Declaraciones del Vaticano sobre las enfermedades

Por: De la columna de James Randi.

LA ENFERMEDAD ES CAUSADA POR EL PECADO (…)

El arzobispo Paul Cordes, la cabeza alemana de la agencia para ayuda humanitaria del Vaticano, ahora nos dice confidencial y oficialmente que las “autoridades sobre las sagradas escrituras” dicen que la enfermedad es el “resultado del pecado” y que las personas poseen un deseo natural de “estar saludables y ser atractivos”.
Léanlo otra vez. Sip, en eso es lo que cree este dinosaurio intelectual: la primera es un absurdo y la segunda un hecho evidente.
Pero, inmediatamente después que el Monseñor emitiera esta increible declaración, el Padre Georges Cottier, el jefe teólogo del Papa, se apresuró en asegurarle a esos que están enfermos que ellos, en realidad, no están “pagando por sus pecados”.

No consigo seguir esta línea de pensamiento para nada. Pero tengo que admitir que no he sido entrenado en el razonamiento retorcido.
Aparentemente, Cottier lo tiene muy claro.
“El deseo del Hombre de estar saludable, ser atractivo y fuerte es justificado porque anticipa nuestra salvación futura. No podemos negar que la muerte, de la cual, la enfermedad es una anticipación, siempre ha sido vista como una consecuencia del pecado”, dijo Cordes.
¿En serio? Maldición, y yo que pensaba que la herencia, las bacterias y los virus, podrían ser sacados a colación aquí, por algún lado.
Y, ¿qué es esta basura de “Uno no puede negar”? ¡Yo lo niego, fuerte y claramente! Me importa un rábano si Cordes está seguro en el Evangelio de San Juan, al que cita para validar su noción.

Yo no sé – nadie lo sabe – quien escribió el material para estos evangelios, aunque quizá haya habido alguien llamado Juan ahí dentro en algún lugar. Y un muchacho llamado Gasparín y otro llamado Pierre y, probablemente, una pareja de Federicos y Josefinas también. Simplemente no lo sabemos.

El Padre Cottier, el otro gigante intelectual envuelto en el asunto, se refirió al “pecado original cometido por Adán y Eva en el Jardín del Edén”, que, según él “introdujo el pecado y el sufrimiento dentro de la condición humana”.
¡Hey, Cottier! ¡Sé un poco más realista! ¡Madura! Nos estamos enfureciendo aquí con toda esta actitud puritánica que dice que la sexualidad es malvada. Si, la historia cuenta que Adán y Eva hicieron “La Cosa Mala” y, eso hizo que todo fuera Malo.
Pero, otra historia tiene a Ricitos de oro hablando con osos, los osos cocinando y comiendo avena y, un Príncipe que la despierta de un coma con un beso, luego de que convirtiera el agua en vino.
¿O es que se me han confundido las mitologías aquí? Es muy confuso… Al mismo tiempo llega un, obviamente, mal informado hombre, el teólogo Bruno Moriconi, quien entra en la discusión al declarar ingenuamente que la enfermedad no es “ni una bendición ni una maldición, pero que simplemente es el resultado del malfuncionamiento del organismo humano”.
¡Bueno! ¿De dónde saca él su información? No puedo creer que ha estado leyendo esos libros de ciencia.

Los que están llenos del trabajo del Demonio, ¡negando verdades Bíblicas! “No tiene caso buscar una explicación en la Biblia”, dice este valiente hombre volando frente a la misma cara del Vaticano. Como me escribe nuestro lector Brian Buckeye de Akron, Ohio, “Por lo menos ALGUIEN ha abierto un libro de texto en los pasados 200 años…”
Comentando sobre este disparate, el periódico italiano La Repubblica dijo que la idea de que esos llenos de vigor y atractivos están bendecidos, mientras que el feo y el enfermo están malditos, es tan antigua que le ganaba al cristianismo.
Y el periódico La Stampa escribió que si la enfermedad realmente fuese el resultado del pecado y el crimen entonces “los grandes dictadores y criminales del mundo estuvieran todos muertos o enfermos“. En mi opinión, ése es un buen pensamiento.

Andrew Harter de la JREF sugiere que llevemos esta noticia de que la enfermedad es el resultado del pecado, al más cercano hospital de niños… Tengo que cortar este hábito malvado de pensar por mí mismo e ignorar las verdades medievales.

Buenas y malas razones para creer

Por: Por Richard Dawkins

 

CARTA A UN HIJA

Querida Juliet: Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mi es muy importante.

¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda.
Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda.

El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus.
Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”. Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada).
Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó.
No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y d repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto.
Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa.

A esto se llama predicción.

Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?).

Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos. La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve.
Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte e contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición.
Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs…El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían.
Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”.
Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia.
Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.
Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento.
Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la trasmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente.
O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos.
Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales.
La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos.
Eso es la tradición. El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original.
Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.
En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes.

La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones. Vamos a hablar de una tradición concreta.
Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona.
Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua.
La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro.
Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones.
Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente.
Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora.
Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María. Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente.

Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas.
En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás.
En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.
Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello.
Con eso bastaba.
¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes porque creer todo lo que te diga cualquier otra persona.
El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos.
Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación. Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien.
Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”.
Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación.
Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido.
Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”.
No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen.

Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?”
y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”.
Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas.
Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta?
La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”.

Pero éste es un mal argumento.

Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.
A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada.
Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella ni siquiera las conoce.

Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.
Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada.
En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.
Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente.
Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada.
También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras.
Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente.
El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma. Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”.
El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog.
En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.)
El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.
Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no.
Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común.
Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones?

Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas.
Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa. Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños.

A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás.

María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.
¿Qué se puede hacer con todo esto?

A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros:
“¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle
“¿Qué pruebas existen de ello?”

Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere, Papá.

Richard Dawkins es biólogo evolutivo, nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel, y desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento.

Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo extendido (1982), El relojero ciego (1986), River Out of Eden (1995), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris (2000) y La máquina de memes (2000).

Por qué niego la religión

Por: James Randi

 

La página de esta semana1 estará dedicada enteramente a la religión. He llegado a un punto donde tengo que descargarme sobre este tema que, hasta ahora, he sentido que se hallaba fuera de los temas que la JREF2 maneja. Dado que la religión surge como parte de los tantos argumentos que apoyan otras afirmaciones fantásticas, quiero mostrarles que aceptarla es de la misma naturaleza que aceptar la astrología, la EPS («percepción extrasensorial»), la profecía, la rabdomancia (también llamada «radiestesia») y la otra miríada de extrañas creencias que manejamos cada día.

Con anterioridad me he excusado de participar en acaloradas discusiones de esta persistente noción, sobre la base de que no ofrece ninguna evidencia examinable, a diferencia de lo que hacen las otras creencias en lo sobrenatural… aunque esos exámenes siempre han mostrado resultados negativos. No se puede discutir lógicamente con la gente religiosa, porque afirman que sus creencias son de tal naturaleza que no pueden examinarse, simplemente «existen». En lugar de discutir o intentar razonar con sus estándares, me conformaré con señalar, brevemente, cuán improbables, irrazonables, caprichosas y fantásticas son sus afirmaciones básicas, refiriéndome en su mayor parte a aquéllas con las que tengo más familiaridad, por mi experiencia personal.

Con frecuencia recibo críticas de creyentes en asuntos psíquicos y dogmas religiosos, ofendidos, que me acusan de ser uno de esos temibles «materialistas»; o de ser incapaz de aceptar las maravillas que ellos eligen adoptar, por estar «encerrado» en una visión del mundo que acepta sólo la versión científica «inamovible» y «ortodoxa» de cómo funciona el mundo. Esas palabras entrecomilladas son extractos directos de reprensiones recientes a las que fui sometido. Primero que nada, la palabra «inamovible» no puede en modo alguno aplicarse a la verdadera visión científica. Mi definición favorita de ciencia, concisa y que admito haber inventado, es: La ciencia es la búsqueda de verdades básicas sobre el Universo, una búsqueda que desarrolla afirmaciones que parecen describir cómo funciona el Universo, pero que están sujetas a corrección, revisión, ajuste, o incluso rechazo liso y llano, en caso de presentarse evidencia conflictiva o mejor.

La ciencia es una disciplina que hace frecuentes concesiones mientras intenta aproximarse mucho a esa elusiva meta llamada «verdad», pero sabiendo que cualquier conclusión a la que pueda llegar es simplemente la mejor del momento. Cualquier declaración ( , por ejemplo) es «verdadera» cuando se aplica a las balas de cañón lanzadas desde torres inclinadas; sin embargo no describe exactamente la interacción de objetos muy pequeños o muy grandes como electrones o galaxias. Eso no la vuelve «errónea», simplemente limitada. Declaraciones más abarcativas, tales como la relatividad o la cuántica, describen mejor un espectro más amplio de interacciones físicas, pero enterradas en esas declaraciones más avanzadas encontramos la anterior, más simple, la cual confío en que mi lector reconocerá como una de las enunciadas por ese sujeto llamado Newton. La estructura de la Ciencia misma también está en estado de desarrollo constante; idealmente, no tiene un estado «ortodoxo» en el cual se estabiliza de forma confortable y complaciente.

Sólo hace falta un nuevo estándar estadístico o una innovación en la observación para cambiar su enfoque ante cualquier evento o decisión con los cuales estaba anteriormente -de forma tentativa- satisfecha, pero el verdadero científico no lamenta ni rehúsa tales mejoras de enfoque o técnica, por el contrario adoptándolas y ajustándose a la comprensión nueva y mejorada del mundo que se halla disponible. A la religión, en contraste, le repele la duda honesta, prefiriendo la aceptación ingenua y sin cuestionamientos. Es el deseo de ajustarse lo que proporciona la verdadera gloria de la Ciencia, en mi opinión de aficionado. Esto se halla en claro contraste con los axiomas de la religión, los que se vanaglorian orgullosamente de sus inflexibles «verdades» para demostrar que «saben» ciertas cosas con certeza. Aún así, la Tierra es redonda, no plana, ni es el centro del Universo; esas revelaciones fueron prontamente aceptadas, absorbidas y aceptadas por la ciencia, primitiva como era en ese momento de la historia, y quienes las incorporaron a su visión del mundo no sintieron ningún dolor, aunque en algunos casos debe de haber habido algo de incomodidad y sorpresa, seguida por deleite. Eppur, si muove. Incluso si no lo dijo, estoy seguro de que hubiera querido hacerlo… Sí, soy un materialista.

Estoy dispuesto a que me demuestren que estoy equivocado, pero eso no ha sucedido… aún. Y admito que la razón por la que soy incapaz de aceptar las afirmaciones de las maravillas psíquicas, ocultas y/o sobrenaturales es porque estoy encerrado en una visión del mundo que exige evidencias en lugar de fe ciega, una visión que insiste en la repetición de todos los experimentos (en particular aquéllos que aparentan mostrar violaciones a un mundo racional) y una visión que requiere un examen abierto de los métodos utilizados para llevar a cabo esos experimentos. La decisión de ser un materialista es mía, la tomé luego de muchos años de consideración de lo que observé, y luego de leer a Bertrand Russell y a otros. Ya que no fue una simple reacción a la información que me llegaba, sino el resultado de examinar esa información, estoy orgulloso de mi decisión. [Una digresión: estoy orgulloso de ser estadounidense, escéptico y bright («ateo»). Sólo me siento orgulloso de aquello que he logrado, no de aquello con lo que nací o que me fue dado.

Elegí ser estadounidense y me gané esa distinción, me transformé en escéptico y sigo siéndolo aunque era difícil y aún me causa problemas, y ser un bright es un desafío a los millones que me etiquetan de inferior porque no soy supersticioso como ellos. No me importa; yo conozco y acepto el mundo real.] De niño, se me dijo que los salvajes estaban condenados a arder en sulfuro hirviente si no aceptaban a la «misericordiosa» deidad que se me describió, ¡incluso si no habían tenido la oportunidad de conocerlo/la! Esa deidad, por lo que me dijeron, tenía muchos de los serios defectos que se me dijo que debía evitar. Él/ella/ello era caprichoso, inseguro, celoso, vengativo, sádico y cruel, y exigía constante alabanza, sacrificio, adulación y reforzamiento del ego, o los castigos podrían ser muy severos. Descubrí, en mis tempranas observaciones, que la gente religiosa estaba muy temerosa, temblando y preguntándose si habrían cometido alguna infracción a la multitud de reglas que tenían que seguir. Estaban (y están) regidos por el miedo.

Ese no es mi estilo. Pero fueron las increíbles historias que me contaron las que me hicieron retroceder, incrédulo. Por ejemplo, me dijeron que hace unos 2.000 años una virgen del medio Oriente fue impregnada por algún tipo de fantasma, y como resultado produjo un hijo que podía caminar sobre el agua, revivir a los muertos, transformar agua en vino y multiplicar rodajas de pan y peces. Todo además de arrojar demonios. Esperó y aceptó una muerte brutal y sádica, y luego se levantó de entre los muertos. Había mucho, mucho más. Adán y Eva, decían, eran los humanos originales, depositados en un jardín para iniciar nuestra especie. Pero no entendía, y aún no entiendo, cómo si sólo tuvieron dos hijos varones, y uno de ellos mató al otro, de algún modo se las arreglaron para producir suficiente gente para poblar la Tierra, sin incesto, ¡lo que estaba claramente prohibido! Entonces algún profeta detuvo la rotación de la Tierra, un ejército hizo sonar cuernos hasta que cayó una pared, un sujeto llamado Moisés dividió en dos el Mar Rojo, e hizo que cayeran ranas del cielo… No hace falta que siga. ¡Y eso es sólo una pequeña parte de una religión! El Mago de Oz es más creíble. Y más divertido.

Sigo escuchando, de parte de los parapsicólogos, los religiosos y los ocultistas, sobre esta falta de voluntad a la que aluden, la reluctancia por parte de ciertos escépticos para considerar la evidencia. Puede ser que haya escépticos que coincidan con esa descripción, pero no conozco a ninguno. He escuchado sobre la supuesta negativa de los escépticos a creer, que se asemeja e incluso supera la dedicación del más ardiente entusiasta de la reencarnación, del más fanático doblador de cucharas, o del más devoto de los OVNIs. También he visto intentos por delinear las bases más o menos irracionales que subyacen bajo tales posiciones extremas. Se dice, con bastante exactitud, que la mente humana necesita una imagen comprensible del universo en el cual vive; la búsqueda de patrones es una técnica de supervivencia básica que está programada en nosotros.

También buscamos tener un entendimiento de nuestra propia existencia, y con frecuencia resulta que adoptar lo que podría describirse como un punto de vista religioso o «religioso-metafísico» parece facilitar crearle un sentido al supuesto enigma de la existencia. Me da la impresión de que los escépticos, hablando en general, evitan creer en hipótesis metafísicas, inverificables y anticientíficas, pero los credófilos prefieren creer que, cuando nos presionen, los escépticos admitiremos haber adoptado al menos cierto grado de enfoque metafísico. Esto sólo puede ser el intento desesperado de los credófilos por hacerse ilusiones, una declaración de que ellos no pueden creer que no todos son crédulos. Es algo con lo que simplemente no pueden identificarse, ni aceptar. He aquí la forma en la que los credófilos nos ven a los escépticos, y cómo intentan hacerse ver como racionales, en contraste con nuestra conducta inconstante: admitirán que muchos de ellos han adoptado posiciones religiosas heterodoxas; y puede que incluyan en la lista de ellas hombres de paja tan obvios y ridículos como la Teosofía o la Cienciología, sólo para mostrar que no están totalmente desprovistos de sentido común.

Dicen que aunque muchos escépticos reniegan de cualquier tendencia religiosa, aún así, agregan, tras cuidadoso examen, ellos (los escépticos) frecuentemente exhiben una profunda creencia en lo que los credófilos consideran la «doctrina metafísica» que llaman «materialismo». Esta doctrina, dicen, niega la existencia de entidades tales como mentes, almas y espíritus, y afirma que el universo físico constituye la totalidad de la realidad. Señalan que ya que el materialismo no puede considerarse probado científica o filosóficamente, este apego por nuestra parte puede deberse a una reacción a ciertos eventos y tendencias en la historia de la ciencia. Esto es una inversión del carro y el caballo, en mi opinión. Apartándome por un momento del tema, permítanme exponer aquí un punto de vista y un enfoque que ya he ofrecido antes. Los lectores tendrán presente el premio de un millón de dólares que ofrece la JREF. Muchos de los postulantes al premio (la mayoría) nos desafían para que refutemos su(s) afirmacion(es).

Nosotros respondemos que no afirmamos nada, que simplemente les pedimos que prueben sus afirmaciones. No intentamos, ni intentaremos, refutar aquello que ellos afirman es verdadero. De similar manera, los escépticos no intentan probar el materialismo. Es simplemente la mejor, más lógica y razonable explicación del universo. Eso es emplear la economía de pensamiento. Y el materialismo puede verificarse; un atributo que los credófilos dicen con frecuencia que no es aceptable ni necesario dentro de su punto de vista sobrenatural. Los escépticos no permiten la invención de situaciones o entidades convenientes pero inverificables para establecer una afirmación, ni aceptan que pueda adjudicarse propiedades mentales o espirituales a la materia física, lo que da origen a la idea de las reliquias y lugares sagrados. Ejemplos de esto son el diente de Buda, el Sudario de Turín, Lourdes, la Piedra Negra de la Meca. Aristóteles, en cuyas enseñanzas se basa buena parte de la cristiandad, enseñó que había «esferas cristalinas» que arrastraban a los planetas y estrellas en sus viajes celestes, y que estaban asociadas con «motores» incorpóreos e indefinidos que proveían las fuerzas para mantenerlos en movimiento.

Él pensaba que esos «motores» eran de naturaleza espiritual, y que la relación de un motor con su esfera era la de un alma en relación con su cuerpo. Esta visión fue reforzada por posteriores intérpretes de Aristóteles como Tomás de Aquino en el siglo XIII, quien enseñó que la materia más básica se concebía, de igual modo, como poseedora de propiedades psicológicas. Aristóteles escribió que un objeto terrestre caía al suelo debido a su «aspiración» por alcanzar su «lugar natural». Esta visión animista del universo también se encuentra en las obras de William Gilbert, el físico inglés. Él apoyaba las ideas del filósofo griego Tales, quien atribuía la atracción magnética a la acción de un «alma magnética» en el mineral magnético natural conocido como calamita o piedra imán, y que la atracción era provocada por la emisión de un «efluvio magnético» del mineral. Gilbert creía también que la Tierra misma tenía un alma magnética.

En su posición tan cercana al Sol, decía, el alma de la Tierra percibía el campo magnético del Sol, y razonaba que uno de sus lados ardería mientras que el otro se congelaría si no actuaba, y por lo tanto decidía inclinar su eje en un ligero ángulo a fin de producir la variación de las estaciones. No se equivoque condenando a Aristóteles y a Harvey como malos pensadores; no lo eran. Trataron bien otros asuntos sobre los que escribieron. Es probable que si hubieran tenido acceso al conocimiento mejorado que se desarrolló luego del período en el que vivieron, hubieran aceptado y celebrado esa adición; eran científicos, aunque no se había alcanzado la estricta disciplina de esa profesión cuando declararon sus conclusiones. El hecho de que se hayan desvanecido esas fantásticas visiones animistas de la materia constituyente del Universo como resultado de los avances científicos no debe llevarnos a desdeñar las ideas de los antiguos; hicieron lo mejor que pudieron, y debido a las invenciones creadas libremente por sus religiones (vienen a la mente historias sobre nacimiento virginal y sobre panes y peces) no encontraron dificultad en sus asunciones algo menos imaginativas.

Sin embargo, va siendo hora que los paranormalistas, ocultistas y entusiastas religiosos de hoy acepten que sus propias asunciones ya no son, ni serán, aceptables. Tenemos que crecer. La religión está detrás de muchas de las principales tragedias de la humanidad. Un nuevo libro de Jon Krakauer se titula Under the Banner of Heaven: A Story of Violent Faith («Bajo el estandarte del Cielo: una historia de fe violenta»). La actual percepción del Islam como una religión particularmente militante (oficialmente impulsada y hermoseada para justificar nuestra presencia en Irak, en mi opinión) invoca horrendos recuerdos del fiasco del culto davidiano y del ataque de gas nervioso de Aum Shrinricko en el subterráneo de Tokio hace unos pocos años, y del suicidio «del fin del mundo» de los fieles en la secta «People`s Temple» de Jim Jones.

Esas son sólo unas pocas instancias dramáticas de los efectos del celo religioso que hizo que los creyentes más conservadores recularan, e incluso dudaran (por unos instantes) de la sabiduría de su fe. No hubieran debido ser necesarios tales eventos de alto perfil, repentinos y sangrientos, para llamar nuestra atención sobre este problema. Otras situaciones más penetrantes que están desarrollándose, a las cuales parece que nos acostumbramos debido a su presencia constante en nuestras vidas, deberían producir la misma alarma. La tragedia israelí-palestina, la guerra católico-protestante en Irlanda del Norte, la guerra étnica tamil-sinhalesa y las atrocidades hindú-musulmanas que diariamente cobran vidas y traen terror y agonía a tantos, son sólo continuaciones de antiguas confrontaciones entre variantes de ilusiones religiosas.

Los esfuerzos desesperados para sostener (por cualquier medio) el gobierno y poder de los sistemas religiosos vigentes que insisten en que poseen El Camino a la salvación y la vida eterna, tal como tan bien demostró la sangrienta Inquisición Católica que nos liberó no hace tanto tiempo, ilustran igualmente bien que una porción demasiado grande de nuestro conflicto es un resultado directo de la presencia de la religión. Y, en eventos tan menores como las elecciones locales, se puede jugar y de hecho se juega la carta de la religión, con gran éxito. Atesoramos nuestros errores, y los defendemos. Con frecuencia hasta la muerte. Y la actitud de que las creencias supersticiosas como la religión son inofensivas está muy equivocada. Richard Dawkins lo observó recientemente: Creo que puede afirmarse que la fe es uno de los mayores males del mundo, comparable al virus de la viruela pero más difícil de erradicar. La fe, al ser creencia que no se basa en la evidencia, es el principal vicio de cualquier religión. ¿Y quién, contemplando a Irlanda del Norte o a Medio Oriente, puede confiar en que el virus cerebral de la fe no es peligroso por demás?3 Siempre he hecho una diferencia entre «fe ciega» y «fe basada en la evidencia».

De ahora en adelante, usaré la palabra «fe» sin agregar «ciega». En lugar de «fe basada en la evidencia», diré «confianza». Tengo confianza en que el sol saldrá mañana, ¡o, más correctamente, en que la Tierra girará para enfrentar al sol!; y tengo fe en que George W. Bush en algún momento dejará de apelar a un dios o invocar la plegaria en cada una de sus apariciones públicas… Los credófilos tratan de establecer un paralelo entre la ciencia y la religión. Esa es una empresa inútil; la una es la exacta opuesta de la otra. No, tal como también escribe Dawkins, Aunque tiene muchas de las virtudes de la religión, [la ciencia] no tiene ninguno de sus vicios. La ciencia se basa en evidencia verificable. Encontramos la religión en buena parte de nuestra historia, nuestra filosofía, nuestra vida diaria y nuestro sistema legal. La mezcla de razas fue prohibida con base en reglas bíblicas, la esclavitud fue justificada por el mismo libro.

Es conveniente tener un antiguo conjunto de reglas para respaldar las acciones y conductas odiosas, especialmente cuando puede argumentarse que es necesario cierto nivel de «interpretación» (¡aunque nunca una negación total!) para que se apliquen en cualquier situación. En ese sentido, rechazo los gastados argumentos que tratan de excusar errores y disparates completamente obvios de la religión insistiendo que «en realidad no significan eso». Significa lo que dice, y ninguna coartada o explicación me convencerán de que no se suponía que los fieles realmente creyeran que el Universo fue creado en siete días. Decídanse: o es correcta, o está equivocada. Ahórrenme el argumento de que le debemos tanto de nuestro arte y cultura a la religión; eso es un error de atribución.

Las grandes obras de arquitectura, pintura, música y escultura que se prodigó para adular santos, deidades y sus descendientes, y los benditos fallecidos, fueron comisionados, auspiciados y pagados por aquéllos que los ofrecían como sacrificios, penitencia, homenaje y relaciones públicas. Esos ofrecimientos eran artículos de seguro, apaciguamiento y soborno para neutralizar transgresiones o para obtener una mejor posición en la fila. Fueron motivados por el miedo. Estoy de acuerdo en que la abundancia de trabajo creativo que podemos disfrutar como resultado de esta aprensión es mucho mayor, pero pienso con frecuencia cuánto mejor hubiera sido si el trabajo hubiera sido dirigido a (y planeado para) nuestra especie, en lugar de serlo para seres míticos en el cielo o bajo tierra. Bien, agradezco a la mitología por darme el Mesías de Händel, pero eso no compensa el sufrimiento, dolor, temor y los millones de muertos que no hacía falta que ocurrieran… Considere esto: un hombre cree (más allá de cualquier duda) que su dios es el único dios, es omnipotente y omnisciente, lo ha creado a él y al universo entero que lo rodea, y es caprichoso, celoso, vengativo y violento.

