darles una oportunidad justa en todas las ramas posibles del esfuerzo humano en igualdad de condiciones con el hombre.

Y, más que nada, más que nada, se necesitan mujeres en la ciencia. No podemos prescindir de su inteligencia. No podemos permitir que esa inteligencia quede sin aprovechar. No podemos, con una locura criminal, destruir deliberadamente esa inteligencia con el pretexto de que las mujeres deben realizar «tareas de mujeres» o, peor aún, que deben comportarse «como damas».


Traducido de Asimov, Isaac. ‘’On the Past, Present and Future’’, Barnes and Noble Books, New York, 1987.

Estamos solos.

Por: Félix Piriyú, fundador de Astropy y miembro de APRA.

En parámetros humanos, nuestra galaxia es inmensa. La Vía Láctea tiene aproximadamente 100.000 años luz de diámetro y alberga cerca de 200.000 millones de estrellas. Desde 1995 sabemos con certeza que existen planetas orbitando otras estrellas, y todo indica que no se trata de una excepción, sino de la regla. Si eso es así, debería haber incluso más exoplanetas que estrellas.

A primera vista, estos números invitan al optimismo: parecería casi inevitable que, en algún rincón de la galaxia, existan incontables civilizaciones. Sin embargo, los grandes números no siempre cuentan toda la historia.

Con frecuencia, la inmensidad del cosmos se utiliza para justificar la idea de que naves interestelares tripuladas por seres inteligentes visitan nuestro planeta. Pero hasta ahora no tenemos evidencia alguna de que existan civilizaciones con inteligencia igual o superior a la nuestra intentando comunicarse con nosotros.

El contacto entre civilizaciones depende de múltiples factores. Uno de los más críticos es el tiempo medio que una forma de vida necesita para desarrollar tecnología capaz de enviar señales al espacio. En el caso de la humanidad, llevamos poco más de un siglo emitiendo ondas electromagnéticas detectables.

La probabilidad de encontrar otra civilización que tenga una edad tecnológica similar a la nuestra y que además esté dentro de un radio de 150 años luz es extraordinariamente baja. Y esto se comprende mejor si observamos cómo fue nuestro propio camino evolutivo.

En la Tierra, la vida apareció relativamente rápido, hace unos 3.500 millones de años. Pero durante miles de millones de años se mantuvo en un estado unicelular. Aquellos organismos primitivos se reproducían por división, copiándose a sí mismos. Hasta que, por un evento azaroso, surgió la reproducción sexual, lo que permitió una explosión de complejidad biológica.

Desde entonces, la vida continuó desarrollándose, superando lo que podríamos llamar “reseteos” planetarios. La evidencia fósil muestra que, a pesar de varias extinciones masivas, la cadena de la vida nunca se interrumpió por completo.

Estos reseteos pueden producirse por múltiples causas: explosiones estelares cercanas, cambios internos en el planeta, impactos de grandes cuerpos celestes, efectos invernadero descontrolados o glaciaciones prolongadas. En nuestro propio caso, un impacto colosal —probablemente con un cuerpo del tamaño de Marte, conocido como Theia— dio origen a la Luna. Más tarde, la Gran Oxidación transformó radicalmente la atmósfera terrestre, y millones de años después, el impacto de un asteroide puso fin al dominio de los dinosaurios.

Además, no cualquier estrella es un buen hogar para la vida compleja. Nuestro Sol es relativamente estable. Aunque produce tormentas solares, el campo magnético terrestre ha sido lo suficientemente fuerte como para proteger la atmósfera y permitir la existencia de agua líquida.

Incluso factores climáticos influyeron en nuestra evolución. Se estima que cambios ambientales forzaron a nuestros antepasados a adoptar la postura erguida, liberando las manos y facilitando el desarrollo de un cerebro más grande. Hace apenas 200.000 años apareció el Homo sapiens.

La evolución, sin embargo, no tiene como objetivo producir inteligencia tecnológica. En nuestro caso, generó organismos que transformaron la atmósfera hasta permitir niveles adecuados de oxígeno. Ese oxígeno, miles de millones de años después, sería fundamental para el fuego, la metalurgia y finalmente la tecnología.

Pero el equilibrio es delicado. Un nivel bajo de oxígeno dificulta la vida compleja; uno demasiado alto provoca incendios incontrolables. La cadena de eventos que nos trajo hasta aquí es larga y frágil. Quitar un solo eslabón podría haber significado que nunca enviáramos una señal al espacio.

No es necesario que en otro planeta se repita exactamente nuestra historia. Pero sí necesitaría condiciones que permitan mantener vida compleja durante períodos geológicos extensos y favorecer el desarrollo tecnológico. Y dado que la evolución no garantiza la aparición de inteligencia, no podemos calcular con certeza su probabilidad.

Incluso bajo la hipótesis de que otras civilizaciones existan, debemos coincidir con ellas en un intervalo temporal diminuto. Nuestra ventana tecnológica apenas supera los cien años. Si durante la Guerra Fría hubiese ocurrido una guerra nuclear global, nuestra civilización tecnológica habría durado apenas un siglo. En un planeta de 4.500 millones de años, eso es prácticamente un parpadeo.

Para que otra civilización nos detectara, debería estar lo suficientemente cerca y existir exactamente en ese mismo parpadeo temporal. De lo contrario, para ese mundo, la Tierra sería simplemente otro planeta sin señales inteligentes.

El viaje interestelar tampoco resuelve el problema. No podemos viajar más rápido que la luz, y la luz es lenta a escala galáctica. Con propulsión química tardaríamos decenas de miles de años en llegar a la estrella más cercana. Incluso con hipotéticos motores nucleares —tecnología que aún no desarrollamos plenamente— el trayecto seguiría siendo desafiante.

Todo indica que, en este punto del espacio-tiempo, no hay civilizaciones cercanas enviando señales detectables. Si existieran sociedades mucho más antiguas y longevas, probablemente ya habrían dejado alguna huella tecnológica evidente en la galaxia.

¿Significa esto que estamos solos en el universo? No necesariamente.

La probabilidad de que surja una mente como la nuestra en un planeta es extraordinariamente baja. Pero baja no significa cero. Estamos aquí. Y el universo es inmensamente grande, con miles de millones de galaxias y, posiblemente, incontables mundos habitables.

Si multiplicamos una probabilidad diminuta por un número casi inconcebible de oportunidades, el resultado puede ser una certeza estadística: en algún lugar del cosmos deben existir otras civilizaciones.

Pero probablemente no compartimos con ellas el mismo tiempo ni la misma edad tecnológica.

Tal vez no estemos solos en el universo.

Tal vez simplemente estamos solos ahora.

 

 

La ira de Dios contra Bangladesh.

Publicado originalmente en Pensar Vol. 5, No. 2

El ciclón Sidr, descrito como una impresionante masa blanca de 500 kilómetros de diámetro, azotó el sur de Bangladesh con vientos de 240 kilómetros por hora. Hasta el momento suman cerca de 4.000 muertos pero las autoridades tienen dificultades en contabilizar las víctimas ya que hay zonas devastadas a las que no pueden llegar los equipos de salvamento ni el ejército. Es probable que esta cifra se duplique a medida que pasen las horas.

En la región meridional, la más devastada, viven unas 5 millones de personas. Miles de casas de adobe, bambú y paja fueron literalmente borradas del mapa. Más de 1 millón de personas quedaron sin hogar. Los sobrevivientes relataron escenas de terror. Todo ha sido un infierno indescriptible. Pero el dolor no acaba; apenas el 1% de esta población ha sido socorrida.

Sidr es la peor tempestad en estos últimos años, en un país que fue arrasado por un ciclón en 1970 que causó cerca de 500.000 muertos, y por un maremoto ciclónico en 1991, que dejó como saldo 138.000 víctimas mortales. Estas cifras completamente descomunales pintan un drama humano difícil de comprender en su total magnitud, más aún cuando sabemos que este es uno de los países más pobres de la Tierra.

Ello debería ser suficiente para hacer dudar a cualquier persona inteligente sobre la existencia de un Dios todopoderoso, todo misericordioso, compasivo e infinitamente bueno que controla el universo. En filosofía esto se conoce como “el problema del mal”.

Epicuro, como siempre, va directo a lo esencial en su famoso tretralema de la religión: “O bien Dios quiere eliminar el mal y no puede, o puede eliminarlo y no quiere, o ni lo quiere ni puede, o lo quiere y lo puede. Si quiere y no puede, es impotente, por lo tanto no es Dios. Si puede y no quiere, es un malvado, idea extraña a Dios. Si no puede ni quiere, es a la vez impotente y malvado, por tanto no es Dios. Si quiere y puede, algo que solo está al alcance de Dios, ¿De donde procede entonces el mal, o por que Dios no lo suprime?”

