Psicoanálisis a un siglo de distancia.

Por: Mario Bunge

Del libro 100 ideas

El psicoanálisis nació a la luz en 1900, con la publicación de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud. Ernest Jones, su fiel discípulo inglés y principal biógrafo, nos cuenta que este libro, al que Freud siempre consideró su obra maestra, se reeditó ocho veces en vida de su autor. Y afirma que «No se hizo ningún cambio fundamental, ni hubo necesidad de hacerlo».

Semejante inmutabilidad basta para despertar la sospecha de cualquier mente crítica. ¿Por qué no fue necesario modificar nada esencial en una doctrina psicológica en el curso de tres décadas? ¿Será porque no hubo investigación psicoanalítica de los sueños? ¿O porque el primer laboratorio de estudios científicos de los sueños fue fundado recién en 1963, en la Universidad de Stanford, y sin la participación de psicoanalistas? Y si es así, ¿no será que el psicoanálisis es más literatura fantástica que ciencia?

Éste no es el lugar adecuado para hacer una investigación detallada de la teoría ni de la terapia freudianas: esta tarea ya fue hecha por docenas de psicólogos y psiquiatras científicos, de esos que no predican en los templos psicoanalíticos que son ciertas facultades de psicología latinoamericanas. Me limitaré a resumir una decena de resultados de esos análisis de algunos de los mitos más populares inventados por Freud. Helos aquí.

1. Inferioridad intelectual y moral de la mujer, envidia del pene, complejo de castración, orgasmo vaginal y normalidad del masoquismo femenino. Puros cuentos. No hay datos clínicos ni experimentales que los avalen. Lo único que hay son efectos psicológicos de la discriminación contra la mujer en la sociedad actual. Pero éstos están desapareciendo a medida que, contrariamente al notorio machismo de Freud, se va reconociendo la paridad de los sexos.

2. Todo sueño tiene contenido sexual, ya manifiesto, ya latente. Incomprobable, ya que, si en un sueño no aparece nada sexual, el analista “interpretará” algo en el sueño como símbolo sexual. Pero otro analista lo “interpretará” de manera diferente. Al igual que los viejos almanaques de los sueños, los psicoanalistas no exhiben pruebas de sus interpretaciones; pero, a diferencia de aquellos, los psicoanalistas no proponen reglas explícitas que sirvan, por ejemplo, para jugar a la quiniela.

3. Complejos de Edipo y de Electra, y represión de los mismos. No hay datos fidedignos, ni clínicos ni antropológicos, que indiquen la existencia de esos complejos. En cuanto a la hipótesis de la represión, sólo sirve para proteger las hipótesis precedentes: cuanto más enfáticamente niego odiar a mi padre, tanto más fuertemente confirmo que lo odio. Que es como decir que el campo gravitatorio es tanto más intenso cuanto menos acelere a los cuerpos en caída.

4. Todas las neurosis son causadas por frustraciones sexuales o por episodios infantiles relacionados con el sexo (p. ej., abuso sexual y amenaza de castración).Pura fantasía. La frustración sexual causa estrés, no neurosis (las que, por lo demás, no fueron bien definidas por Freud). No se ha probado que los abusos sexuales sufridos durante la infancia dejen huellas más profundas que privaciones, palizas, humillaciones u orfandad. Tampoco es plausible que todo olvido resulte de la censura por parte del fantasmal superyó. Se olvida lo que no se refuerza. Lo que sí se ha probado es que la llamada técnica de “recuperación” (implantación) de recuerdos reprimidos fue un pingüe negocio. En todo caso, los trastornos psicológicos tienen múltiples fuentes y, por tanto, múltiples tratamientos posibles. Algunos de ellos (p. ej., micción nocturna y fobias) se tratan exitosamente con terapia de la conducta. Otros (p. ej., depresión y esquizofrenia) responden a drogas. Y otros más (p. ej., violencia patológica) pueden necesitar intervención quirúrgica (en la tiroides o en la amígdala cerebral).

5. La violencia (guerra, huelga, etcétera) es la válvula de escape de la represión del instinto sexual. Salvo en casos patológicos, tratables con neurocirugía, la violencia tiene raíces sociales y culturales: pobreza, expansión económica, fanatismo político o religioso, etcétera. Por tener causas sociales, la violencia colectiva tiene remedios sociales. Por ejemplo, la delincuencia disminuye con la ocupación.

6. Sexualidad infantil. Mito. En efecto, la sexualidad reside en el cerebro, no en los órganos genitales. Sin hipotálamo ni las hormonas que éste sintetiza (oxitocina y vasopresina) no habría deseo ni placer sexuales. Y el cerebro infantil no tiene la madurez fisiológica necesaria para sentir placer sexual. Para entender la sexualidad hay que hacer investigaciones psiconeuroendocrinológicas y antropológicas, en lugar de fantasear incontroladamente.

7. El tipo de personalidad es efecto del modo de aprendizaje del control de los esfínteres. Falso. La investigación ha mostrado la inexistencia de esta correlación: las personalidades “oral” y “anal” son producto de la fantasía incontrolada de Freud. Hay muchos tipos de personalidad, y todos son producto del genoma, del ambiente y del propio esfuerzo. Más aún, lejos de ser inalterable, la personalidad puede ser transformada radicalmente por enfermedades cerebrales, accidentes cerebrovasculares, drogas y reaprendizaje.

8. Los actos fallidos (lapsos de la lengua) revelan deseos reprimidos. Sólo en algunos casos, y son los menos. La mayoría de las transposiciones de palabras son errores inocentes. Para provocarlas deliberadamente se arman los trabalenguas. Además, algunos sujetos son más propensos que otros a cometerlas.

9. El superyó reprime todos los deseos y recuerdos vergonzosos, los que se almacenan en el inconsciente. El analista lo destapa con el método de la asociación libre. Los experimentos más notables sobre el tema, los de la famosa investigadora Elizabeth Loftus (quien no es psicoanalista), no han mostrado la existencia de la represión. Y la experiencia clínica muestra que tampoco existe la asociación libre, puesto que el analista transmite a su cliente sus propias hipótesis y expectativas. A medida que aprende la jerga freudiana, el cliente “confirma” lo que su analista espera de él.

10. El ser humano es básicamente irracional: está dominado por su inconsciente. El inconsciente freudiano, como el diablillo cartesiano, jugaría arbitrariamente con nuestras vidas y a espaldas de nuestra conciencia. Esta visión pesimista de la humanidad no se funda ni puede fundarse sobre datos empíricos. Lo que no quita que algunos procesos mentales escapan, en efecto, a la conciencia. Pero ya Sócrates sostenía algunas cosas de las que no tenemos conciencia. Y el libraco El inconsciente, de Eduard von Hartmann, apareció cuando Freud tenía catorce años, y fue un best seller en alemán y en francés durante una generación. (Yo lo heredé de mi tío Carlos Octavio, quien a su vez puede haberlo heredado de su padre.) En todo caso, si es verdad que a menudo tenemos impulsos irracionales, también es cierto que otras veces logramos controlarlos. Que para eso se montan mecanismos de educación y control social. Y para eso hay quienes hacen ciencia o técnica auténticas: para ascender de lo irracional a lo racional.

En resumen, las fantasías psicoanalíticas son de dos clases: las incomprobables y las comprobables. Las primeras no son científicas. Y las segundas son de dos clases: las que han sido puestas a prueba y las que aún no han sido investigadas científicamente. Todas las del primer grupo han sido falsadas. Y, evidentemente, las del segundo grupo siguen en el limbo.

¿Qué queda de todo un siglo de psicoanálisis? Nada más que fantasía incontrolada. Los psicoanalistas no hacen experimentos, y ni siquiera llevan estadísticas de sus tratamientos. Además, ignoran por principio los hallazgos de la psicobiología y de la psiquiatría biológica. Su psicología es de sillón y sofá, porque son prisioneros del mito primitivo del alma inmaterial que no puede captarse por medios materiales, tales como la resonancia magnética funcional y otros métodos de visualización de procesos mentales.

El psicoanálisis es la teoría de los que no tienen teorías científicas de lo mental ni de lo cultural. Y es una curandería irresponsable que explota la credulidad. Como dijo Sir Peter Medawar, Premio Nobel de Medicina, el psicoanálisis es «Un estupendo timo intelectual». Ningún otro timo del siglo pasado ha dejado semejante huella en la cultura popular.

El éxito comercial del psicoanálisis se explica porque (a) no requiere conocimientos previos; (b) no exige rigor conceptual ni empírico; (c) pretende explicarlo todo con un puñado de principios: desde las neurosis y la rebelión adolescente hasta la religión y la guerra; (d) es un sucedáneo de la religión; (e) llenaba vacíos que dejó hasta hace poco la psicología científica, en particular la sexualidad, las emociones y los sueños; (f) se jacta de curaciones inexistentes; y (g) según el propio Freud, los psicoanalistas les hacen el favor a sus clientes de cobrarles la consulta: no hacen obra social.

Pero éxito comercial y penetración en la cultura de masas no son lo mismo que triunfo científico. Cien años de fantaseo psicoanalítico no han arrojado resultados equivalentes a los que arroja una semana de investigaciones de laboratorio en neurociencia cognoscitiva.

Además, hoy contamos con la psiconeuroendocrinoinmunofarmacología. Ésta es la palabra castellana más larga que conozco. Abreviémosla PNEIF. Este acrónimo designa la ciencia aplicada que busca fármacos que prometan reparar los trastornos del sistema neuroendocrinoinmune que se sienten como trastornos mentales, tales como el dolor y el pánico, la confusión y la amnesia, la alucinación y la depresión.

El caso de la PNEIF es uno de los pocos en que se conoce la fecha exacta del nacimiento de una ciencia: 1955. Ese año se descubrió el primer fármaco neuroléptico para el tratamiento de una enfermedad mental: la depresión. Antes sólo se conocían estimulantes, tales como la cafeína, la benzedrina y la cocaína; calmantes, tales como el opio; y drogas que, como el alcohol y el tabaco, al principio estimulan y luego inhiben.

La ciencia básica correspondiente es la psiconeuroendocrinoinmunología, o PNEI, fusión de cuatro disciplinas que antes estaban apenas relacionadas. No fue sino en el curso de las últimas décadas que se advirtió que las fronteras entre las distintas ciencias del cerebro son en gran medida artificiales, porque cada una de ellas estudia una parte o un aspecto de un único supersistema.

Por ejemplo, se ha descubierto que el órgano de la emoción (el sistema límbico) sostiene unas veces, y otras entorpece, las actividades del órgano del conocimiento (la corteza cerebral). Sin motivación no hay aprendizaje; a su vez, el motivo puede ser afectivo, tal como el deseo de agradar o de molestar a alguien. Y si la emoción es muy fuerte, como es el caso del pánico, el raciocinio falla.

Todo esto se ha sabido desde que los seres humanos empezaron a interesarse por sus procesos mentales. Lo que no se sabía antes es que estos procesos están bastante bien localizados en el cerebro. Por ejemplo, un ser humano que tiene una lesión grave en la corteza prefrontal (detrás de los ojos) tiene el juicio moral deteriorado. Es el caso, afortunadamente muy raro, de los psicópatas.

La PNEIF está de moda porque está abordando y resolviendo una pila de enigmas de la vida mental, y porque su uso médico promete curar o al menos atenuar las angustias de los enfermos mentales y acabar con el psicomacaneo y la psicocurandería.

Por ejemplo, si con una píldora diaria se logra controlar a un esquizofrénico, quedan sin trabajo tanto el brujo que sostiene que se trata de un caso de posesión demoníaca como el psicoterapeuta que asegura que el trastorno es resultado de un episodio infantil, y que trata al paciente con meras palabras.

La PNEIF es la versión más reciente, rigurosa y eficaz de la medicina psicosomática. El psicoanálisis ha quedado definitivamente tan atrás como el curanderismo, excepto como superstición popular y como negocio.

Para comprobar lo que acabo de afirmar basta preguntarle a un boticario qué píldoras se recetan con algún éxito para tratar angustias, obsesiones, depresiones, esquizofrenias y otros trastornos mentales. Y quien quiera saber qué fundamento tienen tales recetas, deberá consultar las revistas científicas que se ocupan de la mente y sus trastornos, así como los semanarios científicos generales Nature y Science.

Estas publicaciones están llenas de nuevos resultados sobre la psique. Ninguna de ellas acepta macaneos psicoanalíticos. Los psicoanalistas sólo usan revistas psicoanalíticas: constituyen una secta marginal con respecto a la comunidad científica. Su alquimia no transmuta ignorancia en conocimiento, sino mito en oro.

La popularidad del psicoanálisis entre los escribidores posmodernos se explica en parte porque no exige conocimientos científicos. Y en parte también porque los posmodernos, como los filósofos hermenéuticos y los practicantes de las “ciencias” ocultas, sospechan que todo es símbolo de alguna otra cosa. Sin embargo, incluso Freud admitió que, a veces, un cigarro es un cigarro.

Filosofar científicamente

Filosofar científicamente

Por: Mario Bunge. Extraído del libro 100 ideas.