El mismo dios ofrece al hombre una alternativa entre arder en agonía eterna en un infierno con una precisa definición, o vivir para siempre en una variedad de paraísos, algunos de los cuales incluyen calles de oro y otros una amplia provisión de deleites virginales. ¿Hay alguna elección? ¿El hombre dejará de cumplir alguna de las órdenes o los caprichos de esta deidad? ¿Cómo podemos dudar que la religión es un sistema compulsivo que controla completamente a sus adherentes? Es una tiranía, una trampa, un desastre de tamaño y alcance infinitos. No quiero nada de eso. Examine la noción de un «dios amoroso». Este dios sólo lo ama si sigue las reglas. No se permiten preguntas, dudas ni objeciones. «Porque yo lo digo, ésa es la razón». Él/ella/ello lo ama como un granjero ama a un animal de tiro; uno es útil, obedece, y es dócil. Si se aparta de la senda, su primogénito será asesinado, si no sigue una orden caprichosa, se convierte en una columna de sal. ¿Eso es «amor»? Si es así, prefiero la indiferencia. A diferencia de los religiosos, que lo tienen todo cortado, predigerido y servido, yo estoy dispuesto a que me muestren.

Pero no aceptaré el argumento de las amenazas y el temor, no me creeré la excusa de que «no lo sabemos todo», y no tengo tiempo para argüir sobre las interminables fábulas anecdóticas a las que los fieles son tan afectos. ¿En qué cosas sí creo? Creo en la bondad inherente a mi especie, porque ésa parece ser una táctica y calidad positiva que conduce a mejores oportunidades de supervivencia, y a pesar de nuestra tontería, parece que hemos sobrevivido. Creo que este sistema de envejecer y eventualmente morir (un sistema resultado del proceso evolutivo, no del esfuerzo consciente) es un proceso excelente que crea espacio para miembros de la especie mejorados (ojalá), en un entorno que es cada vez más limitado. Creo que si no nos despabilamos y adquirimos un sentido de la realidad y el pragmatismo, nuestra especie hará lo que todas hacen en algún momento: dejará de existir, prematuramente.

También creo que sí nos despabilaremos, porque esa es una táctica de supervivencia, y somos realmente buenos sobreviviendo… También creo en los cachorritos y los ojos brillantes de un niño, en la risa y las sonrisas, en los girasoles y en las mariposas. Las montañas y los icebergs, los copos de nieve y las nubes, son delicias para mí. Sí, sé que esta percepción es el resultado de la programación de mi cerebro, junto con la experiencia y asociación incorporadas, pero ello no le resta un ápice a mi apreciación de los fenómenos. Sé que otros, de mi especie o no, pueden no compartir mi maravilla y aceptación de estos elementos que tanto placer me dan, porque tienen distintas necesidades y reacciones. Una nube es una masa de vapor de agua condensado en la atmósfera, lo sé. Pero puede ser un navío, un demonio, un águila, si me permito actuar como un ser humano, y aunque muchos lo dudan, frecuentemente lo hago.

El escritor Krakauer, en su libro Bajo el estandarte del Cielo, en relación con la premisa de que la violencia y el fanatismo se hallan fácilmente en la religión, escribe: Aunque el territorio lejano de lo extremo puede ejercer una atracción intoxicante en los individuos susceptibles de todas clases, el extremismo parece ser especialmente predominante entre aquéllos inclinados por temperamento o crianza hacia las búsquedas religiosas. La fe es la antítesis misma de la razón; la falta de juicio, un componente crítico de la devoción espiritual. Y cuando el fanatismo religioso suplanta al raciocinio, de pronto no hay límites. Todo puede suceder. Absolutamente todo. El sentido común no se compara con la voz de Dios… «La fe es la antítesis misma de la razón; la falta de juicio, un componente crítico de la devoción espiritual». Eso lo dice todo.

Juegos de confianza religiosos

Por: Albert D. Warshauer M.D.

ESTAFAS RELIGIOSAS

Juegos de Confianza Religiosos
Juegos de Confianza Individuales
Personas individuales, llamadas estafadores, abusan de la confianza que despiertan en sus victimas. Los estafadores utilizan el fraude y los juegos de confianza para obtener dinero y otras cosas de sus credulas victimas.
Los estafadores primero obtienen la confianza de sus victimas. El estafador ofrece una gran oferta la cual puede ser obtenida por la victima.
Mediante su participacion y los deseos de ganar a lo grande, los puntos le dan sus bienes al estafador.
Cuando la gran oferta nunca se materializa el punto pierde su dinero o propiedad.

1. Tipos Varios de Fraudes y Juegos de Confianza
Un ejemplo es el “ven y cambio”, estas tacticas son usadas por las tiendas que ofrecen productos a muy bajos precios para hacer entrar al cliente, solamente para despues venderles algo mucho mas caro en vez del producto barato que es usado como propaganda.
Otro tipo de fraude es la rifa falsa. Todo el mundo que entra a la rifa es declarado ganador.
Las victimas son felicitadas por haber ganado un credito hacia una compra.
El credito es un descuento en la compra de mercaderia, tierras o servicios.
Pero realmente lo que ganan es una oportunidad para comprar algo a precios inflados.
Cuando alguien me informa que yo he ganado un premio sin ningun esfuerzo de mi parte, yo sospecho un juego de confianza y que yo estoy siendo jugado de punto.
Muchas organizaciones de caridad son en gran medida juegos de confianza. El dinero es colectado de los donantes, supuestamente para una obra noble. Pero desafortunadamente la mayoria del dinero se queda en el bolsillo de los colectores como gastos administrativos y solamente una pequeña fraccion llega a su destino. Para mas informacion sobre los juegos de confianza, lea el libro The American Confidence Man (El Estafador Americano) por Maurer (M1) 2.

Las Desventajas de los Juegos de Confianza Individuales
Los juegos de confianza individuales tienen una gran desventaja: la victima se da cuenta del engaño. En lo que se refiere a los juegos de confianza individuales, nadie ha podido encontrar una forma de eliminar el resentimiento del punto al darse cuenta de lo ocurrido.
Esto ocurre con la gran mayoria de los juegos de confianza perpetrados por estafadores.
Despues que la victima se despega de su dinero, se da cuenta que ha sido engañado y se pone en contra del estafador.
Como resultado, la victima:
a. se rehusa a jugar de nuevo,
b. le avisa a sus amigos sobre el engaño y
c. se queja ante las autoridades.

Desde el  punto de vista del estafador, estos resultados son indeseables. Otra desventaja es que a la sociedad en general no le gustan los juegos de confianza.
La sociedad considera al estafador como un criminal y un pillo y no como un ingenioso maestro enseñando lecciones de honestidad a personas avaras y materialistas. El estafador es un artista y vendedor de cosas fantasiosas. Un artista de television o cine con talentos comparables seria aplaudido, pero el se arriesga a terminar en la carcel. Todavia hay mucho por hacer en el perfeccionamiento de estos juegos.

3. Llevando los Juegos de Confianza a un nivel mas Alto
Algunas clases de relaciones pueden ocurrir entre instituciones y sus miembros de la misma forma que ocurren entre personas individuales. Desde que los juegos de confianza comunmente son jugados por pesonas individuales, podria llegar a ser sorprendente que algunas instituciones no hayan desarrollado juegos de confianza para obtener dinero y recursos de sus miembros.
Recursos son necesitados por instituciones de la misma forma que son necesitados por individuos. De la misma forma que alguien hambriento quiere comida, asi tambien una institucion en problemas tiene un incentivo por dinero o recursos.Sin un continuo flujo de recursos una institucion podria morir lentamente. Para sobrevivir y crecer una institucion requiere recursos, preferiblemente por medios justos, pero si no se pudiera asi, mediante cualquier forma disponible. Si una institucion no tiene los suficientes servicios y productos, quizas podria vender algunos beneficios imaginarios. Los supuestos beneficios, tales como milagros o recompensas postumas, facilemte podrian ser ofrecidas si muchas personas estarian dispuestas a pagar por ellas.
La instituciones estan a un nivel mas alto que los individuos; generalmente poseen mas experiencia y conocimiento que personas individuales. Al atribuirse conocimientos superiores, algunas instituciones pueden tomar ventajas de personas individuales.

La Estafa Perfecta
Para que una estafa sea perfecta es escencial que la victima no se de cuenta de que ha sido estafada. Esto puede ser logrado mediante el retraso de los beneficios prometidos hasta el tiempo que la victima no pueda volver para quejarse. La promesa de beneficios despues de la muerte es casi ideal desde el momento que no se conoce a ningun muerto que haya vuelto para quejarse de algo.

Pero supongamos que la victima quiera ayuda para un problema urgente. El estafador puede no ser explicito sobre los detalles del beneficio y le puede decir a la victima por adelantado que tenga paciencia y que tenga esperanza que el beneficio ocurrira.
Como puede ser un punto persuadido para esperar por un beneficio despues de la muerte?
Una variedad de sistemas pueden ser utilizados. Primero, el beneficio, tal como una vida eterna en el cielo o paraiso, pueden ser grandiosos desde el momento que no existen riesgos de que el estafado vuelva para quejarse. Segundo, un Libro Sagrado sin errores puede garantizar los beneficios. Tercero, muchas personas pueden jugar el juego a la vez.
La gente tiende a unirse a grupos para obtener las grandes ofertas. Mientras mas paguen ahora, aun mas esperan recibir los hermosos beneficios en el futuro.

Obviamente una institucion tiene una gran ventaja sobre los estafadores individuales cuando se refiere a tener un libro sagrado y una congregacion que ciegamente cree en ese libro. La estafa ideal tendria los siguientes atributos:

1. El juego de confianza a cambio de pagos (contribuciones) ahora con un gran beneficio (recompensa) en el futuro. El que no crea en el juego no recibira estos beneficios y podrian llegar a ser castigados en el futuro.

2. Los detalles que puedan descubrir la estafa no se mencionan o se ignoran.

3. Las victimas hacen propaganda de la estafa para atraer a otros puntos. Las victimas por voluntad propia proveen testimonios sobre el valor del juego.

4. El punto puede racionalizar que la actividad, aunque mucho a su favor, es basicamente honesta desde el momento que otras personas tienen la misma oportunidad de unirse al juego y ganar.

5. El punto no siente cargo de conciencia porque nadie se perjudica por su participacion en el juego.

6. La victimas cooperan en su propio engaño y contribuyen al juego una o otra vez.

7. Las victimas nunca se dan cuenta que han sido estafadas y por eso nunca se quejan. Si alguna victima ocasional se da cuenta que su dinero y recursos se perdieron sin posilbilidades de beneficios, puede racionalizar que al creer ha contribuido a una causa noble.

8. El juego de confianza fundamental se mezcla con otras actividades. Es escondido por varios beneficios personales y sociales.

9. El resto de la sociedad piensa que la actividad es completamente legitima y respetable. La victima puede obtener estima propia y un sentido de importancia al creer que ha entrado a un grupo admirable. La comunidad podria darle mas reconocimiento.

10. Las personas que administran el juego de confianza no solamente son bien remuneradas por sus esfuerzos sino que tambien son bien vistas y respetadas por la comunidad. Su control sobre el grupo de participantes les da poder e influencia en la sociedad.

11. Los juegos de confianza pueden ser valiosos para los ricos y poderosos de la sociedad al ayudarles a mantener su estatus y privilegios.

os lideres politicos y religiosos no se oponen a los juegos de confianza y hasta los promueven. Algunas instituciones religiosas han desarrollado juegos de confianza que, mientras eliminando las desventajas de los juegos de confianza individuales, poseen muchas de las ventajas de la estafa perfecta. Un juego de confianza con los atributos anteriormente mencionados pueden ser usados continuamente y exitosamente por cientos de años.
Se pueden mantener populares hasta que personas educadas gradualmente se dan cuanta que los grandiosos beneficios ofrecidos eran solamente parte de la estafa.

Como Empezar un Juego de Confianza Religioso
Generalmente , el primer paso de cualquier juego de confianza es ganarse la confianza de los participantes.

En los juegos de confianza religiosos, esto significa que los lideres deben de convencer a los prospectos jugadores que ellos (los lideres y miembros presentes) tienen una relacion con un Dios personalizado. Como prueba los lideres aseguran que:

(a) su religion posee un Libro Sagrado Del Dios y
(b) que muchos miembros creen en esta relacion.

Del punto de vista logico, estas afirmaciones son equivocas porque, primero no existen libros sagrados y segundo, aunque mucha gente crea en esa relacion especial, el creer simplemente no transforma algo en verdadero. Antes que Colon llegara a America mucha gente creia que el mundo era plano, pero el mundo seguia siendo esferico.
Datos y evidencia son mas importantes que numeros de creyentes. No hay ningun dato o evidencia valedera que apoye las afirmaciones de una relacion especial con Dios.

Estafas Religiosas
Al persuadir a los miembros que su lider se puede comunicar o representar a un Dios sobrenatural, la institucion religiosa ha establecido los fundamentos para la estafa perfecta. Un excelente metodo de convencer a los miembros que los lideres del pasado tenian esta habilidad es alabar a un Libro Sagrado, el cual puede ser mostrado como evidencia contundente de la comunicacion con el Dios. Aun mejor, el Libro Sagrado en si mismo es evidencia de los beneficios del juego de confianza.
Los beneficios pueden consisitir en milagros del pasado y beneficios despues de la muerte. Brevemente, la doctrina del Dios personal mantiene la idea de:

(a) lideres perfectos e infalibles,
(b) libros perfectos y sin errores,
(c) maravillosos y perfectos milagros, y
(d) perfecta y eterna felicidad como recompensa despues de la muerte.

Las primeras dos creencias identifican al Dios con una institucion en particular. El Dios usa a los lideres para trasmitir los escritos sagrados al grupo. Las ultimas dos creencias demuestran las intervenciones del Dios para el beneficio de los miembros en esta vida y en la proxima. Juntas las cuatro creencias podrian ser llamadas “La Confianza Religiosa Cuadruple”.
Desde el punto de vista de la logica la confianza cuadruple es una estupidez.
Las instituciones religiosas que poseen un Libro Sagrado pueden ofrecerles a sus miembros recompensas despues de la muerte.
Los lideres religiosos le dicen a sus miembros: “Contribuyan con dinero y recursos a la institucion religiosa ahora y recibiran eterna felicidad“. Dios ordena que nos de a nosotros generosamente.Los pecadores que se niegen a contribuir se quemaran en el infierno para siempre!”
Detalles incorrectos pueden descubrir un fraude. Por ejemplo, detalles como la ubicacion precisa del cielo y el modo de llegada a el, no son mencionados. Las promesas para despues de la muerte son hermosas, pero no se dan detalles los cuales pueden ser verificados en el presente. Porque los beneficios no son recibidos hasta despues de la muerte, no hay riesgo que la persona vuelva y diga: “Los lideres religiosos son unos sinverguenzas.

Confié en ellos y me estafaron.
Por supuesto ningun muerto se queja. La experiencia muestra que los juegos de confianza religiosos estan extremadamente cerca a la estafa perfecta. Para personas con sentido comun las historias de aparecidos despues de la muerte y resucitados (Jesus), relaciones sexuales con espiritus y engendros del aire (Maria), rituales conde se pretende comer carne humana y tomar sangre (la misa) son realmente descabelladas e ilogicas mas alla de ser completamente imposibles.
Pero, para los niños y aquellos que no se han puesto a pensar, las fabulas y las promesas despues de la muerte a cambio de pagos en el presente han sido exitosas por cientos de años hasta el presente. Hay muchos juegos de confianza religiosa, tales como beneficios despues de la muerte, amenazas de castigos, la contestacion a rezos, la promesa que los miembros pasan a ser elegidos de Dios, el perdon de las faltas, la intervencion de los lideres en beneficio del contribuyente, la coneccion directa entre la institucion y el Dios, entre muchos otros.
Una vez que los miembros creen en un Dios personalizado, ellos le pueden pedir al lider que le pida al Dios por el. Entre los pedidos pueden figurar: el perdon de los pecados, la cura de enfermedades, un buen viaje para un viajero, victoria en una batalla, trabajos para los desempleados, descanso para los cansados, lluvia en tiempos de sequia, y mucho mas. Todos estos juegos han transferido dinero y recursos de los miembros a las instituciones religiosas, sus lideres, y quizas a algun miembro pobre. Los miembros en general no sospechan que muchas de sus atesoradas creencias forman parte del juego. Mientras sigan existiendo credulos carentes de educacion y sentido comun, podemos seguir esperando que los juegos de confianza sobrenaturales continuen floreciendo. Los juegos sobrenaturales son los juegos mas efectivos que el hombre ha creado.

Examinando los Beneficios Ofrecidos
Algunos de los beneficios ofrecidos en los juegos de confianza religiosos llegan a lo fantastico. Mientras mas se examinan, menos substancia se encuentra.

  1. Comunicaciones con Dios; proveyendo comida y otras necesidades
    Los lideres religiosos afirman que pueden interceder ante el Dios. El Dios puede hacer milagros y proveer recursos ilimitados. Pero cuando la hambruna viene y los niños se mueren de hambre en Africa, Asia y otros lugares, los lideres religiosos parecen estar incapacitados de llamar al Dios y obtener comida del cielo para darles de comer. No hay Mana, ni multiplicacion de panes y pescados, Quizas el Dios personal esta ocupado por otras partes, escuchando las alabanzas y los rezos de los creyentes gorditos. Los milagros parecen estar confinados a las historias del Libro Sagrado y no a la ayuda de los niños hambrientos de cara cadaverica y vientres hinchados. Aparentemente, los milagros son mas utiles para promover la fe y los juegos de confianza que para ayudar al ser humano.

    2. Mas Alla de la Leyes Naturales
    El milagro de “gente caminando por el agua” ha sido reportado en un Libro Sagrado. Analicemos este reporte. Algunos insectos como el Gerris remigis) pueden caminar en el agua. Estos insectos pesan muy poco. Son tan livianos que pueden ser mantenidos por la tension de la superficie del agua. Una persona es mucho mas pesada que estos insectos y no puedde ser mantenida por la tension de la superficie. Para que una persona camine sobre el agua se requiere una violacion a la ley de gravedad o al principio de Arquimedes o los dos. Las personas pueden nadar en el agua pero no sobre el agua, Counsilman (C1). El texto sagrado afirma que la caminata sobre el agua fue posible mediante la “fe”. pero desde esa vez, millones de personas se han ahogado. No se conoce ni un caso donde se reporte que una persona se haya salvado de ahogarse por poder caminar sobre el agua. Ninguno, ni un fundamentalista fanatico lleno de “fe” se ha podido salvar para poder demostrar este milagro nuevamente cuando fue propicio. No sirve ni para rescatar a alguien en aprietos. Este supuesto milagro fue presentado en un Libro Sagrado. El cuento puede asombrar a un niño, pero por otra parte su unico valor parece estar limitado a promover la “fe” y el juego.

    3. La creacion de las especies animales y vegetales
    Algunos fundamentalistas religiosos no aceptan la teoria de la evolucion. Esta teoria afirma las diferentes especies son el producto de las variaciones naturales y gradual sobrevivencia del mas fuerte. Pero ellos afirman que Dios creo todas las especies de plantas y animales durante unos pocos dias. Dios, si el lo deseara, podria crear a un especie, tal como los elefantes o girafas, en un instante. El pichon pasajero y la cotorra de Carolina eran muy abundantes en Estados Unidos hace 200 años, pero ahora estan extintos. Si los fundamentalistas religiosos se pueden comunicar con Dios como muchos dicen, porque entonces no le piden a Dios que vuelva a crear estas especies? Una demostracion como esa podria establecer las bases como para poder incluir sus ideas en los textos escolares. Con la ausencia de esta demostracion, seria benificioso si los fundamentalistas religiosos pararan de interferir en las clases escolares de ciencia. Aun mas, las mismas instituciones religiosas que se oponen a la instruccion de la ciencia en las escuelas, son ella mismas el resultado de sistemas en evolucion.

    4. Conquistando la muerte de los seres humanos
    Algunos lideres religiosos les dicen a sus miembros que viviran para siempore en el cielo. Para algunos miembros, la esperanza de una vida eterna y feliz es una irresistible tentacion. Ellos son facilmente enganchados como peces que se tragan un anzuelo con lombriz. (el significado de pescadores de hombres toma un nuevo sentido no?)
    Examinemos el tema de la longevidad. Los estudios indican que las posibilidades que un hombre viva mas de 140 anos son de mas de uno en un billon. No se ha conocido ningun er humano que haya vivido 200 anos. Habeces podemos retardar, pero no parar el proceso de envejecimiento.
    Nuestro pelo eventualmente se pone blanco o se cae. En la vejez, nuestra piel se arruga y los sentidos visuales y auditivos disminuyen notablemente. Podemos desminuir algunos tipos o tratar algunas formas de cancer y algunas veces podemos frenar el dearrollo de la arterioesclorosis, pero no podemos para el proceso natural. Tampoco podemos parar las deficiencias endocrinologicas como la diabetes mellitus de aparecer, asi se avanza en edad. Aun asi, con toda la evidencia en contra, los lideres religiosos hablan de una vida eterna y feliz en el cielo.
    La promesa de la vida eterna es una parte de la estafa que nadie ha podido volver para refutar.

    5. El Cielo
    Los lideres religiosos nos dicen que los beneficios despues de la muerte se obtienen en el cielo o paraiso. Les preguntamos a los lideres por la ubicacion de estos maravillosos lugares y no saben donde se encuentran. No saben si el cielo esta en el sistema solar o fuera de el, o si esta en la Via Lactea o fuera de ella. Los miembros estan supuestos a creer que ellos despues de la muerte se iran a un lugar de ubicacion desconocida. Si los lideres religiosos se pueden comunicar con Dios, entonces porque no le preguntan a Dios la ubicacion del cielo asi se la pueden comunicar a los miembros?
    Un lider religioso cuando fue cuestionado sobre el cielo dijo que el cielo no es un lugar sino un estado de existencia, osea una relacion entre el Dios y la persona. No elaboro la idea mas a fondo. Pareciera que el lider religioso substituyo un estado imaginario por un lugar imaginario. Nosotros no sabemos nada sobre ninguno de estos dos estados hipoteticos. La ventaja de los juegos de confianza con promesas despues de la muerte, es por supuesto, que ningun muerto va a volver para quejarse y demandar porque no recibio la gloria prometida. Ningun miembro muerto va a volver a quejarse porque no pudo conquistar a la muerte o que no pudo encontrar el cielo o que no puedo conocer al Dios Detalles sobre el Cielo: La curiosidad sobre los detalles del cielo puede poner en duda todas las promesas sobre la vida en el paraiso. Que pasa despues de la resurreccion? Un bebe va al cielo para crecer o es bebe para la eternidad? Un niño en el cielo sigue la escuela?, y si es asi que estudia? Hay libros y librerias en el cielo? Los espiritus continuan aprendiendo alli? Examinenos otras cosas. Los arboles y lo pajaros van al cielo? Si estan en el cielo como llegan? Van las instituciones al cielo? Siguen los lideres religiosos en posiciones de autoridad o se transforman en miembros ordinarios de la paradisiaca congregacion? Pueden los relojes olvidar el tiempo en el cielo? Si un hombre se caso tres veces y se murio a los 70 años de cancer y Alzheimer, estaria enfermo despues de la resureccion? Si se sana milagrosamente cuantos años tendria? 20, o 40, o 60? Cuanto de su memoria recuperaria? Con cual esposa estaria casado? Mientras mas detalles examinamos mas problemas encontramos con la idea de la resurreccion, hasta el punto que se vuelve ridiculo.
    El triunfo de los juegos de confianza dependen de evitar la curiosidad de los miembros. Los lideres usan el Libro Sagrado para respaldar la existencia de los beneficios despues de la muerte y parar cualquier pregunta indeseable.

    6. Beneficios Postumos o Parlay
    La gente en las carreras de caballos a veces pueden apostar en el resultado de varias carreras. Este tipo de apuesta se llama parlay. Las posibilidades de ganar un parlay son mucho mas remotas que las de ganar una carrera. Por ejemplo si las posibilidades de un caballo de ganar tres carreras son 3 a 1, 20 a 1, y 8 a 1, las posibilidades de que ganen los tres caballos son 480 a 1. Po eso las ganancias tiene que ser mas elevadas para incentivar a la gente a que juegue parlay.