Desde hace 24 siglos, ningún clérigo ni teólogo ha sido capaz de refutar esta lógica de hierro. Y a través de la historia encontramos también a algunos observadores inteligentes quienes notaron que los desastres eran ocurrencias puramente naturales y que no eran causados por espíritus o dioses inexistentes. Acerca de la plaga que mató a la tercera parte de la población de Atenas en el año 430 a.C., Thucydides escribió que las oraciones y oráculos no tenían efecto sobre la enfermedad y que los atenienses que eran fervientes adoradores de dioses murieron tanto como los pecadores.

Pero, como es de esperar, de esa caja de Pandora que es la Teología, reina absoluta de todas las supercherías, saldrá cualquier cosa. De los doctores en dicha “ciencia” divina, los teólogos, surgirá cualquier cambalache metafísico. Esta suerte de saltimbanquis de la fe habitualmente se refugian en dos madrigueras explicativas: que “los designios de Dios son inescrutables”, aunque declaran conocer perfectamente los designios de Dios para cualquier otro tema, o que estas catástrofes responden a un castigo por el pecado humano. (Eso no es todo, hay veces que se descuelgan con un disparate todavía más bochornoso: que estos desastres son enviados por el “misericordioso” Dios para probar la fe de sus creyentes…)

De ello hay antecedentes históricos. Por ejemplo, luego del terremoto de Lisboa en 1755, que había matado a más de 100.000 personas, los sacerdotes recorrían las calles encabezando las hordas religiosas colgando a gente que supuestamente había causado la ira de Dios por sus pecados.

Aún en pleno siglo XXI, encontramos este primitivo razonamiento entre los más reputados creyentes. Después del huracán Katrina, que se abatió sobre Nueva Orleáns, el Reverendo Franklin Graham., hijo del famoso predicador Billy Graham., dijo que la ciudad había sido blanco de la ira divina por ser una ciudad del pecado: “Esta es una ciudad mala, ¿ok?, es conocida por el trabajo de Satán. Es conocida por su perversión sexual, es conocida por cada tipo de drogas y alcohol y las orgías. Ha habido una nube negra espiritual sobre Nueva Orleáns durante años”.Semejante explicación sólo puede provenir de una mente completamente adulterada por la religión.

Como prueba de que la teología cristiana infecta por igual a distintas congregaciones religiosas hay que comentar, también sobre el Katrina, el caso del Arzobispo emérito de Nueva Orleáns, Philip Hanann, de 92 años, que ha estado veintitrés años al frente de la diócesis. Un domingo, en Meanville, ante miles de fieles, dijo: “Hemos llegado a un grado de inmoralidad nunca visto, y el castigo fue el Katrina. Debemos contar a nuestra posteridad lo terrible que fue, para que ella entienda que se trató de un castigo”. “Pienso que nos corresponde predicar muy fuertemente, sinceramente y directamente que esto fue un castigo de Dios. Él nos dio derechos y por consiguiente nos da deberes también. Debemos prestar atención a este castigo. […] Para quien lee seriamente las Escrituras, no hay cómo escaparse de ello. Todos los que yo conozco, sacerdotes y obispos, creen del mismo modo”.

Y sobre una de las catástrofes más grandes que recuerde la historia humana —el tsunami de diciembre de 2004—, tanto la teología de seminario como la popular han producido frases memorables, y sea dicho esto para todas las confesiones religiosas más importantes. Es que probablemente no haya habido ningún evento del que se tenga memoria que haya puesto a prueba la fe de tan diversas religiones al mismo tiempo, dado que las descomunales olas mataron a miles de musulmanes, hindúes, budistas de Sri Lanka y tailandeses y a turistas cristianos y judíos.

La debacle también ocurría en las mentes de pastores, sacerdotes, imanes, cardenales, y califas, que, debilitadas por la hipoxia cerebral causada por sus dogmáticas respectivas, tenían que lidiar encima con los pedidos de explicación de sus feligresías: ¿Cómo puede Dios hacer esto a esta pobre gente? Las respuestas, acordes a la teología que padecen, fueron las esperadas. Así, el jefe de los rabinos israelíes, Shlomo Amar, dijo a Reuters: “Esta es una expresión de la gran ira de Dios con el mundo”, “El mundo es castigado por su maldad, que es el innecesario odio entre las personas, la falta de caridad y la depravación moral.”

Un clérigo musulmán de Malasia, Azizan Abdul Razak, afirmó que el desastre fue un mensaje recordatorio de Dios de que “Él creó el mundo y lo puede destruir.”

Otro jeque y clérigo musulmán, Ibrahim Mogra, dijo desde Inglaterra: “Creemos que Dios tiene el máximo poder de control de toda su creación. Tenemos la responsabilidad de intentar y atraer la bondad y misericordia de Dios, y no hacer nada que pueda atraer su furia.”

Todos parecían plantearse la misma cuestión. El presidente del consejo indonesio de los ulemas, K.H. Ma’aruf, la más alta autoridad del Islam en ese país intentó consolar a sus fieles con una frase muy recurrida por sus colegas cristianos: “Los caminos de Alá son impenetrables”, decía, y para no claudicar muy corto, agregó: “Desde la humildad de nuestra condición humana no podemos comprender su infinita sabiduría. Un verdadero creyente debe entender que su destino y el de los demás están en las manos de Alá. Si alguien ha muerto o si alguien se ha salvado, ha sido voluntad de Alá”.

Como reflejo condicionado en la mente de todo creyente, se ensayaron otras muestras de saltos mortales de lógica como la de los musulmanes que afirmaban que el tsunami del sureste asiático lo envió Alá para castigar a la población por la sodomía de la isla de Phi-Phi y por la falta de celo islámico en la población. Como “prueba” estaban las mezquitas que quedaron de pie luego del paso de las olas. Pero no advirtieron que las mezquitas están construidas a base de columnatas que ofrecen menos resistencia al paso del agua y que, además, dadas las generosas contribuciones de los fieles musulmanes, las mezquitas están hechas con hormigón y no con madera como las casas arrasadas de la humilde población del lugar merecedora de tanto castigo. Al final, las explicaciones prosaicas tampoco hacen clic en las mentes infestadas de religión. La lógica y la geología no encajan en una mente dominada por la teología. Tal es el caso del cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Pontificio Consejo Vaticano para la Justicia y la Paz. En una entrevista al Corriere della Sera, dijo: “Ante tragedias de esta dimensión, la Humanidad experimenta su impotencia, pero también el hombre de fe se encuentra desnudo ante el misterio”. “Uno se interroga, pregunta a Dios, pero al final debe aceptar el misterio del sufrimiento, que forma parte del misterio de la cruz […]. Quizás Dios ha querido poner a prueba nuestra capacidad de ser solidario” (!), expresó. Tal vez, digo yo, es más verosímil que Dios esté probando nuestra paciencia para soportar los disparates de sus siervos.

“Nuestras iglesias, los conventos y las escuelas han quedado completamente destrozadas. Gracias a la ayuda de Dios en los últimos 20 años se habían construido nuevas parroquias, conventos, casas de acogida y escuelas. Ahora, viendo todas estas obras destruidas, me pregunto qué mensaje nos está dando el Señor. Yo me inclino ante Dios y digo: ‘que se haga tu voluntad’”, señaló el monseñor Aleixo Dias, obispo de Port Blair, sin atreverse a concluir el intento de razonamiento que parecía que estaba construyendo. ¡Cuán severos son los daños que causa la teología en la capacidad para razonar!

Y como no podía faltar, el gran teólogo, es decir, el gran teórico de la nada, Benedicto XVI, al recibir a los obispos de Sri Lanka en visita “ad limina apostolorum”, el 8 de mayo de 2005, dio un nuevo salto al negro vacío teológico con una perla de razonamiento vaticano difícil de superar; Benedicto XVI explicó que en el tsunami Dios no estaba ausente y que los cristianos saben que “todo contribuye al bien de quienes aman a Dios” (?). Sea lo que sea que esto signifique, después de leer esta frase uno tiene la sensación de haber pisado algo de característico olor pestilente.

Nada cambiará sustancialmente. Sería un verdadero milagro que alguien perdiera su fe a causa de estos desastres. Normalmente —y extrañamente— estas tragedias refuerzan la fe popular. A tal punto el cristianismo en general, y la sibilina teología vaticana en particular, han socavado la capacidad de razonar de gran parte de la humanidad.

Sería una victoria de la esperanza que quedaran algunos en el mundo que puedan ver lo palmariamente absurdo de este culto a un Dios de “amor”, todopoderoso, que reina sobre el ahogamiento de niños.

El Tercer Mensajero.

Por: Félix Piriyú, miembro de APRA y fundador de Astronomía Paraguay.