Es sabido que, hasta hace un par de siglos, no se distinguió entre filosofía y ciencia. Los filósofos de la Contrailustración, en particular Hegel, Schelling y Fitche, fueron los primeros en erigir una pared entre ambos campos. Aun así, no todos los siguieron. Por ejemplo, el filósofo y matemático Bernhard Bolzano se inspiró en el gran matemático y filósofo racionalista Leibniz antes que en los románticos. Los neokantianos, de Cohen y Natorp a Cassirer, hicieron pininos para mostrar que la filosofía de Kant era compatible con la ciencia, aunque acaso necesitara alguna cirugía plática. A fines del siglo XIX se publicaba en lengua alemana una revista trimestrar de filosofía científica. Y de 1927 a 1938 los neopositivistas reunidos en el Círculo de Viena, y luego expatriados a los EE.UU., declararon que hacían filosofía científica. Que alguna de estas tentativas haya sido lograda aún hoy es motivo de debate.

La ruptura final de la filosofía con la ciencia vino con la hermeneútica de Dilthey, el intuicionismo de Bergson, el neohegelianismo de Croce y Gentile, la fenomenología de Husserl, el existencialismo de Heidegger y Sartre, y la filosofía lingüística del segundo Wittgenstein, Austin y Strawson. Es verdad que Bergson saludó al darwinismo. Pero al mismo tiempo afirmó que la razón no puede comprender la vida, y que la ciencia sólo puede dar cuenta de lo inanimado. Además, su crítica a la teoría especial de la relatividad fue tan lamentable que él mismo mandó retirar su libro de circulación.

¿Vale la pena intentar reaproximar ambos campos después de tantos fracasos y conflictos? Creo que sí, aunque sólo sea porque toda investigación científica presupone ciertos principios filosóficos. He aquí una muestra de tales principios tácitos: “El mundo exterior existe independientemente del sujeto y puede conocerse en alguna medida”, “todo es legaliforme: no hay milagros”, “para averiguar cómo es el mundo tenemos que ejercitar la razón y la imaginación, imaginar hipótesis y teorías, y diseñar y realizar observaciones y experimentos”. O sea, los científicos filosofan sin saberlo. Siendo así, es deseable explicitar, analizar y sistematizar las ideas filosóficas que los científicos suelen manejar en forma descuidada.

Una tarea útil que puede hacer el filósofo es estudiar y denunciar la ambivalencia filosófica de la mayor parte de los científicos. Me refiero al hecho de que, al tiempo que practican una filosofía, suelen predicar otra. Por ejemplo, cuando enseñan o escriben libros de texto suelen decir que toda investigación comienza por la observación o “se basa” en ella, y que las teorías no son sino compendios de datos observacionales. Pero a continuación introducen conceptos que denotan inobservables, tales como los del universo, tiempo, masa, peso atómico, longitud de onda, potencial, metabolismo, aptitud, evolución e historia. O sea, predican el empirismo pero practican una síntesis de empirismo con racionalismo.

Sin embargo, la filosofía de la ciencia, o epistemología, no es el único punto de contacto entre la filosofía y la ciencia. Todas las ramas de la filosofía se pueden encarar de manera científica. Esto no implica que el filósofo se ponga a hacer mediciones o experimentos. Sí implica que pone a prueba sus conjeturas y que, cuando trabaja un problema filosófico, se entera de los resultados científicos pertinentes.

Por ejemplo, si quiere tratar el problema del ser, debe comenzar por distinguir dos clases de existencia: la concreta (o material) y la abstracta (o ideal). Si quiere ocuparse de objetos ideales, tendrá que aprender el ABC de la lógica y de la matemática, que son las ciencias de los objetos abstractos. Si, en cambio, pretende filosofar sobre cosas concretas, tales como átomos, organismos o personas, tiene el deber de aprender el ABC de las ciencias que tratan de ellas.

De lo contrario, su discurso será obsoleto u oscuro, y por lo tanto inútil. Esto le ocurrió a Heidegger cuando escribió su famoso Ser y Tiempo, que podría haber sido escrito por un monje del siglo anterior al de Tomás de Aquino. Lo mismo ocurre con los filósofos de la mente que se niegan a enterarse de los descubrimientos sensacionales que está haciendo la neurociencia cognoscitiva, que trata las funciones mentales como procesos cerebrales. No están al día y por lo tanto no aportan conocimientos propiamente dichos: sólo aportan opiniones y juegos académicos.

Algo parecido ocurre con los problemas de los valores y de las normas morales. Es sabido que algunos juicios de valor son subjetivos, mientras que otros son objetivos. Por ejemplo, yo no puedo justificar que Mozart me guste muchísimo más que Bartok. Acaso pueda explicar esta preferencia en términos de mi educación, pero no puedo dar razones valederas. En cambio, todos podemos dar buenas razones para preferir el agua potable a la contaminada, la justicia a la injusticia, la solidaridad al egoísmo, la libertad a la tirazía, la paz a la guerra, etc.

O sea, hay valores objetivos y por lo tanto justificables, además de los subjetivos, que son mera cuestión de gusto. Siendo así, es posible y deseable intentar fundamentar la axiología y la ética sobre la ciencia y la técnica, en lugar de sostener que los valores y las reglas morales son puramente emotivos, o convenciones sociales, o normas impuestas por el poder económico, político o eclesiástico.

Por ejemplo, se puede argüir en favor de la retribución justa del trabajo, recurriendo no sólo a los sentimientos de compasión y solidaridad, sino también a las estadísticas que muestran que la longevidad y la productividad aumentan con el ingreso. O sea, la justicia social es buen negocio.

Procediendo de esta manera, se puede mostrar que no todas las doctrinas filosóficas son meras opiniones, ni menos aún supersticiones, sino que algunas de ellas pueden abonarse con conceptos o datos científicos.

Ya pasó el tiempo de la especulación filosófica desbocada. Llegó el tiempo de la imaginación filosófica alimentada y controlada por los motores intelectuales de la civilización moderna: la ciencia y la técnica. Llegó el tiempo de frecuentar más el taller filosófico que el museo de filosofías caducas.

Sobreviviendo a la era de la desinformación

Sobreviviendo a la era de la desinformación

Por David Helfand para el Skeptical Inquirer

En 2016 mucha gente de los medios tradicionales declaró ominosamente que habíamos entrado en la era de la “posverdad política” (Drezner 2016) y ahora vivimos en la “democracia posfáctica” (Barret 2016). Con la proliferación de rentables sitios de falsas informaciones, tuits inconsistentes con la dominante realidad política, y la mayoría de los ciudadanos muy ocupados en construirse cámaras de eco de sus creencias personales en las redes sociales, la histeria parece justificada.

Pero, como Alexios Mantzarlis del Instituto Poynter nos recuerda (Mantzarlis 2016), los políticos, los comentaristas mediáticos y tu vecino no han tomado la “verdad” en serio desde hace mucho tiempo.

En efecto, el experto en clásicos Edward M. Harris ha hecho notar en un artículo en el cual disecciona el “Discurso de Demóstenes contra los medios” (Harris 1989), que 2.400 años atrás en Atenas “aunque un testigo que perjuraba podía ser juzgado… un orador que hablara en la corte podía darse el permiso de decir tantas cosas como imaginara sin miedo a un castigo”.

Harris continúa : “Resumiendo, nada proveniente del conocimiento de la audiencia y de los límites de la plausibilidad restringe al orador de inventar falsedades y distorsionar la verdad”.
El embuste público, por tanto, no es nada nuevo. Lo que sí es nuevo es el ámbito sobresaturado de tecnología en que actualmente está embebido. Es el “conocimiento de la audiencia” y los “límites de plausibilidad” —no las falsedades y distorsiones— las que han cambiado.

¿Cómo evolucionó el “conocimiento de la audiencia”, a lo largo de la historia del Homo sapiens en esta tierra? Por más del 95% de nuestra historia, el conocimiento estaba limitado, pero era testado diariamente contra la realidad. El cazador recolector que recogía bayas venenosas fue prontamente eliminado del pool de genes, así como el joven que conducía a su familia a cazar leones hambrientos en lugar de gacelas.

Aquellos pocos que analizaban los patrones de las estrellas y así podían predecir la migración de los ñus fueron objeto de especial veneración (solíamos llamarlos “expertos”). Había también, sin dudas, mucha información errónea en aquellos idílicos días — los rayos evidenciaban la furia de los dioses y los grupos vecinos eran señalados muy a menudo, como los “otros”, fueran hostiles o no. Pero como la mayor preocupación era la simple supervivencia, el “conocimiento de la audiencia” concordaba bien, en general, con la realidad.

El ciudadano promedio de hoy vive en un mundo muy diferente. Como dice la célebre tercera ley de Arthur C Clarke, “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” y tal magia permea y define el mundo del típico adulto estadounidense.

Desde autos que estacionan solos y GPS hasta iPads, aviones y cirugía LASIK, nadie tiene idea de cómo funciona la tecnología con la que trabajan o qué principios físicos sustentan su operación. Son, realmente, “indistinguibles de la magia”.

Y, al vivir en ese mundo mágico, los “limites de plausibilidad” son fácilmente expandidos. Si la caja que habla en tu tablero sabe exactamente dónde estás y puede decirte cómo llegar a donde quieres ir, ¿por qué no sería plausible hablar con parientes muertos? Si con una potente luz aplicada a tus ojos se puede eliminar tu necesidad de anteojos, ¿por qué el usar imanes no te curarían esa artritis?

Si un científico “experto” te dice que tu terapia magnética es un sinsentido, es solo un ejemplo de la primera ley de Clarke: “Cuando un científico eminente pero anciano afirma que algo es imposible, es casi seguro que está equivocado.”

Y como los imanes hicieron maravillas para el mejor amigo de tu cuñada, probablemente funcionarán para ti. Si la mayoría de las cosas de tu mundo son indistinguibles de la magia, es al mismo tiempo razonable y práctico adoptar a la magia como principio operativo. Y como solo los hechiceros comprenden la magia, consultarlos (homeópatas, astrólogos, médiums y místicos) tiene perfecto sentido.

A pesar de que la democratización, tanto del conocimiento como de la habilidad para contribuir con este, proveídas por internet tiene obvios beneficios, también tiene una muy seria desventaja.

Los “límites de plausibilidad” se han evaporado y el “conocimiento de la audiencia” está construido con información proveída por Facebook, experiencia personal y anécdotas. El estadounidense promedio está fuertemente aislado de la realidad física que sus ancestros estuvieron forzados a confrontar diariamente, y por tanto, viven en un mundo de autoafirmación del pensamiento mágico.

Hemos entrado, por tanto, no a la era “posfáctica o de la “posverdad”, sino a la era de la información falsa. Los hechos todavía existen. Buenas aproximaciones a la verdad todavía pueden ser encontradas. Y la información nunca ha sido tan abundante: IBM calculó, pocos años atrás, que producimos 2,5 quintillones de bytes de información por día, suficiente para llenar una biblioteca de medio kilómetro de alto que rodee a la tierra por el Ecuador.

Cuánto de esa información son sinsentidos, es la adivinanza. El problema es que todos se creen igualmente bien calificados para responder a eso y lo postean en sus blogs, donde se convierten en su versión personal de la verdad y pueden ser fácilmente compartidas y propagadas. Y ese es el origen de la información errada.

Hubo un tiempo cuando la mayoría de las personas que escribían acerca de un tópico en particular lo hacían porque habían adquirido cierto grado de conocimiento especializado. Habían leído lo que ya se sabía acerca del tema, habían conducido algunas observaciones e incluso experimentos propios y habían concluído que podrían escribir algo para contribuir al avance de nuestro entendimiento del tópico en cuestión.

Incluso podrían haber sido llamados “expertos” en el tema. Internet ha reventado este modelo. A la par que la democratización, tanto del conocimiento como de la habilidad para contribuir con este, proveídas por internet tiene obvios beneficios también tiene una muy seria desventaja.

Tom Nichols, escribiendo en el Federalista (Nichols 2014), describe esta desventaja como “La muerte de la pericia”, la cual se caracteriza por ser “un colapso, propulsado por Google, basado en la Wiki y empeorado por los blogs, de cualquier división entre profesionales y hombres comunes, estudiantes y profesores, conocedores y admiradores”. En otras palabras, entre aquellos que han alcanzado ciertos logros en ciertas áreas y aquellos que no alcanzaron nada.

Esto, dice él, crea una cultura en la cual “la opinión de todos acerca de cualquier cosa es tan buena como la de cualquier otro”. Así, Jenny McCarthy puede decir que el “instinto materno” es, de lejos, superior a la evidencia científica acerca de la seguridad de las vacunas, y millones de zombies alimentados por Google asienten y respaldan sus opiniones sin fundamento, desde una mina de información falsa y similar sinsentido de internet.

Este cuerno de la abundancia de mala información alimenta otro gran pasatiempo estadounidense: las teorías de conspiración. Según un encuesta reciente (Poppy, 2017) de 1.511 adultos, el 54% creen que los ataques del 11 de septiembre están relacionados con una conspiración del gobierno estadounidense, mientras que el 42% cree que el calentamiento global es una conspiración o una patraña, el mismo porcentaje cree en encuentros con alienígenas. El 30% cree que el expresidente Obama nació en Kenia.

Quedé un tanto sorprendido al ver que sólo el 24% cree que los alunizajes son una tomadura de pelo, pero tal vez sea porque el programa Apollo está tan lejos ya de la memoria colectiva que a nadie le importa. Más interesante es el resultado de que el 32% cree que el North Dakota Crash fue un encubrimiento gubernamental a pesar de que los investigadores lo inventaron en la encuesta para medir cuántas personas ven todas las cosas como conspiraciones.