    Supongamos que alguien que este interesado en recibir beneficios despues de la muerte, estos beneficios dependen de varios factores de parlay:
    1. La restauracion fisica del muerto o la continuacion del alma. Dios instalo un alma en cada cuerpo. Si cada cuerpo se descompone despues de morir que informacion llega al cielo?
    2. El alma va al cielo, a un lugar no especifico.
    3. el alma es transportada al paraiso por medios desconocidos.
    4. En diferencia con los residentes terrenales los residentes del cielo ni mueren ni envejesen.
    5. En diferencia con la tierra conde existe el hambre y la enfermedad en el cielo existe la vida eterna y la felicidad con cantidades apreciables de comida y bebida.
    6. Los lideres creen que un omnipotente Dios desea alabanzas y pedidos y que favorece a los creyentes y destruye a los incredulos. los creyentes pueden entrar al cielo mientras los incredulos se les prohibe la entrada o se los tortura en el fuego del infierno.
    7. Los lideres creen que vale la pena ser eternamente remunerado por el Dios. Los lideres religiosos quieren que sus miembros apuesten tiempo y dinero en la institucion para recibir los beneficios despues de muerto. Pero el problema es que el ganar un parlay con varias posibilidades imposibles se transforma en muy improbable. Pueden ser las posibilidades de ganar mas favorables? La formas mas efectiva de esconder las imposibilidades de este parlay es el uso del Libro Sagrado.

    Esta substitucion parece reducir las posibilidades de varios pasos en uno solo. Una vez que el miembro acepta la idea de un Libro Sagrado sin errores, los lideres religiosos pueden usar este libro para evitar las dudas y curiosidad.La improbabilidad del parlay de varios factores puede ser ignorado. El lider religioso puede afirmar que el Libro Sagrado es mas confiable que la ciencia. Si el Libro Sagrado dice que el miembro tiene favoritismo sobre los incredulos en la recepcion de beneficios postumos, entonces asi es, porque el Libro lo dice. Fin de la discusion. Los religiosos han tenido resultados espectaculares con la idea del Libro Sagrado como garantia de los beneficios a recibir. Millones de personas creen en Libros Sagrados y en beneficios despues de la muerte.

    7. La estafa religiosa al estilo parlay
    Los beneficios despues de la muerte no son los unicos juegos de confianza religiosos.
    Los otros juegos son parlays de varios pasos. Un vistazo a los primeros pasos muestran:
    1. Un Dios personal se comunica con personas. El Dios tiene la habilidad sobrenatural de escuchar millones de plegarias y pedidos en forma simultanea en diferentes partes del planeta.
    2. Dios favorece a los humanos sobre otras especies de plantas y animales. Si un elefante o un delfin hubiese inventado la idea de Dios entonces ellos serian los elegidos y Dios los prefiriria a ellos y no a los humanos.
    3. Dios favorece a una institucion religiosa sobre otras. Las intituciones que utilizan la idea del Dios personal generalmente creen que ese Dios los beneficia a ellos solamente. Lo opuesto, por supuesto seria impensable. No seria creible si una religion dijera que Dios favorece a otra religion sobre la propia? Sin contar los casos en que las religiones han torturado y matado a miembros de religiones perseguidas, no se conocen casos donde haya ocurrido.
    4. Dios quiere que los miembros financien la institucion generosamente. El Clero afirma que todo lo que recibe el miembro es procedente del Dios.
    A cambio de la donacion del Dios al miembro , el miembro tiene que donar a la institucion. Fondos los cuales pueden ser usados por los lideres de la institucion.
    5. A Dios les gustan las alabanzas y los rezos. Sin no contamos los Libros Sagrados no existe prueba que al Dios les gusten las alabanzas y los rezos. (A nosotros nos gusta recibir buenas intenciones de otras personas, pero nos gustaria ser alabados por hormigas, ratas o seres invisibles de otro mundo?
    6. Dios puede suspender o violar las leyes naturales para el beneficio de los creyentes. Dios de vez en cuando responde una plegaria. Aparentemente, todas estas estafas sostienen un parlay, aunque la mayoria no tiene tantos pasos como el del beneficio postumo, muchos de los parlays complicados pueden ser reducidos a un paso mediante el uso del Libro Sagrado.
    Esta concentracion de pasos explica porque el Libro Sagrado es mas valioso en cojer miembros que el uso de iconos en los juegos de confianza. A los miembros en buenos terminos con la institucion les son garantizados una variedad de beneficios mediante su membresia en la empresa de Dios.

    Evaluación
    La opinion anterior sobre la estafa religiosa no es nueva.
    Personas honestas e inteligentes han tenido la misma opinion por mucho tiempo. En el siglo pasado, R.G.Ingersoll (I1 p308) dijo: “Yo no deseo ir al cielo mediante las virtudes de otro. Si no me merezco llegar por mis propios medios no quiero ir.”

    1. Creencias Sinceras
    Muchos de los lideres religiosos y miembros sinceramente creen en un Dios personal y en los Libros Sagrados. Estan convencidos que su fe les facilitara el recibimiento de los beneficios despues de la muerte.
    El problema es que el creer en una posibilidad futura no es evidencia de veracidad. Quizas pueda creer sinceramente que un marciano me va a regalar un millon de dolares, pero ningun banquero me daria un prestamo con esas garantias. Las personas pueden creen sinceramente en cosas falsas.
    En el pasado se creia que el mundo era plano y que el sol daba vueltas alrededor de la tierra. Y que tal con el argumento de los martires que han muerto por sus creencias religiosas? No demuestra sus sacrificios la veracidad de las creencias? Como dijo Oscar Wilde, 1856-1900, (W2): “Una cosa no es necesariamente verdad simplemente porque este dispuesto a morir por ello.”
    Una persona podria morir para defender su creencia que el mundo es plano, aunque se sepa que el mundo es esferico. Ingersoll dijo(I3 p315): “En lo general el martirio establece la sinceridad del martir no la veracidad de sus ideas. Las cosas son verdad o mentira independientemente de los pensamientos humanos.”
    La verdad no es afectada por las opiniones; un error no puede ser tranformado en verdad mediante el sincero pensamiento.”

    2. Lideres Religiosos
    Supongamos que el lider religioso sospecha que los beneficios despues de la muerte son una estafa. Como puede mantener su estima propia? El lider en duda puede razonar que, primero estas creencias religiosas no se deben a el, sino que ya existian. El las heredo. Durante la niñez aprendio los beneficios de sus maestros y los Libros Sagrados.
    El no invento estas creencias; asi, que si es un fraude, no es culpa suya.
    Segundo el no puede estar completamente seguro que esta parte de la creencia sea parte de la estafa.
    El realmente no sabe que le pasa a la gente despues de la muerte.
    Tercero, la institucion religiosa tiene muchos beneficios sociales y la estafa es solamente una pequeña parte de las actividades. Cuarto, la estafa es necesaria como unificador del grupo. Si el cuestionara publicamente las creencias religiosas, muy probablemente perderia su posicion como lider y pudiera ser reemplazado por alguien mas estafador que el.
    Finalmente, los miembros quienes aceptan estas creencias estan dispuestos a recibir grandes y magnificos beneficios eternamente por un pequeño pago en el presente. En este caso, los miembros serian tan avaros y egoistas que merecen ser victimas del fraude. Pocos lideres religiosos, una vez encaminados y comprometidos al fraude pueden cambiar publicamente su posicion publicamente.

    3. Libros Sagrados
    Los lideres religiosos afirman que los juegos de confianza estan respaldados por los Libros Sagrados.

    Contienen los Libros Sagrados tal convincente prueba? Sobre los Libros Sagrados, Thomas Paine (P1 v6p292, v7p115, v7p157) dijo:
    (1) “Ud cree en la Biblia por accidente de nacimiento, y los turcos creen en el Koran por el mismo accidente, y se llaman infieles uno al otro.”
    (2) “Libros, sea Biblias o Koran, no contienen ninguna evidencia que no sean el trabajo de ningun otro poder sino el humano.”
    (3) “Ud no tiene evidencia que sus Evangelios sean divinamente revelados como los turcos no la tienen que el Koran lo sea, la unica diferencia entra la de ellos y la suya es que ellos predican su locura y ustedes la suya.”
    Los Libros Sagrados no son la palabra de Dios de la misma manera que las estatuas no son su cuerpo.

    Los libros y los idolos son el resultado del trabajo humano.

    4. Milagros y la Resurreccion
    Se ha dicho que los milagros son prueba que un Dios personal esta interesado en los seres humanos. Thomas Paine (P1 v6p92-3) contesto a este argumento muy bien: “Nosotros nunca hemos visto, en nuestra epoca, a la naturaleza salir de su curso; pero tenemos buena razon de creer que millones de mentiras han sido dichas durante el mismo tiempo; entonces, por consiguiente, tenemos la posibilidad de uno en un millon, que el que reporta un milagro dice una mentira.” P.W.Atkins (A1) describe la actitud de los cientificos. “La gran probabilidad es que el reporte de milagros son exageraciones, rumores falsos, alucinaciones, mentiras, malos entendidos o simples trucos. Como dijo David Hume: es siempre mas probable que el que reporta un milagro sea un mentiroso a que el milagro haya realmente ocurrido.” Imaginese un automobil gastado que es llevado al desarmadero. Las llantas, la bateria, tanque de gasolina y otras partes utiles son removidas.

    Despues la carroceria es prensada y el chasis pierde su forma. Algunos tornillos y otras pequeñas partes quedan, pero el auto se transformo de auto a un pedazo de metal retorcido. La idea de la resurreccion de una persona muerta por varias horas es similar a la idea de que el monton de hierros retorcidos puedan restaurarse asi mismos y que funcionen como un automobil nuevo. No se conoce de ningun caso. 5. Las estafas religiosas comparadas con los vendedores de autos usados Muchos vendedores de autos usados y nuevos son honestos con sus clientes, pero algunos ocacionalmente hacen afirmaciones extravagantes sobre sus productos. El cliente si recibe el auto, pero si el auto no es todo lo esperado, el cliente se puede quejar, o en algunos casos tomar accion legal contra el vendedor. Con las estafas de beneficios postumos, el lider religiosos puede prometer cualquier cosa, sin la preocupacion que el muerto vuelva a reclamar. Los lideres religiosos tienen otra ventaja.

    No tienen inventario y pocos gastos, excepto el mantenimiento de un gran edificio libre de impuestos (o a veces pagado por el pueblo mediante el gobierno si tiene estatus de religion oficial). No tienen que invertir en un producto que se descomponga o pase de moda. Si el cliente no esperaria recibir el auto hasta despues de la muerte, el vendedor podria prometer el auto perfecto. Podrian ofrecer un auto que correria a cualquier velocidad, sin usar combustible, con gomas que no se gastan, que no se puede chocar y dura por la eternidad. Aun mas, el vendedor no tendria que procuparse por los clientes enojados porque ninguno de ellos podria volver.

    Continuidad de las creencias religiosas
    Si las enseñanzas religiosas fueran un fraude, porque tanta gente cree en ellas?
    Hay varias razones:
    a. impresionantes ceremonias religiosas y sermones,
    b. presion social,
    c. la necesidad de ser parte y aceptado por la sociedad,
    d. ignorancia,
    e. falta de oportunidad de estudiar a todas las religiones,
    f. fatiga mental y pasividad; falta de curiosidad,
    g. credulidad y habito,
    h. ansiedades de dudar de las creencias comunes. A las personas no les gustan que les cuestionen las creencias,
    i. la necesidad de optimismo y esperanza,
    j. la necesidad de sentirse util y valedero,
    k. baja estima propia,
    l. respeto por los lideres religiosos, los miembros y sus creencias,
    m. la impresion que la religion es necesaria para la sociedad,
    n. el poder y la influencia de las instituciones religiosas,
    o. amenazas; fuerza y miedo, y
    p. los beneficios personales que se reciben de la institucion. […]

    El origen de las instituciones religiosas
    Al comienzo de la historia humana habia poco conocimiento. Habia poco conocimiento sobre las fuerzas naturales. En estado primitivo el hombre no tenia ni libros ni escuelas ni librerias. No existian las instituciones. Pero el hombre es curioso y tenia imaginacion y comenzo a hacer preguntas como: Que son las estrellas? porque se enferma la gente? que pasa cuando los animales y la gente muere? Algunos se divertian inventando historias explicando porque. Las historias eran coloridas y algunas persistieron como parte de la tradicion oral. La gente , joven y vieja, le tenia miedo a la muerte, a las enfermedades y a los accidentes. Asi las historias y los mitos fueron creados para explicar, tranquilizar y proveer esperanza.

    Asi la religion primitiva comenzo. No paso mucho hasta que se dieron cuenta que la profesion era rentable y se tranformaron en los lideres espirituales de la epoca. Los lideres religiosos se dieron cuenta que mientras mas descabelladas eran las historias mas se podia prosperar. Incursionaron en la medicina y la psicologia. Se incorporaron el uso de objetos milagrosos. Despues que la escritura fue inventada desarrollaron Libros Sagrados y Dioses mentales. Los Libros Sagrados contenian las historias ancestrales e historias que se podian usar para indoctrinar. Para poner fin a la competencia se patento un solo Dios para parar con la competencia y solidificar el poder en una sola institucion (monopolio). Con la creacion del patriarcado se eliminan las deidades femeninas y se crean deidades masculinas para legitimizar la fuerza y liderazgo masculino. Las restricciones de las tradiciones orales no permitian la consolidacion de grandes instituciones y fueron eliminadas mediante la creacion de Libros Sagrados.

    Estos libros permitian una expansion coherente y uniformada de las nuevas doctrinas que podian ser patentadas por la institucion. De esta forma pasaron a ser fuerzas dominantes en la sociedad. El poder magico supremo era poder comunicarse con el ser sobrenatural, asi de esa forma el ser sobrenatural podia interceder por el miembro mediante el representante, el lider religioso. El lider religioso podia cobrar por el servicio. Este negocio continua hasta hoy en dia. Los juegos de confianza de hoy son exactamente los mismos de los diseñados por los primeros estafadores. Las patentes sobre el Dios, los recursos limitados, y la activa competencia y el juego en forma independiente por parte de algunos, creo la intolerancia religiosa y la discriminacion para prevenir la competencia de otros Dioses.

    Al crecer el numero de seres humanos en el mundo los diferentes grupos humanos entraron en conflicto. Considerando grupos iguales, las sociedades con mas fervor religioso estaban mas dispuestas a sacrificarse por el grupo o el Dios, lo cual les daba una ventaja en la guerra. Los lideres religiosos ofrecian beneficios despues de la muerte para los sacrificados y esto transformaba a las fuerzas en fuerzas fanaticas e imparables, teniendo asi una gran ventaja sobre sociedades menos organizadas. Asi comienza el principio de las religiones racistas e intolerantes. Una religion racista e intolerante tipicamente les dice a sus miembros que son superiores a los otros seres humanos y que de alguna forma son preferidos por Dios.

    El incredulo pasa a ser inferior. Los infieles que se niegan a aceptar la “verdadera fe” se ven como enemigos y merecedores de varias formas de castigo. De esta forma las religiones racistas e intolerantes tienen excusas para promover la idea mediante la fuerza y de tomar las propiedades de los infieles en el proceso. Por eso las religiones expansionistas e intolerates han sido las que han triunfado en el mundo. Por otro lado, la tolerancia tiene sus beneficios, las filosofias tolerantes permiten el compartir recursos y educacion entre los seres humanos, especialmente en la resolucion de conflictos pacificamente. En la cooperacion y trabajo con otros las filosofias tolerantes son mejores que las religiones racistas.

    Las religiones fueron afectadas por sus tradiciones y sus mitos, por los recursos disponibles, el poder o sumision de los posibles adversarios, por el comercio, el intercambio cultural, los matrimonios fuera del grupo, la educacion, la ciencia y eventualmente por la necesidad de estabilidad social. Como resultado, la mayoria de las religiones del presente son altamente discriminatorias con algunas excepciones de filosofias tolerantes.

    En oposicion a la intolerancia religiosa
    El lector instruido de esta pagina quizas haya notado que muchas ideas expresadas en este capitulo fueron expresadas simple y convincentemente por Paine(P1) y tambien por Ingersoll (I1-I4). A pesar de sus espledidos escritos, los prejuicios religiosos continuan tan fuertes como siempre.

    La Dificultad de corregir errores
    Como se puede entender la persistencia de los prejucios religiosos y el racismo hasta hoy en dia? En general, las mismas razones por las cuales las personas aceptan creencias religiosas prejuiciosas y racistas son la razon por la cual siguen apoyando tales ideas. Primero, las creencias tradicionales son inertes y resisten los cambios. Muchas personas no ven ninguna razon de cambiar sus creencias, no sienten ninguna necesiddad de hacerlo. Ellos no ven ninguna coneccion entre sus creencias religiosas y los conflictos sociales, el crecimiento de la pobreza y el deterioro del medio ambiente. Aquellos miembros quienes creen completamente en el Libro Sagrado son totalmente ignorantes de sus fanatismos religiosos.
    Otra razon es la tregua que le da la ciencia a la religion. Existe una idea que la ciencia es tan valedera como la religion. Existe un arreglo no escrito entre la ciencia y los religiosos de mutuo respeto. Este arreglo les permite a los religiosos continuar con su fanatismo sin ser opuestos por la ciencia. Las instituciones religiosas generalmente tienen beneficios sociales. Los lideres religiosos muchas veces son activos en obtener derechos civiles, trabajos y oportunidades sociales y economicas para sus miembros. La congregacion contribuye con viviendas, comidas y ropa para los necesitados. La congregacion tambien actua como soporte emocional para los miembros y la compañia de la congregacion muchas veces puede valer mas que la inversion economica del miembro. Por todos los beneficios de ser miembro, este racionaliza que el fanatismo y la intolerancia son solamente una pequeña parte de lo que la institucion tiene que ofrecer.
    Grandes instituciones generalmente tienen mas poder que un puñado de individuos. Estas instituciones tienen el poder de influenciar a la sociedad y al gobierno. La fuerza politica y economica previene que la critica hacia la religion llegue al publico. Los incentivos economicos favorecen a las institucioens religiosas. Los lideres religiosos que promueven las estafas y el fanatismo tienen fuertes incentivos; sus instituciones tienen mucho por ganar al perpetuar las creencias religiosas. Con un pequeño pago de cada miembro la institucion recibe una gran cantidad. Al educar a los jovenes, la ventaja la tiene la institucion religiosa. Los juegos de confianza, el fanatismo y el prejuicio son inculcados semanalmente o diariamente. Los jovenes son indoctrinados mediante la frecuente y entusiasta repeticion.

    En comparacion, las lucidas explicaciones de Paine y Ingersoll reciben poca atencion en las escuelas o en la calle. No existen juegos de confianza basados en los racionamientos de Paine y Ingersoll. Promover lo logico y sus ideas no tienen ventajas monetarias. La ciencia se enseña mediante el estudio y el razonamiento, mientras las religiones se ensañan mediante el fervor fanatico.

    La ventaja de los numeros
    La instituciones religiosas tienen poder e influencia. Los numeros por si mismos favorecen a la continuacion del fanatismo y la ignoracia sobre el razonamiento y la educacion. En el mundo hay dos billones de catolicos romanos, griegos ortodoxos, musulmanes, protestantes fundamentalistas y otras sectas que creen que Dios favorece a sus miembros y no a los infieles.
    En Estados Unidos hay aproximadamente 350,000 iglesias (o edificios donde las congregaciones se reunen). Alrededor de 330,000 pastores lideran a 140,000,000 de miembros.
    Las escuelas dominicales suman alrededor de 27,000,000. Las iglesias reciben al año una ganancia de alrededor de 45 billiones dolares, lo cual nos da un promedio de $120,000 a $130,000 por cada iglesia. La ganancia semanal es de $2,300 a 2,400, o sea alrededor de $5 a $6 por cada miembro. Esto sin contar las ganancias por los rituales como bautismos y casamientos, servicios por los cuales se cobra un promedio de $300 dolares por un servicio de unos minutos que no requiere inversion de materiales. El censo de 1990 muestra uan poblacion de 250,000,000 en Estados Unidos.

    Esto significa que hay una iglesia por cada 700 a 750 personas, o una por cada 400 personas que asisten a una iglesia. Estados Unidos tiene alrededor de 83,000 escuelas publicas, o sea 4 iglesias por cada escuela publica y 30,000 bibliotecas publicas, o sea 10 iglesias por cada biblioteca. Con estos numeros,no por nada la ignoracia crece dia a dia. Los numeros anteriores indican la magnitud de la desgracia, la razon por la perpetuacion de los prejuicios y el problema que enfrentan aquellos quienes le hacen frente al ilogico fanatismo religioso. Si solamente un promedio de 5 miembros por iglesia cree ciegamente en Libros Sagrados, mas de un millon de personas solamente en Estados Unidos tienen la cabeza cerrada al aprender y al cuestionamiento de sus creencias. Mas de 350,000 personas viven de estas iglesias y tienen un interes personal en la promocion de los juegos de confianza.

    En comparacion, nadie vive de la oposicion a los Libros Sagrados. Pocas personas estan activamente involucradas en el desafio de la validez de los juegos de confianza y contrarestando la propagacion del fanatismo religioso y el prejuicio. Las posibilidades son pequeñas de reducir las creencias en Libros Sagrados y la desgracia que ello engendra. En suma Las instituciones religiosas que creen en Dioses Personales y Libros Sagrados tienen por lo general estafas relacionadas con beneficios despues de la muerte, las contestacion de rezos, intercesion directa mediante el lider y el Dios. Estas estafas son beneficiosas para obtener dinero y recursos. Por muchas razones,entre ellas, las conversiones forzadas e indoctrinacion de niños han hecho de estas estafas un negocio grandioso por cientos de años. Aunque muy remunerativo para los lideres, no existe ninguna prueba que lo que ofrecen en estas estafas sea cierto.

    Referencias Autor Albert D. Warshauer M.D. Comentarios Elias Bernard-greenman_92553 [A1] Atkins, PW: The Second Law. New York. Scientific American Inc. c1984. [C1] Counsilman JE: The Science of Swimming. Englewood Cliffs, N.J. Prentice-Hall, Inc. c1968. [I1] Ingersoll RG: Famous Speeches Complete. New York. L.Lipkind. c1906. [I2] Wakefield EI: The letters of Robert G. Ingersoll. Edited with a Biographical Introduction by Eva Ingersoll Wakefield. New York. Philosophical Library c1951. [I3] Complete Lectures of Col. R.G.Ingersoll. Chicago. Regan Publishing Corporation. [I4] Ingersoll`s Greatest Lectures. Containing Speeches and Addresses Never Before Printed Outside of the Complete Works. Authorized Edition. Hackensack, N.J. Wehman Bros. Publishers 1964 [M1] Maurer DW: The American Confidence Man. Springfield, Il. Thomas c1974. [P1) Paine T: Life and Writings of Thomas Paine. ed. DE Wheeler. 10 Vols. New York. Vincent Parke and Co. c1908. [W2] Redman A ed: The Wit and Humor of Oscar Wilde. New York. Dover 1959.

Diez mitos -y diez verdades- acerca del Ateísmo

Por: Sam Harris

LOS ANGELES TIMES – 24 DE DICIEMBRE DE 2006

Traducción de Ricardo Montanía 

Varias encuestas indican que el término “ateo” ha adquirido un extraordinario estigma en los Estados Unidos de tal forma que ser un ateo es ahora un perfecto impedimento para una carrera en la política ( entendida de tal manera en que ser Musulmán u homosexual no lo es). De acuerdo a una reciente encuesta de Newsweek, solo el 37% de los Americanos votarían para presidente a un ateo, que sea calificado en otros aspectos.

A menudo se imagina a los ateos como intolerantes, inmorales, deprimidos, ciegos a la belleza de la naturaleza y dogmáticamente cerrados a la evidencia de lo sobrenatural.

Aún John Locke, uno de los grandes patriarcas de la iluminación, creía que al ateísmo no se debería “tolerar del todo”, porque, decía él, “promesas, acuerdos y juramentos, que mantienen juntas las sociedades, podrían no ser mantenidas por los ateos”.

Eso fue 300 años atrás. Pero en los Estados Unidos hoy, algo parece haber cambiado. Un destacado 87% de la población  afirma “nunca haber dudado” de la existencia de Dios; unos pocos 10% se identifican a sí mismos como “ateos”- y su reputación parece ir en deterioro.

Como es sabido que los ateos suelen estar entre la gente más inteligente y científicamente formada en cualquier sociedad, parece ser importante desinflar los mitos que les impiden jugar un papel mayor en el discurso nacional.