Seguro te resulta familiar la infundada afirmación de que un objeto extraterrestre se acerca a nuestro planeta. Incluso se llega a límites increíbles e irrisorios al decir que se trata de una nave interplanetaria hostil hacia nuestra especie.

Las redes sociales y muchos medios han difundido este tipo de desinformación a lo largo del pasado mes de julio, generando todo tipo de comentarios y reflotando la romántica idea de que, fuera de la Tierra, existen seres inteligentes que podrían tener algún tipo de interés en nosotros.

Pero no toda la culpa puede atribuirse a la credulidad natural del ser humano. Avi Loeb, un destacado científico y director del Departamento de Astronomía de Harvard, publicó un paper (ver aquí) en el que da a entender que un objeto interestelar descubierto el 1 de julio podría ser tecnología extraterrestre posiblemente hostil. Un documento hecho a la medida de los ET lovers, y que nos muestra una vez más que la falacia de autoridad es uno de los recursos comúnmente utilizados para justificar este tipo de afirmaciones.

Hagamos un poco de historia para aclarar lo que sabemos del ya famoso objeto interestelar.

El 19 de octubre de 2017, el observatorio PAN-STARRS descubrió un objeto con una trayectoria peculiar. El camino que recorría dentro del sistema solar mostraba claramente que se había originado en otra estrella. Lo bautizaron como ʻOumuamua (la comilla es parte del nombre). Así, la humanidad conoció por primera vez un objeto interestelar. Tengamos en cuenta que, en aquella ocasión, Loeb ya había afirmado que esa piedra espacial podría ser una sonda extraterrestre. Según él, la velocidad y la forma en que se movía ʻOumuamua se correspondían más con un objeto artificial que con un asteroide. Por supuesto, la comunidad científica descalificó rápidamente sus afirmaciones.

El 30 de agosto de 2019, Guennadi Borisov, un astrónomo aficionado, descubrió el segundo objeto interestelar. Esta vez no hubo nada de naves alienígenas: todos coincidieron en que se trataba de un cometa.

El tercer objeto interestelar fue descubierto el 1 de julio de este año, cuando se encontraba a unos 670 millones de kilómetros del Sol. Su velocidad rozaba los 210.000 km/h, y nuevamente, su trayectoria delataba su procedencia interestelar. El hallazgo fue realizado por el observatorio El Sauce, en Chile. El nombre oficial que recibió fue 3I/ATLAS. El número 3 indica que se trata del tercer objeto interestelar; la “I” hace referencia a su origen interestelar; y “ATLAS” es el nombre de una red de telescopios que vigila constantemente el cielo en busca de asteroides que puedan representar un riesgo de impacto contra la Tierra.

Para el 3 de julio ya se había publicado el primer paper (ver aquí). En él se detallan observaciones realizadas por el Telescopio Canadá-Francia-Hawái, el Very Large Telescope y otros instrumentos terrestres más pequeños. El artículo identificó claramente una coma, demostrando que el objeto es, en realidad, un cometa.
Sin embargo, 3I/ATLAS saltó a la fama no por ese paper, sino por la publicación de Loeb. Sin duda, el gran público se siente mucho más atraído por los ETs que por los cometas interestelares.

Tomémonos un momento para reflexionar: ¿qué características podría tener un minúsculo punto de luz a 670 millones de kilómetros que lo delaten como una nave extraterrestre hostil hacia la humanidad? Un punto de luz prácticamente invisible para la mayoría de los telescopios.
¿Por qué la idea de una tecnología extraterrestre espiándonos resulta más popular que el hecho —científicamente comprobado— de que el objeto observado es un cometa procedente de otra estrella?

Un segundo paper, publicado por la Universidad de Oxford (ver aquí), ofrece una evaluación preliminar de 3I/ATLAS. Según los modelos utilizados, el objeto proviene de una región de la Vía Láctea conocida como Disco Grueso, una zona poblada por estrellas muy antiguas, de una generación anterior a nuestro Sol.

Es por esto que decimos que 3I/ATLAS es el Tercer Mensajero. El autor principal del paper de Oxford explica que este objeto podría tener una edad de 7 u 8 mil millones de años. Si esos valores son correctos, sería mucho más antiguo que el sistema solar.
Y como se trata de un cometa, perderá material a medida que se acerque al Sol. Nuestros grandes telescopios podrán analizar los elementos que componen su cola.

Además, hacia finales de este año, existe una buena posibilidad de que 3I/ATLAS sea observado por los instrumentos que tenemos en Marte: tanto por los orbitadores como por los rovers que se encuentran en la superficie.

Por lo tanto, este cometa podría revelarnos cómo estaba constituida la galaxia antes del nacimiento del Sol. El análisis del espectro de la luz que refleja podría brindarnos información que lleva guardando desde hace 8.000 millones de años.
Sin duda, es un mensajero extraordinario de una época remota. Y esto debería maravillarnos y sorprendernos mucho más que la idea de hombrecitos verdes viajando en naves espaciales disfrazadas de rocas.

 

La puerta de entrada a la reflexión: reseña de Filosofía Básica.

¿Querés empezar a leer filosofía y no sabes por dónde? Filosofía básica de Nigel Warburton es uno de los libros más recomendados para quienes buscan comprender los grandes temas filosóficos sin complicarse con tecnicismos. Además de ir directo a tópicos sin seguir la tradición de varios libros de filosofía que van más por la parte histórica.

¿De qué trata Filosofía básica?

 

Publicado por primera vez en 1992 y actualizado en varias ediciones, este libro ofrece una introducción clara y entretenida a las preguntas esenciales de la filosofía:

¿Existe Dios?

¿Qué es el bien y el mal?

¿Cómo sabemos que la realidad es real?

¿Qué papel juega la ciencia en nuestro conocimiento?

¿Qué es la mente y cómo funciona?

¿Cómo entendemos y valoramos el arte?

¿Qué responsabilidad tenemos hacia los animales?

Cada capítulo presenta los argumentos principales, sus críticas y ejemplos concretos, ayudando al lector a explorar distintas perspectivas y desarrollar pensamiento crítico.

Principales fortalezas del libro.

 

  • Lenguaje claro y directo: Nigel Warburton explica ideas complejas con ejemplos sencillos.
  • Estructura fácil de seguir: cada tema está bien organizado, lo que facilita la comprensión.
  • Contenido actualizado: las últimas ediciones incluyen temas modernos como la ética animal.
  • Ideal para principiantes: estudiantes, autodidactas y curiosos encontrarán en él un excelente primer paso en la filosofía.

¿Qué limitaciones tiene?

 

Por ser una obra introductoria, algunos debates se presentan de forma resumida y se enfoca más en la tradición filosófica anglosajona. Quienes busquen un análisis profundo necesitarán continuar con textos más avanzados.

¿Para quién es ideal este libro?

 

  • Personas que se inician en la filosofía.
  • Estudiantes que necesitan bases sólidas antes de abordar autores complejos.
  • Lectores interesados en desarrollar pensamiento crítico y reflexionar sobre su vida cotidiana.

Conclusión.

 

Filosofía básica cumple con su objetivo: acercar la filosofía a todo tipo de lectores de forma clara, entretenida y estimulante. No pretende dar todas las respuestas, sino despertar la curiosidad y ofrecer herramientas para seguir explorando.

Si buscás una primera lectura para entender los grandes temas filosóficos —Dios, moral, política, ciencia, mente y arte— este libro es un punto de partida ideal.

¿Son mortales los cinturones de Van Allen? Ciencia vs. conspiranoia.

Por: Félix Piriyú. Miembro de APRA y fundador de Astronomía Paraguay.

El 31 de enero de 1958, EE. UU. lanzó su primer satélite al espacio, bautizado Explorer 1. Llevaba en su interior un instrumento científico y una grabadora. El astrofísico Dr. James Van Allen y un grupo de sus alumnos modificaron un contador Geiger y lo colocaron en el Explorer 1. El objetivo de este instrumento era detectar rayos cósmicos y medir su variabilidad en el espacio.

Grande fue la sorpresa de los científicos al notar que el recuento de radiación era mucho menor al esperado. Varias hipótesis trataron de explicar este aparente error en las mediciones, pero Van Allen argumentó que el contador Geiger se había saturado por haberse encontrado con una zona donde la radiación era mucho más intensa.

Dos meses después, otro satélite fue lanzado, ya con el contador mejor calibrado, y confirmó las ideas de Van Allen: la Tierra no solo contaba con un cinturón de radiación, sino que nuestro planeta tiene dos cinturones de radiación en forma de rosquilla, uno más interno y pequeño, y otro exterior mucho más extenso. Estos cinturones de radiación son conocidos como Cinturones de Van Allen.