Para aquellos de nosotros que estamos aún convencidos que los hechos acerca del mundo físico pueden ser descubiertos y que el análisis racional de esos hechos pueden ser útiles en la creación de modelos predictivos de ese mundo, un contraataque parece ser conveniente. ¿Por dónde empezar?

La ciencia es la más poderosa herramienta intelectual que la humanidad haya inventado hasta el momento. A diferencia de la reconfortante certeza que otras cosmovisiones proveen, la ciencia reconoce sus hallazgos como contingentes y sus modelos como limitados en su aplicación.

Es importante notar que, sin embargo, esa ciencia es al mismo tiempo un sistema para descubrir los hechos y un sistema de valores: escepticismo, base en la evidencia, interpretación utilizando razonamientos inductivos y deductivos, etc.

Los científicos sostienen que tanto el sistema de descubrimiento como los valores mencionados son crucialmente importantes. Pero, como los valores son un tema delicado para la mayoría de las personas y son, como máximo, indirectamente testables con la realidad, parece ser sabio diferir con la afirmación de Jonathan Swift de que “razonar nunca hará a un hombre corregir una opinión errónea que no fue adquirida por razonamiento” (Swift, 1721), y dejar la parte de los valores afuera, por ahora.

Mi recomendación para un contraataque en la era de la información errada es aferrarse a los hechos.

Para estos propósitos, mi definición de un hecho simple es una medición de alguna cantidad física, realizada con los mejores instrumentos disponibles, de acuerdo con procedimientos definidos con precisión, citados con su incertidumbre asociada y sometido a revisión escéptica, preferiblemente una que repita y verifique las mediciones. Un hecho compuesto puede ser deducido de un cierto número de hechos simples.

Un buen ejemplo de un hecho compuesto es la afirmación de que el CO2 actualmente agregado a la atmósfera proviene de la quema de combustibles fósiles. He dado muchas clases y charlas públicas acerca del cambio climático, y al mismo tiempo que mi audiencia no estaba de acuerdo con mis conclusiones acerca de la gravedad de la situación o mis propuestas para mitigarla, encontré objeciones a este hecho una vez que me tomé el tiempo para explicar cuidadosamente las evidencias.

He procedido como sigue: según mi experiencia, esta aproximación tiene dos virtudes.

Primero, para los más dedicados negadores de la ciencia, establece el rol inequívoco de los humanos en el cambio de la composición de la atmósfera.

Segundo, ilustra el proceso de encubrimiento de hechos acerca del mundo. No hago predicciones acerca del futuro del planeta, tampoco sugerir políticas para resolver el problema. Lo primero es, por lejos, muy incierto como para constituir un hecho, y lo último incluye elementos acerca de los cuales la gente razonable puede diferir.

Pero comenzando con un hecho acerca del cual podemos coincidir, se establece para las partes un punto de conexión y una plataforma basada en la realidad para la discusión posterior. La era de la mala información provee poco soporte para tomar decisiones individuales y plantea un desastre potencial para la formación de políticas públicas racionales.

La contrainsurgencia llama, definitivamente. Pero nuestras acciones serán ineficientes si están politizadas (Foster, 2017) y no persuasivas, si no nos atenemos escrupulosamente a los principios del pensamiento científico.

El problema de la reproducibilidad en la investigación médica (Begley y Ellis, 2012) y, más recientemente, en Psicología (Nousek et al., 2015) socavan nuestra credibilidad.

La participación en -incluso la promoción de- propaganda en los medios acerca de los hallazgos científicos es, de igual manera, extremadamente inútil.

Las afirmaciones de autoridad serán —quizás deberían ser— ignoradas.

El poder de la ciencia se fundamenta en su acercamiento escéptico y racional, basado en evidencias para entender el mundo. Este poder comienza con los hechos y, en mi experiencia, estos hechos son la mejor herramienta para comenzar la revolución.  

Paso 1

Describo cómo podemos contar los átomos y las moléculas, una a una, y muestro una tabla que liste el número de cada clase en una muestra de un millón de partículas de aire.
Este proceso de conteo es, por supuesto, muy destacable (¿bordeando la magia?), pero como la mayoría del público no tiene concepto del tamaño de un átomo (y por tanto de cuán sorprendente es que podamos contarlos uno a uno), pueden aceptar las concentraciones atmosféricas como hechos, ya que contar es un proceso muy sencillo que todos lo entienden.

Paso 2

Muestro los primeros dos años de la curva de Keeling de concentración de CO2 desde 1958 y 1959. Este gráfico muestra el número de moléculas de CO2 que aumenta continuamente  desde octubre hasta mayo, y luego va cayendo simétricamente desde mayo hasta septiembre. Una discusión acerca de cómo las plantas aspiran CO2 y luego lo expiran durante la estación de crecimiento y luego como las bacterias rompen el tejido de las plantas y liberan CO2 en el invierno, esta es también una historia plausible que es fácilmente aceptable.

Cuando una persona muy reflexiva objeta porque el hemisferio sur tiene estaciones opuestas a las del norte, premio eso y le muestro el mapa del mundo mostrando cuántas más áreas cubiertas por plantas hay en las zonas templadas del hemisferio norte versus la misma zona en el hemisferio sur.

Paso 3

Muestro entera la curva de 50 años de Keeling en la cual la monótona tendencia hacia arriba eclipsa la fluctuación estacional. Luego pongo la pregunta: ¿Cómo podemos saber de dónde proviene el CO2 adicional?

Paso 4

Muestro que la concentración en la atmósfera es función del tiempo. La baja del O2 es una sorpresa para casi todos pero es inequívoca en los datos, como también que las fluctuaciones estacionales están perfectamente desfasadas con el patrón anual de CO2.

Aquí reitero el patrón de respiración CO2 a O2 de las plantas con la que todos concuerdan- siempre es bueno contar a la gente algo que ya saben, incluso si solo lo aprendieron 5 minutos atrás, porque las mantiene enganchadas con la línea argumental.

El punto interesante aquí es que la cantidad de O2 que ha desaparecido es justamente igual a la necesaria para explicar el aumento del CO2, si el CO2 proviene de la combustión (combinación con oxígeno) de material que contiene carbón: C más O2 equivale a CO2. Es importante notar que esta es solo una correlación y no puede ser interpretada como causación, enfatizando el cuidado con que acumulamos hechos y no saltando a conclusiones.

Paso 5

Una digresión acerca de los isótopos se requiere ahora, en particular, que el carbón tiene tres isótopos comunes ( C-12, C-13 y C-14). Enfatizo cómo estos isótopos son químicamente idénticos pero que los más pesados se mueven despacio y por tanto son discriminados negativamente en las reacciones químicas.

Esto explica porqué las plantas tienen menos C-13 y C-14 que el aire que respiran. También proveo una breve introducción al decaimiento radioactivo para explicar como el C-14 gradualmente se convierte en el corriente y viejo nitrógeno, el constituyente dominante de la atmósfera, en una escala de tiempo de 5.730 años.

Paso 6

Los penúltimos datos apuntan a la proporción de de C-13 y C-14 respecto al C-12 provenientes de mediciones directas de la atmósfera durante los últimos 40 años y de tres anillos retrocediendo varios siglos. Estos datos muestran una gradual declinación en la proporción C-13/C-12 comenzando alrededor del 1.800 en el inicio de la Revolución industrial que se acelera rápidamente durante pocas décadas pasadas, justo como el total de CO2 en la atmósfera.

La proporción C-14/C-12 también ha declinado rápidamente durante los últimos 30 años. Proveyendo imágenes de varias fuentes de carbón (CO2 de volcanes y del intercambio entre el océano y el aire, así como el C de las plantas vivas, ensayos de bombas nucleares en la atmósfera, y las plantas muertas convertidas en combustibles fósiles), estoy listo para llegar a la conclusión ineludible.

Paso 7

La reducción en las proporciones excluyen el intercambio atmosférico de volcanes y del océano, porque ambos tienen proporciones mayores de C-13/C-12.

Los valores en caída de C-13 significan que las plantas deben estar involucradas. La disminución de los valores de C-14 significan que debemos estar agregando CO2 al aire que es altamente deficiente en C-14 y que no puede provenir de las plantas modernas cuyo C-14 fue enriquecido por las pruebas nucleares de 1.950. Deben provenir de las plantas antiguas cuyo C-14 ha decaído completamente.

Por tanto, la fracción dominante del nuevo CO2 en la atmósfera debe provenir de la quema de combustibles fósiles. LQQD.

 

Pseudociencia, estafa y censura: ¿Qué pasa con las universidades paraguayas?

Pseudociencia, estafa y censura: ¿Qué pasa con las universidades paraguayas?

Además de la crisis política y mediática, en las últimas semanas están abundando las denuncias por estafas en las universidades paraguayas.

Recientemente, el Consejo Nacional de Educación Superior (CONES) clausuró cuatro facultades de Medicina de las universidades Hispano-Guaraní, Tres Fronteras, San Sebastián y María Auxiliadora.

Días antes, el mismo CONES advirtió que la mayoría de las carreras de la Universidad del Sur (UNASUR) estarían inhabilitadas.

Cientos de estudiantes se encuentran a la deriva. Los más preocupados son los de los últimos años, ansiosos por graduarse. Los estudiantes alegan buena fe al haberse inscrito a los cursos de aquellos centros de enseñanza superior, cuyas autoridades aseguran que tienen todo en orden.

A esto se suma la denuncia de censura impuesta por las autoridades de la Universidad Católica de Asunción al sociólogo y politólogo argentino neomarxista Atilio Borón, cuya conferencia tuvo que trasladarse a la sede de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción.

El libre intercambio de ideas y la disputa por la búsqueda de la verdad son los ejes principales de una universidad. Prohibiendo discusiones se atenta contra el libre flujo del ejercicio crítico.

Se adhiere a este festival universitario de la vergüenza la defensa de una tesis homofóbica y pseudocientífica en la Universidad del Chaco, institución dirigida por una persona condenada a cuatro años de prisión por vaciamento del Banco Nacional de Trabajadores y que también fue denunciada por no pagar salarios de sus empleados.

El título de la tesis es “Características de las escrituras manuscrita de personas con trastorno homosexual”, así con errores de concordancia en el mismo título —impreso y supuestamente revisado— del trabajo monográfico.

Como si se tratara de un chiste, la tesis es de una carrera de Criminalística y Ciencias Forenses que no está habilitada por la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación (ANEAES) y mucho menos las maestrías que ofrece esa universidad.

¿Qué nos preocupa? ¿Que abunde pseudociencia en la universidad? ¿Que sea un trabajo sobre grafología? ¿Nos repele que se acepten trabajos homofóbicos? ¿Que se escriba mal un título? ¿Que se gradúen licenciados sin conocer metodología ni escritura científica?

Todo eso debe preocuparnos, porque en su conjunto es una señal de que las instituciones académicas no están funcionando.

En Paraguay, hasta hace poco era relativamente fácil abrir una universidad privada si se tenía los contactos o acuerdos necesarios con la clase política. Tanto es así, que algunos políticos se crearon sus propias universidades solamente con el aval de sus colegas parlamentarios.

En el país existen universidades que otorgan títulos impune e irresponsablemente a personas que no tienen condiciones básicas de comprensión lectora o análisis crítico, graduados que no diferencian teoría científica de mera especulación, ciencia de pseudociencia, universidad de estafa educativa.

Hay universidades que no tienen bibliotecas, que no publican revistas científicas, que no investigan, que no destinan fondos para actividades científicas; hay “altas casas de estudios” que ofrecen carreras que no están habilitadas, que solo dan fotocopias a sus estudiantes, o que les exigen una carga horaria de cuatro horas semanales (pero por largos y lucrativos cuatro o cinco años).

En síntesis, hay universidades que no deberían llamarse así.

Por su parte, la Universidad Nacional de Asunción (UNA), que aunque tenga 12 revistas científicas y la mayoría de los investigadores del PRONII y proyectos de ProCiencia, no se termina de despertar de “pesadilla oscurantista”.

Recordemos que su rector estuvo preso por corrupción en la principal penitenciaría del país. La reforma no ha llegado aún pese a los levantamientos estudiantiles del 2015.

El propio ethos de nuestro sistema universitario es el problema. Permitimos que sobresalga la mediocridad, nos aislamos del debate científico e intelectual de las universidades modernas extranjeras, copiamos modelos perimidos, fomentamos la endogamia, facilitamos la simplicidad académica y abogamos por el reduccionismo argumentativo. Las falacias son más rápidas de comprender que las teorías y leyes estudiadas y reanalizadas.

El trabajo “Caracterización de la ciencia en el Paraguay de la democracia (1989-2015). Aproximación a la historia de la ciencia paraguaya”, arroja datos concretos sobre la actividad investigativa en el país. Según estudios previos del profesor Antonio Cubilla, director del Instituto de Patología e Investigación (IPI) y miembro honorario de APRA, son cuatro los factores que imposibilitaron el surgimiento de una masa crítica de científicos e investigadores en el país:

  1. La exclusión histórica de la investigación en la universidad;
  2. La creencia falsa del elevado costo de la ciencia;
  3. Facilidad inmediata de transferencia o copia de tecnología externa; 
  4. La creencia de que la investigación científica solo es patrimonio de los países más ricos.

A esto le sumamos la falta de tradición científica, la falta de financiación de las ciencias básicas y la falta de escuelas de pensamiento científico.