  1. Los ateos creen que la vida no tiene sentido.

Por el contrario, la gente religiosa suele quejarse de que la vida no tiene sentido e imaginan que solo pueden ser redimidos por la promesa de felicidad eterna más allá de la tumba. Los ateos tienden a ser bastante seguros de que la vida es preciosa. A la vida se imbuye de significado viviéndola plenamente. Las relaciones con aquellos que amamos son significativas ahora, no necesitan ser eternas para eso. Los ateos tienden a encontrar este miedo como una insignificancia… bueno… sin significado.

  1. El ateísmo es responsable por los más grandes crímenes de la historia.

La gente de fe suele afirmar que los crímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot fueron el producto inevitable de la no creencia. El problema con el fascismo y el comunismo, sin embargo, no es que sean muy críticos de la religión; el problema es que son demasiado parecidos a la religión. Tales regimenes son intrínsecamente dogmáticos y generalmente hacen surgir cultos a la personalidad indistinguibles de los cultos a los héroes religiosos.

Auschwitz, el GULAG y los campos de la muerte no son ejemplos de lo que pasa cuando los humanos rechazan el dogma religioso; son ejemplos de los estragos que causan los dogmas políticos, raciales y nacionalistas.

No hay sociedades en la historia humana que han sufrido porque su pueblo se haya vuelto demasiado razonable.

  1. El ateísmo es dogmático.

Judíos, Cristianos y Musulmanes afirman que sus escrituras son tan proféticas de las necesidades humanas que solo pudieron haber sido escritas bajo la dirección de una deidad omnisciente.

Un ateo es simplemente una persona que ha considerado esta afirmación, leído las escrituras y encontrado las afirmaciones ridículas. No es necesario tener fe en algo, o ser de alguna manera dogmático para rechazar creencias religiosas injustificadas. Como el historiador Stephen Henry Roberts (1901- 1971) dijo en una ocasión: “ Te reto a que ambos somos ateos. Solamente que yo creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas porque desestimaste los otros posibles dioses, entenderás porque desestimo al tuyo”.

  1. Los ateos creen que todo en el universo surgió por azar.

Nadie sabe porqué el universo existió. En efecto, no está enteramente claro que podamos hablar coherentemente acerca del “comienzo” o de la “creación” del universo, estas ideas invocan el concepto de tiempo y aquí hablamos del origen del espacio-tiempo en sí mismo.

La idea que los ateos creen que todo fue creado al azar es también utilizada regularmente como crítica a la evolución darwinista. Como explica Richard Dawkins en su maravilloso libro “El espejismo de Dios”, “esto representa una absoluta mala interpretación de la teoría evolucionista.” Aunque no sabemos precisamente como la química temprana de la tierra engendró la biología, sabemos que la diversidad y la complejidad que vemos en el mundo viviente no es un producto del mero azar. La evolución es una combinación de mutación aleatoria y selección natural. Darwin utilizó la frase “selección natural” por analogía con “selección artificial”, utilizada por los criadores de animales. En ambos casos,  la selección ejerce un efecto altamente no aleatorio en el desarrollo de cualquier especie.

  1. El ateísmo no tiene conexión con la ciencia.

Aunque es posible ser un científico y creer en Dios- como algunos científicos parecen decir- no hay dudas de que un involucramiento con el pensamiento científico tiende a erosionar antes que a apuntalar la fe religiosa. Si tomamos a USA como ejemplo: la mayoría de las encuestas hechas al público en general muestra un 90% de creencia en algún Dios personal; sin embargo el 93% de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias no es creyente. Esto sugiere hay pocos modos de pensar menos adecuados a la fe religiosa que el pensamiento científico.

  1. Los ateos son arrogantes.

Cuando los científicos no saben algo- como porqué el universo empezó o como se formó la primera molécula auto-replicante – lo admiten. Pretender que se sabe cosas que en realidad no se saben implica una enorme negativa para la ciencia. Y sin embargo es la sangre que da vida de las religiones basadas en la fe. Una de las monumentales ironías del discurso religioso se ve en la frecuencia con que la gente de fe se auto alaban por su humildad, mientras afirman conocer hechos acerca de la cosmología, la química y la biología que ningún científico conoce. Cuando consideran cuestiones acerca de la naturaleza del cosmos y nuestro lugar en él, los ateos tienden a basar sus opiniones en la ciencia. Esto no es arrogancia; es honestidad intelectual.

  1. Los ateos son cerrados a la experiencia espiritual.

No hay nada que impida a un ateo experimentar el amor, el éxtasis, arrobamiento y sobrecogimiento; los ateos pueden dar valor a estas experiencias y buscarlas regularmente. Lo que los ateos no suelen hacer es hacer injustificadas (e injustificables) afirmaciones acerca de la realidad basados en esas experiencias. No hay dudas de que algunos Cristianos han transformado para mejor su vida leyendo la  Biblia y rezando a Jesús.

¿Qué prueba esto?

Prueba que ciertas disciplinas de atención y códigos de conducta pueden tener un profundo efecto en la mente humana. ¿Sugieren estas experiencias que Jesús es el único salvador de la humanidad? Ni remotamente- porque Hindúes, Budistas,  Musulmanes e incluso ateos tienen experiencias similares-.

No hay en efecto ningún Cristiano en la tierra que sepa si Jesús usaba barba más que si nació de una virgen o que si se levantó de entre los muertos. Estas simplemente no son la clase de cosas que una experiencia espiritual pueda autenticar.

  1. Los ateos creen que no hay nada más allá de la vida y el entendimiento humanos.

Los ateos son libres de admitir los límites del entendimiento humano de una manera en que los religiosos no pueden. Es obvio que no entendemos del todo el universo; pero es aún más obvio que ni la Biblia, ni el Corán reflejan un mejor entendimiento de él.

No sabemos si habrá vida compleja en algún otro lugar del cosmos, pero podría. Si la hubiera, tales seres podrían haber desarrollado un entendimiento de las leyes naturales que excedan vastamente a las nuestras. Los ateos pueden hacer esas suposiciones, incluso pueden admitir que si existieran brillantes extraterrestres, los contenidos de la Biblia y el Corán serían aun menos impresionantes que lo que son para los humanos ateos.

Desde el punto de vista ateo, las religiones del mundo trivializan completamente la belleza real de la inmensidad del universo. Nadie debe aceptar algo que no tenga suficiente evidencia para aceptar tal observación.

  1. Los ateos ignoran el hecho de que la religión es extremadamente beneficiosa para la sociedad.

Aquellos que enfatizan los buenos efectos de la religión parecen nunca percibir que tales efectos fallan en demostrar la verdad de cualquier doctrina religiosa. Es por eso que tenemos términos como “pensamiento deseoso” y  “auto-decepción”. Hay una profunda diferencia entre un espejismo consolador y la verdad.

En cualquier caso, los buenos efectos de la religión pueden ser discutidos. En la mayoría de los casos, parece que la religión da a la gente malas razones para comportarse bien, cuando hay buenas razones disponibles. Pregúntese a sí mismo, si qué cosa es más moral, ayudar a los pobres preocupados por su sufrimiento, o hacerlo así porque el creador del universo desea que lo haga, que lo recompensará por hacerlo o lo castigará si así no lo hiciere.

  1. El ateísmo no provee bases para la moralidad.

Si una persona aún no comprendió que la crueldad está mal, ciertamente no descubrirá eso leyendo la Biblia o el Corán—esos libros desbordan de crueldad humana y divina.

No obtenemos moralidad de la religión. Nosotros decidimos que es bueno en nuestros buenos libros recurriendo a las intuiciones morales que (en cierto nivel) están impresos en nosotros y que han sido refinados por miles de años de pensar acerca de las causas y posibilidades de la felicidad humana.

Hemos hecho un considerable progreso moral a través de los años y no lo hicimos leyendo la Biblia o el Corán más atentamente. Ambos libros condonan la práctica de la esclavitud— mientras todo humano civilizado reconoce que la esclavitud es una abominación. Cualquier cosa que sea buena en un escrito —como la regla dorada— puede ser valorada por su sabiduría ética sin que debamos creer que nos fue traída por el creador del universo.

Perder nuestras espinas dorsales para salvar nuestros pescuezos

Por: Sam Harris

 

HUFTINGTON POST, 5 DE MAYO DE 2008

Traducción de Stergios Korfiatis. Publicado en ArgAtea

 Geert Wilders, político holandés conservador y provocador, se ha convertido en el proyectil más reciente en la guerra cultural más importantegeert_wilders3 del mundo: el conflicto entre la sociedad civil y el Islam tradicional. Wilders, que vive bajo continua protección armada debido a amenazas de muerte, lanzó recientemente una película de 15 minutos titulada Fitna («conflicto» en árabe) en la Internet. La película ha sido juzgada como ofensiva porque yuxtapone imágenes de violencia musulmana con pasajes del Corán. Dado que los perpetradores de tal violencia citan frecuentemente estos mismos pasajes como justificación para sus acciones, el simple hecho de describir esta conexión en una película no parecería algo controversial. Polémico o no, uno seguramente esperaría que políticos y periodistas en cada sociedad libre defendieran vigorosamente el derecho de Wilders de hacer tal película. Pero en ese caso uno estaría viviendo en otro planeta, uno en el que la gente no niega alegremente sus más básicas libertades en nombre de la «sensibilidad religiosa».

Atestigüen la respuesta del mundo libre ante Fitna: el gobierno holandés intentó prohibir la película explícitamente, y los ministros de asuntos exteriores de la Unión Europea la condenaron públicamente, al igual que Ban Ki-moon, secretario Wilders+Fitna+movie+about+Korangeneral de la O.N.U. La televisión holandesa rechazó transmitir Fitnasin editar. Cuando Wilders declaró su intención de lanzar la película en la Internet, su servidor de red en Estados Unidos, Network Solutions, retiró su página web.

Disonando en este tema apareció Liveleak, un sitio web británico de videos compartidos, que finalmente transmitió la película el 27 de marzo. Recibió más de 3 millones de opiniones en las primeras 24 horas. El día siguiente, sin embargo, Liveleak retiró Fitnade sus servidores, habiendo sido aterrorizado hacia una auto-censura debido a amenazas contra su personal. Pero la película se había difundido demasiado en la Internet para ser suprimida (y Liveleak, después de tomar mayores medidas de seguridad, la ha colocado de nuevo en su página también).

Por supuesto, de inmediato hubo llamadas para un boicoteo de productos holandeses a través del mundo musulmán. En respuesta, las corporaciones holandesas colocaron anuncios en países como Indonesia, denunciando la película en señal de autodefensa. Varios países musulmanes bloquearon YouTube y otros sitios de videos compartidos en un esfuerzo por evitar que la blasfemia de Wilders penetrara las mentes de sus ciudadanos. También ha habido protestas y ataques aislados contra embajadas, y demandas abiertas por el asesinato de Wilders. En Afganistán, mujeres en burkas podían ser vistas quemando la bandera holandesa; el Taliban realizó por lo menos dos ataques de venganza contra tropas holandesas, dando por resultado cinco muertes holandesas; y preocupaciones de seguridad han hecho que los Países Bajos cierren su embajada en Kabul. Hay que recordar, sin embargo, que nada todavía ha ocurrido que equipare la feroz respuesta en contra de las caricaturas danesas.

Mientras tanto Kurt Westergaard, uno de los dibujantes daneses, ha amenazado demandar a Wilders por infracción de copyright, ya que Wilders utilizó su dibujo de un Mahoma bomba-Laden sin su permiso. Westergaard vive oculto desde 2006 debido a las amenazas de muerte dirigidas hacia él, por lo cual la Unión Danesa de Periodistas se ofreció voluntariamente a llevar este caso en su favor. Obviamente, hay algo divertido acerca de un hombre amenazado, incapaz de arriesgarse a aparecer en público por temor a ser asesinado por religiosos lunáticos, amenazando con demandar a otro hombre en la misma situación sobre violaciones de copyright. Pero es comprensible que Westergaard no quisiera ser lanzado al enemigo repetidamente sin su consentimiento. Westergaard es un hombre extraordinariamente valiente cuya vida ha sido arruinada tanto por el fanatismo religioso como por la sumisión del mundo libre ante él. En febrero, el gobierno danés arrestó a tres musulmanes que al parecer se preparaban para asesinarlo. Otros daneses bastante desafortunados al también llamarse «Kurt Westergaard» han tenido que tomar medidas para evitar ser asesinados en su lugar. (Desde entonces Wilders ha retirado la caricatura de la versión oficial de Fitna.)

Wilders, al igual que Westergaard y los otros dibujantes daneses, ha sido calumniado ampliamente por «intentar provocar» a la comunidad musulmana. Incluso si ésta había sido su intención, esta crítica representa una coincidencia casi supernatural de ceguera moral e imprudencia política. El punto no es (y nunca lo será) que cualquier persona libre hable, escriba o dibuje en tal manera que provoque a la comunidad musulmana. El punto es que solamente la comunidad musulmana reacciona de la manera en que lo hace. La controversia alrededor de Fitna, como todas tales controversias, delata un hecho especialmente sobresaliente sobre nuestro mundo: Los musulmanes parecen estar mucho más preocupados sobre los desaires percibidos hacia su religión que sobre las atrocidades que diariamente se cometen en su nombre. Nuestra comodidad ante esta sicopática bifurcación de prioridades ha tomado, más y más, la forma de un cobarde y cerrado consentimiento.

Hay aquí una asombrosa ironía que muchos han notado. La posición de la comunidad musulmana ante todas las provocaciones parece ser: El Islam es una religión de paz, y si usted dice que no es así, le mataremos. Por supuesto, la verdad es a menudo más variada, pero ésta es tan variada como pudiera ser: El Islam es una religión de paz, y si usted dice que no lo es, los musulmanes pacíficos no podemos asumir la responsabilidad de lo que hagan nuestros hermanos y hermanas menos pacíficos. Cuando quemen sus embajadas o secuestren y maten a sus periodistas, sepan que les haremos a Uds. principalmente responsables y dedicaremos nuestra mayor energía a criticarlos por «racismo» e «Islamofobia».

Nuestras sumisiones ante estas amenazas han tenido loque a menudo se llama un «efecto congelante» sobre nuestro ejercicio de libre expresión. He experimentado, en mi propia pequeña forma, esta frialdad de primera mano. Primero, y más importante, mi amiga y colega Ayaan Hirsi Ali se encuentra entre los que están siendo cazados. Debido al fracaso de gobiernos occidentales en hacer que sea seguro que la gente pueda hablar abiertamente sobre el problema del Islam, yo y otros debemos reunir una cantidad de fondos privados para ayudar a pagar su protección permanente. El problema no es, como se alega a menudo, que los gobiernos no pueden permitirse proteger a cada persona que hable abiertamente contra la intolerancia musulmana. El problema es que tan pocas personas hablen abiertamente. Si hubiera diez mil Ayaan Hirsi Ali, el riesgo de cada uno sería reducido radicalmente.

En cuanto a infracciones de mi propio discurso, mi primer libro, El fin de la fe, casi no llegó a ser publicado por miedo a ofender las sensibilidades (probablemente sin haberlo leído) de fanáticos religiosos. W.W. Norton, que publicó el libro, fue ampliamente visto como arriesgándose –riesgo atenuado probablemente por el hecho de que soy un ofensor en las mismas condiciones de toda fe religiosa. Sin embargo, cuando llegó la hora de hacer las correcciones finales a El fin de la fe,muchas de las personas a quienes había agradecido por nombre en mis reconocimientos (incluyendo a mi agente en ese entonces y mi redactor en Norton) independientemente me pidieron que quitara sus nombres del libro. Sus preocupaciones eran explícitamente de seguridad personal. Dada nuestra respuesta vergonzosamente ineficaz al fatwa contra Salman Rushdie, sus preocupaciones eran perfectamente comprensibles.

Nature, posiblemente el diario científico más influyente en el planeta, publicó recientemente un extenso encubrimiento de faltas del Islam (Z. Sardar «Más allá de la relación problemática».Nature 448, 131-133; 2007). El autor comenzó, como si estuviera encima de un minarete (torre de una mezquita), simplemente declarando que la religión del Islam era «intrínsecamente racional». Entonces procedió a sostener, en medio de una altamente idiosincrásica lectura de historia y teología, que la convulsión actual de esta religión racional en las profundidades violentas de la sin-razón se puede atribuir completamente a la herencia del colonialismo. Después de una cierta negociación, Nature también acordó publicar una breve respuesta mía. Lo que los lectores de mi carta al editor no podían saber, sin embargo, era que fue publicada solamente después de que oraciones, perfectamente basadas en hechos, juzgadas ofensivas al Islam fueron expurgadas. Entendí las preocupaciones de los redactores en ese entonces: no sólo tienen las leyes de difamación británica de la cual preocuparse, sino que médicos e ingenieros musulmanes en el Reino Unido acababan de revelar una tendencia hacia los atentados suicidas. Estuve agradecido de que Nature publicara mi carta.

En un estremecedoramente irónico giro de acontecimientos, una versión más corta del mismo ensayo que usted ahora está leyendo fue encargada originalmente por la página de opinión delWashington Post y después rechazada porque fue juzgada demasiado crítica al Islam. Por favor notar que este ensayo era destinado a la página de la opinión del periódico, el cual había solicitado mi respuesta a la controversia sobre la película de Wilders. La ironía de su rechazamiento parecía enteramente perdida en el Post, el cual respondió a mi subsiguiente expresión de asombro ofreciendo pagarme un «honorario de compensación». Lo rechacé.

Podría enumerar, al igual que muchos escritores, otros ejemplos de encuentros con redactores y editores, todos ilustrando un solo hecho: Mientras sigue siendo tabú el criticar la fe religiosa en general, se considera especialmente imprudente criticar al Islam. Solamente los musulmanes persiguen y buscan y asesinan a sus apóstatas, infieles y críticos en el siglo XXI. Hay, con seguridad, razones por las que esto ocurre. Algunas de estas razones tienen que ver con accidentes de historia y geopolítica, pero otras se pueden remontar directamente a las doctrinas que santifican la violencia que son únicas en el Islam.

Un punto de la comparación: La controversia sobre Fitna fue seguida inmediatamente por una extendida cobertura de los medios sobre un escándalo que implicaba a la Fundamentalista Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (FSUD). En Texas, la policía intervino en un complejo de FSUD y tomó a centenares de mujeres y muchachas menores de edad en custodia para protegerlas de las continuadas, sacramentales agresiones de sus miembros. Mientras que el Mormonismo predominante es ahora considerado como una de las religiones importantes en los Estados Unidos, su rama fundamentalista, con su adhesión a la poligamia, abuso conyugal, unión forzada, niñas novias (y, por lo tanto, violación de menores) se retrata a menudo en la prensa como un culto depravado. Pero uno podría discutir fácilmente que el Islam, considerado tanto en general como en relación a sus casos más negativos, es mucho más despreciable que el Mormonismo fundamentalista. El mundo musulmán puede emparejar al FSUD pecado por pecado –los musulmanes practican comúnmente la poligamia, matrimonios forzados (a menudo entre muchachas menores de edad y hombres mayores), y violencia conyugal— pero agreguen a estas indiscreciones los incomparables males de las matanzas por honor, la «circuncisión femenina», el amplio apoyo al terrorismo, una fascinación pornográfica con videos que muestran matanzas de infieles y apóstatas, una vibrante forma de anti-semitismo que es explícitamente genocida en sus aspiraciones, y una habilidad para producir libros y programas de televisión para niños en los que se glorifican atentados suicidas y se representa a judíos como «monos y cerdos».

Cualquier comparación honesta entre estas dos fes revela un extraño doble criterio en nuestro tratamiento de la religión. Podemos celebrar abiertamente la marginalización de los hombres de FSUD y el rescate de sus mujeres y niños. Pero, dejando a un lado la imposibilidad práctica y política de hacerlo, ¿podríamos incluso permitirnos contemplar la liberación de mujeres y niños del Islam tradicional?

Musulman_vs_Fitna

Musulman_vs_Fitna

¿Qué hay de todos los musulmanes civiles, amantes de la libertad, moderados que están tan horrorizados ante la intolerancia musulmana como yo? No hay duda que millones de hombres y mujeres encajan en esta descripción, pero elocuentes moderados son muy difíciles de encontrar. Dondequiera que el «Islam moderado» se anuncie, uno descubre a menudo un Islamismo franco que está al acecho apenas uno o dos eufemismos debajo de la superficie. La evasiva es ofrecida al público en general por la corrección política, el optimismo a ultranza, y el «sentimiento de culpa blanco». Aquí es donde encontramos a gente siniestra presentándose con éxito como «moderados» –gente como Tariq Ramadan quien, frecuentado por europeos liberales como el epitome del Islam cosmopolita, no puede llegar a condenar realmente las matanzas por honor de manera contundente (él recomienda que la práctica sea suspendida, hasta que finalice un estudio pendiente). Moderación también se atribuye a los grupos como el Consejo sobre las Relaciones Americano-Islámicas (CAIR), una firma islámica de relaciones públicas que se presenta como lobby de los derechos civiles.

Incluso cuando uno encuentra una voz verdadera de moderación musulmana, a menudo aparece caracterizada por una preponderante carencia de honestidad. Por ejemplo alguien como Reza Aslan, autor de Ningún Dios, excepto Dios: debatí con Aslan para Book TV sobre el tema general de la religión y la modernidad. Durante el curso de nuestra discusión, dije algunas palabras muy duras sobre la Sociedad de los Hermanos Musulmanes. Mientras admitía que hay una diferencia entre esta fraternidad y una verdadera organización jihadista como Al Qaeda, dije que su ideología estaba «bastante cercana» como para preocuparnos. Aslan respondió con un grandioso argumento ad hominem diciendo, «eso indica la profunda simpleza con la que Ud. ve a esta región. Usted no podría estar más equivocado» y afirmando que mi opinión sobre el Islam la había tomado de Fox News. Tales maniobras, viniendo de un iraní erudito sobre el Islam, acarrea el peso de autoridad, especialmente ante una audiencia que está desesperada por creer que la amenaza del Islam ha sido toscamente exagerada. El problema, sin embargo, es que el credo de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes realmente es «Alá es nuestro objetivo. El profeta es nuestro líder. El Corán es nuestra ley. Jihad es nuestra vía. Morir por Alá es nuestra más alta esperanza».

La conexión entre la doctrina del Islam y la violencia islámica simplemente no está abierta al debate. No es que los críticos de la religión como yo especulemos que tal conexión pueda existir: el punto es que los propios islamistas reconocen y demuestran esta conexión en cada oportunidad y negarlo es recluirse en un mundo de fantasía de cortesía política y defensas religiosas. Muchos eruditos occidentales, como la muy admirada Karen Armstrong, parecen estar justamente en ese punto. Todo su discurso acerca de cuan benigno «realmente» es el Islam y de cómo el problema del fundamentalismo existe en todas las religiones, sólo ofusca lo que podría ser el más urgente tema de nuestro tiempo: el Islam, tal como es entendido y practicado actualmente por un extenso número de musulmanes en el mundo, es antitético a la sociedad civil. Una encuesta reciente demostró que treinta y seis por ciento de los musulmanes británicos (edades 16-24) creen que una persona debería ser ejecutada por abandonar la fe. Sesenta y ocho por ciento de musulmanes británicos sienten que vecinos que insulten al Islam deberían ser arrestados y ser procesados, y setenta y ocho por ciento piensan que los dibujantes daneses debieron ser llevados a los tribunales. Y éstos son musulmanes británicos.

De vez en cuando, sin embargo, una voz solitaria se puede oír reconociendo lo que es innegable. Hassan Butt escribió en el Guardian:

Cuando era todavía miembro de lo que es probablemente mejor conocido como la Red Británica de Jihad, una serie de grupos terroristas musulmanes británicos semi-autónomos unidos por una sola ideología, recuerdo cómo reíamos siempre que la gente en la TV proclamaba que la única causa de los actos islámicos terroristas como el 9/11 y los bombardeos de Madrid y Londres era la política extranjera occidental. Al culpar al gobierno por nuestras acciones, hicieron nuestro trabajo de propaganda por nosotros. Más importante, también ayudaron a evitar cualquier investigación crítica del verdadero motor de nuestra violencia: la teología islámica.

Es asombroso cuan poco frecuente se oye tal honestidad entre las voces públicas del Islam «moderado». Esto es lo que le debemos a los verdaderos moderados del mundo musulmán: debemos considerar a sus co-religiosos con los mismos estándares de civismo y sensatez que suponemos en el resto de la gente. Solamente nuestra voluntad de criticar abiertamente al Islam en sus demasiado obvios defectos hará que sea seguro para los musulmanes moderados, los seculares, los apóstatas –y, de hecho, las mujeres– levantarse y reformar su fe.