La razón por la que se forman estos cinturones es la interacción que hay entre las partículas cargadas y el campo magnético terrestre. Estas partículas pueden ser rayos cósmicos, así como electrones que tienen su origen en el viento solar. El núcleo de la Tierra está compuesto de metales, lo que lo convierte en un enorme imán. Las líneas de su campo magnético salen proyectadas hacia el espacio, envolviendo al planeta con un gigantesco campo magnético.

Las partículas cargadas que vienen del Sol y los rayos cósmicos interactúan con este campo, quedando atrapadas en zonas bien establecidas dentro de lo que se llama magnetosfera.

El cinturón interior está compuesto por protones de muy alta energía. La hipótesis de los científicos es que estas partículas provienen de la desintegración que sufren los rayos cósmicos al colisionar con las partículas de la alta atmósfera. En cuanto a la extensión de este cinturón, se calcula que inicia a unos 500 km de la superficie de la Tierra y se extiende hasta unos 5.000 km. La zona en la cual se pueden encontrar las partículas más energéticas es en el ecuador de la rosquilla, mientras que en los bordes la radiación disminuye notablemente.

En el caso del cinturón exterior, este inicia aproximadamente a los 15.000 km de altura y llega hasta los 58.000 km. Está compuesto por partículas provenientes del viento solar y, al igual que el cinturón interior, la radiación no es uniforme en toda su superficie. Existe evidencia de que, cuando ocurren tormentas solares, se puede formar un tercer cinturón. Este cinturón no es constante y su existencia aparentemente está relacionada con la actividad intensa de nuestra estrella.

Los conspiranoicos de las misiones lunares.

A menudo se suele ver a gente sin preparación y sin conocimiento difundir la idea de que estos cinturones son infranqueables, que cualquier ser vivo que pase por esa zona simplemente saldría cocinado por la temperatura y la radiación. Siguiendo este razonamiento errado, sostienen que las misiones Apolo de la NASA jamás pudieron llegar a la Luna.

Como ya lo comentamos más arriba, la NASA sabía a la perfección la ubicación y la forma de los anillos; las naves Explorer I, Explorer II y Mariner los habían mapeado. Incluso la nave Apolo 6 (sin tripulación) tenía como misión primaria estudiar los cinturones. Con todos estos conocimientos, la agencia espacial norteamericana calculó detalladamente la trayectoria por la que tendrían que ir y volver las misiones Apolo en su vuelo lunar. Estas trayectorias incluían atravesar ambos cinturones.

A las naves les tomó 30 minutos pasar por la sección menos densa del cinturón interior. En cambio, se demoraron casi 2 horas en atravesar el cinturón exterior. La NASA había calculado que, con las medidas de protección de la nave, más las que llevaban los astronautas, estos podrían soportar —entre ida y vuelta— unos 50 Rads de radiación, lo que equivale aproximadamente a tomarse 50 radiografías de tórax. Finalizadas las misiones, todos los instrumentos de medición que llevaron pegados al cuerpo los astronautas marcaron unos 2 Rads por viaje redondo.

La Anomalía del Atlántico Sur.

Podemos destacar también que existe una zona en el campo magnético terrestre donde este es relativamente más débil. Se llama Anomalía Magnética del Atlántico Sur y, coincidentemente, su punto central está casi sobre nuestro país.

Como el campo magnético es más débil en este punto, el cinturón interior se acerca más a la atmósfera; por lo tanto, la Estación Espacial Internacional y la Estación Espacial China en algunas ocasiones transitan estas zonas del cinturón sin mayores problemas. Esto nos demuestra que los cinturones de Van Allen, si bien son bastante energéticos, no son insalvables: se los puede atravesar siempre que permanezcamos en ellos un corto tiempo y se transiten usando una zona donde la densidad de la radiación sea menor.

Los cinturones tienen una forma de toroide. En la parte ecuatorial, la radiación es muy elevada. Si bien hay varios tipos de radiación —por ejemplo, la que te permite leer esto es la radiación electromagnética— la luz es un tipo de radiación no ionizante, lo que quiere decir que no daña la estructura de las células.

Los cinturones de Van Allen contienen otro tipo de radiación: la denominada radiación ionizante. Esta radiación está compuesta por partículas energéticas: electrones, protones y neutrones. Son relativamente peligrosas si no se toman los cuidados debidos, ya que se podrían describir como microscópicos proyectiles que pueden destruir las cadenas de ADN de los seres vivos, produciendo cierto tipo de enfermedades e incluso la muerte si uno se expone a ellas durante mucho tiempo.

Como ya dijimos, estas partículas vienen del Sol y de los rayos cósmicos. Estos últimos realmente no son “rayos”; en su mayoría son protones cuyo origen está fuera de nuestro sistema solar.

Los cinturones y un clásico de las historietas.

Como seguro la mayoría de los lectores sabrán, Netflix convirtió en una muy buena serie al más que famoso El Eternauta. El director no lo dice explícitamente, pero deja correr la idea de que los campos magnéticos terrestres se están invirtiendo. Asociado a esto, una especie de nieve muy venenosa termina con la vida de la persona con quien entra en contacto.

Aparentemente, al invertirse la polaridad del campo magnético terrestre, los cinturones de Van Allen se acercan a la atmósfera y las partículas cargadas entran en contacto con la nieve, volviéndola mortal.

Así que muy bien por el moderno El Eternauta, que seguro motivó a muchos, movidos por la curiosidad, a leer sobre el campo magnético terrestre y también sobre los cinturones de Van Allen. Un ejemplo más de cómo la ciencia ficción bien contada puede lograr un acercamiento del lector a la verdadera ciencia.

Para los que no vieron la serie, que la disfruten. Y para los amigos conspiranoicos, pueden leer la referencia al final del texto. Es un paper que trata sobre las radiaciones que enfrentan los humanos al salir fuera del planeta. Hay datos de la misión Orión, de la ISS y de Apolo.

Ref: https://www.nature.com/articles/s41586-024-079

Demencia Digital. Un libro contundente.

Por: Osvaldo Meza.

Manfred Spitzer es un psiquiatra investigador alemán, aún activo, que, a juzgar por su bibliografía, está más que interesado en la relación existente entre las tecnologías emergentes y la mente, sobre todo en cómo estas afectan el aprendizaje y más que nada cómo estas afectan a los niños.

El libro en cuestión es no solamente una exposición rigurosamente científica sobre el tema en cuestión sino también es una toma de postura ante un fenómeno que para el autor es más que evidente: el uso irrestricto de la tecnología digital fomenta la demencia, léase esto como un deterioro paulatino y permanente de las habilidades cognitivas o intelectuales superiores.

Ni bien se leen las primeras páginas, uno no puede evitar recordar a otro autor con temática similar, Nicholas Carr, cuyo libro: Superficiales, lo que hace internet con nuestras mentes, trata el efecto que internet tiene sobre el desempeño intelectual. Recordemos que Carr publicó su libro en 2012, un poco antes de la super masificación de los teléfonos inteligentes. De todos modos, el libro de Spitzer también es del mismo año. El mismo Spitzer reconoce que coincide en interés con el periodista y va un paso más allá al aportar evidencia sobre los efectos de la tecnología tanto en la cognición como en el comportamiento.

Haciendo eco del viejo adagio de la historia se repite, introduce el problema en cuestión con una analogía para resaltar el peligro que hoy nos explota en la cara. Menciona un aparato que particularmente yo no conocía, conocido como podoscopio, que se comercializó masivamente en los Estados Unidos entre los años 20 y 50. Primeramente en zapaterías, como un intento de medir lo más exactamente los pies para no comprar zapatos inadecuados (un lujo caro en la época de la Gran Depresión), por lo que los que más lo utilizaban eran los niños, con el aval de los ahorrativos padres, obviamente. Luego su uso se pervirtió hasta convertirse en un divertimento que las tiendas ofrecían como atracción a todos los niños curiosos. El problema está en que el aparato en cuestión era cualquier cosa menos un juguete: ¡FUNCIONABA A BASE DE RAYOS X! La analogía es reveladora. Lo único que excusa a los, con mucha seguridad amorosos padres, es la ignorancia sobre los deletéreos efectos de los rayos X en seres vivos, ni qué decir en niños.

La pregunta es: ¿qué excusas podría poner nuestra generación?

Resultaría irónico y hasta paradójico alegar ignorancia sobre un problema endémico, ya que vivimos en la era de la información. Tal vez no se lo vea como un problema, aún.