Julio Rafael Contreras, pionero en estudios de historia y filosofía de la ciencia local, sostiene que no se llegó aún al punto en que la mayoría de las ciencias practicadas dentro de nuestras fronteras hagan “cuerpo en el sistema cognitivo, funcional y mental de la vida nacional”. Y va un poco más allá, pues postula que la investigación científica es un “problema de existencia real” para un país como el nuestro.

Y no es para menos. La Organización de Estados Iberoamericanos indica en su informe sobre “Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social” del 2014 que “la brecha entre los países ricos y pobres no es solo la distribución de la riqueza, sino también la del conocimiento”.

Ya el filósofo Juan Andrés Cardozo, en su obra “La razón como alternativa histórica”, escribe que la ciencia “es un fenómeno sociocultural que interviene decisivamente en el destino de las sociedades contemporáneas”, metiéndose de lleno en la discusión actual sobre el rol de la ciencia, tecnología e innovación que cobra más protagonismo mientras más desarrollo haya. Y, al igual que Cubilla, Cardozo ve que la universidad paraguaya ignoró casi por completo a la investigación durante gran parte de la historia.

Hoy la universidad paraguaya da cabida a la estafa, a la censura, da espacios a la pseudociencia, a la reducción epistemológica y metodológica y posterga su transformación hacia una sociedad de la información y el conocimiento.

¿Podrá solucionarse pronto esta crisis educativa? No lo sabemos, pero en un momento de mucha oscuridad social, la universidad debe convertirse al menos en la defensa de la razón, del debate de ideas, la fortaleza del pensamiento crítico, de la disputa por el conocimiento y guardiana de la libertad intelectual.

Tan grande y saludable que ni tu abuelo te reconocería

Tan grande y saludable que ni tu abuelo te reconocería

La familia Keller del siglo XXI: Craig y Sandi aparecen sentados en el centro, con sus hijas Kristy Harden (izquierda) y Rachel (derecha). En la fila de atrás, de izquierda a derecha, aparecen Kim Werk, hermana de Craig; Dennis, su hermano, y Priscilla Keller Reynolds, su madre. (NYT)

por Gina Kolata para el New York Times
Domingo 30 julio de 2006

En 1862 Valentin Keller, se alistó en la unidad “Alemana” del Ejército de la Unión en Hamilton (Ohio). Tenía 26 años y era un hombre pequeño y esbelto que medía 1,62 metros y que acababa de nacionalizarse. Su ocupación era la de sastre.

Un año más tarde, Keller fue dispensado del servicio con honores, enfermo y quebrado. Tenía achaques en un pulmón y estaba tan lisiado a causa de la artritis de sus caderas que apenas podía caminar.

En los registros de su pensión se relata su sufrimiento: “Su reumatismo es tal que es incapaz de trabajar sin la ayuda de muletas y aún así, solo lo logra con grandes dolores”. Sus pulmones y sus articulaciones nunca mejoraron, y Keller no volvió a caminar.

Murió a la edad de 41 años a causa de la “hidropesía”, lo cual probablemente significa que sufrió un fallo cardíaco por obstrucción, una condición no asociada al período en que permaneció en la armada. Su viuda de 39 años de edad, Otilia, falleció un mes después que su esposo a causa de “agotamiento”, según figura en su certificado de defunción.

Se esperaba que la gente, en los tiempos de Valentin Keller, al igual que los que les precedieron, desarrollasen enfermedades crónicas cuando cumplían los 40 o 50. Los descendientes de Keller padecieron problemas pulmonares, cardíacos y de hígado. Murieron a los 50 o 60 y tantos años.

Sin embargo, ahora la vida ha cambiado, los miembros de la familia que nacieron durante el boom de natalidad de la década de 1950 o después, lo están haciendo bien.

“Me siento bien”, dice el tátara-tátara-tátara-nieto de Keller, Craig Keller. A los 45 años, el Sr. Keller afirma no tener problemas de salud, y lo mismo le ocurre a su esposa Sandy, de la misma edad.

La familia Keller ilustra lo que parece ser uno de los avances más espectaculares en la existencia humana – un cambio que partiendo de gente pequeña, relativamente débil y enfermiza, condujo a humanos que son tan grandes y robustos que sus propios antecesores parecen casi irreconocibles.

Nuevas investigaciones realizadas alrededor de todo el mundo han comenzado a revelar una fotografía de los humanos de hoy en día que difiere tanto de lo que fueron en el pasado, que los científicos dicen estar asustados. A lo largo del pasado siglo, comenta el investigador Robert W. Fogel, de la Universidad de Chicago, los humanos en el mundo industrializado han experimentado “una forma de evolución que es única, no solo para la humanidad, sino única entre las aproximadamente 7.000 generaciones de humanos que han habitado la Tierra desde siempre”.

La diferencia no tiene que ver con un cambio genético, tal y como lo conocemos, sino con cambios en la forma humana. Esto se demuestra en varias formas, que van desde aquellas bien conocidas y que casi se dan por supuestas, como el aumento en la altura media o en la esperanza de vida, hasta otras que emergen solo gracias a las comparaciones de los registros sanitarios.

La mayor sorpresa desprendida de los nuevos estudios es que muchos males crónicos, como las enfermedades cardíacas, las pulmonares o la artritis, aparecen una media de entre 10 a 25 años mas tarde de lo que lo solían hacer. También existen menos minusvalías entre las personas mayores de hoy en día, según un estudio federal que mide directamente su incidencia. Y todo esto no se debe solo al buen funcionamiento de ciertos tratamientos médicos como el de las cataratas. Simplemente los cuerpos humanos no se rompen en la forma en que antes lo hacían.

Incluso la mente humana parece haber mejorado. El cociente intelectual medio lleva incrementándose durante décadas. Y al menos un estudio descubrió que las opciones para que un individuo desarrolle demencia en la tercera edad, parecen haber disminuido durante los últimos años.

Las razones propuestas para explicar este fenómeno son tan inesperadas como los propios cambios. La mejora en el cuidado sanitario es solo parte de la explicación; los estudios sugieren que los efectos parecen haberse iniciado a causa de los eventos experimentados en las primeras fases de la vida, e incluso en el útero, y cuyos resultados comienzan a mostrarse en la madurez y senectud.

“Lo que nos sucede antes de cumplir los dos años, tiene un efecto duradero en nuestra salud, y eso incluye el envejecimiento”, comentó el Dr. David J. P. Barker, profesor de medicina en la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón, en Pórtland, quien es además profesor de epidemiología en la Universidad de Southampton, en Inglaterra.

Cada suceso puede provocar otros. Por ejemplo, una menor incidencia de las enfermedades cardiovasculares puede implicar una menor demencia en edades avanzadas. La razón es que las enfermedades cardiovasculares pueden precipitar mini-infartos, que pueden causar demencia. Se sospecha además, que padecer estas enfermedades supone un factor de riesgo para el mal de Alzheimer.

Estos efectos no se dan solo en los Estados Unidos. Largos y cuidadosos estudios realizados en Finlandia, Gran Bretaña, Francia, Suecia y Holanda confirman que lo mismo sucede allí; y también comienza a suceder en los países en vías de desarrollo.

Por supuesto, en el pasado ha habido gente que vivió largos años y que tuvo una vida saludable, y en la actualidad hay personas cuyas vidas se ven pronto truncadas por las enfermedades, o que sufren durante años de males crónicos. Pero en conjunto y según los científicos, los cambios son enormes.

Incluso las diferencias más obvias sorprenden a los científicos, por la cuantía del cambio.

En 1900, el 13 por ciento de las personas que alcanzaban los 65 años, podían esperar cumplir los 85. Ahora, casi la mitad de las personas que tienen 65 años llegarán a vivir veinte años más.

Incluso el aspecto físico de las personas es diferente a día de hoy. Los hombres estadounidenses, por ejemplo, son casi 7,6 centímetros más altos que hace 100 años, y pesan 22,6 kilos más.

“Nos hemos transformado”, dice el Dr. Fogel.

¿Qué vendrá luego? se preguntan los científicos. La gente de mediana edad en la actualidad, es la primera generación que crece con vacunas infantiles y con antibióticos. Los primeros años para ellos han sido mucho mejores que para sus padres, quienes a su vez, disfrutaron de una infancia mejor que la de sus progenitores.

Y si la buena salud y la nutrición durante los primeros años de vida son factores importantes para determinar el nivel de salud durante la mediana y la tercera edad, entonces se presagia algo bueno para la gente de mediana edad de hoy en día. Los investigadores predicen que estas personas podrían vivir más tiempo y sufriendo menos dolores y miserias que ninguna otra generación anterior.

“¿Será la tercera edad de los representantes actuales del baby boom (nacidos en los 50) parecida a la tercera edad que creemos conocer a día de hoy?” Se pregunta el Dr. Barker. “La respuesta es no”.

Intentando cambiar un patrón

Craig Keller no sabe lo que le espera cuando sea anciano. Pero es optimista por naturaleza, y sabe que ya ha sobrepasado la esperanza de vida de su atribulado antecesor Valentin. Mide 1,75 metros, pesa 90,7 kilos y rebosa de exuberante salud.

Creció en Hamilton, la misma ciudad de la frontera de Kentucky donde vivió, trabajó y fue enterrado Valentin. Y aún vive allí, trabajando como alguacil en los juzgados, casado con Sandy, a quien conoció cuando cursaba el segundo grado. Ahora, tras 25 años de matrimonio, los Kellers tienen dos hijas criadas, un perro negro y juguetón y ninguna queja.

Craig y Sandy Keller disfrutaron de todas las ventajas de los norteamericanos de clase media de su generación: vacaciones escolares, abundancia de comida, antibióticos cuando enfermaban. Ahora, como desean mantenerse sanos, salen a caminar cada tarde, intentan comer bien y se apoyan en su fuerte fe, la cual según dicen, fortalece su salud. Y disfrutan la vida.

El Sr. Keller empuja el Chevrolet Malibú de su mujer por el camino de acceso a su pequeña e inmaculada casa, situada al borde de la acera de la calle. Es la misma casa en la que creció, él y su esposa se la compraron a sus padres hace 22 años. Mientras la Sra. Keller nos saca un aperitivo a base de queso de bola casero, galletas saladas, sándwiches, fruta y pastel de chocolate, el sr. Keller se maravilla al contemplar el contraste entre su confortable vida y la de sus antecesores.

Para él, la idea de caer enfermo al finalizar la década que va de los 20 a los 30, y no caminar jamás, es algo inimaginable. Su padre, Carl D. Keller, fumador durante toda su vida, desarrolló cáncer de próstata, luego enfisema y más tarde cáncer de pulmón, que finalmente acabó con él a los 65 años. El padre de su padre, Carl W. Keller, también fumador, murió de cáncer de esófago justo después de cumplir los 69. Su abuelo por parte materna murió de cirrosis hepática a los 55; su abuela murió a los 56 de cáncer de mama.

“Nunca superaron los 50 o 60 y tantos” comenta el señor Keller. “De modo que eso es algo que siempre está ahí, dentro de tu cabeza”. Se preocupa por sus pulmones, dado su historial familiar. Una vez tuvo neumonía y también tuvo bronquitis.

Pero Keller razona, es físicamente muy diferente a sus antecesores – nunca ha fumado y está mucho más sano y mejor alimentado – por lo que cree que superará este límite.

Y si el ejercicio es bueno para la salud, ciertamente los Keller se han ejercitado. El señor Keller nos muestra una estantería en su sótano en la que reposan todos sus trofeos atléticos. Los de la señora Keller son de batoneras, y los del señor Keller son de béisbol, baloncesto, sófbol y fútbol. Sus hijas, Raquel de 19 años y Kristy de 22, han sido animadoras.

La señora Keller dice que cuando tenía la edad de sus hijas “no pensaba demasiado en mi salud”.

“Pero más tarde, cuando cumplí 30 y me acercaba a los 40”, comentó, “empecé a pensar en ello. Intentas comer bien, hacer algo de ejercicio. Y ves a tus padres bregar con la enfermedad, por lo que te preguntas por ti mismo. A mi madre le hicieron un cuádruple bypass cuando cumplió los 75, y desde entonces tuvo que llevar marcapasos. Ahora tiene 80 años, pero te hace pensar”.

¿Qué causó la enfermedad cardiaca de su madre, razones genéticas o hábitos poco saludables? La señora Keller contesta por si misma. Su madre fumó durante más de una década, finalmente lo dejó con gran dificultad después de que la señora Keller naciera. “Dijo que el señor le ayudó a conseguirlo”, comenta la sra. Keller.

La señora Keller nunca ha fumado. Preocupada por las enfermedades del corazón controló sus niveles de colesterol hace unos pocos años, y tomó medicación para hacerlos descender. Camina durante la hora de la comida con las mujeres de su oficina, y después de cenar con su marido.

Su hija Rachel, pequeña y callada, de sonrisa rápida, también piensa en la historia médica de su familia. Se preocupa por las enfermedades coronarias y se preocupa también por las enfermedades pulmonares. Ya ha ido a comprobar su nivel de colesterol, y era normal. Y se asombra cuando ve a gente de su edad fumando.

“En el instituto ninguna de mis amigas fumaba”, comenta. “Cuando volvieron de su primer año en la universidad, todas ellas lo hacían”.