Y si a alguien en esta discusión se le puede acusar de racismo, es a los defensores occidentales y «multiculturalistas» quienes juzgan a árabes y musulmanes demasiado inmaduros para cargar con las responsabilidades del discurso civil. Como Ayaan Hirsi Ali ha precisado, hay una forma calamitosa de «acción afirmativa» en el trabajo, especialmente en Europa occidental, en donde eximen a inmigrantes musulmanes sistemáticamente de estándares occidentales de orden moral en nombre del «respeto» a las garrafales patologías en su cultura. Hirsi Ali también ha observado que hay un cuasi-racista, doble-moral pensamiento que se muestra siempre que potencias occidentales pregonan que «el Islam es paz», al mismo tiempo que toman medidas heroicas para protegerse de la próxima vez en que los bárbaros enloquezcan en respuesta a una película, historieta, ópera, novela, desfile de belleza –o el mero nombramiento de un oso de peluche.

¿Ha visto Ud. las caricaturas danesas que tanto irritaron al mundo musulmán? Probablemente no, ya que su publicación fue suprimida por casi cada periódico, revista, y estación de televisión en los Estados Unidos. Dada su candente recepción –centenares de millares de musulmanes furiosos, centenares de personas asesinadas– su simple banalidad debe haber dado a estos dibujos una extraordinaria notabilidad. Una revista que sí los imprimió, Free Inquiry, (para la cual estoy orgulloso de haber escrito), tuvo sus ejemplares prohibidos en todas las librerías del país. Ésta es precisamente la clase de capitulaciones que debemos evitar en el futuro.

La lección que debemos obtener de la controversia sobre Fitna es que necesitamos más crítica del Islam, no menos. Dejemos que haya en tales cantidades que ni siquiera el más fanático islamista pueda concebir el contenerlo. Como Ibn Warraq, autor del inspirado Porqué no soy musulmán, dijo en respuesta a eventos recientes:

Es perverso que los medios occidentales lamenten la carencia de una reforma islámica y obstinadamente ignoren trabajos como la película de Wilders, Fitna.¿Cómo piensan que habrá reforma si no es con crítica? No existe tal cosa como el «derecho a no ser ofendido»; de hecho, yo estoy profundamente ofendido por el contenido del Corán, con su odio abierto hacia cristianos, judíos, apóstatas, no-creyentes y homosexuales, pero no puedo exigir su supresión.

Credo Ateo

Por: PZ Myers

Del blog Pharyngula, traducido por Ricardo Montanía

El Blog Pharyngula está descripto por su autor como “Evolución, desarrollo y eyaculaciones biológicas aleatorias de un ateo liberal”. 

Ateismo

Una de las razones por las cuales los ateos debemos ser enérgicos y firmes es que flotamos solos en un vasto mar de ignorancia.
El caso que nos ocupa es el de un artista que obviamente nunca conoció a un ateo
He aquí su descripción de la pintura de la derecha;

Estoy expresando mis sentimientos hacia la idea misma del Ateísmo. Casi tengo pena por aquellos que tienen tales creencias. No estoy diciendo que éstas sean erradas o correctas. Sólo digo que lo que creen es más deprimente que cualquier otra posibilidad.Así hice esta simple pintura, para expresar mis sentimientos por alguien que cree en nada.
Aquí vemos a una persona sentada en una habitación vacía, sin puertas ni ventanas. Lo que es más problemático es el hecho de que ésta persona desea estar ahí y no quiere abandonar su silla. Sólo, rechazado, y perdido en los recovecos del tiempo, sin nada a lo cual aferrarse o sostener como un símbolo de su propia identidad. Aquellos que buscan la nada como un premio deberían captar esto.
No creo que los ateos siquiera crean en el amor, lo que es la parte más triste.Si esta pintura lo ofende, recuerde que no está dirigida a usted. Incluso si es un ateo.

¿Los ateos no creen en el amor? ¿De dónde proviene este sinsentido?
Este tipo es un idiota que se sienta en solitario imaginando qué es lo que los ateos piensan y realiza su ridícula pintura basado en la idea que los ateos son solitarios nihilistas que no creen en nada. Conozco a muchos ateos y no, su descripción no es exacta
La pintura no me ofende, Solamente me enferma la petulante ignorancia de su creador. Se han hecho muchos comentarios, todos ellos han sido escondidos por el anfitrión….. lo cual nos dice quien ha tenido sus ojos fuertemente cerrados en este debate. Pienso que el autor necesita retitular su pintura como “Autorretrato”.
Este ateo, simplemente cree en todo lo que Es (lo cual es mucho) y no cree en lo que No Es ( cuya negación parece representar para algunos teístas una completa negación del universo…lo cual nos dice más acerca de sus elusivas mentalidades que de las nuestras).
Dado que el artista no entiende que creemos en algo (incluido el amor), aquí hay un corto y simple credo para los sindioses.

Un credo ateo

Creo en el tiempo,
la materia y la energía,
las cuales constituyen el mundo entero.

Creo en la razón, la evidencia y la mente humana,
las únicas herramientas que tenemos.
Ellas son el producto de fuerzas naturales
en un majestuoso pero impersonal universo
mayor y más rico que lo que podamos imaginar,
una fuente de interminables oportunidades de descubrimiento.

Creo en el poder de la duda.
No pido seguridades tranquilizadoras,
sino abarcar las preguntas
y poder enfrentar mis propias creencias.

Acepto la mortalidad humana.

Tenemos una sola vida;
breve y llena de conflictos,
con chispas de amor y comunión,
comprensión y exploración,
de belleza y creación de nueva vida,
de nuevo arte y nuevas ideas.

Me regocijo en esta vida que tengo
y en la grandeza del mundo que me ha precedido
y en una tierra que  persistirá después de mí.

 

 

Embaucados por las fantasías de las hadas

Por: Richard Dawkins

 Extraído de “Destejiendo el Arcoíris”

La credulidad es la debilidad del hombre, pero es la fuerza del niño.
Charles Lamb, Essays of Elia [Ensayos de Elia] (1823)

Tenemos apetito de maravillas, un apetito poético que la auténtica ciencia debiera alimentar, pero que está siendo secuestrado, con frecuencia por el afán de lucro, por los proveedores de la superstición, lo paranormal y la astrología.
Frases resonantes del estilo de «la cuarta casa de la era de Acuario», o «Neptuno retrocedió y se desplazó a Sagitario» excitan falsas ideas románticas que, para los ingenuos e impresionables, son apenas distinguibles de la auténtica poesía científica, de la que son buenas muestras frases como,
«El universo es generoso más allá de lo imaginable», de Sombras de antepasados olvidados, de Carl Sagan y Ann Druyan (1992) o, del mismo libro (después de describir de qué manera el sistema solar se condensó a partir de un disco en rotación),«El disco se agita repleto de posibles futuros».
En otro libro, Carl Sagan señalaba:
¿Cómo es que apenas ninguna de las principales religiones ha considerado la ciencia y ha llegado a la siguiente conclusión: «¡Esto es mejor de lo que pensábamos! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más elegante»? En vez de eso dicen: «¡No, no, no! Mi dios es un dios pequeño, y quiero que siga siéndolo». Una religión, vieja o nueva, que resaltara la magnificencia del universo tal como la revela la ciencia moderna podría ser capaz de movilizar reservas de reverencia y admiración que las confesiones convencionales apenas han explotado.
                                                            Un punto azul pálido (1995)

La decadencia de las religiones occidentales tradicionales ha creado un vacío que parece estar siendo ocupado no por la ciencia, con su visión más clarividente y grandiosa del cosmos, sino por lo paranormal y la astrología. Cabía esperar que, a finales del siglo xx, el más fecundo de todos desde el punto de vista científico, la ciencia se hubiera incorporado a nuestra cultura y nuestro sentido estético se hubiera ampliado para ir al encuentro de su poesía.
Sin revivir el pesimismo de C.P. Snow en los años cincuenta, veo con disgusto que, a las puertas del fin de siglo, estas esperanzas no se han materializado. Los libros de astrología se venden más que los de astronomía. La televisión allana el camino a magos de segunda categoría que se hacen pasar por médiums y clarividentes. Este capítulo intenta explicar la superstición y la credulidad, así como la facilidad con que pueden explotarse. A continuación,el capítulo 7 aboga por el simple pensamiento estadístico como antídoto para la enfermedad paranormal.
Empecemos por la astrología.
El 27 de diciembre de 1997, uno de los periódicos británicos de mayor circulación, el Daily Mail, dedicaba su principal noticia de portada a la astrología, con el siguiente titular a toda plana: «1998: El alba de Acuario».
Uno casi se siente agradecido cuando el artículo prosigue admitiendo que el cometa Hale Bopp no fue la causa directa de la muerte de la princesa Diana. El astrólogo del periódico, muy bien pagado por cierto, nos dice que «el poderoso y lento Neptuno» está a punto de unir sus «fuerzas» con el igualmente poderoso Urano a medida que se desplaza hacia Acuario. Esto tendrá consecuencias espectaculares:… el Sol se elevará. Y el cometa ha venido a recordarnos que este Sol no es un sol físico, sino un sol espiritual, psíquico, interior. Por lo tanto, no tiene por qué obedecer a la ley de la gravedad. Puede elevarse sobre el horizonte de forma más célere si suficiente gente se levanta para darle la bienvenida y animarlo. Y puede disipar la oscuridad en el momento en que aparece.
¿Cómo puede la gente encontrar atractivas estas simplezas, especialmentecuando se las compara con el universo real revelado por la astronomía?
En una noche sin luna, cuando «las estrellas parecen muy frías en el cielo», y las únicas nubes visibles son las manchas relucientes de la Vía Láctea, vayámonos a un lugar alejado de la contaminación lumínica de las calles, tendámonos sobre la hierba y contemplemos el cielo. Superficialmente se aprecian constelaciones, pero la pauta de una constelación apenas tiene más significado que una mancha de humedad en el techo del cuarto de baño. Adviértase, en consecuencia, el escaso contenido de frases como «Neptuno se desplaza hacia Acuario». Acuarioes un conjunto heterogéneo de estrellas, todas ellas a distancias variables de nosotros y desconectadas entre sí, excepción hecha de que constituyen un dibujo (sin sentido) cuando se las contempla desde cierto lugar (no particularmente especial) de la galaxia (aquí).
Una constelación no es una entidad en absoluto y, por lo tanto, no es la clase de cosa hacia la que Neptuno, o lo que sea, puede decirse con propiedad que «se desplaza».Además, el trazado de una constelación es efímero. Hace un millón de años, nuestros antepasados Homo erectas miraban con curiosidad durante la noche (entonces no había contaminación lumínica, a menos que procediera de la brillante innovación de aquella especie, el fuego de campamento) a un conjunto de constelaciones muy distintas. Dentro de un millón de años, nuestros descendientes verán otras formas en el cielo, y ya sabemos exactamente qué aspecto tendrán.
Este es el tipo de predicción detallada que los astrónomos, pero no los astrólogos, pueden hacer. Y, a diferencia de las predicciones astrológicas, será correcta.Debido a la velocidad finita de la luz, cuando miramos la nebulosa de Andrómeda la estamos viendo tal como era hace 2,3 millones de años, cuando Australopithecus cazaba al acecho en pleno veldt, la antigua sabana del África austral. Estamos mirando al pasado. Si desplazamos nuestros ojos unos pocos grados para contemplar la estrella brillante más cercana de la constelación de Andrómeda, Mirach, la estaremos viendo tal como era cuando quebró Wall Street. El Sol está a sólo ocho minutos en el pasado. Pero si apuntamos un gran telescopio a la galaxia del Sombrero estaremos contemplando un billón de soles tal como eran cuando nuestros antepasados rabudos atisbaban tímidamentea través del dosel arbóreo y la India colisionaba con Asia creando la cordillera del Himalaya. Una colisión a mayor escala entre dos galaxias en el Quinteto de Stephan se nos muestra tal como era en una época en la que en la Tierra alboreaban los dinosaurios y los trilobites acababan de desaparecer.
Nómbrese cualquier acontecimiento histórico y encontraremos una estrella cuya luz nos proporcione un vislumbre de algo que ocurrió durante aquel año. A menos que uno sea un niño muy pequeño, en algún lugar del cielo nocturno uno puede encontrar su estrella natal personal. Su luz es un resplandor termonuclear que proclama el año de nuestro nacimiento. En realidad, podemos encontrar unas cuantas de tales estrellas(unas 40 si uno tiene 40 años; unas 70 si uno tiene 50; unas 175 si uno tiene 80 años de edad). Cuando observamos una de las estrellas de nuestro año de nacimiento, nuestro telescopio es una máquina del tiempo que nos permite contemplar acontecimientos termonucleares que tuvieron lugar en el año en que nacimos. Una fatuidad agradable, pero eso es todo. Nuestra estrella de nacimiento no se dignará decirnos nada acerca de nuestra personalidad, nuestro futuro o nuestras compatibilidades sexuales.
Las estrellas tienen órdenes del día mayores, en los que no figuran las insignificantes preocupaciones humanas.Obviamente, nuestra estrella de nacimiento sólo es nuestra durante este año. El año próximo deberemos mirar hacia la superficie de una esfera mayor situada a un año luz más de distancia. Piénsese en esta esfera en expansión como un radio de buenas noticias, la noticia de nuestro nacimiento que se emite constantemente hacia el exterior. En el universo einsteniano en el que la mayoría de científicos cree hoy que vivimos, no hay nada en principio que pueda viajar más deprisa que la luz. De modo que, si el lector tiene 50 años de edad, dispone de una burbuja personal de noticias con un radio de 50 años luz. Dentro de esta esfera (que contiene algo más de mil estrellas) es en principio posible(aunque evidentemente no en la práctica) que se hayan infiltrado las noticias de su existencia. Fuera de esta esfera el lector no existe en un sentido einsteniano. Las personas mayores tienen esferas de existenciamás grandes que las más jóvenes, pero no hay nadie cuya existencia se extienda más allá de una minúscula fracción del universo.
El nacimiento de Jesucristo nos puede parecer un acontecimiento antiguo y trascendental, ahora que llegamos a su segundo milenario. Pero la noticia es tan reciente a esta escala que, incluso en las circunstancias más ideales, en principio sólo podría haber sido proclamada a menos de la mitad de una cienbillonésima de las estrellas del universo.
Muchas de las estrellas que vemos, si no todas, estarán orbitadas por planetas.La cifra es tan enorme que es probable que muchos de ellos alberguenformas de vida, algunas de las cuales habrán desarrollado inteligencia y tecnología. Pero las distancias y los tiempos que nos separan son tan grandes que miles de formas de vida podrían evolucionar de manera independiente y extinguirse sin que fuera posible para ninguna de ellas saber de la existencia de ninguna otra.Para calcular el número de estrellas natales he supuesto que la separación media entre estrellas es de unos 7,6 años luz de distancia. Esto es aproximadamente lo que ocurre en nuestra región local de la Vía Láctea.Parece una densidad asombrosamente baja (unos 440 años luz cúbicos por estrella), pero en realidad es alta en comparación con la densidad de estrellas en el universo en su conjunto, donde el espacio entre galaxias está vacío. Isaac Asimov tiene una ilustración espectacular: es como si toda la materia del universo fuera un único grano de arena situado en el centro de una habitación vacía de 35 kilómetros de longitud, 35 de anchura y 35 de altura. Pero, al mismo tiempo, es como si este único grano de arena estuviera pulverizado en mil millones de millones de millones de fragmentos, porque éste es aproximadamente el número de estrellas que hay en el universo.
Éstos son algunos de los datos desapasionadosde la astronomía, y puede verse que son hermosos.La astrología, en comparación, es un insulto estético. Sus escarceos precopernicanos degradan y rebajan la astronomía, como cuando se utilizaa Beethoven para estribillos comerciales. También es una afrenta para la ciencia de la psicología y para la riqueza de la personalidad humana.Estoy hablando de la manera frivola y potencialmente perjudicial que tienen los astrólogos de dividir a las personas en 12 categorías. Los escorpio son tipos alegres y comunicativos, mientras que los leo, con sus personalidades metódicas, compaginan bien con los libra (o lo que quiera que sea). Mi mujer, Lalla Ward, recuerda una ocasión en la que una joven actriz norteamericana se acercó al director de la película en la que ambas trabajaban y le espetó: «¡Caramba!, señor Preminger, ¿de qué signo es usted?», para recibir el siguiente desaire inmortal, en un fuerte acento austríaco: «Soy del signo “no molestar-“».’

1. En inglés, sign admite varios significados, entre ellos «signo» (del zodíaco, en este caso) y «letrero o rótulo» (como el que se coloca en la puerta de la habitación de un hotel, en el ejemplo). (N. del T.)

La personalidad es un fenómeno real, y los psicólogos han desarrollado con cierto éxito modelos matemáticos para manejar su variación en muchas dimensiones. El número inicialmente grande de dimensiones puede reducirse matemáticamente, con una pérdida medible de poder predictivo. Este número menor de dimensiones derivadas corresponde a veces a las dimensiones que intuitivamente pensamos que reconocemos (agresividad, obstinación, afectuosidad, etcétera).
Resumir la personalidad de un individuo como un punto en un espacio multidimensional es una aproximación útil cuyas limitaciones pueden establecerse. Hay una gran diferencia entre esto y cualquier categoriza-ción mutuamente exclusiva, y más todavía la ridicula ficción de los 12 cubos de basura de la astrología de los periódicos. Se basa en datos genuinamente relevantes acerca de las personas, no en sus fechas de nacimiento. La escala multidimensional del psicólogo puede ser útil para decidir si una persona es adecuada para una determinada carrera, o si los miembros de una pareja de prometidos lo son el uno para el otro. Las 12 casillas del astrólogo son, en el mejor de los casos, una distracción costosa e irrelevante.Además, contrastan extrañamente con nuestros fuertes tabúes y leyes actuales contra la discriminación. Se inculca a los lectores de periódicos a verse a sí mismos, y a sus amigos y colegas, como escorpio o libra, o cualquier otro de los 12 «signos» míticos. Si se piensa en ello un momento, ¿no se trata de una forma de etiquetaje discriminador como los estereotipos culturales que muchos de nosotros encontramos hoy censurables?

Puedo imaginar una pieza corta de los Monty Python en la que un periódico publica una columna diaria con algo así:
Alemanes: Forma parte de tu naturaleza ser trabajador y metódico, lo que hoy te será útil en tu trabajo. En tus relaciones personales, en especialesta noche, tendrás que refrenar tu tendencia natural a obedecer órdenes.
Españoles: Tu caliente sangre latina puede conseguir lo mejor de ti, de modo que guárdate de hacer algo que puedas lamentar. Y mantente apartado del ajo a la hora de comer si tienes aspiraciones románticas para la noche.
Chinos: La inescrutabilidad tiene muchas ventajas, pero hoy puede ser tu ruina…
Ingleses: Tu obstinación puede servirte bien en los tratos comerciales, pero intenta relajarte y dejarte ir en tu vida social.
Y así sucesivamente a lo largo de 12 estereotipos nacionales. Sin duda las columnas de astrología son menos ofensivas, pero debemos preguntarnos dónde residen exactamente las diferencias. Ambas son culpables de discriminación fácil, al dividir a los seres humanos en grupos mutuamente excluyentes sin ninguna base. Aun en el caso de que hubiera indicios de algunos leves efectos estadísticos, ambos tipos de discriminación alientan el trato prejuicioso a las personas, al considerarlas como tipos y no como individuos. Ya se pueden ver anuncios en las columnas de corazones solitarios que incluyen frases tales como «Escorpios abstenerse» o «No hace falta que los tauro escriban». Desde luego, esto no es tan malo como los infames carteles que pregonaban«Negros no» o «Irlandeses no», porque el prejuicio astrológico no se ejerce de manera consistente sobre algunos signos zodiacales más que otros, pero el principio de creación y discriminación de estereotipos(en oposición a aceptar a las personas como individuos) persiste.
Puede que incluso haya tristes consecuencias humanas. El objetivo básico de anunciarse en las columnas de contactos es aumentar la superficiede captación de compañeros sexuales (y es cierto que el círculode los compañeros de trabajo y los amigos de los amigos suele ser escaso y necesita enriquecerse). A las personas solitarias, cuya vida podría verse transformada por una amistad compatible y largo tiempo deseada, se las anima a desechar, de manera injustificable y sin sentido, hasta once doceavas partes de la población disponible. Hay personas vulnerables ahí fuera, y debieran ser dignas de compasión, no objetode engaño deliberado.
Según una anécdota apócrifa, hace algunos años un ganapán de un periódico que, tras sacar la pajita más corta, tuvo que redactar los consejos astrológicos del día, alivió su aburrimiento escribiendo bajo un signo zodiacal las siguientes líneas siniestras: «Todas las penas del año pasado son nimiedades en comparación con las que hoy caerán sobreti». Fue despedido después de que la centralita del periódico quedara bloqueada por las llamadas de lectores presa del pánico, testimonio patéticode la candida confianza que la gente puede depositar en la astro-logia.
Además de la legislación contra la discriminación, tenemos leyes destinadas a protegernos de los fabricantes que hacen falsas afirmaciones acerca de sus productos. La ley no se invoca en defensa de la simple verdad acerca del mundo natural. Si así fuera, los astrólogos proporcionarían el mejor caso de prueba que pueda desearse. Afirman que pueden predecir el futuro y adivinar las flaquezas personales, y son pagados por ello, así como por su asesoramiento profesional a individuos en ocasión de decisiones importantes. Un fabricante de productos farmacéuticos que pusiera en el mercado una pildora anticonceptiva que no tuviera el menor efecto demostrable sobre la fertilidad sería procesado de acuerdo con la leyes de comercio y demandado por las dientas que quedaran embarazadas. De nuevo, aunque parezca una reacción excesiva, realmente no puedo entender por qué los astrólogos profesionales no son arrestados por fraude e incitación a la discriminación.
El Daily Telegraph del 18 de noviembre de 1997 informaba de que un supuesto exorcista, que había persuadido a una crédula joven para que tuviera relaciones sexuales con él so pretexto de expulsar espíritus malignos del cuerpo de la chica, había sido encarcelado para cumplir 18 meses de condena.
El hombre había enseñado a la joven algunos libros de quiromancia y magia, y después le dijo que estaba «aojada: alguien le había echado mala suerte». Con el fin de exorcizarla, le explicó,tenía que ungirla completamente con aceites especiales. Ella consintió en quitarse toda la ropa con este propósito. Finalmente, la convenció de que debía copular con él «para liberarla de los espíritus». Ahora bien, me parece que la sociedad no debería practicar este doble juego. Si es correcto encarcelar a este hombre por aprovecharse de una joven crédula (mayor de edad), ¿por qué no enjuiciamos de la misma manera a los astrólogos que aceptan dinero de personas igualmente crédulas, o a los adivinadores «psíquicos» que timan a compañías petroleras para que paguen, con el dinero de los accionistas, caras «consultas» sobre dónde perforar?
Por el contrario, si se afirma que los necios deberían ser libres de dar su dinero a un charlatán si así lo desean, ¿por qué razón el «exorcista» sexual no podría aducir una defensa parecida, invocando la libertad de la joven de ofrecer su cuerpo en aras de una ceremonia ritual en la cual tenía una fe genuina en aquel momento?
No existe mecanismo físico conocido por el que la posición de cuerpos celestes distantes en el momento de nuestro nacimiento pueda ejercer influencia causal alguna sobre nuestra naturaleza o nuestro destino.Esto no descarta la posibilidad de alguna influencia física desconocida.Pero sólo tenemos que preocuparnos por ella si alguien puede aportar algún indicio de que los movimientos de los planetas contra el telón de fondo de las constelaciones tiene realmente una mínima influencia sobre los asuntos humanos. Ningún indicio de este tipo ha resistido nunca una investigación adecuada. La inmensa mayoría de estudios científicos de la astrología no ha producido ningún resultado positivo.
Unos (muy) pocos estudios han sugerido (débilmente) una correlación estadística entre el «signo» del zodíaco y el carácter. Estos pocos resultados positivos resultaron tener una interesante explicación. Muchas personas son tan versadas en el saber popular de los signos zodiacales que saben qué rasgos se esperan de ellas. Esto hace que tengan cierta tendencia a vivir de acuerdo con estas expectativas… no muy marcada, pero lo bastante para producir los ligerísimos efectos estadísticos observados.Una prueba mínima que cualquier método de diagnóstico o adivinación respetable debería pasar es la defiabilidad. No se trata de ver si el método realmente funciona, sino de confrontar a distintos profesionalescon la misma evidencia (o dos veces al mismo profesional con la misma evidencia) para ver si están de acuerdo. Aunque no creo que la astrología funcione, habría esperado notas altas de fiabilidad en este sentido de coherencia intrínseca. Después de todo, es presumible que los distintos astrólogos tengan acceso a los mismos libros. Incluso si sus veredictos son erróneos, uno podría pensar que sus métodos son lo bastante sistemáticos para, al menos, producir los mismos veredictos erróneos.
Pero, ¡ay!, como ha demostrado un estudio de G. Dean y otros, ni siquiera alcanzan este hito mínimo y fácil. A modo de comparación,cuando diferentes evaluadores juzgaron a personas de acuerdo con entrevistas estructuradas, el coeficiente de correlación fue superior a 0,8 (un coeficiente de correlación de 1,0 representa la concordancia perfecta, uno de -1,0 la disconformidad absoluta, y uno de 0,0 la alea-toriedad completa, o falta de asociación; 0,8 está muy bien). Frente a esto, en el mismo estudio, el coeficiente de fíabilidad para la astrología fue un mísero 0,1, comparable a la cifra para la quiromancia (0,11), lo que indica una aleatoriedad casi total. Por equivocados que estén los astrólogos, uno pensaría que representarían su papel al unísono, al menos para ser consistentes.Parece ser que no es así. Los análisis de la grafología (el análisis de la caligrafía) y de Rorschach (manchas de tinta) no son mucho mejores.El puesto de astrólogo requiere tan poco aprendizaje o experiencia que con frecuencia se adjudica a un periodista novato que disponga de tiempo. El periodista Jan Moir cuenta en el Guardian del 6 de octubre de 1994 que «El primer trabajo que tuve en el periodismo fue redactar horóscopos para un grupo de revistas femeninas. Era el trabajo de despacho que le tocaba hacer siempre a los recién llegados, porque era tan estúpido y fácil que hasta un novato como yo podía hacerlo». También el prestidigitador y racionalista James Randi ocupó en su juventud un puesto de astrólogo en un periódico de Montreal, bajo el seudónimo de Zo-ran. El procedimiento de Randi consistía en hacerse con revistas de astrología viejas, recortar sus previsiones, mezclarlas en un sombrero, pegarlas al azar en los 12 «signos» y después publicarlas como sus propias «predicciones».
Randi describe la conversación que oyó en un café entre una pareja de oficinistas que examinaban ansiosamente la columna de «Zo-ran» en el diario.