Valiéndose de analogías sencillamente incuestionables y bien pensadas, el autor nos hace ver lo nocivo que sería delegar nuestras propias responsabilidades, ya sea como adultos, como padres o como miembros de una sociedad, a las tecnologías emergentes. Responsabilidades como la básica pero imprescindible tarea, de forjar nuestras mentes para ser capaces de resolver problemas complejos. En el aprendizaje no puede haber atajos y quien crea que manejar un celular lo vuelve más hábil, debería pensar en qué está cediendo a cambio. Dice el autor, que así como uno que se acostumbra a usar un ascensor, de a poco va perdiendo tono muscular y capacidad cardíaca, así también el uso de tecnologías que facilitan la información, haciendo prescindible la memoria, terminan debilitando a esta última, de manera que vamos perdiendo esa asombrosa capacidad. Aquel que piensa que la tecnología es neutral, debe informarse mejor al conocer el modelo de negocio detrás de las tecnologías emergentes.

Posteriormente comenta el caso de la campaña por muchos conocida: una computadora por niño, contrastándola con la evidencia del pésimo resultado en el aprendizaje de niños, sobre todo en los países en desarrollo (menciona a Paraguay incluso). Posteriormente se supo que todo fue una estrategia mercadotécnica para vender un determinado sistema operativo. Los niños fueron las víctimas, no los beneficiados.

Otro capítulo trata sobre la paradoja de las redes sociales, demostrando que cuantos más ‘’amigos’’ uno tenga en dichas redes, más solo se siente.

Otro capítulo interesante es sobre los mitos acerca de los nativos digitales, sobre todo en cuanto a la mayor ‘’capacidad de aprendizaje’’ de los mismos, ya que han naturalizado las tecnologías de la información. La realidad es que la profundidad del trabajo intelectual ha sido reemplazada por una superficialidad digital. Se podría afirmar que las ventajas que la tecnología nos ha proporcionado, desvirtuó sus propias soluciones, ya que la inmediatez y disponibilidad dificultan la concentración, robándonos tiempo para asimilar lo leído o si se quiere, aprendido; todo eso porque el acceso a la información no garantiza el aprendizaje.  Además, se revela lo nocivo que es la multitarea cuando se quiere trabajar en algo que vale la pena.

Con el respaldo de estudios realizados en poblaciones jóvenes, se evidencia la relación entre la pérdida de autocontrol y es estrés y el papel de la tecnología en la pérdida del autocontrol. Así como también el vínculo entre videojuegos y la falta de sueño y la depresión, el fomento de las conductas adictivas y sus consecuencias en el cuerpo.

El autor concluye diciendo que no existe un factor más decisivo en la salud integral (física, mental, emocional) que la educación, de ahí su afán en demostrar los peligros que implica el uso irrestricto de tecnologías aparentemente inofensivas y sus efectos en el desarrollo neural sobre todo de los niños. Nos invita a pensar, otra vez con una analogía, en nuestra salud de la misma manera que con el calentamiento global (otro gran problema de nuestra generación), en el sentido que lo que hagamos hoy, o dejemos de hacer, tal vez no tenga efecto palpable mañana pero algún día en 20 años se verá. La gran diferencia con el calentamiento global es que no podremos delegarles nuestras propias enfermedades a la siguiente generación, que es lo que siempre hacemos con el cambio climático. Debemos hacernos cargo y mientras más pronto, mejor.

El libro en cuestión no lo encontré en castellano, pero hay varios del mismo autor y la misma temática disponibles en nuestro idioma. Esta reseña es más que nada para invitar a conocer al prof. Spitzer y transmitir su sentido de urgencia al tratar la problemática.

Como conclusión, se puede decir que Internet y la tecnología derivada de ella es como el capitalismo: no se puede consumir crudo, debe ser filtrado y estrictamente vigilado, en el caso que compete, por los propios padres aplicando el juicio crítico.

 

 

 

 

Un Paseo por la Cosmología

Por: Félix Piriyú, fundador de Astropy y miembro de APRA 

A lo largo de la historia prácticamente toda las culturas han tratado de responder a la fundamental pregunta: ¿de dónde viene todo lo que existe? Las distintas ideas desarrolladas para intentar dar una respuesta a dicha cuestión recibe el nombre de Cosmogonía. Las cosmogonías que conocemos no ofrecen evidencias sobre los hechos que afirman. En occidente, probablemente la más conocida de todas sea el relato mítico de la creación que podemos leer en el primer libro de la biblia.

Por otro lado, la ciencia ha desarrollado un complejo modelo que estudia la dinámica y evolución del universo y es capaz de describirlo a enormes escalas tanto de tiempo como de espacio, nos estamos refiriendo a la cosmología.

Se puede afirmar que la cosmología se asienta firmemente en el campo de la ciencia a partir de la publicación de la Teoría General de la Relatividad y de las observaciones realizadas por Edwin Hubble y Milton Humason desde el observatorio del monte Wilson.

Einstein junto a Edwin Hubble y Walter Adams en el Observatorio Mount Wilson, 1931

Usando el telescopio más grande de la época, Hubble y Humason demostraron que las galaxias se están alejando de nosotros y que lo hacen a mayor velocidad mientras más lejos se encuentran. A esta relación entre la velocidad de recesión y la distancia se la llama  actualmente Ley de Hubble Lemaître.

George Lemaître fue un sacerdote católico doctorado en física que propuso la hipótesis de un universo primordial extremadamente pequeño, la idea consistía en que muy atrás en el tiempo todo este universo célula se fue expandiendo hasta llegar a ser lo que podemos observar en la actualidad.

Lemaître y Albert Einstein en Caltech, 1933

En tiempos de Lemaître la idea predominante era la del universo estático, un universo que siempre había existido y que no cambiaba. Es muy conocido el hecho de que Albert Einstein compartía esta idea del universo sin cambios, tanto así que introdujo en las fórmulas de la Relatividad General un término que evitaba que el universo varíe de tamaño, ese término se conoce como Constante Cosmológica. Einstein llamó “su mayor pifiada” a la introducción artificial de este término en las ecuaciones de la Relatividad General.

Finalmente el minucioso y detallado trabajo de Hubble y Humason sobre la recesión de las galaxias confirmó la hipótesis de Lemaître e hicieron que Einstein cambiara de idea, el universo no era estático, tal cual como la teoría de la relatividad general (sin constante cosmológica) lo predecía.

Espectros de galaxias tomados por Milton Humason en el Monte Wilson, la fina flecha en cada foto indica su corrimiento al rojo o redshift.

La expansión del universo se puede visualizar tomando como ejemplo un globo, si se pinta sobre su superficie varios puntos y luego se infla dicho globo, se puede apreciar como todos los puntos se alejan unos de otros, que es justo lo observado por Hubble y Humason, se puede destacar que ninguno de los puntos tiene una importancia particular.

Al inflar un globo, los puntos dibujados sobre su superficie se alejan unos de otros, es una analogía simplificada de como las galaxias se alejan una de otras por efecto de la inflación cósmica.

No se puede decir que existe un centro, un observador situado en cualquiera de esos puntos notará que todos los otros puntos se alejan de él. Hay que tener en cuenta que la superficie del globo tiene solo dos dimensiones y nuestro universo se expande en tres dimensiones espaciales.

Otra aclaración que no está demás hacer es referente al movimiento de las galaxias, la expansión del universo implica que el espacio entre las galaxias es el que aumenta, no son las galaxias las que se mueve. Muy probablemente el lector ya tenga en la mente la ley de Hubble Lemaître, y piense que podrían existir galaxias lo bastante lejanas que ya hayan alcanzado o superado a la velocidad de la luz, pero sabemos que nada que tenga masa se puede mover a esa velocidad, el truco está en que esas galaxias no vulneran la relatividad general, no se están moviendo, lo que crece aceleradamente es el espacio entre ellas, el espacio, como con el ejemplo del globo se está estirando, dando la impresión para cualquier observador de que las galaxias salen disparadas.

Analogía que muestra como las galaxias permanecen estáticas mientras el espacio entre ellas aumenta.

Hubble y Humason descubrieron que el universo se está expandiendo analizando el espectro de galaxias muy lejanas. El espectro es la descomposición de la luz en sus diferentes longitudes de onda. Los astrónomos estudian la luz que pasa por un espectrógrafo, este instrumento descompone la luz en sus diferentes frecuencias o “colores”.

Comparación de la luz analizada en un laboratorio, con la luz proveniente de una galaxia muy distante, una galaxia distante , una galaxia cercana y una estrella, nótese como la línea de puntos blanca se corre hacia la derecha.

Cuando ese espectro se corre hacia la derecha, hacia el color rojo esto está indicando que la galaxia se está alejando de nosotros. Es el mismo efecto que podemos observar en la vida cotidiana, pero con el sonido.

La galaxia de arriba se mueve hacia la Tierra las ondas de luz se comprimen y tienden hacia el color azul, la galaxia de la imagen inferior se aleja, su longitud de onda se estira y se corre hacia el rojo.