“Es dificil pensar en cómo envejecerás cuando eres joven”, añadió Rachel. “Pero cuando ves a miembros de tu familia – mi abuelo murió de cáncer de pulmón, mi otro abuelo también padeció cáncer. De modo que es algo que tengo en mente muy a menudo”.

Pero aún así, el futuro queda tan lejos que para ella es casi insondable. “Me pregunto cómo seremos cuando seamos viejos”, comenta divertida.

Vidas asoladas por la enfermedad

Los científicos suelen decir que la razón por la que la gente vive tanto hoy en día es porque la medicina les mantiene vivos, aunque debilitados. Pero estudios como el dirigido por el Dr. Fogel, en el que emplea los registros de los veteranos del ejército unionista, han hecho que muchos se replanteen esta noción.

El estudio involucra un muestreo al azar sobre 50.000 miembros de los veteranos del ejército de la Unión. El Dr. Fogel comparó aquellos hombres, la primera generación que alcanzó los 65 años en el siglo XX, con personas nacidas recientemente.

Los investigadores se centraron en las enfermedades comunes, que son diagnosticadas ahora en una forma realmente igual a como se hacía el pasado siglo. De modo que buscaron enfermedades como artritis, dolor de espalda y varias clases de enfermedades coronarias que pueden detectarse auscultando el corazón.

La primera sorpresa fue descubrir lo enferma que estaba la gente, y la duración de su mal.

En lugar de deducir el grado de salud, partiendo de las causas de fallecimiento que figuraban en los certificados de defunción, el Dr. Fogel y sus colegas buscaron el nivel de salud a lo largo de sus vidas. Emplearon el historial militar de cada regimiento en el que había servido cada uno de los veteranos, lo cual mostró quién estaba enfermo y durante cuanto tiempo; los censos manuscritos; los registros públicos de salud, los archivos de pensiones; los certificados médicos que mostraban los resultados de exámenes periódicos realizados a los pensionistas y los certificados de fallecimiento.

Descubrieron que casi todo el mundo en la generación de la guerra civil, se vio asolado por enfermedades debilitadoras, y que las sufrieron durante décadas. Y no hablamos de un subconjunto poco representativo de los hombres norteamericanos – el 65 por ciento de la población masculina con edades entre 18 y 25 años sirvió en el ejército de la Unión. “Presumiblemente pensaron que encajaban lo bastante como para servir en filas”, comentó el Dr. Fogel.

Hasta los adolescentes estaban enfermos. El 80 por ciento de la población masculina con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años intentaron alistarse en el ejército de la Unión en 1861, pero uno de cada seis era rechazado por ser considerado no apto.

Y el ejército de la Unión no era muy melindroso. “La incontinencia urinaria no era motivo de rechazo”, comentó Dora Costa, economista del M.I.T. que trabaja con el Dr. Fogel, citando las regulaciones. Un hombre que era ciego de su ojo derecho fue deshabilitado del servicio porque ese era el ojo que se empleaba con el mosquete. Pero, la Dra. Costa añade, “ser ciego del ojo izquierdo no ocasionaba problemas”.

Después de que la guerra acabase, a medida que los veteranos entraban en la madurez, rara vez eran diagnosticados con enfermedades crónicas.

“En los archivos de pensiones existen descripciones de hernias tan grandes como uvas”, comenta la Dra. Costa. “Se las sostenían con bragueros. Estos chicos seguían trabajando aunque claramente debían sufrir grandes dolores. Simplemente tenían que arreglárselas”.

El ochenta por ciento sufrían enfermedades coronarias cuando cumplían los 60, en comparación a las cifras actuales, inferiores a un 50 por ciento. Entre los 65 y los 74 años, el 55 por ciento de los veteranos del ejército unionista tenían problemas de espalda. La cifra comparativa actual es del 35 por ciento.

La mejora constante en el nivel de salud de las generaciones recientes se muestra población tras población, país tras país. Pero estos hallazgos hacen surgir una cuestión fundamental, comentó la doctora Costa.

“La cuestión es, vale, existen estas diferencias, y si, son muy grandes, pero ¿por qué?” comentó ella.

“Esa es la pregunta del millón de dólares”, afirmó David M. Cutler, economista en temas de salud de Harvard. “Tal vez sea la pregunta del billón de dólares. Y nadie ha recibido una respuesta con la que todos estén de acuerdo”.

Conociendo el pasado

Don Hotchkiss, ingeniero civil en Las Vegas y descendiente de un veterano de la Guerra civil estadounidense, es un ávido revisionista de la guerra civil. En cuanto pudo, él y su hermano intentaron dormir en una réplica exacta de una de las viejas tiendas.

Era demasiado pequeña, comenta el señor Hotchkiss, que mide 1,82 metros. Su hermano, oficial de policía en Phoenix, es más delgado, pero mide 1,89 metros. Las tiendas estaban hechas para hombres con un tamaño estándar para aquel tiempo. “En los últimos 145 años nos hemos hinchado”, opina el señor Hotchkiss.

En una reunión reciente de Hijos de Veteranos Confederados, que tuvo lugar en Las Vegas, ocho fornidos hombres se encerraron en una sala de lectura de la biblioteca. Todos ellos habían experimentado el equivalente al problema de la tienda de la guerra civil.

“En las reuniones, todos los directores, que iban disfrazados de época, comentaron que los figurantes eran simplemente demasiado grandes”, comentó George McClendon, un fornido piloto aéreo retirado de 67 años.

El Sr. McClendon tiene razón. Los hombres que vivieron durante la época de la guerra civil medían una media de 1,69 metros y pesaban 66,7 Kilos. Eso, trasladado a masa corporal daría un índice de 23, bien dentro del rango denominado “normal”. Hoy en día, los hombres miden una media de 1,77 metros y pesan en torno a los 86,6 Kilos, lo cual les da un índice de masa corporal porcentual del 28,2 de sobrepeso, bordeando casi con la obesidad.

Estos cambios, junto a las grandes mejoras en la sanidad general y en la expectativa de vida en años recientes, intrigaron a la Dra. Costa. Las enfermedades crónicas comunes – problemas respiratorios, enfermedades relacionadas con las válvulas cardíacas, arteriosclerosis, y problemas en las articulaciones – han ido declinando en un porcentaje del 0,7 al año desde comienzos del siglo XX. Y cuando aparecen, lo hacen con menos virulencia y a edades más avanzadas.

Las razones que la Dra. Costa y otras personas están buscando, parecen tener mucho que ver con las condiciones en los primeros años de vida. Una pobre nutrición en este período de la infancia se asocia a una baja estatura y a la aparición de enfermedades de por vida, y hasta hace bien poco, la comida era cara en los Estados Unidos y en Europa.

El Dr. Fogel y la Dra. Costa observaron los datos de altura y el índice de masa corporal en los veteranos del ejército unionista, que tenían 65 años o más en 1910, y los compararon con los de los veteranos de la segunda guerra mundial, que tenían esa edad en la década de 1980. Los datos relativos al tamaño y al grado de salud les condujeron a una predicción: los veteranos de la segunda guerra mundial deberían haber padecido un 35% menos de enfermedades crónicas de lo que lo hicieron los veteranos unionistas. Eso, comentan ambos, fue exactamente lo que sucedió.

También descubrieron que las enfermedades infantiles dejan a las personas predispuestas a las enfermedades crónicas cuando se hacen mayores.

“Suponte que has sobrevivido al tifus y a la tuberculosis” comenta el Dr. Fogel. “¿Cómo afectará esto a tu envejecimiento?” Parece ser, comentó, que el número de enfermedades crónicas que padecerás cuando tengas 50 años será mucho mayor si perteneces a este grupo. “Estamos descubriendo algo”, dijo. “Hasta los porcentajes del cáncer eran mayores. ¡Dios mío! Nunca hubiéramos sospechado esto”.

Los hombres que padecían infecciones respiratorias o sarampión durante su niñez tendían a desarrollar enfermedades crónicas del pulmón unas décadas más tarde. La malaria, a menudo conducía a la artritis. Los hombres que habían sobrevivido a las fiebres reumáticas, desarrollaron más tarde enfermedades relacionadas con las válvulas cardíacas.

Y las ocupaciones estresantes añadían más carga al cuerpo.

Las personas trabajaban hasta que morían o hasta que estaban tan discapacitadas que no podían continuar. El Dr. Fogel añadió “En 1890, prácticamente todo el mundo moría trabajando, y si vivían lo bastante como para no morir en el tajo, la edad media de jubilación era de 85 años”. Ahora la media es de 62.

Hace un siglo, casi todo el mundo era granjero, jornalero o artesano y todos se veían expuestos constantemente al polvo y al humo, dice la Dra. Costa. “Creo que esto simplemente dejaba señales a largo plazo”.

Buscando respuestas

El Dr. Barker, de la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón está intrigado por el rompecabezas de descubrir quién enfermó de qué enfermedad y cuándo.

“Por qué algunas personas contrajeron enfermedades cardíacas y sufrieron infartos y otras no?” se pregunta. “Está muy claro que las ideas actuales sobre los estilos de vida en la edad adulta solo explican parcialmente este fenómeno. Si lo prefieres, puedes decir que está en los genes y dejar de pensar en ello. O puedes decir ¿en qué momento durante su desarrollo se hicieron vulnerables? Una vez que hayas pensado esto, se abre ante ti un mundo completamente nuevo.

Es un mundo que obsesiona al doctor Barker. Los estudios con animales y los datos que él y otros han venido recopilando le han convencido de que la salud en la madurez viene determinada por la vida fetal y por los dos años que siguen al nacimiento.

Su trabajo ha sido controvertido. Algunos dicen que otros factores, como la pobreza, podrían ser realmente los responsables, pero el doctor Barker también ha conseguido imponerse sobre muchos científicos.

En un estudio, examinó los registros sanitarios de 8.760 personas nacidas en Helsinki desde 1933 a 1944. Aquellos cuyo peso natal estaba por debajo de aproximadamente 2,95 Kilos y que fueron delgados durante los dos primeros años de vida, con un índice de masa corporal de 17 o menor, padecieron más enfermedades cardíacas cuando fueron adultos.

En otro estudio, realizado sobre 15.000 hombres y mujeres suecos nacidos desde 1915 a 1929, descubrió lo mismo. Y lo mismo sucedió cuando estudió a los bebés nacidos de madres que se quedaron embarazadas durante la hambruna holandesa (conocida como el invierno del hambre) que tuvo lugar en la segunda guerra mundial.

Esa hambruna duró desde noviembre de 1944 hasta mayo de 1945. Las mujeres ingerían apenas entre 400 a 800 calorías al día, y una sexta parte de sus bebés murieron antes de nacer o poco después de ello. Pero aquellos que sobrevivieron parecían estar bien, comenta Tessa J. Roseboom, epidemióloga en la Universidad de Ámsterdam, que estudió a 2.254 personas nacidas en un hospital antes, durante y después de la hambruna. Incluso sus pesos al nacer eran normales.

Pero ahora, la doctora Roseboom está descubriendo que aquellos bebés, que están a punto de abandonar su edad madura, comienzan a adquirir enfermedades crónicas a un ritmo mucho mayor de lo normal. El porcentaje de enfermedades cardíacas en ellos casi triplica al de los niños nacidos antes o después de la hambruna. Sufren más diabetes y más enfermedades renales.

Esto no me sorprende, comenta el Dr. Barker. Gran parte del cuerpo humano se completa antes de nacer, explica, de modo que un bebé nacido de una mujer que se vio privada de comida durante el embarazo, o que estuvo enferma, iniciará su vida con una predisposición a enfermedades que no emergen hasta la edad madura.

Las personas de mediana edad nacidas durante la hambruna dicen también que no se sienten bien. El 10% califican su estado de salud como pobre, un porcentaje que dobla al 5% de los que así lo evalúan entre los nacidos antes o después de la hambruna.

“Les preguntamos si se sentían con salud”, comentó la Dra. Roseboom. “La respuesta a esta pregunta suele servir de predicción altamente efectiva a las tendencias de futura mortandad”.

Pero no todo el mundo estaba convencido de lo que se ha venido a llamar, hipótesis de Barker, la idea de que los sucesos en las primeras fases de la vida afectan la salud y al bienestar en la madurez y tercera edad. Douglas V. Almond, economista en la Universidad de Columbia estaba entre los que la desaprobaban.

El Dr. Almond encontraba un problema en los estudios. No se habían hecho sobre poblaciones aleatoreamente seleccionadas, comenta, lo cual hacía difícil conocer si existían otros factores que pudieron contribuir a efectos de salud. Almond deseaba encontrar pruebas rigurosas – una enfermedad o privación que afectase a todo el mundo, ricos y pobres, con estudios o no, y que después desapareciera. Entonces se dio cuenta de que había existido algo así, la gripe española de 1918.

La gripe pandémica llegó a los Estados Unidos en octubre de 1918 y se fue en enero de 1919, afectando a un tercio de las mujeres embarazadas en los Estados Unidos. ¿Qué les sucedió a esos niños? Se preguntó el Dr. Almond.

Almond comparó dos poblaciones: aquellos cuyas madres estaban embarazadas durante la pandemia de la gripe y aquellos cuyas madres quedaron embarazadas poco antes o poco después de la epidemia.