Emitían chillidos de gusto al ver su futuro tan bien explicado, y en respuesta a mi pregunta me dijeron que Zo-ran «las había acertado todas» la semana anterior. No revelé mi identidad… La reacción a la columna en el correo también había sido muy interesante, y suficiente para que yo decidiera que muchas personas aceptarán y racionalizarán casi cualquier afirmación hecha por alguien al que creen una autoridad con poderes místicos. En este punto, Zo-ran colgó sus tijeras, apartó el bote de pegamento y dejó el trabajo.
                                                                                               Flim-Flam (1992)

Hay evidencias, a partir de cuestionarios, de que muchas personas que leen diariamente los horóscopos en realidad no creen en ellos. Afirman que los leen sólo como «evasión» (está claro que su gusto en materia de literatura de evasión es diferente del mío). Pero hay un número significativo de personas que realmente cree en ellos y actúa en función de ellos, incluyendo, según informes alarmantes y por lo visto auténticos, a Ronald Reagan durante su mandato como presidente. ¿Por qué debería uno hacer caso de los horóscopos?
En primer lugar, las predicciones, o las reseñas de caracteres, son tan insulsas, vagas y generales que encajan casi con cualquier persona y circunstancia. Por lo general, la gente se limita a leer su propio horóscopo en el periódico. Si se obligara a leer los otros once, seguramente se impresionaría mucho menos por la coincidencia del propio. En segundo lugar, la gente tiende a recordar los aciertos y olvidar los fallos. Si en un horóscopo de un párrafo hay una frase que parece acertar, uno repara en esa frase concreta, mientras que los ojos pasan sin mirar por las frases restantes. Incluso si se da el caso de un pronóstico notoriamente equivocado, es muy probable que se atribuya a una interesanteexcepción o anomalía y no a una indicación de que todo el asunto podría ser una superchería. David Bellamy, popular científico televisivo (y un auténtico héroe del conservacionismo), confesaba a Radio Times (ese órgano antaño respetado de la BBC) que posee la «precaución de Capricornio» con respecto a determinadas cosas, pero que las más de las veces baja la cabeza y carga como una verdadera cabra.¿No es interesante? Esto confirma lo que siempre he dicho: ¡la excepción que confirma la regla! Es de suponer que Bellamy sabía que no es así, y que simplemente seguía la corriente entre personas cultas de considerar la astrología como una diversión inocua. Yo dudo que sea inocua, y me pregunto si la gente que la entiende como diversión se ha divertido realmente alguna vez con ella.«Una mamá da a luz un gatito de 3 kg» es un titular típico de un periódico llamado Sunday Sport que, como su equivalente norteamericanoel National Enquirer (con una circulación de 4 millones de ejemplares), se dedica enteramente a publicar relatos increíbles hasta el absurdocomo si fueran hechos probados. Una vez conocí a una mujer que trabajaba con dedicación exclusiva en la invención de este tipo de relatos para una publicación norteamericana, y me dijo que ella y sus colegas rivalizaban entre sí para ver quién conseguía las historias más ridiculas y extravagantes. Resultó ser una competición vacía, porque no parece haber límite alguno a lo que la gente está dispuesta a creer sólo con que lo vea impreso.
En la página siguiente a la del relato del gatito de 3 kg, el Sunday Sport publicaba un artículo acerca de un mago que no podía soportar las regañinas de su mujer, de modo que la convirtió en un conejo. Además de complacerse en el estereotipo pre-juicioso de la esposa molesta, el mismo ejemplar del periódico añadía un aderezo xenófobo a sus fantasías: «Griego loco convierte a un muchacho en kebab». Otras noticias muy queridas de estos periódicos incluyen «Marilyn Monroe vuelve en forma de lechuga» (completada con una fotografía de la malograda diosa de la pantalla coloreada en verde dentro del cogollo de una hortaliza fresca), y «Hallada una estatua de Elvis en Marte».Las visiones de un Elvis Presley resucitado son numerosas.
El culto a Elvis, con sus uñas de los dedos de los pies y otras reliquias guardadas como tesoros, sus iconos y sus peregrinajes, lleva camino de convertirse en una nueva religión con todas las de la ley, pero no deberá dormirse en sus laureles si no quiere que el culto a la princesa Diana, más reciente, le tome la delantera. Las multitudes que hacían cola para firmar en el libro de condolencia después de su muerte en 1997 informaron a los periodistas de que se podía ver claramente su cara a través de una ventana, mirando desde un viejo retrato que colgaba de una pared. Como en el caso del Ángel de Mons, que se aparecía a los soldados durante los días más oscuros de la primera guerra mundial, numerosos testigos presenciales «vieron» el espectro de Diana, y la noticia se extendió como un reguero de pólvora entre las multitudes enfervorizadas por la prensa sensacionalista.
La televisión es un medio de comunicación aún más poderoso que la prensa, y estamos en las garras de lo que casi es una epidemia de propaganda paranormal en la televisión. En uno de los ejemplos más notorios de los últimos años en Gran Bretaña, un curandero aseguraba ser el receptáculo del alma de un médico muerto hacía 2000 años, llamadoPablo de Judea. Sin un solo murmullo de indagación crítica, la BBC dedicó todo un programa de media hora a promover esta fantasía como si fuera cierta. Posteriormente tuve un enfrentamiento con el editor delegado de este programa, en un debate público bajo el lema «Venderse a lo sobrenatural», en el Festival de Televisión de Edimburgode 1996. La principal defensa del editor era que el hombre estaba haciendo una buena labor curando a sus pacientes. Parecía creer verdaderamente que esto era todo lo que importaba. ¿Qué importa si realmente tiene lugar la reencarnación, mientras el curandero pueda ofrecer algún consuelo a sus pacientes? Para mí, la respuesta contundente llegó en un informe de prensa que la BBC repartió para acompañar el espectáculo. Entre la lista de personas a quienes se agradecía su asesoramiento por la supervisión de los contenidos estaba nada menos que… ¡Pablo de Judea! Una cosa es que a la gente se le muestren en sus pantallas las creencias excéntricas de un individuo psicótico o fraudulento.Quizá esto sea evasión, incluso comedia, aunque lo encuentro tan criticable como reírse ante un espectáculo de feria en el que se exhiben personas monstruosas, o como la última moda estadounidense de montar violentas trifulcas maritales en la televisión. Pero otra cosa muy distinta es que la BBC malverse el peso de una reputación conseguida a lo largo de muchos años dando a entender que acepta literalmente la fantasía en el anuncio de la farsa.Una fórmula barata pero efectiva de la televisión paranormal es emplear magos ordinarios, pero decir repetidamente a la audiencia que lo que está viendo es genuinamente sobrenatural. En una exhibición suplementaria de desprecio cínico para el coeficiente de inteligencia del espectador, estas actuaciones están sujetas a menos control y precauciónde lo que lo estarían normalmente en la actuación de un mago. Los prestidigitadores bona fide realizan al menos los movimientos oportunos para demostrar que no guardan nada bajo la manga, que no hay alambres bajo la mesa. Cuando un artista se anuncia como «para-normal», se le dispensa incluso de esta dificultad rutinaria.

Permítaseme describir un ejemplo real, un acto de telepatía, de la reciente serie televisiva de Carlton Beyond Belief [Más allá de lo creíble],producida y presentada por David Frost, una veterana personalidad de la televisión británica a quien algún gobierno consideró digno del título de caballero, y cuyo peso tiene su influencia en los televidentes.Los ejecutantes eran un equipo de padre e hijo venidos de Israel. El hijo, con los ojos tapados, podía ver «a través de los ojos de su padre». Se hizo funcionar un generador de números aleatorios, y salió un número. El padre lo miró fijamente, abriendo y cerrando los puños por la tensión, y preguntó a su hijo con un grito sofocado si podía hacerlo. «Sí, creo que sí», profirió el hijo. Naturalmente, adivinó el número. Rabioso aplauso. ¡Qué asombroso! Y no olviden, señores telespectadores, que esto es TV en directo, y que se trata de hechos objetivos, no ficción como en Expediente X.Lo que hemos presenciado no es más que un truco de magia familiar,bastante mediocre, favorito en los teatros de variedades y que se remonta al menos a un tal signor Pinetti, en 1784. Existen muchos códigos sencillos mediante los que el padre podía haber transmitido un número a su bien entrenado hijo. El número de palabras en su grito aparentemente inocente de «¿Puedes hacerlo, hijo?» es una posibilidad.En lugar de poner los ojos en blanco de asombro, David Frost podíahaber intentado el sencillo experimento de amordazar al padre al tiempo que vendaba los ojos del hijo. La única diferencia en relación a un espectáculo de magia ordinario es que una cadena de televisión respetablelo ha calificado de «paranormal».
La mayoría de nosotros desconocemos cómo hacen sus trucos los magos. A veces me dejan atónito. No comprendo cómo extraen conejos de sombreros o sierran cajas por la mitad sin dañar a la dama que está dentro. Pero todos sabemos que existe una explicación perfectamente lógica que el mago podría revelarnos si quisiera, cosa que, de manera harto comprensible, no hace. ¿Por qué, entonces, cuando el mismo truco ostenta la etiqueta de «paranormal» que le otorga una cadena de televisión, consideramos que se trata de un milagro genuino?
Después están aquellos actuantes que parecen «sentir» que alguien de la audiencia tenía un ser amado cuyo nombre empezaba por M, poseía un pequinés y murió de algo que tenía que ver con el pecho: «clarividentes» y «médiums» con un conocimiento que aparentemente «no pueden haber obtenido por ningún medio normal». No dispongo de espacio para entrar en detalles, pero el truco, conocido como «lectura en frío», es bien conocido por los magos. Se trata de una sutil combinación de saber lo que es corriente (muchas personas mueren de fallo cardíaco o cáncer de pulmón) y de ir pescando pistas (la gente descubre involuntariamente las cartas cuando la cosa se va calentando) ayudado por la propensión de la audiencia a recordar los aciertos y olvidar los fallos. Los lectores en frío suelen utilizar soplones que escuchan conversaciones cuando el público entra en el teatro, o incluso interrogan a la gente, y después informan al actuante en su camerino antes del espectáculo.Si un paranormalista pudiera efectuar realmente una demostración adecuadamente contrastada de telepatía (precognición, psicoquinesis, reencarnación, movimiento perpetuo, lo que sea) sería el descubridor de un principio totalmente nuevo, desconocido por la ciencia física. El descubridor del nuevo campo de energía que conecta una mente con otra en la telepatía, o de la nueva fuerza fundamental que desplaza los objetos sin truco por la superficie de una mesa, merece un premio Nobel, y probablemente lo obtendría. Si uno está en posesión de este revolucionario secreto de la ciencia, ¿por qué malgastarlo en entretenimientos televisivos amañados? ¿Por qué no demostrarlo adecuadamente y ser aclamado como el nuevo Newton?
La respuesta está muy clara. No puede hacerlo. Es un farsante. Pero, gracias a los productores de televisión, crédulos o cínicos, un farsante adinerado.
Dicho esto, algunos «paranormalistas» son lo bastante hábiles para engañar a la mayoría de científicos, de manera que las personas mejor cualificadas para desenmascararlos no son los científicos, sino otros magos. Por eso los espiritistas y médiums más famosos suelen dar toda clase de excusas y rechazan subir al escenario si se enteran de que la primera fila está llena de magos profesionales. Varios buenos magos, entre ellos James Randi en Estados Unidos y Ian Rowland en Gran Bretaña, montan espectáculos en los que duplican públicamente los «milagros» de famosos paranormalistas… y luego explican a la audiencia que sólo son trucos. Los Racionalistas de la India son jóvenes magos consagrados que viajan por los pueblos y desenmascaran a los llamados «hombres sabios» emulando sus «milagros». Por desgracia, algunas personas todavía creen en los milagros, aún después de conocer el truco. Otros caen en la desesperación: «Bien, quizá Randi emplea trucos», dicen, «pero esto no significa que los otros no hagan milagros auténticos».
Ante esto, Ian Rowland replicó de forma memorable:«Bueno, si de verdad hacenmilagros, ¡los hacen de la forma más complicada!».Se puede ganar mucho dinero engañando a los crédulos. Un mago normal y corriente no puede esperar, por lo común, salir del mercado de las fiestas para niños y llegar a la televisión de alcance nacional. Pero si hace pasar sus trucos como fenómenos genuinamente sobrenaturales,esto ya es otra cosa. Las compañías de televisión están dispuestasa colaborar en el engaño. Es bueno para los índices de audiencia.En lugar de aplaudir educadamente ante un truco de magia competente,los presentadores se quedan histriónicamente boquiabiertos e145inducen a los televidentes a creer que acaban de presenciar algo que desafía las leyes de la física. Personas desequilibradas explican sus fantasías de fantasmas y duendes pero, en lugar de enviarlas a un buen psiquiatra, los productores de televisión las fichan para su programa y después contratan actores para que efectúen reconstrucciones espectacularesde sus ilusiones… con efectos predecibles sobre la credulidad de grandes audiencias.Corro el peligro de ser malinterpretado, y es importante que lo arrostre. Sería demasiado fácil proclamar de forma autocomplaciente que nuestro conocimiento científico actual es todo lo que hay que saber,que podemos estar seguros de que la astrología y las apariciones son disparates, sin más discusión, simplemente porque la ciencia actual no puede explicarlos. Después de todo, ¿es tan evidente que la astrologíaes un montón de palabrería? ¿Cómo sé que una madre humana no puede parir un gatito de tres kilos? ¿Cómo puedo estar seguro de que Elvis Presley no ha ascendido en gloriosa resurrección, dejando una tumba vacía? Cosas más raras se han visto.
De hecho, cosas que hoy aceptamos como cotidianas, como la radio, les habrían parecido a nuestros antepasados tan improbables como las visitas espectrales. Para nosotros, un teléfono móvil puede no ser más que un fastidio antisocial en los trenes, pero para nuestros antepasados decimonónicos, para quienes los trenes eran una novedad, un teléfono móvil habría parecido pura magia.
Como ha dicho Arthur C. Clarke, el distinguido escritor de ciencia ficción y evangelista del poder ilimitado de la ciencia y la tecnología: «Cualquier tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia». Esto ha recibido el nombre de Tercera Ley de Clarke, y volveré a ella.William Thomson, el primer Lord Kelvin, fue uno de los más distinguidos e influyentes físicos ingleses decimonónicos. Para Darwin fue una espina clavada, porque «demostró» (con gran autoridad pero, como ahora sabemos, con un error de bulto) que la Tierra era demasiado joven para que en ella pudiera haberse dado la evolución. También se le atribuyen las siguientes tres predicciones seguras:
«La radio no tiene futuro»;
«Las máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles»;
«Se demostrará que los rayos X son un fraude».
He aquí un hombre que llevó su escepticismo hasta el punto de jugarse (y ganarse)el ridículo ante las generaciones futuras. El mismo Arthur C.146Clarke, en su visionario libro Perfiles del futuro (1982), cuenta relatos aleccionadores que advierten de los peligros del escepticismo dogmático.Cuando Edison anunció en 1878 que estaba trabajando en la luz eléctrica, se envió una comisión parlamentaria inglesa para que investigara si había algo de interés en ello. El comité de expertos informó que la fantástica idea de Edison (lo que ahora conocemos como bombilla eléctrica) era «bastante buena para nuestros amigos transatlánticos…, pero no merece la atención de los hombres prácticos o científicos».
Para que la cosa no parezca una antología de relatos antibritánicos, Clarke cita también a dos distinguidos científicos norteamericanos sobre el tema de los aeroplanos. El astrónomo Simón Newcomb tuvo la mala suerte de hacer la siguiente afirmación justo antes de la famosa hazaña de los hermanos Wright en 1903:La demostración de que no hay combinación posible de sustancias conocidas, formas de maquinaria conocidas y formas de fuerza conocidas,que puedan unirse en una máquina funcional con la que los hombres puedan cubrir largas distancias por el aire, le parece a este autor todo lo completa que puede ser la demostración de cualquierhecho físico.
Otro célebre astrónomo norteamericano, William Henry Pickering, afirmó categóricamente que, aunque las máquinas voladoras más pesadas que el aire eranposibles (tenía que admitirlo, porque los hermanos Wright ya habían volado), nunca se convertirían en una propuesta práctica seria:La mente popular se imagina a veces máquinas voladoras gigantescas que sobrevuelan el Atlántico transportando innumerables pasajeros de forma análoga a nuestros modernos buques de vapor… Parece prudente decir que tales ideas deben ser completamente visionarias, y aunque una máquina pudiera atravesar el océano con uno o dos pasajeros, el gasto sería prohibitivo… Otra falacia populares esperar que se consiga una velocidad enorme.Pickering continúa «demostrando», mediante rigurosos cálculos sobre los efectos de la resistencia del aire, que un aeroplano no podría viajar nunca más rápido que los trenes expresos de su tiempo. A primera vista, la observación que hizo Thomas J. Watson, gerente de IBM, en 1943, «Pienso que hay un mercado mundial para quizá cinco ordenadores», suena similar. Pero esto es injusto. Watson auguraba seguramente que los ordenadores se harían cada vez mayores, y en esto se equivocó; sin embargo, no estaba menospreciando la importancia del ordenador en el futuro, de la manera en que Kelvin y los otros desacreditaron los viajes aéreos.

Estas anécdotas de patinazos mayúsculos son, en realidad, avisos inquietantes de los peligros de un escepticismo en exceso celoso. La incredulidad dogmática ante cualquier cosa que parezca extraña o inexplicable no es una virtud.
¿Cuál es, pues, la diferencia entre ésta y mi escepticismo declarado ante la astrología, la reencarnación y la resurrección de Elvis Presley?
¿Cómo podemos diferenciar el escepticismojustificado de la miopía dogmática e intolerante?
Pensemos en un espectro de relatos que podrían contarnos y meditemos cuan escépticos deberíamos mostrarnos ante ellos. En el nivel más bajo están aquellas narraciones que podrían no ser ciertas, pero de las que no tenemos ningún motivo particular para dudar. En Hombres en armas (1952), de Evelyn Waugh, el personaje cómico, Apthorpe, suele hablarle al narrador, Guy Crouchback, de sus dos tías, una de las cuales vive en Peterborough y la otra en Tunbridge Wells. En su lecho de muerte, Apthorpe acaba confesando que, en realidad, sólo tiene una tía.
¿Cuál de las dos era la inventada?, pregunta Guy Crouchback.
«La de Peterborough, por supuesto.»
«Verdaderamente me engañaste por completo.»
«Sí, fue una buena broma, ¿no?»
No, la de Apthorpe no fue una buena broma, y es precisamente esto lo que hace que la broma de Evelyn Waugh a costa de Apthorpe sea divertida. Hay, sin duda, muchas señoras de edad que residen en Peterborough, y si un hombre nos dice que tiene una tía que vive allí, no hay razón para no creerle. A menos que tenga algún motivo específicopara mentirnos, bien podemos creerle, aunque si de ello dependen muchas cosas será prudente comprobar la evidencia. Ahora supongamosque alguien nos dice que su tía puede levitar por meditación y fuerza de voluntad. Se sienta con las piernas cruzadas, se nos dice, y piensa cosas bonitas, entona un mantra, se eleva sobre el suelo y permaneceflotando en el aire. ¿Por qué ser más escépticos de lo que seriamos si un hombre nos dijera simplemente que tiene una tía en Peter-borough, pues en ambos casos sólo tenemos la palabra de un testigo presencial?
La respuesta evidente es que la levitación por el poder de la voluntad no es explicable por la ciencia. Pero esto sólo vale para la ciencia de hoy. Esto nos lleva directamente a le Tercera Ley de Clarke, y al punto importante de que la ciencia de cualquier época no tiene todas las respuestas y acabará siendo reemplazada por otra.
Quizá, en algún momento del futuro, los físicos comprenderán completamente la gravedady construirán una máquina antigravitatoria. Es concebible que las tías levitantes puedan llegar a ser algo tan común para nuestros descendientes como los aviones a reacción lo son para nosotros.
¿Nos da derecho la Tercera Ley de Clarke a creer en todos y cada uno de los cuentos increíbles que la gente pueda urdir acerca de milagros aparentes?
Si un hombre afirma que ha visto a su tía levitando con las piernas cruzadas, o a un turco volando a gran velocidad entre los minaretes montado en una alfombra mágica, ¿habremos de tragarnos esa historia sobre la base de que aquellos de nuestros antepasados que dudaron de la posibilidad de la radio resultaron estar equivocados? No,por supuestoque éstos no son motivos suficientes para creer en la levitación o las alfombras mágicas.
Pero ¿por qué no?La Tercera Ley de Clarke no funciona a la inversa. De «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia» no se sigue que «cualquier afirmación mágica que pueda hacer cualquiera en cualquier momento es indistinguible de un avance tecnológico futuro». Sí, ha habido ocasiones en las que escépticos autorizados han terminado con huevos en su cara pontificadora. Pero es mucho mayor el número de afirmaciones mágicas que nunca han sido vindicadas. Unas cuantas cosas que nos sorprenderían en la actualidad probablemente se harán realidad en el futuro. Pero muchas más cosas que nos sorprenderían hoy no se harán realidad en el futuro. El truco consiste en separar la mena de la ganga de afirmaciones que permanecerán para siempre en el reino de la ficción y la magia.

Si nos topamos con un relato asombroso o milagroso, podemos empezar preguntándonos si nuestro informante tiene algún motivo para mentir. También podemos evaluar sus credenciales de otras maneras. Recuerdo una divertida cena con un filósofo que me contó la siguiente anécdota: un día, en la iglesia, se dio cuenta de que un sacerdote que estaba arrodillado flotaba a un palmo de altura sobre el suelo de la iglesia. Mi escepticismo natural hacia mi compañero de cena aumentó cuando siguió relatando otras dos experiencias de las que había sido testigo presencial. Contó que, entre sus muchos cargos, una vez había sido director de un hogar para muchachos delincuentes, y descubrió que todos los chicos llevaban tatuada la frase «Quiero a mi mamá» en el pene. Una historia improbable por sí misma, pero no imposible. A diferencia del sacerdote que levitaba, la verdad de la segunda afirmación no cuestionaría grandes principios científicos. No obstante, parecía proporcionar una útil perspectiva sobre la credibilidad de mi vecino.En otra ocasión, dijo este prolífico narrador, había observado cómo un cuervo encendía una cerilla al tiempo que levantaba un ala para resguardarla del viento. He olvidado si el cuervo dio una calada a un cigarrillo, pero, en cualquier caso, los tres relatos en conjunto parecían establecer que mi compañero era un testimonio poco de fiar, aunque divertido. En palabras suaves, la hipótesis de que era un mentiroso (o un lunático, o un visionario que tenía alucinaciones, o que estaba investigandola credulidad de los catedráticos de Oxford) parecía más probable que la hipótesis alternativa de que sus tres relatos descabellados eran ciertos.