Cuando la sirena de una ambulancia se mueve en nuestra dirección, el sonido que escuchamos va volviéndose más agudo a medida que el vehículo se acerca (corrimiento al azul en el caso de la luz), en cambio cuando la ambulancia se aleja, el tono de la sirena se hace más grave (corrimiento al rojo para la luz). De esta forma podemos determinar si algo se aleja o se aproxima, este fenómeno recibe el nombre de Efecto Doppler.

La imagen representa el ejemplo del movimiento de una ambulancia y como varia el tono de la sirena según se aleje o se aproxime al observador.

Con la evidencia de que las galaxias se están alejando, los científicos no tardaron en pensar lo que ocurriría si se pudiera volver el tiempo atrás como se hace al retroceder una película, entonces sería como sacarle el aire lentamente al globo y todos los puntos volverían a juntarse. Si retrocediéramos el tiempo lo suficiente, todo estaría concentrado en un único punto de una densidad tremenda.

Esta es la base de lo que conocemos como Teoría del Big Bang.

En ciencias se llama teoría a un sistema de enunciados que se formulan para tratan de explicar la realidad o alguna parte de ella. Para corroborar estos enunciados se usa el llamado método científico. Mientras más corroboraciones independientes tengan estos enunciados, la teoría se fortalece, en cambio sí hay incoherencias con respecto a las observaciones o a los resultados de los experimentos, la teoría se abandona o se cambia. Debido a su carácter hipotético, una teoría científica no se puede verificar al cien por ciento.

Una teoría científica debe hacer una muy buena descripción del fenómeno que estudia y debe tener características predictivas, en contra posición a esto, “teoría” en lenguaje común no pasa de ser una suposición sin sustento.

La ciencia tiene una familia de teorías muy elaboradas sobre la dinámica y desarrollo del universo llamada Teoría del Big Bang. En cosmología actualmente el modelo más aceptado por la comunidad científica es el denominado Lambda-CDM o ΛCDM.

Esquema de la actual imagen que tiene la cosmología sobre la evolución del universo según los datos de la nave WMAP.

Contrariamente a lo que se piensa, el Big Bang no es un evento, no es una explosión. Hay que destacar también que esta familia de teorías no explica el origen del universo, ya que las ecuaciones que se usan para extrapolar el tiempo a los momentos iniciales fallan al no poder usar cantidades infinitas, como la densidad por ejemplo.

Por lo tanto es un error afirmar que el universo tuvo su inicio en el “Big Bang”, o decir que esa familia de teorías explica el origen del universo.

¿Por qué se usa entonces ese nombre para dicha teoría? El responsable fue el destacado físico británico Fred Hoyle, este científico defendía la hipótesis del Estado Estacionario del universo, para él, nuestro universo siempre había existido y no había cambios apreciables en su dinámica. En unas entrevistas radiales en la BBC de Londres, Hoyle intentó graficar con palabras la teoría contraria a la que él creía correcta y usó el término “Big Bang” (Gran Explosión) para referirse a ella. Se suele decir que uso el término en forma despectiva, pero eso sería faltar a la verdad.

Fred Hoyle acuño el nombre Big Bang para la teoría en la cual el universo se expande con el tiempo.

El nombre cayó muy bien, así que a la teoría contraria a la del Estado Estacionario se la nombró “Gran Explosión” a pesar de que no hubo una explosión y a pesar de que en dicha teoría no se describe o nombra ninguna explosión.

Así las cosas, el nombre de la teoría cosmológica más aceptada en la actualidad se presta fácilmente a malas interpretaciones, ya que en lenguaje común la palabra teoría la usamos como sustantivo de idea y “Big Bang” como explosión.

Muchas veces, cuando se habla de la teoría del Big Bang se suele asociar el origen de nuestro universo a una singularidad, entendiendo esta como un punto sin dimensiones, infinitamente denso.

Nuevamente, esta teoría no puede decir nada sobre el inicio, porque las herramientas matemáticas que se usan dejan de funcionar al retroceder el tiempo arbitrariamente hasta el tiempo cero. Una singularidad no es un lugar o un punto, se llama así a esa situación justamente porque es singular, las ecuaciones con las que contamos no la pueden describir, la singularidad no es un objeto.

Como toda teoría científica, la teoría del Big Bang fue evolucionando con el tiempo.

En 1.948 los cálculos de George Gamow y unos colegas mostraron que el universo primitivo debería ser muy caliente y que a medida que se expandía, esta temperatura debería descender.
El universo temprano, contenía solo plasma debido a su temperatura, la cual estaba en el rango de los millones de grados, esta sopa densa y caliente de partículas donde los fotones estaban acoplados a los electrones, hacía imposible que la luz pueda viajar por el joven universo.

Gamow calculó que más o menos cuando el universo alcanzó una edad de 380.000 años se había expandido los suficiente para poder enfriarse a una temperatura de unos miles de grados, lo que permitió a los electrones unirse a los núcleos atómicos, por lo tanto los fotones encontraron el camino libre y el universo se llenó de luz.

Los números de Gamow indicaban que esta primera luz tendría que poder detectarse aun en nuestros días y que debería estar alrededor de los tres grados Kelvin en el rango de las microondas.

Tres grados por encima del cero absoluto es algo extremadamente difícil de medir, pero en 1.965 unos científicos de los laboratorios Bell estaban probando una antena muy sensible y captaron una señal, un ruido muy molesto. Esta señal no variaba independientemente si la lectura se hacía en el día o en la noche, o durante cualquier estación del año. Apuntaban la antena en cualquier dirección y el sonido seguía ahí. Estos científicos hicieron de todo para deshacerse del ruido, pero fue imposible.

Arno Penzias y Robert Wilson frente a la antena con la cual captaron por primera vez el CMB

Finalmente al consultar con otros colegas, estos les dijeron que probablemente estaban captando esta primera luz cuya existencia era predicha por los cálculos de Gamow. Así fue como Arno Penzias y Robert Wilson, recibieron el premio Nobel de física, por descubrir sin querer la evidencia más fuerte a favor de la teoría del Big Bang. En la actualidad a ese sonido captado por la antena de Penzias y Wilson se le llama Fondo Cósmico de Microondas (CMB por sus siglas en Ingles) y no se conoce ningún fenómeno natural que lo pueda producir, exceptuando lo que la propia teoría del Big Bang predice.

Uno de los principios de la cosmología establece que nuestro universo es homogéneo e isotrópico (Principio Cosmológico), esto quiere decir que a gran escala, la masa y la radiación están distribuidas con la misma densidad promedio en todas partes (homogéneo) y en todas las direcciones (isotrópico). Dicho de otra formar, si observamos el universo desde distancias extremadamente lejanas cualquier parte de él sería indistinguible de cualquier otra.

Las observaciones también muestran que la forma geométrica del universo es plana, el universo es plano. Una forma de visualizar esto es proyectando líneas paralelas imaginarias, en un universo plano están líneas seguirán paralelas por siempre, mientras que un universo curvo las líneas volverían al punto del cual partieron porque el universo se curvaría sobre sí mismo, otra forma de ver la no planitud sería diciendo que el espacio no es euclídeo, en un espacio así las suma de los ángulos de un triángulo no sería igual a 180 grados.

Hasta la actualidad se han enviado al espacio tres sondas para estudiar en detalle el CMB, estas misiones fueron COBE, WMAP y Plank. Todas cartografiaron la totalidad de la bóveda celeste y encontraron que hay pequeñas fluctuaciones de temperatura de aproximadamente un parte en 100.000, hay que recordar que la temperatura del CMB en la actualidad está por debajo de los tres grados Kelvin (-270,43 grados centígrados). Así que la detección de tales fluctuaciones es todo un
logro científico.

Imagen de la diferencia de temperatura en el CMB medidas por las distintas misiones, Plank es la más sensible y de mejor resolución.

Complejos estudios realizados sobre el Fondo Cósmico de Microondas nos dicen que el universo efectivamente es plano y que cumple con el Principio Cosmológico, estos estudios también muestran que la edad del universo es de unos 13.820 millones de años, que está constituido por 68,3% de Energía Oscura, 26,8% de Materia Oscura y 4,9 % de Materia Bariónica. Un poco más adelante hablaremos de dicha composición.

Composición del universo según los estudios realizados por las mediciones de la nave Plank.

Inicialmente la Teoría del Big Bang no podía explicar por qué el universo es igual en todas partes y por qué tiene una geometría plana. Este problema fue resuelto en la década de los 80 por el estadounidense Alan Guth y por el soviético Andrei Linde, ambos propusieron la hipótesis de la
Inflación.

Inflación se inicia cuando el universo era extremadamente joven, cuando su edad estaba en el orden de las millonésimas de segundo. La teoría dice que un campo escalar llamado Inflatón (el campo escalar más famoso es el Campo de Higgs) hizo que este diminuto universo se expanda exponencialmente a una tremenda velocidad.