Para su asombro, el Dr. Almond encontró que los niños de las mujeres que estaban embarazadas durante la epidemia tuvieron más enfermedades, especialmente diabetes, para la cual, la incendia era un 20% mayor que la habitual a la edad de 61 años. También tuvieron más problemas de educación – tenían un índice de probabilidad de graduación en el instituto un 15% inferior. Los ingresos económicos de estos hombres eran entre un 5 y un 7% inferiores, y sus familias tenían más probabilidad de recibir asistencia pública.

Los efectos, dice el doctor Almond, se daban en blancos y en los que no lo eran, en ricos y en pobres, en hombres y mujeres. Se convenció a si mismo, añadió, de que algo había de cierto en la hipótesis de Barker.

Craig Keller espera tener razón. Observa lo duras que fueron las vidas de sus antepasados, incluso las de sus bisabuelos y abuelos, que trabajaron como pintores y se vieron expuestas al humo. Y, por supuesto, ahí está el pobre Valentin Keller, su antepasado de la guerra civil, con su salud arruinada a la edad de 30 años.

Hoy, el señor Keller dice sentirse fuerte y saludable, casi a pesar de si mismo. A él le encantaría pensarlo porque intenta vivir bien, pero no está seguro, especialmente cuando oye hablar de lo que han descubierto los doctores Barker y Fogel. Tal vez su gran fortuna sea haber nacido de una madre saludable, y haber sido vacunado y bien alimentado.

“Enfrentar a los charlatanes es una obligación de toda persona racional”

“Enfrentar a los charlatanes es una obligación de toda persona racional”

Según el profesor José Antonio López Cerezo, catedrático de filosofía de la ciencia y lógica de la Universidad de Oviedo, España, toda persona racional tiene la obligación de enfrentar a los pseudocientíficos y demás charlatanes. López Cerezo también indicó que la racionalidad enriquece la vida humana. Abogó por la divulgación de las ciencias humanas.

El filósofo estuvo unos días en Asunción para impartir clases, charlas y conferencias dentro del marco de la cátedra Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) organizada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt, con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

López Cerezo es coordinador de la Red temática de CTS de la OEI y coordinador de investigación de la Unidad de Cultura Científica del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) de Madrid. Tiene diversas publicaciones científicas, monografías y libros.

Aprovechamos para conversar extensamente con él sobre diversos temas. Aquí, un extracto de la entrevista, donde hace hincapié en la figura del divulgador.

A comienzos de mes, tanto la comunidad científica y escéptica de España y de otros puntos de Iberoamérica se solidarizaron con el bioquímico y divulgador José Miguel Mulet, quien fuera maltratado por la periodista española Mercedes Milá en un debate televisivo donde refutó la idea de la “Enzima prodigiosa”, pseudociencia de Hiromi Shinya.

-El caso de Miguel Mulet despertó una cierta campaña en contra de las pseudociencias y las supercherías más difundidas en nuestros países. Si bien es cierto que el divulgador debe hablar, informar o educar sobre ciencia, algunas veces le toca desmitificar y discutir con los embusteros de la ciencia. ¿Debe el divulgador o el científico enfrentarse a los charlatanes?

-Enfrentarse a los charlatanes es una obligación. Conozco a Mulet y tengo una muy buena opinión suya y de su trabajo. No solamente los científicos deben responder a los charlatanes, sino cualquier persona racional. Hay que combatir este irracionalismo que se promueve mucho últimamente. Hay que atacar la astrología, la numerología, las pulseras magnéticas que curan y todo lo que perjudica a la ciudadanía.

-¿Por qué?
-Porque contaminan las mentes y empobrece nuestras vidas. La racionalidad es lo que más enriquece a la vida, a todo ser humano.

-Es por eso que precisamos divulgación científica rigurosa.
-Exacto. Y el con respecto a los divulgadores, mientras más seamos, mejor. Pero no debemos olvidar que las ciencias no terminan en la física, la química o la biología.

-¿Hay que divulgar las ciencias humanas?
-Sí. Es fundamental. Divulgar historia, filosofía, lengua, etc. Pero, además de defender a las humanidades, cada vez deberíamos forjar más puentes entre las diferentes ciencias. Hay universidades que en sus carreras de ingenierías, por ejemplo, destinan un 30% de las materias a las ciencias humanas. Esto pasa en Estados Unidos. Se enseña, por ejemplo, historia de la ingeniería o ética.

Trappist-1, un sistema sin mitos y mucha ciencia

Trappist-1, un sistema sin mitos y mucha ciencia

 

Por Eduardo Quintana

No se descubrió vida extraterrestre, ni indicios de agua ni algo sobrenatural. Es algo más alucinante que eso: el método científico aplicado una vez más a la ciencia planetaria. El descubrimiento de los siete exoplanetas alrededor de la Enana Roja Trappist-1 representa un gran avance en la astronomía moderna, así como también desafíos teóricos y tecnológicos que nos ayuden a comprender más nuestro Universo.

Antes de su charla del sábado y como antesala al eclipse parcial de Sol, conversamos un rato con Félix Piriyú sobre mitos y verdades en torno al sistema de Trappist-1, a casi 40 al de distancia y con una investigación que impone un nuevo hito en la reciente historia de la ciencia espacial. Félix es un miembro de APRA aficionado a la astronomía. Fue secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica, Cedia.

-¿El hallazgo de Trappist-1 representa algo inédito en la astronomía moderna? Es la primera vez que se descubren varios planetas con masas similares a la de la Tierra en un mismo sistema.

-Sí, es la primera vez que se detectan 3 exoplanetas en la Zona Habitable de una estrella. Hay que tener especial cuidado al usar la expresión “similares a la Tierra”, ya que los datos que tenemos de estos exos son su velocidad de traslación de lo cual se deduce su masa, pero no sabemos nada de su atmósfera, temperatura o si tienen o no tienen agua.

Por la proximidad a su estrella también podría ser que están anclados gravitacionalmente y siempre muestren una sola cara a su Sol, lo que implicaría un clima muy distinto al que conocemos en la Tierra.

-Sin embargo, ¿puede este estudio internacional afirmarnos que los planetas rocosos similares a la Tierra podrían ser comunes en otras partes del Universo?

-A medida que los instrumentos de observación mejoren, sabremos qué porcentaje de los exos que descubramos son rocosos y así podríamos afirmar si los planetas similares a la Tierra son comunes. Hay que tener en cuenta que solo podemos detectar exos en nuestra galaxia y solo lo podemos hacer en un radio muy reducido, por lo tanto dar una respuesta a dicha pregunta tardará un poco más.

-¿Es inusual tener a una Enana Roja con un sistema de planetas rocosos? ¿Qué características tienen las enanas rojas?

-Esta pregunta guarda mucha relación con la respuesta anterior. Todavía faltan datos estadísticos para saber si es una característica usual en este tipo de estrellas. La estrella más cercana al Sol es una Enana Roja, al parecer son el tipo de estrellas más numerosas en la Vía Láctea. Las Enanas Rojas son estrellas pequeñas, tienen menos de la mitad de la masa del Sol, emiten muy poca luz, apenas alcanzan el 10% del brillo de nuestra estrella. Otra característica interesante es que pueden “vivir” muchísimo tiempo, tanto más que lo que se estima tiene de edad nuestro Universo.

-El método de detección de estas 7 exotierras fue de nuevo por tránsito, es decir, no miramos directamente los planetas. ¿El nivel de precisión es muy alto? 

-El método del tránsito es muy usado, consiste en observar la variación de brillo de una determinada estrella, cuando un exoplaneta se interpone entre nuestra línea de visión y la estrella, el brillo disminuye, la periodicidad de este suceso nos dice el periodo del exo y luego con otros datos se arman los modelos para describir el tipo de exoplaneta en cuestión. La precisión de estos datos es lo que nos indica su nivel de certeza, en algunos casos se han hecho anuncios de exos que luego fueron descartados al mejorar las observaciones.

-Se usaron al menos ocho telescopios terrestres y dos espaciales en este descubrimiento, ¿sigue marcando la diferencia observar desde nuestro planeta que fuera de él?

-La ventaja de observar desde el espacio es que se elimina el efecto negativo que tiene la atmósfera terrestre sobre las imágenes astronómicas; la desventaja es que los telescopios espaciales no pueden ser de gran tamaño porque el peso dificulta ponerlos en órbita. El Telescopio Espacial Hubble tiene un espejo de 2,4 metros, en cambio en tierra tenemos telescopios de 10 metros de diámetro.

Mientras más grande el espejo, mejores observaciones se pueden hacer. Para el caso de la detección por tránsito lo que se mide es la luz, así que para estos casos relacionados a la detección de exos no hay mucha diferencia en el tipo de telescopio que se está usando.

Trappist-1

-Los siete exoplanetas presentarían características similares, ¿por qué debemos estudiar sus atmosféras? ¿Cómo lo haremos?

-La atmósfera nos cuenta un poco de la historia del planeta y nos permite teorizar sobre las condiciones de la superficie, tenemos el caso del planeta Venus que está cubierto de una densa atmósfera la cual atrapa el calor del Sol, esto eleva la temperatura ambiente en el rango de los 500 grados.

Estudiar la atmósfera de un exo es muy complicado, primeramente, solo podríamos estudiar la atmósfera de los exos que podemos ver, en esos casos la luz que viene de la estrella atraviesa la atmósfera del exoplaneta y los fotones que llegan hasta nuestros instrumentos nos cuentan cómo está constituida dicha atmósfera.

Estos 7 exos fueron detectados por el método del tránsito, así que ni siquiera los podemos ver, solo sabemos que están ahí porque eclipsan la luz de su estrella madre. En estos casos solo se pueden teorizar modelos de atmósferas, nada más que eso.

-Tres de los siete planetas se encuentran en la zona de habitabilidad de su estrella. Que sean potencialmente habitables no significa que cuenten con vida. Si no que es un indicador. Además de agua, ¿qué otros elementos nos hacen suponer que pudiera haber vida en esas exotierras?

-Es así, lo de habitables es principalmente por la característica de que podrían tener agua en estado líquido, hay que tener en cuenta también otras cosas, por ejemplo las Enanas Rojas emiten regularmente fulguraciones, tormentas solares que podrían pegar de lleno en dichos exos matando cualquier cosa que se parezca a la vida que conocemos. También está el hecho del anclaje gravitacional que ya mencionamos, esto podría dificultar las chances para el desarrollo de la vida. Son muchas las variables que hay que tomar en cuenta para decir si tal o cual exo podría ser habitable.

Para que se desarrolle vida se necesita agua, otro ingrediente necesario es la energía. En el caso de la Tierra está el Sol o los sitios donde aflora el calor interno de la Tierra; este calor puede sostener vida como el caso de las fumarolas submarinas. Si hay alguna forma de energía aprovechable y si hay agua, entonces es probable que se desarrolle la vida, hasta ahora lo que sabemos de estos exos es que hay una muy alta probabilidad de que estén ahí, orbitando su estrella, no tenemos evidencia de nada más.

-Se encuentra a casi 40 años luz (al) de distancia, ¿de igual manera podemos estudiar a Trappist-1? ¿Con qué tipo de tecnologías?

-Como hay varias estrellas parecidas a Trappist-1 y conocemos el ciclo de vida de las estrellas, podemos inferir mediante modelos cuales son las condiciones para este tipo de sistemas, no podemos hacer observación directa de los exos, pero sí podemos observar la estrella, ya sea con telescopios espaciales o conjuntos de telescopios terrestres. Por el espectro de la luz sabemos qué tipo de elementos tiene y su temperatura, podemos medir también la frecuencia con que se producen tormentas solares y qué tan potente son, todo eso puede ser estudiado con tecnologías actuales.

Usando el método tradicional de propulsión llegar a la estrella más cercana al Sol nos tomaría 30.000 años, esta estrella es Próxima Centauri y está a 4 al, llegar a Trappist-1 por lo tanto implicaría cuadruplicar esos 30.000 años. Sin duda el “Viaje a las Estrellas” aún está lejos de nuestras posibilidades.

-¿Por qué es importante estudiar hoy en día a los exoplanetas? ¿Por qué la astronomía moderna se ocupa mucho de ellos?

-Porque es ciencia de primera línea, el desarrollo de tecnología para poder detectarlos implica complejos componentes y métodos de análisis especializados.

La astronomía planetaria es una disciplina que se está desarrollando, se está encargando de buscar planetas y planetas enanos en nuestro Sistema Solar, así como exoplanetas en otras estrellas, por lo tanto tiene mucho empuje. Buscar otros mundos ya sea por el afán de conocimiento o como un posible destino futuro para la humanidad también es una razón valedera para ocuparnos de los exoplanetas.

-Hasta el momento no tenemos evidencia de la existencia de otros seres vivos fuera de la Tierra y de la ISS, ¿busca la ciencia vida extraterrestre (ET) y vida ET inteligente?

-Hasta el presente no hay una sola evidencia de vida fuera de la Tierra. Dentro del Sistema Solar hay candidatos que podrían albergar vida, uno de los candidatos principales es la luna de Saturno llamada Encelado, sabemos que tiene un mar interior, conocemos su PH inclusive. Otros candidatos son Marte y la luna de Júpiter conocida como Europa. De entre todos estos candidatos creo que será Marte el que primero podremos confirmar o descartar como huésped para la vida fuera de la Tierra.

En cuanto a los ET inteligentes el proyecto SETI es el único proyecto científico que trata de encontrar algún tipo de señal proveniente de una civilización extraterrestre, rastrea el espacio captando ondas electromagnéticas para luego analizarlas.