Como filósofo, tendría que haber conocido la prueba lógica expuesta por el gran filósofo escocés del siglo xvii David Hume, que para mí es irrebatible:… ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea tal que su falsedad fuera más milagrosaque el hecho que trata de establecer.«De los milagros» (1748)
Seguiré hasta el final el propósito de Hume con respecto a uno de los milagros mejor certificados de todos los tiempos, uno que, se afirma, fue presenciado por 70.000 personas, y dentro de la presente generación. Se trata de la aparición de Nuestra Señora de Fátima. Cito a partir de un texto de una página de la Iglesia Católica Romana en la red mundial, que señala que, de las muchas apariciones mañanas, ésta es insólita porque ha sido reconocida oficialmente por el Vaticano.

El 13 de octubre de 1917, había más de 70.000 personas reunidas en la Cova da Iría en Fátima, Portugal. Habían acudido allí para observar un milagro que había sido vaticinado por la Santísima Virgen a tres jóvenes visionarios: Lucía dos Santos y sus dos primos,Jacinta y Francisco Marto… Poco después del mediodía, Nuestra Señora se apareció a los tres visionarios. Cuando la Señora estaba a punto de irse, señaló al Sol. Lucía repitió emocionada el gesto, y la gente miró al cielo… Entonces un resuello de terror surgióde la muchedumbre, pues el Sol pareció desgajarse de los cielos y empezar a caer sobre la multitud… Justo cuando parecía que la bola de fuego iba a caer sobre ellos y destruirlos, el milagro cesó, y el Sol recuperó su lugar normal en el cielo, resplandeciendo de nuevo tan apaciblemente como siempre.
Si el milagro del Sol en movimiento lo hubiera visto sólo Lucía, la joven responsable del culto de Fátima en primera instancia, poca gente lo hubiera tomado en serio. Hubiera sido muy fácil que se tratara de una alucinación privada, o de una mentira evidentemente motivada. Son los 70.000 testimonios lo que impresiona.
¿Acaso podrían 70.000 personas ser víctimas simultáneamente de la misma alucinación?
¿Podrían70.000 personas confabularse en la misma mentira?
Y si nunca hubo 70.000 testigos, ¿podría el informador del acontecimiento haberseinventado tantos testimonios y salirse con la suya?
Apliquemos el criterio de Hume.
Por un lado, nos piden que creamos en una alucinación colectiva, un efecto luminoso o una mentira masiva que implica a 70.000 personas. Hay que admitir que esto es improbable. Pero es menos improbable que la alternativa: que el Sol se movió realmente. El Sol que pendía sobre Fátima no era, después de todo, un sol privado; era el mismo Sol que caldeaba a los millones de personas restantes en el lado iluminado del planeta. Si el Sol se hubieramovido realmente, pero el acontecimiento lo hubieran visto únicamentelos presentes en Fátima, tendría que haberse consumado un milagro todavía mayor: tendría que haberse escenificado una ilusión de no movimiento para todos los millones de testigos que no estaban en Fátima. Y esto supone ignorar el hecho de que, si el Sol se hubiera movido realmente a la velocidad reportada, el sistema solar se hubieracolapsado. No tenemos otra alternativa que seguir a Hume, elegir la menos milagrosa de las alternativas posibles y concluir, en contra de la doctrina oficial del Vaticano, que el milagro de Fátima nunca sucedió. Además, no es en absoluto evidente que tengamos la obligación de explicar de qué manera se engañó a los 70.000 testigos presenciales.El de Hume es un razonamiento acerca del balance de probabilidades.Si nos desplazamos al extremo distante de nuestro espectro de supuestos milagros, ¿existen algunas especulaciones o alegaciones que podamos descartar de manera absoluta y para siempre?
Los físicos están de acuerdo en que si un inventor solicita una patente para una máquinade movimiento perpetuo, se puede rechazar con toda seguridad sin siquiera examinar su proyecto. Ello se debe a que cualquier máquina de movimiento perpetuo violaría las leyes de la termodinámica. Sir Arthur Eddington escribió:

Si alguien os dice que vuestra teoría preferida del universo no está de acuerdo con las ecuaciones de Maxwell… entonces tanto peor para las ecuaciones de Maxwell. Si resulta que la observación la contradice… bueno, estos experimentadores a veces hacen chapuzas.Pero si resulta que vuestra teoría va contra la segunda ley de la termodinámica, no puedo daros ninguna esperanza; no le queda más que hundirse en la humillación más profunda.
The Nature ofthe Physical World [La naturaleza del mundo físico] (1928)
Eddington se (techa hábilmente atrás para hacer concesiones abrumadoras en la primera parte del párrafo, de manera que su confianza en la segunda parte tenga más impacto. Pero si el lector todavía encuentra esto demasiado arrogante, si piensa que es una manera de buscarse el descrédito por obra de alguna tecnología futura hoy inimaginable,que así sea. No insistiré en el tema, pero me mantendré en mi postura más débil, con Hume, acerca de las probabilidades relativas. Fraude, ilusión, embuste, alucinación, error honesto o mentiras descaradas… la combinación suma una alternativa tan probable que siempre dudaré de las observaciones casuales o de los relatos de segunda mano que parecen sugerir el derrocamiento catastrófico de la ciencia actual.
No hay duda de que la ciencia actual será derrocada, pero no por anécdotas casuales o por actuaciones en televisión, sino por la investigación rigurosa, repetida, disecada y repetida de nuevo.
Volviendo a nuestro espectro de improbabilidades, las hadas se situarían entre la tía de Apthorpe y una máquina de movimiento perpetuo.Si mañana se descubrieran seres humanos minúsculos, del tamaño de mariposas, dotados de alas y portando ropas elegantes en miniatura, no se habrían violado grandes principios de la física.2 No sería tan revolucionariocomo una máquina de movimiento perpetuo. En cambio, los biólogos tendrían mucho trabajo intentando encajar las hadas en su esquema clasificatorio actual. ¿De dónde surgieron en la evolución? Ni el registro fósil ni la zoología actual nos muestran primate alguno dotadode alas batientes, y sería ciertamente sorprendente que hubieran evolucionado de forma súbita y única en una especie lo bastante cercana a la nuestra para haber elegido (como demostraban claramente unas famosas fotografías trucadas que impresionaron al notoriamente crédulo Sir Arthur Conan Doyle) una vestimenta á la mode de los años veinte.
Criaturas hipotéticas del estilo del monstruo del Loch Ness, el yeti o «abominable hombre de las nieves» del Himalaya, o el dinosaurio del Congo, se encuentran en el espectro en algún lugar más probable que las hadas de Conan Doyle. Realmente, no hay razón por la que una población relicta de plesiosaurios no pueda sobrevivir en el Loch Ness. No puedo decirle al lector lo encantado que yo, y todos los zoólogos, estaríamos si así fuera; o si se encontrara un dinosaurio auténtico río Congo arriba. Un tal descubrimiento no violaría principios biológicos, y ciertamente tampoco principios físicos. La única razón para pensar que es improbable es que el último dinosaurio conocido vivió hace 65 millones de años, y 65 millones de años es un tiempo muy largo para que una población reproductora haya permanecido escondida y sin fosilizar. En cuanto al yeti, la posibilidad de una población superviviente de Homo erectus, o deGigantopithecus, me llenaría de júbilo, si pudiera
creerlo. Deseo de todo corazón pensar que la idea es más probableque las alternativas humeanas: alucinaciones, cuentos de viajeros embusteros o interpretaciones honestas de huellas de animales en la nieve agrandadas por el sol.

El 30 de agosto de 1938, la escenificación radiofónica todavía recordada que Orson Welles hizo de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, provocó el pánico generalizado e incluso se rumoreó que hubo algunos suicidios entre los oyentes que creyeron que su escena inicial era (como pretendía ser) un auténtico boletín de noticias que anunciaba una invasión marciana. Este relato suele aducirse como prueba de la ridicula credulidad del pueblo estadounidense, lo cual siempre me ha parecido bastante injusto, porque una invasión procedente del espacio exterior no es imposible y, si ocurriese, un repentino avance informativo por la radio sería la forma más probable que tendríamos de enterarnos.Los relatos de platillos volantes tienen una popularidad perenne, pero la comunidad científica tiende a ser incrédula. ¿Por qué? No porqueuna visita procedente del espacio exterior sea imposible o improbable.La razón, de nuevo, es que las explicaciones alternativas de fraude o ilusión son más probables. De hecho, se han investigado a fondo numerosos relatos de platillos volantes, con un detallismo tedioso, por parte de equipos de investigadores concienzudos, tanto aficionadoscomo profesionales. Una y otra vez, dichos testimonios se vienen abajo después de investigados. Con frecuencia resultan ser fraudes directos (lucrativos para quienes los producen, porque los editores pagan un buen dinero por tales historias, aunque estén pobremente documentadas,y con ellas pueden sostenerse industrias enteras de camisetas y jarras de recuerdo), o bien los «platillos» resultan ser aparatos aéreos, aviones o globos, vistos, o iluminados, desde un ángulo peculiar.A veces son espejismos u otros efectos luminosos, o avistamientos de aviones militares secretos.Quizás un día nos visiten naves espaciales extraterrestres. Pero la probabilidad de que cualquier informe concreto sobre platillos volantessea genuino es baja comparada con la probabilidad de las alternativashumeanas de fraude o ilusión. En particular, lo que para mí resta verosimilitud a la mayoría de relatos de platillos volantes es el parecido casi cómico de los supuestos extraterrestres con los seres humanosordinarios, o las últimas criaturas televisivas de ficción. Muchos de ellos se parecen lo bastante a los machos humanos como para desear copular con hembras humanas, e incluso producir descendientes fértiles.Como Carl Sagan y otros han indicado, los alienígenas humanoides presa del furor de la abducción parecen ser el equivalente moderno de los demonios y brujas del siglo xvii.
Ayudados por el prestigio de la televisión y la prensa, la astrología, el paranormalismo y las visitas de extraterrestres gozan de una vía interna privilegiada hacia la conciencia popular. Si estoy en lo cierto en cuanto a que esta tendencia explota nuestro apetito natural y laudable de maravilla, tenemos aquí, paradójicamente, terreno para el estímulo. Debería confortarnos pensar que, puesto que el apetito de maravilla es alimentado de manera mucho más satisfactoria por la ciencia real, combatir la superstición tendría que ser un simple asunto de educación.Pero sospecho que existe una fuerza adicional operante que puede hacer las cosas más difíciles. Se trata de una fuerza psicológica interesante por derecho propio, y mi objetivo en lo que queda de capítulo será explicarla, porque comprenderla puede limitar su daño potencial.

La fuerza adicional de la que estoy hablando es una credulidad normal y, desde muchos puntos de vista, deseable en los niños, y que, si nos descuidamos, puede continuar en la edad adulta, con resultados catastróficos. Empezaré con una anécdota personal.

Hace mucho tiempo, cuando mi hermana y yo éramos niños, nuestros padres y tíos nos gastaron una inocentada un 1 de abril, el día de todos los tontos. Anunciaron que habían redescubierto en el desván un pequeño avión que les había pertenecido cuando eran jóvenes, y que nos iban a montar en él para que diéramos una vuelta. Volar no era tan corriente entonces, y estábamos emocionados. La única condición era que debíamos llevar los ojos vendados. Nos llevaron cogidos de la mano, mientras nos reíamos nerviosos, tropezando y cayendo en el césped, y nos ataron a nuestros asientos. Oímos el ruido del motor al arrancar, hubo una sacudida y empezamos a ascender para efectuar un vuelo que fue agitado: baches, inclinaciones, bamboleos. De vez en cuando era evidente que pasábamos a través de las altas copas de los árboles, porque notábamos que las ramas nos rozaban levemente y un viento agradable corría sobre nuestras caras. Finalmente «aterrizamos». El viaje lleno de sacudidas terminó en térra firma, nos quitaron la venda y entre risas todo se reveló. No había ningún avión. No nos habíamos movido del sitio. Habíamos estado simplemente sentados en un banco de jardín que nuestro padre y nuestro tío habían levantado y hecho girar y traquetrear para simular el movimiento aéreo. No había motor, sólo el ruidoso aspirador, y un ventilador para hacer soplar el viento sobre nuestras caras. Éstos, y las ramas de los árboles que nos rozaban, los habían manejado nuestra madre y nuestra tía, situadas junto al banco. Fue divertido mientras duró.Como niños crédulos y confiados que éramos, habíamos esperado durante días el vuelo prometido antes de que tuviera lugar. Nunca se nos ocurrió preguntarnos por qué teníamos que ir con los ojos vendados.¿No hubiera sido natural preguntarse qué objeto tenía hacer un viaje divertido si no podíamos ver nada? Pero no, nuestros padres simplementenos dijeron que, por alguna razón no especificada, era necesario taparnos los ojos; y así lo aceptamos. Puede que estuvieran recurriendoa la receta consagrada por el tiempo de «no echar a perder la sorpresa». Nunca nos preguntamos por qué nuestros mayores nos habían ocultado el secreto de que al menos uno de ellos debía ser un pilotoexperimentado; no creo que ni siquiera nos preguntáramos cuál de ellos era. Simplemente, no teníamos la disposición mental del escéptico. No teníamos miedo alguno de estrellarnos, tal era la fe que teníamos en nuestro padre y nuestro tío. Y cuando nos quitaron la venda y nos dimos cuenta de que habíamos sido objeto de una broma, aún así no dejamos de creer en Papá Noel, en el hada del diente, los ángeles, el cielo, los felices terrenos de caza y todos los demás cuentos que aquellos mismos mayores nos habían contado. Mi madre no recuerda el incidenteque acabo de relatar, pero sí la ocasión en que su padre les gastó una broma idéntica a ella y su hermanita. Las instrucciones de su padre fueron incluso más descabelladas, porque su aeroplano «despegó» desde el interior de la casa, y a las niñas se les dijo que «agacharanla cabeza mientras salían volando por la ventana». Tanto mi madre como su hermana siguen cautivadas por aquella experiencia.Los niños son crédulos por naturaleza. No podría ser de otra manera.Llegan a este mundo sin saber nada, y están rodeados de adultos que, en comparación, lo saben todo. Es absolutamente cierto que el fuego quema, que las serpientes muerden, que si andamos sin protección bajo el sol del mediodía nos cocemos hasta enrojecer y, como ahora sabemos, nos arriesgamos a un cáncer. Además, la otra manera, aparentemente más científica, de obtener conocimientos útiles, el aprendizaje mediante ensayo y error, suele ser una mala idea, porque los errores son a veces demasiado costosos. Si nuestra madre nos dice que no vayamos nunca a chapotear al lago porque hay cocodrilos, no es bueno adoptar una actitud escéptica, científica y «adulta» y responderle:
«Gracias, mamá, pero prefiero verificarlo experimentalmente».
Con demasiada frecuencia, tales experimentos serían terminales. Es fácil ver por qué la selección natural (la supervivencia de los mejor adaptados)podría penalizar una disposición mental experimental y escéptica y favorecer la credulidad ingenua de los niños.Pero esto tiene un inevitable y lamentable efecto secundario. Si nuestros padres nos dicen algo que no es cierto, también nos lo creemos.¿Cómo podríamos evitarlo? Los niños no están equipados para conocer la diferencia entre una advertencia verdadera sobre un peligro genuino y una advertencia falsa de que nos quedaremos ciegos o iremos al infierno si «pecamos», por decir algo. Si los niños estuvieran equipados para ello, no necesitarían ninguna advertencia. La credulidad, como dispositivo de supervivencia, viene en un solo lote. Creemos lo que se nos dice, sea verdadero o falso. Los padres y demás parientes adultos saben tanto que es natural suponer que lo saben todo, y es natural creerles. De modo que cuando nos cuentan que Papá Noel baja por la chimenea, y que la fe «mueve montañas», también nos lo creemos.Los niños son crédulos porque tienen que serlo para desempeñar su papel de «oruga» en la vida. Las mariposas tienen alas porque su papel es localizar miembros del sexo opuesto y diseminar su descendencia entre nuevas plantas comestibles. Tienen un apetito modesto, satisfecho por ocasionales libaciones de néctar. Ingieren poca proteína en comparación con las orugas, que constituyen el estadio de crecimiento en el ciclo biológico. En general, los animales en fase juvenil tienen que prepararse para convertirse en adultos reproductores. Las orugas están aquí para comer todo lo que puedan con el fin de transformarse en crisálidas, de las que saldrán los adultos reproductores alados. Por eso carecen de alas pero, en cambio, poseen robustas mandíbulas masticadoras y un apetito voraz e insaciable.Los individuos juveniles humanos deben ser crédulos por razones parecidas. Son orugas de información. Están aquí para convertirse en adultos reproductores dentro de una sociedad refinada, basada en el conocimiento; y la fuente principal de su dieta de información son sus mayores, sobre todo sus padres. Por lo mismo que las orugas poseen mandíbulas masticadoras córneas para ingerir la pulpa del repollo, los niños poseen ojos y oídos bien abiertos, y mentes receptivas y confiadas para absorber el lenguaje y otras formas de conocimiento. Son suéteres del saber adulto.
Mareas de datos, gigabytes de sabiduría, entran a raudales a través de los pórticos del cráneo infantil, y la mayor parte se origina en la cultura que han construido los padres y las generacionesde antepasados. Pero es importante no llevar demasiado lejos la analogía de la oruga. Los niños se transforman en adultos gradualmentey no de golpe como las orugas que se metamorfosean en mariposas.Recuerdo que una vez, en Navidad, intenté entretener a una niña de seis años calculando con ella el tiempo que tardaría Papá Noel en descender por todas las chimeneas del mundo. Si la altura media de una chimenea es de 6 metros y existen, pongamos por caso, 100 millones de casas con niños, ¿con qué rapidez, me preguntaba yo en voz alta, tendría que bajar zumbando por cada chimenea para poder terminar su trabajo en el amanecer del día de Navidad? Apenas tendría tiempo de entrar de puntillas y sin hacer ruido en la habitación de cada niño, porquenecesariamente tendría que romper la barrera del sonido. La niña comprendió y se dio cuenta de que había un problema, pero esto no la preocupó lo más mínimo. Dejó de lado el tema sin indagar más. Nunca pareció cruzar por su mente la posibilidad evidente de que sus padres le hubieran estado contando mentiras. Ella no lo habría dicho con estas palabras, pero la implicación era que, si las leyes de la física hacían imposible la hazaña de Papá Noel, tanto peor para las leyes de la física. Sus padres le habían dicho que bajaba por todas las chimeneas durante las pocas horas de la Nochebuena, y eso bastaba. Tenía que ser así porque papá y mamá lo habían dicho.
Pienso que la candidez confiada puede ser normal y saludable en un niño, pero puede convertirse en credulidad enfermiza y censurable en un adulto. Crecer y convertirse en adulto, en el sentido más pleno de la palabra, debería incluir el cultivo de un saludable escepticismo. La predisposición a dejarse engañar puede calificarse de infantil, porque es común (y defendible) en los niños. Sospecho que su persistencia en los adultos surge del deseo (en realidad, del anhelo vehemente) de las seguridades y comodidades perdidas de la niñez.
Este aspecto lo describió muy bien en 1986 Isaac Asimov, el gran escritor de ciencia ficcióny divulgador científico: «Inspecciónese cada una de las muestras de seudociencia y se encontrará una manta de seguridad, un pulgar que chupar, una falda que agarrar». La infancia es, para muchas personas, una Arcadia perdida, una especie de cielo, con sus certezas y sus seguridades,sus fantasías de volar al País de Nunca Jamás con Peter Pan, sus cuentos a la hora de ir a dormir, antes de vernos arrastrados hasta el País del Sueño en los brazos del Osito de Peluche. En retrospectiva, los años de la inocencia infantil pueden pasar demasiado deprisa. Quiero a mis padres porque me llevaron en un vuelo tan alto como el de un águila a través de las copas de los árboles; y por contarme las historias del Hada del Diente y de Papá Noel, de Merlín y sus hechizos, del Niño Jesús y los tres Reyes Magos. Todas estas historias enriquecen la niñez y, junto con muchas otras cosas, contribuyen a que la recordemoscomo una época fascinante.El mundo de los adultos puede parecer un lugar frío y vacío, sin hadas ni Papá Noel, sin País de los Juguetes ni la Narnia de los cuentos infantiles de C.S. Lewis, sin los felices terrenos de caza adonde van las mascotas que mueren, y sin ángeles (ni de la guarda ni de la variedad de jardín). Pero tampoco hay demonios, ni fuego del infierno, ni brujas malvadas, fantasmas, casas encantadas, posesión demoníaca, cocos ni ogros. Es cierto que ni el osito Teddy ni la muñeca Dolly están realmente vivos. Pero existen compañeros de cama adultos a los que asirse, cálidos, vivos, que hablan y piensan, y muchos de nosotros encontramosque éste es un tipo de amor más gratificante que la afección pueril por juguetes rellenos de paja, por blandos y mimosos que sean.
No crecer como es debido significa retener la calidad de «oruga» de la infancia (donde es una virtud) en la edad adulta (donde se convierte en un vicio). En la infancia nuestra credulidad nos es muy útil. Nos ayuda a llenar nuestro cráneo, de manera extraordinariamente rápida,con la sabiduría de nuestros padres y antepasados. Pero si no crecemospara salir de ella en la plenitud del tiempo, nuestra naturaleza de oruga nos convierte en un blanco fácil para astrólogos, médiums, gu-rúes, evangelistas y charlatanes. El genio del niño humano, oruga mental extraordinaria, le sirve para empaparse de información e ideas, no para criticarlas. Si más tarde aparecen las facultades críticas será a pesar de las inclinaciones de la niñez, y no debido a ellas.
El papel secante del cerebro del niño es el plantel poco prometedor, la base sobre la cual posteriormente quizá podrá desarrollarse la actitud escéptica, como una planta de mostaza que pugna por crecer. Necesitamos sustituir la credulidad automática de la niñez por el escepticismo constructivo de la ciencia adulta.Pero sospecho que hay un problema adicional. Nuestra visión del niño como oruga de información es demasiado simple. La programaciónde la credulidad del niño tiene una peculiaridad que resulta casi paradójica hasta que la comprendemos.
Volvamos a nuestra imagen del niño que necesita absorber información de la generación previa lo más rápidamente posible.
¿Qué ocurre si dos adultos, por ejemplo nuestro padre y nuestra madre, nos facilitan opiniones contradictorias?
¿Qué ocurre si nuestra madre nos dice que todas las serpientes son mortíferasy no debemos acercarnos nunca a ellas, y al día siguiente nuestro padre nos dice que todas las serpientes son letales excepto las verdes, y que podemos tener una serpiente verde como mascota?
Ambos ejemplosde consejos pueden ser buenos. El consejo materno tiene el efecto deseado de protegernos contra las serpientes, aunque la generalización no sea aplicable a las serpientes verdes. El consejo más discriminatorio del padre tiene el mismo efecto protector y es mejor en algunos aspectos,pero podría ser fatal si se trasladara, sin revisión, a un país lejano. En cualquier caso, para el niño pequeño la contradicción entre ambos consejos podría ser peligrosamente desconcertante.
Los padres suelen hacer denodados esfuerzos para no contradecirse, y probablemente hacenbien. Pero al «diseñar» la credulidad, la selección natural habría tenido que introducir una manera de habérselas con los consejos contradictorios.Quizás una regla sencilla tal como «Cree cualquier historia que oigas primero» o «Cree a la madre antes que al padre, y al padre antes que a otros adultos de la población».A veces el consejo de los padres advierte específicamente contra la credulidad hacia otros adultos de la población.
He aquí un ejemplo de consejo que los padres tienen que dar a sus hijos: «Si cualquier adulto os pide que vayáis con él y os dice que es amigo de vuestros padres, no lo creáis, por amable que parezca e incluso (o especialmente) si os ofrece caramelos. Id sólo con un adulto que vosotros y vuestros padres ya conozcáis, o bien que lleve un uniforme de policía».