.El esquema muestra el radio del universo en comparación con el tiempo, la franja azul nos indica lo poco que duro Inflación y lo mucho que se incremento el radio del universo en ese lapso.

Inflación duró una cantidad de tiempo ridículamente pequeña, una que nuestro cerebro no puede graficar (pero que la teoría fija con exactitud), entonces el Inflatón decayó, toda su energía se transformó en calor y en las partículas elementales que darían origen posteriormente a todo lo que conocemos.

Inflación también eliminó cualquier tipo de curvatura que haya tenido el universo primordial e hizo que el universo adquiera su característica de homogéneo e isotrópico. Por lo general, otra manera de llamar al problema de la homogeneidad del universo es “Problema de Horizonte”.

Si el lector quiere profundizar sobre dicha definición al final encontrara unos vínculos que aclararan el tema.

Llegados a este punto, podemos decir que actualmente cuando los cosmólogos hablan de Big Bang se refieren al punto en el cual finaliza Inflación. Desde este punto en adelante la física que conocemos puede describir con toda claridad la evolución de nuestro universo. Tenga en cuenta el lector que Inflación termina cuando la edad del universo seguía estando en el orden de las millonésimas de segundo.

Desde el punto de vista del tamaño, estamos hablando de pasar de algo 100 trillones de veces más pequeño que un átomo al del diámetro de una polota. El universo creció en un factor de 10 a la 26. Para quienes gustan de los números eso equivale a la diferencia que hay entre un nanómetro y 10,6 años luz.

Al finalizar Inflación (que duro millonésimas de segundo), el universo continúo con su aumento de tamaño y con la disminución de la temperatura y la densidad. Pasados unos 380.000 años la temperatura rondaba los 3000 Kelvin, lo que permitió que los fotones se desacoplaran de los electrones, pudiendo por fin la luz vagar por todo el universo. Esta primera luz es lo que recibe el nombre de CMB y es lo más lejano en el tiempo que podemos ver con nuestros instrumentos.

En el Big Bang el universo no era completamente homogéneo, había pequeñas fluctuaciones de densidad, estas diferencias son las que se pueden notar en el CMB y son como las semillas que con el tiempo dieron lugar a las grandes estructuras cosmológicas, como galaxias, cúmulos de galaxias y supercúmulos.

Algunas ecuaciones de los modelos de Inflación predicen también que el Inflatón dejó como grumos, que podrían dar lugar con el tiempo a otros universos, multiversos ajenos y desconectados del nuestro, pero esto más que nada es especulación, no hay una sola evidencia de que hayan multiversos pululando quien sabe dónde.

El universo fue evolucionando, aún no había estrellas y por eso a esa época se la suele llamar “Edad Osura” (la iglesia no tuvo nada que ver con esto), la composición del universo entonces era de prácticamente un 25% de Helio y un 75% Hidrogeno con ligeras trazas de otros elementos ligeros.

Muestra la idea general de la Teoría del Big Bang, no tenemos datos del inicio, hay una inflación constante que luego se ve acelerada, la figura humana marca el tiempo actual.

Aproximadamente unos 200 millones de años después del Big Bang, las nubes formadas por estos gases colapsaron por efecto de la gravedad y se formaron las estrellas, con ello finalizó la Edad Oscura.

El tiempo sigue corriendo, el universo sigue expandiéndose, las estrellas se forman y mueren llenando el espacio con los elementos que componen la tabla periódica, este es el gran trabajo de las estrellas, producir en sus núcleos los elementos de los cuales están formadas todas las cosas que conocemos.

Pasados unos 13.800 millones de años, el universo tiene un diámetro de alrededor de 90.000 millones de años luz y su temperatura no está lejos del cero absoluto. En un punto dentro de esta inmensidad, los elementos químicos formados por las estrella, se combinan de manera azarosa y siguen un proceso llamado evolución darwiniana, este proceso da origen en el planeta Tierra a seres capaces de interpretar la historia del universo que los contiene.

Actualmente la cosmología ha llegado a la conclusión (de acuerdo a la evidencia disponible) de que toda la materia que conocemos solo representa un 4.9 % del universo. Un 26,8 le corresponde a la Materia Oscura, un tipo de materia que sigue siendo indetectable por nuestros instrumentos y que solo interactúa con la gravedad.

La primera evidencia sobre esta exótica clase de materia nos viene del estudio de los movimientos propios de las galaxias (no los de recesión) y de la velocidad de rotación de las estrellas en los brazos extremos de las galaxias, estos movimientos no son coherentes con la cantidad de materia que se ve o se puede medir, existe por lo tanto algún tipo de materia que está produciendo el movimiento peculiar en las galaxias y en las estrellas, a ese algo se lo denomina Materia Oscura.

La Energía Oscura es el tercer componente, le corresponde un 68.3 %. Los cosmólogos le atribuyen la causa de la expansión acelerada del universo, no se conoce su origen y junto con la Materia Oscura representa un enorme desafío para la física.

Habíamos dicho que la teoría cosmológica más aceptada por la comunidad científica es la Teoría del Big Bang Lambda-CDM o ΛCDM, Lambda hace referencia a la expansión acelerada, la responsable de que el volumen del universo aumente (la constante cosmológica de Einstein). CMD son las siglas en Ingles de Materia Oscura Fría, ya sabemos lo que es la DM y se la llama fría por que la teoría dice que este tipo de materia no se mueve a velocidades relativistas.

Continuando con nuestro viaje cosmológico, el universo seguirá expandiéndose sin nada que aparentemente lo detenga, finalmente esta expansión hará que todo se enfrié, llegará la muerte térmica y muy probablemente este será el fin del cosmos que conocemos.

El esquema muestra las posibles formas de evolución del universo, en la inferior la inflación es detenida por la gravedad y el universo colapsa sobre si mismo, en la del medio la inflación se mantiene constante y en la superior la Energía Oscura acelera la inflación cada vez más, provocando finalmente la muerte térmica del cosmos.

La cosmología aun no puede responder con propiedad como exactamente se inició nuestro universo, pero nos permite hacer una descripción detallada de lo que pasó desde la millonésima de la millonésima de la millonésima de segundo de su existencia, sin dudas un enorme logro de nuestra especie.

Con el desarrollo de la tecnología y una teoría de la gravedad cuántica, tal vez en un corto tiempo podamos ver que hay antes del Big Bang y le corresponda a los sapiens responder a la pregunta más importante de todas, ¿cuál es el origen todo?

Fin del paseo.

Material de Referencia:

Sobre los conceptos del Big Bang:

https://www.youtube.com/watch?v=In85bmP5rk0

https://www.youtube.com/watch?v=wBylI9P4fS8

https://www.youtube.com/watch?v=FhxDuH9rmaM

Sobre el CMD:

https://cienciasdelsur.com/2018/09/10/entendiendo-ciencia-fondo-cosmico/

Sobre los Objetos Oscuros:

https://cienciasdelsur.com/2018/06/09/el-lado-oscuro-del-universo/

Lectura recomendada:

Steven Weinberg “Los tres primeros minutos del universo”

Aplazo masivo de docentes: una realidad que se debe enfrentar.

Por: Valeria Ramírez.

Como estudiante de educación enfocada en la enseñanza de la lengua inglesa y madre de
dos niñas en edad escolar, los recientes resultados del Concurso Público de Oposición para Educadores en Paraguay me generan una gran preocupación. En particular, los datos
revelan un desempeño alarmante de los docentes que ya están en ejercicio, especialmente aquellos que enseñan en el primer y segundo ciclo de la educación escolar básica. De un total de 3.015 postulantes en todo el país, solo 997 aprobaron, mientras que 2.018. reprobaron. Esto es especialmente evidente en el departamento Central, donde el número de reprobados (1.469) casi triplica al de aprobados (709).

Me resulta inquietante que estos bajos resultados no correspondan a docentes en
formación, sino a profesionales que ya tienen años de experiencia en el aula y que, en
muchos casos, están encargados de los primeros años de escolarización, un periodo clave en el desarrollo de habilidades fundamentales para los estudiantes. Como madre, sé lo crucial que es que mis hijas reciban una educación de calidad desde sus primeros años, y ver que hay deficiencias tan marcadas en la preparación de los docentes me hace reflexionar sobre el impacto directo que esto puede tener en su rendimiento académico. Si los estudiantes no reciben una enseñanza adecuada en estos ciclos iniciales, es muy probable que enfrenten dificultades mayores cuando avancen a los siguientes niveles, lo que puede traducirse en bajo rendimiento y deserción escolar.