Llevan décadas escuchando sin detectar absolutamente nada, por lo tanto podemos decir que actualmente tampoco tenemos ninguna evidencia de que existan civilizaciones extraterrestres que emitan señales de radio.

-A la par de la difusión de estas noticias, se difundan otras pseudocientíficas, que vinculan esto a cuestiones sobrenaturales o alienígenas, ¿cómo hacer para evitar tanta desinformación al respecto?

-Las personas o los grupos que se dedican a la divulgación de la ciencia podrían hacer algo positivo en este aspecto, siempre y cuando encuentren el espacio y la forma de llegar a la gente. Se podría también incentivar a las personas a que lean sitios especializados en noticias científicas, sitios de divulgación. Así, cuando leen o escuchan afirmaciones pseudocientíficas podrían acudir a estos sitios especializados y obtener información veraz. A mi criterio, la divulgación de la ciencia es lo mejor que se puede hacer para luchar contra las pseudociencias.

PLUS ASTRONÓMICO

Eclipse del domingo
Este domingo, uno de los eventos principales de la astronomía y al alcance de casi todos es el eclipse parcial de Sol que se podrá ver desde nuestro país. Félix asistirá al evento de la organización EntroPy, que hará la observación desde el Cerro Hu, en Paraguarí. Piriyú hablará sobre las órbitas de la Tierra y la Luna, la inclinación de los ejes de rotación con respecto a los planos orbitales, y explicará los ciclos de eclipses llamados Saros.

Recomendaciones para la observación:

  • El Sol puede dañar permanentemente la visión o producir ceguera. Nunca mirarlo directamente y sin protección
  • El material más económico para una observación segura es el vidrio para casco de soldador número 14 (se consigue en ferreterías).
  • Lo recomendable sería mirar a nuestra estrella con protector por 10 o 15 segundos y luego descansar la visión.
  • El eclipse no es un fenómeno sobrenatural, está bien medido y estudiado.

No deben usar estos materiales para observar el Sol:

  • Lentes de sol, ya sean originales o no
  • Películas de fotografías veladas o negativos
  • Placas de rayos X.
  • CDs
  • Binoculares o Telescopios
  • Filtros solares del eclipse del 94
  • Vidrios ennegrecidos o polarizados
Investigación original en la revista Nature.
PNL y negligencia intelectual

PNL y negligencia intelectual

Por: Francisco Ascarza. Publicado originalmente en el blog Insurrectos.

En sociedades presididas en principio por la racionalidad, cuando ésta se diluye o se disloca, los ciudadanos se ven tentados a recurrir a formas de pensamiento prerracionalistas. Se vuelven hacia la superstición, lo esotérico, lo ilógico, y están dispuestos a creer en varitas mágicas capaces de transformar el plomo en oro y los sapos en príncipes.”  –“Un mundo sin rumbo: crisis de fin de siglo”, de Ignacio Ramonet.

Una mirada a la irracionalidad contempla, asimismo, un acercamiento hacia las pseudociencias. A éstas podríamos definirlas como un conjunto de conocimientos que pretende tener caracter científico, pero que carece de el.

Según el filósofo Paul Kurtz, en “Is parapsychology a science?” (1978/1981, The Skeptical Inquirer, Vol 3. nº.2, pp. 14-23), estos modelos pseudocientíficos:

  • a) no utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones;
  • b) carecen de un armazón conceptual contrastable;
  • c) afirman haber alcanzado resultados positivos, aunque sus pruebas son altamente cuestionables, y sus generalizaciones no han sido corroboradas por investigadores imparciales.

Y es en este contexto que se enmarca la Programación Neurolingüística o PNL. En efecto, según el artículo publicado por Alejandro Borgo en la revista del CAIRP (Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia, ya disuelto), el Consejo Nacional de Investigación, creado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, encomendó al Comité de Técnicas para el Mejoramiento del Desempeño Humano la tarea de investigar la PNL con el objeto de determinar su validez como técnica terapéutica y de aprendizaje.

Las conclusiones son claras (pueden leerse completas en http://www.nap.edu/openbook.php?record_id=1025&page=141). He aquí algunas:

Muchas de las teorías a las que apela la PNL y que se citan como congruentes con ella, no tienen aceptación científica (teoría del cerebro holográfico de Pribram, y la descripción del cerebro estadístico de John).
Los experimentos presentados en apoyo de la PNL no son satisfactorios.
– Hay errores en la descripción de procesos biológicos básicos. Ejemplo: una sinápsis se define como una conexión dendrita-dendrita, en vez de dendrita-axón.
– Las referencias biológicas y psicológicas están desactualizadas. No se menciona la neurotransmisión cuando se habla de la organización cerebral y lo que se cita de psicología cognitiva omite los últimos 20 años de trabajo.
– La conclusión general es que no hay evidencia empírica, hasta la fecha, que permita sostener tanto las pretensiones como la eficacia de la PNL.

En definitiva, la PNL no se sostiene como una disciplina confiable y se presta para la manipulación de incautos y el beneficio económico de los gurús que la defienden. Y sin embargo, es importante hacer notar que en nuestro medio se está poniendo de moda. El mes pasado recibí por lo menos dos invitaciones a charlas acerca de este tema. Charlas que por cierto, no eran gratuitas.

Entonces, ¿qué extrañas fuerzas mueven a empresarios, artistas, universitarios, oficinistas y gente de toda índole a experimentar en estas turbias aguas? ¿qué misterioso componente convierte a esta pseudociencia en exitosa?.

La respuesta a estas preguntas transita el camino del engaño y la pereza intelectual. En efecto, la programación neurolingüística se atribuye una engañosa respetabilidad al hacer alarde de un lenguaje que, por la utilización de vocablos ciéntificos, pretende ser serio.

Tal como lo hiciera notar Michael Corballis en “Are we in our right minds?” (1999) [1]: “la PNL es un título completamente falso, diseñado para dar la impresión de respetabilidad científica”. Y es bien sabido que muchos sucumben a la tentación de quedarse con la cáscara: “si suena bien, ha de ser cierto”.

Es esta actitud facilista la que proporciona tierra fértil para el éxito de charlatanerías de esta índole. Y ese facilismo, que caracteriza el comportamiento de muchos individuos, va de la mano de la pereza intelectual. Estas personas son reacias a preguntarse acerca de la esencia de las cosas. Prefieren una mentira simple e ingeniosa a una verdad que los obligue a razonar. La superficie es su habitat.

Difícilmente puedan comprender la belleza de la profundidad. Se regodean en el término y no en el significado. Se les invita a aprender, pero se excusan diciendo que el tiempo que tienen es corto. Entonces es más sencillo ser un seguidor. Simplemente se engulle lo que otros masticaron.

A veces me pregunto si es razonable preocuparse por gente así. Me tienta responder con un silencio indiferente. Después de todo, cada quien hace de su vida lo que quiere. Pero entonces recuerdo que por culpa de esta negligencia intelectual, gran parte de la historia de la humanidad está cubierta por un manto de sangre resultante de los crímenes cometidos en nombre de todo tipo de dogmatismos y supercherías.

Entonces dejo de lado el sueño de la madrugada para escribir.

Referencias:

[1] Michael Corballis (1999)
Corballis, MC., “Are we in our right minds?” In Sala, S., (ed.) (1999), Mind Myths: Exploring Popular Assumptions About the Mind and Brain Publisher: Wiley, John & Sons. ISBN 0-471-98303-9 (pp. 25-41) see page p.41

Otras referencias:

Eric Einspruch y Bruce Forman
Einspruch, E. L., & Forman, B. D. (1985). “Observations Concerning Research Literature on Neuro-Linguistic Programming”. Journal of Counseling Psychology, 32(4), 589-596.

Barry Beyerstein (1995)
Beyerstein, B. ‘Distinguishing Science from Pseudoscience’, Centre for Professional and Curriculum Development, Dept. Psychology, Simon Fraser University.

Grant Devilly (2005)
“Power therapies and possible threats to the science of psychology and psychiatry” Australian and New Zealand Journal of Psychiatry 39:437–45(9)

PNL y negligencia intelectual.

PNL y negligencia intelectual.

Por: Francisco Ascarza. Publicado originalmente en el blog Insurrectos.

En sociedades presididas en principio por la racionalidad, cuando ésta se diluye o se disloca, los ciudadanos se ven tentados a recurrir a formas de pensamiento prerracionalistas. Se vuelven hacia la superstición, lo esotérico, lo ilógico, y están dispuestos a creer en varitas mágicas capaces de transformar el plomo en oro y los sapos en príncipes.” Del libro “Un mundo sin rumbo: crisis de fin de siglo”, de Ignacio Ramonet.

Una mirada a la irracionalidad contempla, asimismo, un acercamiento hacia las pseudociencias. A éstas podríamos definirlas como un conjunto de conocimientos que pretende tener caracter científico, pero que carece de el. Según el filósofo Paul Kurtz, en “Is parapsychology a science?” (1978/1981, The Skeptical Inquirer, Vol 3. nº.2, pp. 14-23), estos modelos pseudocientíficos
a) no utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones;
b) carecen de un armazón conceptual contrastable;
c) afirman haber alcanzado resultados positivos, aunque sus pruebas son altamente cuestionables, y sus generalizaciones no han sido corroboradas por investigadores imparciales.

pnl

Y es en este contexto que se enmarca la Programación Neurolingüística o PNL. En efecto, según el artículo publicado por Alejandro Borgo en la revista del CAIRP (Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia, ya disuelto), el Consejo Nacional de Investigación, creado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, encomendó al Comité de Técnicas para el Mejoramiento del Desempeño Humano la tarea de investigar la PNL con el objeto de determinar su validez como técnica terapéutica y de aprendizaje. Las conclusiones son claras (pueden leerse completas en http://www.nap.edu/openbook.php?record_id=1025&page=141). He aquí algunas:

Muchas de las teorías a las que apela la PNL y que se citan como congruentes con ella, no tienen aceptación científica (teoría del cerebro holográfico de Pribram, y la descripción del cerebro estadístico de John).
Los experimentos presentados en apoyo de la PNL no son satisfactorios.
– Hay errores en la descripción de procesos biológicos básicos. Ejemplo: una sinápsis se define como una conexión dendrita-dendrita, en vez de dendrita-axón.
– Las referencias biológicas y psicológicas están desactualizadas. No se menciona la neurotransmisión cuando se habla de la organización cerebral y lo que se cita de psicología cognitiva omite los últimos 20 años de trabajo.
– La conclusión general es que no hay evidencia empírica, hasta la fecha, que permita sostener tanto las pretensiones como la eficacia de la PNL.

En definitiva, la PNL no se sostiene como una disciplina confiable y se presta para la manipulación de incautos y el beneficio económico de los gurús que la defienden.
Y sin embargo, es importante hacer notar que en nuestro medio se está poniendo de moda. El mes pasado recibí por lo menos dos invitaciones a charlas acerca de este tema. Charlas que por cierto, no eran gratuitas.

Entonces, ¿qué extrañas fuerzas mueven a empresarios, artistas, universitarios, oficinistas y gente de toda índole a experimentar en estas turbias aguas? ¿qué misterioso componente convierte a esta pseudociencia en exitosa?.

La respuesta a estas preguntas transita el camino del engaño y la pereza intelectual. En efecto, la programación neurolinguistica se atribuye una engañosa respetabilidad al hacer alarde de un lenguaje que, por la utilización de vocablos ciéntificos, pretende ser serio. Tal como lo hiciera notar Michael Corballis en “Are we in our right minds?” (1999) [1]: “la PNL es un título completamente falso, diseñado para dar la impresión de respetabilidad científica”. Y es bien sabido que muchos sucumben a la tentación de quedarse con la cáscara: “si suena bien, ha de ser cierto”.

Es esta actitud facilista la que proporciona tierra fértil para el éxito de charlatanerías de esta índole. Y ese facilismo, que caracteriza el comportamiento de muchos individuos, va de la mano de la pereza intelectual. Estas personas son reacias a preguntarse acerca de la esencia de las cosas. Prefieren una mentira simple e ingeniosa a una verdad que los obligue a razonar. La superficie es su habitat. Dificilmente puedan comprender la belleza de la profundidad. Se regodean en el término y no en el significado. Se les invita a aprender, pero se excusan diciendo que el tiempo que tienen es corto. Entonces es más sencillo ser un seguidor. Simplemente se engulle lo que otros masticaron.

A veces me pregunto si es razonable preocuparse por gente así. Me tienta responder con un silencio indiferente. Despues de todo, cada quien hace de su vida lo que quiere. Pero entonces recuerdo que por culpa de esta negligencia intelectual, gran parte de la historia de la humanidad está cubierta por un manto de sangre resultante de los crímenes cometidos en nombre de todo tipo de dogmatismos y supercherías.

Entonces dejo de lado el sueño de la madrugada para escribir.

Referencias:

[1] Michael Corballis (1999)
Corballis, MC., “Are we in our right minds?” In Sala, S., (ed.) (1999), Mind Myths: Exploring Popular Assumptions About the Mind and Brain Publisher: Wiley, John & Sons. ISBN 0-471-98303-9 (pp. 25-41) see page p.41

Otras referencias:

Eric Einspruch y Bruce Forman
Einspruch, E. L., & Forman, B. D. (1985). “Observations Concerning Research Literature on Neuro-Linguistic Programming”. Journal of Counseling Psychology, 32(4), 589-596.

Barry Beyerstein (1995)
Beyerstein, B. ‘Distinguishing Science from Pseudoscience’, Centre for Professional and Curriculum Development, Dept. Psychology, Simon Fraser University.

Grant Devilly (2005)
“Power therapies and possible threats to the science of psychology and psychiatry” Australian and New Zealand Journal of Psychiatry 39:437–45(9)

El populismo y el nacionalismo apelan a lo peor de nosotros: encontrar a un enemigo inventado.

El populismo y el nacionalismo apelan a lo peor de nosotros: encontrar a un enemigo inventado.

foto-actualizada

Según el periodista Alejandro Borgo, adherirse al escepticismo evitaría caer en el marxismo o el neomarxismo. Lo pone en la misma posición que defender el psicoanálisis freudiano, por reclamar el título de científico. Para el comunicador, el ateísmo debe difundirse y no hay que espantar a la gente respecto del escepticismo.

Por Eduardo Quintana.

eduardoquintanaelsebf@gmail.com

Borgo es un reconocido periodista militante escéptico y ateo argentino que desde hace décadas lucha contra las pseudociencias, el pensamiento dogmático y el oscurantismo. Es representante del Center For Inquiry en Argentina y fue director de la revista Pensar y fundador y presidente del Centro Argentino para la investigación y refutación de la Pseudociencia, CAIRP (1991 – 1997).

Alejandro fue el organizador de la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico. Buenos Aires, setiembre de 2005. Además de su trabajo como escéptico, es músico. Es fundador, compositor e integrante de la Camerata Porteña. (www.camerata.com.ar)

Tiene cuatro libros: “Puede Fallar. Predicciones Fallidas de Astrólogos, videntes y mentalistas en Argentina”, en co-autoría con Enrique Márquez. Ed. Planeta (1998); “¡¿Por qué a mí?! Los errores más comunes que cometemos al pensar”. Ed. Planeta, 2011; “¿Te atrevés a ser libre?” Ed. Planeta, 2012 y “Beatles. Lo que siempre y nunca escuchaste sobre ello”, Ediciones Del Camino, 2016.

Alejandro se encuentra actualmente en Asunción, ya que ofrecerá dos charlas magistrales en la Universidad Iberoamericana, de la mano de APRA. El evento cuenta con el apoyo de la Universidad Iberoamericana, y del Center for Inquiry (CFI) de Argentina. Las ponencias se llevarán a cabo el jueves 1 y viernes 2 de diciembre, en el Salón Rectorado de la universidad (Ygatimí esq. 15 de Agosto). La inscripción se debe realizar al celular 0982-571013.

flyer

-Cuando hablamos de escepticismo, no nos referimos a los clásicos de la escuela escéptica griega que negaban la posibilidad del conocimiento. ¿Qué realmente es un escéptico en el siglo XXI?

– En el siglo XXI, un escéptico, al igual que en otras épocas, es una persona que duda de una afirmación hasta que haya evidencia que la sustente. Cuanto más extraordinaria es la afirmación, mayor debe ser la evidencia. Ello se refleja en todas las actividades y campos de la acción humana. Y en estos tiempos es urgente la aplicación del escepticismo a la economía y la política, no solo a las pseudociencias como la parapsicología, astrología, ufología, medicinas alternativas y otras.

-¿De qué nos sirve el pensamiento crítico?

– El pensamiento crítico es una poderosa herramienta que nos sirve, como se dice coloquialmente, para “separar la paja del trigo”. Consiste en detectar falacias para distinguir los razonamientos válidos de los defectuosos. Según Howard Gabennesch, el pensamiento crítico consiste en el uso de nuestras aptitudes racionales, ideas y valores para acercarnos a la verdad tanto como sea posible. Esas aptitudes comprenden: analizar, sintetizar, interpretar, explicar, evaluar, generalizar, abstraer, ilustrar, comparar y reconocer falacias lógicas.

-En la sociedad de la información, en la que vivimos a nivel global, ¿por qué abundan la superstición y la pseudociencia?

– En primer lugar, no creo que la sociedad esté tan informada. Hay miles de noticias o artículos circulando que parecen información válida, pero no lo son. En segundo lugar, la superstición y la pseudociencia abundan porque son expresiones del pensamiento mágico, que por lejos, es lo que todavía guía muchas de nuestras acciones, a base de creencias sin sustento. Lo que en inglés se denomina “wishful thinking”.

-¿Es la misma lógica que con las religiones? ¿Por qué la gente sigue creyendo en dioses?

– La gente sigue creyendo en dioses porque dicha creencia les da una suerte de consuelo frente a las calamidades cotidianas. Ya lo decía Bertrand Russell hace unos cien años aproximadamente. La religión se basa en la fe (creencia a ciegas), promueve el “creer para ver” en lugar del “ver para creer”. Por otra parte, las religiones tradicionales siguen promoviendo conceptos dañinos como el pecado, la culpa y la obediencia sin cuestionamientos. Y no debemos olvidarnos de que una de las causas principales de la existencia de las religiones, en todos los tiempos, fue el miedo a la muerte.

-¿Cuánto tiempo más de vida le das a las religiones?

– Las religiones se van transformando, mutando. Se van adaptando. Creo que tenemos varios siglos de religión o mentalidad religiosa por delante. La ciencia viene ganando todas las batallas, y ha aportado mucho para extinguir las creencias religiosas, pero éstas siguen y seguirán existiendo.

-¿Cómo debemos aplicar el escepticismo en la política? ¿Qué ejercicios del pensamiento crítico se deben hacer para evitar caer en manos del populismo, la demagogia, o peor, el autoritarismo?

– Es una pregunta difícil de responder. El escepticismo debe aplicarse en política como se aplica en otros campos. Si un líder político promete algo, debemos preguntarle cómo lo hará, evitando las respuestas ambiguas. El populismo apela a lo peor de nosotros: no cuestionar nada, aceptar todo en nombre de las mayorías. El nacionalismo es otro grave problema: apela a lo peor del ser humano, el odio a un enemigo inventado. Basta con examinar la historia de las guerras.

Iberoamérica lamentablemente se destaca por los gobiernos populistas, demagogos y autoritarios que ha tenido. No ha prevalecido, como lo dicen varias constituciones, el individuo por sobre la mayoría. Se ha dado todo lo contrario, lo cual no puede llevarnos a algo bueno.

-¿Cuál fue la labor que hacías el Instituto Argentino de Parapsicología? ¿Por qué desapareció?

-El Instituto Argentino de Parapsicología (IAP) era una institución seria, donde di mis primeros pasos en la investigación de lo paranormal. Allí aprendí metodología de la investigación y estadística. Me fui del IAP en 1987. Desconozco la razón de su desaparición. Cuando partí, el IAP no estaba en buenas manos.

-¿Qué trabajo realizaste durante tu presidencia en el Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia?

-El CAIRP realizó un trabajo descomunal. No solo durante mi presidencia, sino también durante la de Enrique Márquez, que fue la primera etapa, donde contamos con la invalorable participación del periodista Alejandro Agostinelli. Investigábamos los supuestos fenómenos paranormales, participábamos en programas de televisión, radio y éramos entrevistados a menudo por la prensa escrita. Hay cientos de programas que pueden verse en YouTube.

Editamos la primera revista escéptica argentina, El Ojo Escéptico (www.elojoesceptico.com.ar), con el fin de promover el pensamiento crítico y desmitificar las afirmaciones pseudocientíficas de astrólogos, parapsicólogos, videntes, etc.

Formamos un gran equipo, con docentes, profesionales e ilusionistas. Carl Sagan y Mario Bunge fueron Miembros de Honor del CAIRP.

-¿Costó mucho organizar la primera Conferencia Iberoamericana de Pensamiento Crítico en el 2005?

– Fue una tarea enorme, planeada con mucha anticipación. Logramos, con el apoyo del Center For Inquiry Transnational (www.centerforinquiry.net) llevar expositores de España, Estados Unidos, Brasil, Paraguay y Chile, aparte de los oradores argentinos. Duró dos días y hubo 21 oradores. Nunca se hizo nada igual en la Argentina.

-¿Qué postura tenés con relación a los Nuevos no jinetes del Apocalipsis ¿Dawkins, Harris, Dennet y Hitchens representaron un punto de inflexión en la concepción atea o solo sumaron esfuerzos de otros no religiosos?

– Según mi criterio, todos son, o fueron, buenos divulgadores del ateísmo, aunque no fueron los primeros. Vuelvo a nombrar al gran Bertrand Russell, filósofo que para el mundo académico se denominaba “agnóstico”, pero para el público, se reconocía como “ateo”. Estamos hablando de 1927. Russell hizo una tarea monumental. Tuvo el valor de transmitir la filosofía al hombre de la calle, hizo el esfuerzo por aclarar y arrojar luz sobre temas muy controversiales.

-¿Se debe difundir el ateísmo?

– ¿Por qué no? No es otra cosa que la descreencia en dioses. Veo que algunos ateos, sin embargo, tienen actitudes que no contribuyen a la causa: creen que los creyentes son gente estúpida y los tratan como tales. Y lo peor es que se jactan de ello. No estoy de acuerdo con esa postura.

-¿Fracasan los movimientos u organizaciones escépticas y racionalistas latinoamericanas? ¿Por qué cuesta mantenerlas durante un largo tiempo?

– Creo que la cuestión pasa por el voluntarismo, que tiene un límite. A veces está mal visto que una organización escéptica gane dinero. Eso ocurrió con el CAIRP. No entiendo por qué. Cuando propuse que la gente que trabajaba en el CAIRP debía obtener un rédito económico, varias voces “puristas” estuvieron en contra. Cualquier organización, para progresar, necesita dinero. Si dependemos del voluntarismo, estamos en vías de extinción.

-¿Es un problema que algunos grupos sean escépticos, pero abiertamente marxistas o socialistas?

– Sí son escépticos y marxistas están en un gran problema. No se puede ser una cosa y la otra al mismo tiempo. Es lo mismo que ser freudiano y científico. Por otra parte, el fracaso del socialismo en el mundo ha sido estrepitoso. Cuando se construyó el muro de Berlín, nadie emigraba de Alemania Occidental hacia Alemania Oriental. Todo el que podía hacía lo contrario ¿Los intelectuales socialistas nunca se preguntaron por qué? Es algo que le hubiera llamado la atención a un niño de jardín de infantes.

-¿Se debe buscar trabajar en conjunto, con APRA y organizaciones similares? ¿Sobre qué se podría trabajar?

– Desde luego que sí. Eso es lo que debemos hacer. Juntar fuerzas, recursos y trabajar en la promoción de la ciencia y la razón. Pero deberíamos hacerlo con humor, con simpatía, para acercarnos a la gente. Vuelvo al tema del ateísmo: hay ateos que espantan a la gente. No permitamos lo mismo con el escepticismo.

-¿Qué valores o códigos morales tienen los no creyentes con tu filosofía?

– Muchos: el respeto hacia la gente, la tolerancia al disenso, entre otras. Las personas no somos robots inmutables. Nadie es perfecto. He conocido gente creyente muy valiosa.

-La visión sobre la libertad que defendés te hizo chocar con Mario Bunge. ¿Las diferencias con el filósofo son solo filosóficas políticas?

– Yo no choqué con Mario. Él chocó conmigo. Él se peleó conmigo. Malinterpretó lo que yo alguna vez le expresé. Se enojó conmigo porque nombré a Ayn Rand y a Murray Rothbard en uno de mis libros. Su respuesta fue totalmente emocional. Ni siquiera leyó mi libro, en el cual lo cito a él y a otros pensadores.

-¿Qué representa la música en tu vida?

– Sentimiento, pasión, belleza. Soy músico desde mi infancia. La música llega a conmover, lo cual he presenciado en varias personas a lo largo de mi vida. El amor por la música me brindó varios amigos, con quienes he compartido momentos inenarrables.

-¿Cuál es la recepción del último libro sobre The Beatles que presentaste?

– ¡Muy buena! Fue un trabajo que me llevó 4 años. Y rindió sus frutos. Es el libro que quise escribir toda mi vida.

-¿Cómo fue tu experiencia durante el Primer Simposio Internacional de Pensamiento Crítico que realizó APRA en 2011?

– Excelente. Tuve la oportunidad de conocer gente brillante, con la cual discutimos sobre varios temas. Fue muy enriquecedor para mí. Espero que quienes hayan compartido esa experiencia sientan lo mismo.

-La primera charla que darás en la Unibe tratará sobre la matrix. ¿Cómo podés definir la realidad?

– Adopto la definición de Bunge: la realidad es la colección de objetos que hay en el Universo. No soy subjetivista, sino realista. Pero dejo el suspenso para la charla que daré sobre el tema.

-La segunda tratará sobre los chantas. Tenemos varios en nuestros países, que no solo pasan por la política, sino por la psicología, los medios de comunicación y hasta la cultura. ¿Se los puede detectar?

– Por supuesto. Para ello contamos con el pensamiento crítico. A lo largo de los años hemos desenmascarado a muchos charlatanes.

-¿Podrías citar algunos autores sugeridos para una introducción en el escepticismo y pensamiento crítico?

– Bertrand Russell, Martin Gardner, Isaac Asimov, Carl Sagan, James Randi, Ray Hyman, Joe Nickell, Alan Sokal, Jacques van Rilläer y muchos otros. Uno de los libros que más me impactó fue “El olvido de la razón” de Juan José Sebreli.