Los estudios del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) refuerzan esta preocupación. En el informe del Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE) de 2021, se destacaba que solo el 17% de los estudiantes de sexto grado lograban niveles satisfactorios en matemáticas, y apenas el 12% en lectura (MEC, 2021). Esto me lleva a pensar en una posible correlación entre la falta de preparación docente y el bajo rendimiento de los estudiantes.

Es importante mencionar que los resultados que tenemos hasta ahora corresponden solo a
los docentes de la capital y el departamento Central. Aún falta que se presenten los
educadores del resto del país, lo que podría cambiar el panorama. Sin embargo, lo
observado hasta ahora ya genera una gran preocupación sobre el estado actual de la
educación en Paraguay.

Más allá de los resultados del examen, otro tema que me preocupa como futura docente y
madre es la falta de organización que se reportó durante el proceso de evaluación. Esto no solo afectó a los postulantes, sino que también pone en evidencia la necesidad de que el MEC no solo revise los programas de formación, sino que además garantice una mejor planificación en futuros concursos. Asegurar un proceso bien estructurado es fundamental para que los docentes puedan demostrar realmente sus competencias y, en última instancia, mejorar la calidad de la educación en nuestro país.

Referencias
Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). (2021). Informe de resultados del Sistema
Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE).

 

Los testigos de Jehová: una secta particular. Parte 3.

¿Cómo puedo agradecer a Dios todas las cosas buenas que tengo mientras otras personas no tienen nada? ¿Cómo puedo darle gracias a Dios sin, por implicación, culparle del estado del mundo?

      Bart Ehrman, ¿Dónde está Dios? El problema del sufrimiento humano.

Preguntas como las de arriba son, digamos, “religiosamente” incorrectas, porque son incómodas y las explicaciones que nos venden, en nuestro fuero interno, nunca terminan por convencernos. Supongo que para personas razonables, preguntas así inician un paulatino proceso de descreimiento hacia la misma idea de un dios bíblico, uno que activamente participa en la historia humana. Preguntas así, abordadas con honestidad intelectual, deberían motivarnos a reflexionar sobre la improbabilidad (por no decir imposibilidad) de un dios amoroso que todo lo puede.

Me gustaría decir que mi salida de los testigos de Jehová fue así de aséptica y motivada por reflexiones elevadas. Fue aséptica, sí, pero no fue por cuestionar profundamente el sufrimiento humano actual. Al decir que fue aséptica me refiero a que no fue debido a “pecados”, que motivan la expulsión del testigo en cuestión. No, al contrario, me perfilaba para pastor de mi congregación incluso.

Como ya se mencionó, el manejo de la información es sumamente importante para mantener el control de las actitudes e ideas de la feligresía, es por eso que en su momento la iglesia católica se opuso a la educación pública, por ejemplo. Así también, los testigos de Jehová ven con recelo la educación académica, o seglar. Es aceptable que uno termine el colegio pero en el ideario de esta secta, lo que sigue debe ser un trabajo a tiempo parcial, a lo sumo de mando medio, para que el resto de la vida del testigo gire en torno a la predicación. No manejo cifras pero someramente puedo decir que a lo sumo un 10% o menos de los publicadores (testigos de Jehová con la posibilidad de predicar) optan por ello. O sea, muy pocos van (o iban en mi tiempo antes de la epidemia de universidades garage) a la universidad pero muy pocos optan por salir a predicar todos los días. O sea, se adaptan a lo mínimo requerido. Consecuencia de ello es que el grueso de los testigos de Jehová terminan subempleados en una situación laboral extremadamente precaria.

Mi primera desavenencia con los ancianos de mi congregación fue cuando iba a ingresar a la universidad. Pese a su insistencia, ingresé y seguí. Un evento en particular hizo que perciba la incoherencia de las afirmaciones de la organización (afirmaciones de las que se apropian los pobres testigos de a pie). Se supone que no se deben estudiar carreras universitarias (que duran seis años o más) porque, como secta milenarista, el fin del mundo y la segunda venida de Cristo, ya son inminentes. Se entiende la premura (desde 1870). A su vez, los testigos de jehovä, planean, construyen, reconstruyen, remodelan (y venden) edificios suyos, hechos con mano de obra gratuita, todo el tiempo. Para el momento en que empezaba la universidad, me tocó trabajar en una construcción que se proyectaba terminar EN 8 AÑOS. Iba a tener tiempo de sobra para la universidad (y por lo visto, el fin no estaba después de todo tan cerca). Por algún motivo, dejé pasar eso.

Más adelante, un pastor cuestionó mis gustos literarios. Recuerdo que me aconsejó piadosamente dejar de leer novelas de misterio y que redoble mi dedicación a lo que es provechoso, o sea, a leer la biblia e invitar a otros a leer la biblia. Eso me pareció una afrenta porque justamente fue la curiosidad y el hábito de leer lo que me motivaron a unirme a ellos y por lo visto ese hábito debe restringirse a ellos una vez que uno está adentro.

Los años pasaron y, finalmente, cuando la digitalización de la literatura de divulgación hizo mucho más accesible libros que de otro modo un estudiante no podría obtener, encontré en un cibercafé la copia de “El espejismo de Dios”, de Richard Dawkins. Obviamente el título era sugerente pero yo creía que si mi fe (o adoctrinamiento, que son la misma cosa) era fuerte, no importara lo que diga el libro, mi relación con dios no se afectaría. Al parecer era más honesto que devoto, así que luego de leer el libro, ya no pude seguir autoengañandome. Poco a poco deje de frecuentar la congregación y, finalmente, cuando me mude, perdi todo contacto con mis hermanos. Si sentí un “vacío espiritual” o crisis existencial, no duró mucho. Tal vez porque, acto seguido, leí todo cuanto pude de escepticismo y racionalismo. Luego llegó la adultez y el tiempo se hizo escaso de todos modos. Así fue mi salida, resumidamente.

Tengo que agradecer que no insistieron (tanto) que vuelva al redil. Eso siempre hace todo más difícil. De todos modos, salí sin rencores y sin la idea de que me arrebataron años de vida, con todas las limitaciones que imponen en temas de sexo o de consumo de drogas. Muchos testigos de Jehová son expulsados jóvenes, en su mayoría, se sobreentiende, porque inician su vida sexual obviamente fuera del matrimonio. Cuando los pastores se enteran, generalmente porque otro piadoso hermano acusa al pecador, se llama al acusado a aclarar la situación. Si confiesa lo ocurrido, se le expulsa y, hasta hace poco, nadie de los testigos de Jehová podía dirigirle la palabra hasta que sea readmitido.

El sentimiento de culpa, de vulnerabilidad y la rabia que experimentan jóvenes que pasaron por dicha experiencia explica que muchos expulsados terminen odiando a gente con quien anteriormente predicaba. Muchas veces también es porque se sienten reprimidos y privados de experiencias lícitas que sus congéneres  no testigos disfrutan. Entonces se sienten estafados y finalmente termina en un efecto rebote, en el cual el expulsado es víctima de sus pasiones reprimidas e, irónicamente, su caso es visto como una moraleja de lo que sucede con los jóvenes que dejan la organización. Parece una broma del mismísimo diablo (que tampoco existe).

No debe confundirse al adoctrinador con el adoctrinado. La secta es dirigida de forma jerárquica, en Estados Unidos, por gente que casi imperceptiblemente monetiza el trabajo de sus víctimas, que son las  personas que probablemente hayan tocado tu puerta o estén prestos para hablarte en alguna plaza. Sí, el grueso de los testigos de Jehová, los pastores de congregación, a quienes se los llama ancianos, sus esposas y sus hijos, los publicadores, precursores (que se dedican casi exclusivamente a predicar), todos ellos, son  gente honesta, de una fe robusta (que no hace más deseable el vicio de la fe) y con un interés sincero en ayudar al prójimo. No conozco a un solo anciano testigo de Jehová, con quien haya compartido, que se haya enriquecido a costa de sus hermanos. Al contrario, es gente que trabaja gratis para dicha organización. Es víctima de ella. Y lastimosamente también, el grueso de ellos tiene un nivel educativo bastante básico, lo cual impide que cuestionen a la jerarquía, sin hablar de todo ese fenómeno social que es propio de las sectas, por lo cual el que decide salirse, se expone al ostracismo incluso de su familia, si esta también es testigo de Jehová.

Debo decir que nunca más volví a tener contacto con un testigo de Jehová, o sea, nunca nadie me predicó pensando que yo no era testigo. Me queda el recuerdo de gente que alguna vez me tuvo en alta estima y me consideró ejemplar pero que hoy me considera “extraviado” y en el “mundo”, palabras propias de la nomenclatura de toda secta.

P.D. A modo de anexo, este video titulado “Cómo se financian los Testigos de Jehová” explica de manera bastante coloquial el negocio detrás de esta fe, que es mucho más complejo que la simple recolección de diezmo.