(Recientemente apareció en los periódicos ingleses una historia encantadora: la reina Elizabeth, la Reina Madre, que tiene 97 años, le dijo a su chófer que detuviera el coche cuando advirtió que una niña, que aparentemente se había perdido, estaba llorando. La anciana y amable dama salió para confortar a la niña, y se ofreció a llevarla a su casa. «No puedo», sollozó la niña, «no se me permite hablar con extraños».)
Un niño tiene la obligación de ejercer, en determinadas circunstancias, lo opuesto a la credulidad: un tenaz apego a una afirmación previa de un adulto frente a una afirmación posterior contradictoria, por muy tentadoramente plausible que sea.
Así pues, los calificativos «ingenuo» y «crédulo» no son estrictamente aplicables a los niños. Las personas verdaderamente crédulas creen cualquier cosa que acaban de oír o leer, aunque contradiga lo que han oído o leído antes.
La cualidad infantil que intento describir no es la pura ingenuidad, sino una combinación compleja de credulidad combinada con su opuesta: el tozudo mantenimiento de una creencia, una vez adquirida. Así, la receta completa es una credulidad temprana extrema seguida de un inmovilismo igualmente obstinado. Es fácil ver lo devastadora que puede ser esta combinación.
Aquellos viejos jesuítas sabían lo que hacían: «Dadme al niño durante sus siete primeros años, y os devolveré al hombre»

  1. Excepto el de escala. No es posible la existencia de seres humanos del tamaño indicado,por la misma razón que no es posible la existencia de ratones del tamaño de elefantes ni de elefantes del tamaño de ratones. Sostener el peso de un cuerpo grácil como el de un elfo o muy pesado como el de un gigante (y mantenerlo en sus funciones vitales normales) demanda adaptaciones biológicas que no pueden producir, como resultado final, un ser humano en miniaturao gigantesco. (N. del T.)

Escepticismo Político

Por: Extraido del Skeptical Inquirer

Según una opinión muy difundida entre los italianos, la gente se divide en dos clases: los furbi, o pícaros, y los fessi o tontos. Y, como lo sugieren los éxitos pasados de Silvio Berlusconi, uno de cada dos italianos han admirado más a los furbi que a los fessi. Escuche lo que sigue para no caer en la ignominiosa categoría de los fessi.Durante dos milenios los filósofos escépticos nos han alertado contra las supercherías religiosas y los fraudes intelectuales. Pero ninguno de ellos, ni siquiera Sexto Empírico en la Antigüedad, ni Francisco Sánches en el Renacimiento, ni David Hume en la Ilustración, ni Bertrand Russell en el siglo pasado, nos han advertido contra los espejismos y crímenes políticos, pese a que ellos son mucho más peligrosos que cualquier superstición.En lo que sigue procuraré reparar esta omisión. Argüiré que, aunque en materia política todos somos tuertos, más vale que el ojo vidente sea escéptico. Y, para que no se crea que predico el escepticismo político radical y destructivo, o sea, el anarquismo, empezaré por distinguirlo del escepticismo moderado o puramente metodológico que recomendara Descartes y que se practica en ciencia y en técnica, a saber, el que recomienda dudar antes y después de creer.

1. ESCÉPTICOS RADICALES Y MODERADOS
Se cree comúnmente que los escépticos no tienen creencias. Esta creencia acerca de los escépticos es falsa, ya que sin creencias de algún tipo –por ejemplo, que conviene mirar a ambos lados antes de cruzar la calle– no sobreviviríamos. Las creencias, pues, son fuentes de acción. Quien nada cree nada hace y por lo tanto vive aun peor y menos que el dogmático.
Contrariamente a lo que sucede con los gusanos, en los humanos el estímulo no causa directamente una respuesta, sino que es refractado por un sistema de creencias. Esto explica por qué un mismo estímulo, tal como una frase, provoca una reacción en Fulano y otra diferente en Zutano. Por ejemplo, la expresión ‘justicia social’ alarma al conservador pero atrae al progresista.
Desde luego, no todas las creencias son equivalentes: unas son más verdaderas o mejores que otras. El dogmático es esclavo de creencias que no ha examinado críticamente, de modo que se arriesga a obrar mal. El escéptico radical, el que nada cree, no está al abrigo de toda creencia, sino que es víctima de creencias ajenas. En cambio, el escéptico moderado, el que sopesa ideas antes de adoptarlas o rechazarlas, está en condición de actuar racional y eficazmente. En otras palabras, mientras el escéptico radical es nihilista, el escéptico moderado es constructivo. Y lo que construye, a diferencia del edificio dogmático, no se desploma al primer temblor, porque ya ha pasado pruebas escépticas.
Entre los sistemas de creencias figuran las ideologías, o sea, los cuerpos de ideas acerca de la naturaleza del mundo, del más allá, de los valores y de las normas morales y políticas. Las creencias ideológicas suelen ser las más fuertes. Tanto, que muchos científicos eminentes, que rechazaron todas las pseudociencias consabidas, se aferraron a dogmas religiosos o políticos.
Por ejemplo, Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la síntesis de la biología evolutiva con la genética, fue un ferviente cristiano. El gran biólogo J. B. S. Haldane y el no menos insigne físico John D. Bernal fueron estalinistas tan ortodoxos que defendieron los disparates de Trofim Lysenko, el enemigo de la genética cuyas hipótesis pseudocientíficas hicieron retroceder a la agricultura soviética. O sea, que una sólida formación científica no vacuna contra la pseudociencia. Para vacunarse hay que combinar la actitud científica con el análisis metodológico. Esto vale tanto para el conocimiento como para la política.
Casi todos enfrentamos los acontecimientos políticos con algún preconcepto ideológico: progresista o reaccionario, neoliberal o socialista, secular o religioso, etc. Esto es inevitable pero azaroso, porque las ideologías son respuestas prefabricadas a estímulos esperables, y la realidad social es en gran medida impredecible porque la vamos haciendo poco a poco y en forma más improvisada que científica. Por este motivo hay que poner especial cuidado en la formación y propagación de una ideología.
Sin embargo, el enfoque ideológico no es un obstáculo a la comprensión de la política si se está dispuesto a reexaminar de tanto en tanto los principios de la ideología en cuestión, para verificar si se ajustan a la nueva realidad, a la moral y a nuestras aspiraciones legítimas. Seamos escépticos pero moderados, no radicales. O sea, adoptemos el escepticismo metodológico y rechacemos el escepticismo radical, porque se niega a sí mismo y es puramente destructivo.
El buen demócrata es un escéptico moderado porque está alerta a las posibles violaciones de las reglas democráticas: al fraude, la corrupción, el cercenamiento de las libertades básicas, la agresión militar, etc. En cambio, el escéptico radical, el que nada cree, se pone al margen de la política, y con ello se hace víctima de ella. Al dogmático le va igual que al escéptico radical: también él se pone a merced de los demás en lugar de actuar conscientemente por el bien común y contra quienes cometen acciones antisociales. En resumen, el buen demócrata no obedece ni desobedece ciegamente: todo lo examina y sopesa.
En lo que sigue intentaré alertar contra minas terrestres de siete clases que acechan a quien se aventure a caminar por el terreno político: confusión, error, exageración, profecía, engaño, pagaré, maquiavelismo y crimen. No lo haré para alejaros de la política sino, muy por el contrario, para instaros a que participéis en ella con ojo escéptico antes que cegados por dogmas o ilusiones infundadas.

2. CONFUSIONES
Confundir es identificar lo distinto. La confusión puede ser involuntaria o deliberada. La confusión involuntaria es el precio que pagamos por la ignorancia, el apresuramiento, la improvisación o la superficialidad. La confusión deliberada, en cambio, es un delito, ya que es un engaño. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se identifica la libertad con la libre empresa o el libre comercio, el derecho a la defensa con la agresión armada, la socialización de los medios de producción con la estatización, y la propaganda con la información.
Una de las confusiones más difundidas y provechosas en política es la identificación o confusión de los dos tipos de terrorismo: el de arriba o de Estado, y el de abajo o de grupo clandestino, tal como el que practican las organizaciones paramilitares, con apoyo estatal o sin él.
Esta confusión es políticamente provechosa porque permite tildar de terroristas a los guerrilleros que toman las armas para hostilizar a un gobierno opresor o un ejército invasor. Más aun, a veces el Estado recurre a los mismos medios que usan los terroristas de abajo: castigo colectivo, intimidación, ejecución sumaria, tortura, o exacción. Este recurso es ilegal porque hace a un costado el tribunal ordinario, único facultado para juzgar los crímenes al por menor. Un gobierno que utilice esos recursos extralegales carece de legitimidad legal y moral. Un Estado auténticamente democrático no puede darse el lujo de usar los mismos métodos de quienes combaten la democracia. Hacerlo es pura hipocresía.

3. ERRORES
El error es tan común en política como en ciencia, pero la corrección del error es menos frecuente en política que en ciencia, porque al político común le interesa más el poder que la verdad. Además, el político puede cometer errores morales, o sea, delitos de distintas envergaduras, desde el engaño al electorado hasta la agresión, mientras que lo peor que puede hacer un científico es cometer fraude, lo que es grave dentro de la comunidad científica pero no toca a la ciudadanía.
Los errores políticos más comunes son los tácticos y los estratégicos. Los errores tácticos, o técnicos, son mucho más fáciles de corregir que los estratégicos, ya que éstos involucran principios y metas. Un error estratégico común es el oportunismo, tal como aliarse con el enemigo de nuestro enemigo con el solo fin de derrotar al adversario. Este es un error grave porque involucra traicionar principios básicos.
Otro error del mismo tipo es tomar en serio la llamada ley de Hotelling (?), conforme a la cual siempre conviene desplazarse hacia el centro del espectro político, para capturar votos del adversario. Esta estrategia electoral puede dar resultados inmediatos, pero a la larga es suicida, porque a medida que se esfuman las diferencias entre los partidos se debilita la motivación del votante para elegir entre ellos: prefiere quedarse en casa, aduciendo que, puesto que todos son iguales, no tiene caso elegir entre ellos.

4. EXAGERACIONES
En política suelen cometerse errores de evaluación, en particular exageraciones y subestimaciones. Por ejemplo, los demócratas tenemos la tendencia de tachar de fascistas a los autoritarios incluso a los conservadores. En particular, acusamos de dictadura a cualquier gobierno que conculque algunas libertades democráticas, aunque no encarcele a los opositores en masa. Por ejemplo, en su tiempo se acusó de dictadura a los gobiernos de los generales Primo de Rivera y Perón, cuando de hecho fueron dictablandas. Las exageraciones de este tipo atemorizan a unos y llevan a otros a tomar medidas innecesariamente radicales.
Tampoco hay que cometer el error opuesto, de subestimar. Un ejemplo de este error es el que comete el eminente sociólogo político Michael Mann en su monumental Fascism (2004), al afirmar que el franquismo no fue fascista. Llega a esta conclusión porque el franquismo no se ajusta a su definición idiosincrática de fascismo. Según Mann, “el fascismo es la búsqueda de un estatismo nacionalista [nation-statism] trascendente y purificador mediante el paramilitarismo”. Puesto que la organización paramilitar facciosa, la Falange, era pequeña, el franquismo no se ajusta a esa definición. Lo mismo se aplicaría al régimen del Mariscal Horthy en Hungría.
A mi juicio, esto sólo muestra que la definición de Mann es defectuosa, ya que el régimen franquista colmó los deseos de los super-ricos, así como los de Hitler y Mussolini, escuchó las plegarias del Papa y ejecutó a más opositores que cualquier otro régimen fascista. ¿Para qué montar una fuerte banda paramilitar de señoritos voluntarios si se dispone de casi todas las fuerzas armadas del país, de los aviones y buques de guerra alemanes, y de los llamados voluntarios italianos? El error de Mann consistió en aferrarse a una definición en lugar de empezar por una provisional, ponerla a prueba, y terminar proponiendo una definición más adecuada que la inicial. O sea, en este caso no se ajustó al método científico.

5. PROFECÍAS
La profecía es especialidad del líder religioso, del ideólogo que cree conocer las leyes de la historia, del macroeconomista ortodoxo, del político inescrupuloso y del vendedor de grasa de culebra. Es posible hacer profecías políticas correctas referentes a sociedades tradicionales, homogéneas y carentes de cuantiosos recursos naturales. Las sociedades de este tipo pueden persistir durante bastante tiempo en el mismo estado, porque no tienen divisiones que generen conflictos internos graves ni tientan a potencias extranjeras. Pero las cosas cambian radicalmente en cuanto aparecen la modernidad, la sociodiversidad pronunciada o una gran riqueza natural. Cuando esto ocurre suceden cambios imprevisibles.
La modernidad y la gran diversidad social van acompañadas de cambios sociales impredictibles. La primera favorece el cambio, por dar rienda suelta a la creatividad, la que consiste, precisamente, en inventar cosas, procesos e ideas nunca pensados antes. Y la gran diversidad social, sobre todo si consiste en desigualdades pronunciadas de acceso al poder económico, político o cultural, genera conflictos de resultado incierto. Baste recordar las grandes revoluciones sociales y los trágicos conflictos bélicos de los últimos dos siglos. Nadie predijo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo al poder, la gran alianza contra el Eje fascista, o la implosión del Imperio Soviético. En nuestros días, al ordenar la tercera invasión de Líbano, Ehud Olmert, primer ministro israelí, profetizó “un nuevo Medio Oriente” al terminar la operación. Treinta y tres días después, al ordenar la retirada de las tropas invasoras, que no habían hecho sino matar y destruir, confesó que su ánimo se había tornado “sombrío, humilde y pesimista”.
Pese a los fracasos sucesivos de las profecías desde los tiempos bíblicos, millones creyeron en la profecía cristiana del fin del mundo, en la marxista de la bancarrota del capitalismo y en la neoliberal de la prosperidad que causaría el libre comercio, pero que no le llegó al Tercer Mundo. Otros creyeron en la profecía del primer presidente Bush, quien en 1990 afirmó que el precio del petróleo bajaría al ganar la Guerra del Golfo. De hecho, desde entonces ese precio subió de 20 a 70 dólares por barril, debido en parte a la política exterior de su hijo.
La única región del mundo acerca de la cual me atrevo a hacer una predicción, por cierto sombría, es el llamado Medio Oriente, que en realidad es próximo. Esta ha sido una región conflictiva desde el colapso del Imperio Otomano porque flota sobre el mar de petróleo más vasto del planeta, porque el petróleo es muy codiciado por todos los países, y porque hay una sola potencia capaz de controlarlo o incluso poseerlo por la fuerza sin que le importe violar una y otra vez el derecho internacional. Por este motivo me atrevo a profetizar que el Oriente Medio seguirá siendo conflictivo, aunque se firmen docenas de tratados, mientras le quede un barril de petróleo.
Los americanos están dispuestos a sacrificar por este motivo hasta el último soldado israelí, y los reclutadores islamistas hasta el último mártir-asesino, para defender el óleo sagrado. Poderoso caballero es Don Petróleo. Si quedare duda, imagínese lo que ocurriría si Israel hubiera sido instalado en Patagonia o Amazonía en lugar de Palestina. ¿Qué interés habrían tenido los americanos en transformar a Israel en la fortaleza más potente de la región, la única dotada de armas de destrucción masiva, y la única capaz de defender el acceso de las firmas norteamericanas a ese tesoro fabuloso?
En resumen, es posible acertarla con predicciones en pequeña escala y a corto plazo, así como con predicciones referentes a recursos naturales. En cambio, no es posible acertarla con profecías sociales grandiosas. Esto se debe a que no conocemos las leyes de la historia, y ni siquiera sabemos si las hay.

6. ENGAÑOS
El día siguiente al atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, el titular de la primera plana de The New York Times ponía: “Los EE.UU. bajo ataque.” Esto daba la impresión de que se trataba de un nuevo Pearl Harbor: que la nación norteamericana estaba en guerra porque había sido atacada por otra potencia, la que ahora se llamaba “terrorismo”. Era la guerra contra el Terror, enemigo sin territorio ni gobierno, pero no menos temible por ello, y que exigía la movilización del pueblo: leyes de emergencia, recursos extraordinarios y, sobre todo, unión en torno al Líder del Mundo Libre, el presidente George W. Bush, electo un año antes en una elección sospechada de fraudulenta.
Esa presunta noticia fue falsa porque, por definición, guerra es conflicto armado entre dos naciones con sus respectivas fuerzas armadas, y en este caso había una sola nación, y el enemigo no era una fuerza armada sino una minúscula banda de criminales fanáticos no identificados. Es como si el gobierno español hubiera afirmado que estaba en guerra con ETA, hubiera bombardeado y ocupado el sur de Francia por albergar a etarras, y hubiera construido una prisión política para vascos sospechosos en una ex-colonia africana, para “interrogarlos” y sustraerlos a la justicia española.
Como dice George Soros en su último libro, The Era of Fallibility, la “guerra al terror” no es sino una metáfora políticamente conveniente. Tanto, que engañó al pueblo norteamericano, recortó las libertades civiles, dividió, entonteció y desarmó a la oposición, prometió un torrente inagotable de petróleo barato, e hizo regalos colosales al puñado de empresas amigas de la Casa Blanca. Años después el mismo gran periódico admitió la falsedad de su “información” de que Irak poseía armas de destrucción masiva y había participado en el ataque del 11/09. Pero ya era demasiado tarde: ya habían sido agredidas y ocupadas dos naciones, ya habían muerto decenas de miles de civiles inocentes, ya habían sido irreversiblemente arruinadas las vidas de centenares de miles de personas, y ya habían sido reducidas a escombros centenares de hospitales, escuelas, centrales eléctricas, plantas purificadoras de agua, fábricas, puentes, y casas privadas. O sea, ya se habían cometido innumerables crímenes de guerra. Sin embargo, estas operaciones en nombre de la libertad y la democracia le ganaron a George W. Bush y su partido una nueva victoria electoral. Una vez más, la alquimia política había transmutado a comediantes y delincuentes en grandes estadistas.
El engaño político es particularmente exitoso y repugnante cuando va disfrazado de cruzada moral, cuando los líderes les dicen a sus conciudadanos: “Nosotros somos buenos, y ellos son malos, de modo que nuestra guerra con ellos es una cruzada del Bien contra del Mal”. El escéptico sabe que cada uno de nosotros es medio ángel y medio demonio, Doctor Jekyll de día y Mister Hide de noche, bueno en el hogar y malo en el trabajo o al revés. Por lo tanto, el escéptico les exige a los políticos maniqueos que le digan claramente en qué aspectos “nosotros” somos buenos y en cuáles “ellos” son malos. Puede ocurrir que no haya gran diferencia moral entre ambos bandos, y que su conflicto no sea moral sino material: que no se trate del Bien sino de bienes, tales como tierra, agua, petróleo y mercados.
Otra cruzada en que están empeñados los buenos profesionales es la libre empresa y el libre comercio, pese a que ninguno de ellos han hecho progresar a los países subdesarrollados. Los Vargas Llosa, el novelista justamente famoso y su hijo Álvaro, militan en esta cruzada. Vargas Llosa hijo ha acusado a los izquierdistas latinoamericanos de ser idiotas por persistir en el error socialista y no comprender los beneficios del llamado neoliberalismo, que no es sino la tentativa de volver al capitalismo desenfrenado del siglo XIX. Otro hijo famoso, el del padre del capitalista más poderoso del mundo, disiente. En efecto, Bill Gates declaró hace poco, en la famosa audición de Bill Moyers, que, si bien el capitalismo había sido una bendición para el primer mundo, había resultado una maldición para el tercero. El escéptico ingenuo queda en la duda: ¿cuál de los dos hijos será el idiota, Bill o Alvarito?
Finalmente, no hay engaño exitoso sin autoengaño de otros: Don Juan cuenta con el autoengaño del cornudo. Los niños que se enrolaron en la Cruzada de los Niños creyeron que se ganarían el paraíso al ir a rescatar el Santo Sepulcro de manos de los infieles; millones de ciudadanos soviéticos creyeron que estaban construyendo el “socialismo real”, cuando de hecho se estaban sacrificando por el socialismo de Estado; los mandatarios chinos siguen llamándose a sí mismos comunistas al mismo tiempo que favorecen el ensanchamiento del abismo entre ricos y pobres; y millones de norteamericanos creyeron a su presidente cuando les aseguró que la dictadura irakí poseía armas de destrucción masiva que amenazaban su derecho sagrado al petróleo ajeno.
El escéptico procurará mantener en buen estado a su detector de mentiras, para no dejarse extraviar por cantos de sirenas de afuera ni de adentro. Pero, contrariamente a Ulises, no se amarrará al mástil de su barco dejando que éste navegue a la deriva, sino que empuñará el timón para seguir buscando la verdad.

7. PAGARÉS
Todo político tiene que firmar pagarés, o sea, hacer promesas. Si es honesto, los firmará creyendo que podrá levantarlos, aun sabiendo que pueden ocurrir acontecimientos inesperados, tales como sequías prolongadas y agresiones extranjeras, que le impidan cumplir su palabra.
Lenin prometió que la combinación de poder soviético con electrificación gestaría el socialismo, pero éste nunca llegó. Hitler prometió un reino milenario, que no duró sino doce años. Durante la segunda guerra mundial Roosevelt y Churchill prometieron un mundo sin miedo, en vísperas del peor susto que sufrió la humanidad desde el año 1.000: la amenaza de guerra nuclear. Perón prometió la justicia social, la que jamás llegó. Y ahora Bush promete regalarles libertad y democracia a todos los pueblos, aunque no las quieran. No hay cómo firmar pagarés políticos para obnubilar el espíritu crítico
Ocasionalmente el político ambicioso, aunque básicamente honesto, firmará pagarés literalmente a diestra y siniestra, para obtener el apoyo de grupos políticos de idearios muy diferentes del suyo propio. Si triunfare, se encontrará con la imposibilidad de cumplir con los diestros sin ofender a los siniestros y recíprocamente. Esto le ocurrió a Arturo Frondizi, el primer presidente constitucional argentino después de la caída de Perón. No sólo no pudo levantar todos los pagarés que había firmado, sino que se topó con los tres enemigos tradicionales de la democracia latinoamericana: las fuerzas armadas, la Iglesia católica y el servicio norteamericano de espionaje.
El ciudadano con ojo escéptico intentará averiguar qué pagarés ha firmado su candidato, así como estimará la posibilidad que tiene de levantarlos. Si le parece que ha prometido demasiado a demasiada gente, se lo hará saber, para que el candidato se desligue a tiempo de algunos compromisos. Siempre es preferible conservar el capital político bien habido a malgastar el malhabido.

8. MAQUIAVELISMO
Niccolò Machiavelli fue uno de los más grandes politólogos de todos los tiempos, pero también fue un técnico siniestro de la manipulación política. Lo que hoy llamamos maquiavelismo puede resumirse en el consejo utilitarista “El fin justifica a los medios”. En otras palabras, la receta es armarse de insensibilidad moral.
Es moralmente insensible el que pasa por alto la pobreza, la violencia, la corrupción y la ignorancia, pero en cambio exige sacrificios para mayor gloria de Dios, de la patria o de un ideario. Un movimiento político es moral si y sólo si se propone sinceramente mejorar el estilo de vida de las gentes, o sea, si es democrático y progresista, porque en tal caso esprosocial. En cambio, un movimiento político es inmoral si es antisocial, o sea, si favorece los intereses de una minoría a costillas de la mayoría. Acabo de plagiar a Alexis de Tocqueville, a casi dos siglos de distancia.
Sin embargo, ¡ojo escéptico!, porque un político puede abogar de buena fe por fines morales al mismo tiempo que emplea medios inmorales para conseguirlos. Primer ejemplo: el igualitario que practica el elitismo al sostener la necesidad de una dictadura para imponer la igualdad. Segundo ejemplo: el demócrata que pretende imponer la democracia a tiros o a dólares. Tercer ejemplo: el liberal que ejerce la censura para impedir la discusión y difusión de ideas reaccionarias o socialistas.
En conclusión, el escéptico examinará no sólo las metas de un movimiento político sino también los medios que propone para alcanzarlos. De lo contrario se hará cómplice de alguna de las grandes hipocresías de nuestro tiempo: la guerra para acabar con las guerras, la dictadura para realizar la emancipación, el centralismo democrático, y la invasión para difundir la democracia. Para hacer una tortilla hay que romper huevos, pero frescos, no podridos, ni menos aun cuando están siendo empollados.

9. CRÍMENES
En política, igual que en la vida cotidiana, se cometen errores morales, o sea, acciones antisociales, que son las que benefician al actor en perjuicio de otros. Los errores morales pueden ser voluntarios o involuntarios, de comisión o de omisión. Cuando el daño consiste en la muerte de inocentes, o en la destrucción de cosas muy necesarias para otros, tales como hospitales, fuentes de energía y puentes, y el error es un crimen.
De todos los errores morales deliberados, el peor es la agresión, de cualquier tipo y a cualquier escala. Y de todas las agresiones la peor es la armada, particularmente la agresión armada en gran escala, o sea, la guerra, ya que es asesinato al por mayor. Sin embargo, sigue habiendo guerras y se sigue usando el símil bélico para nombrar campañas de distintos tipos: guerra a la droga, al crimen, al SIDA, al analfabetismo, etc. En cuanto se habla de guerra, literal o metafórica, se puede recurrir al patriotismo, ya auténtico, ya fabricado ad hoc para privar a la gente de su facultad crítica, de su juicio moral, o de su libertad.
Por todo esto es escandaloso que sean tan pocos los filósofos morales que hayan condenado la guerra; que los cursos universitarios de ética le dediquen mucha menos atención que al caso proverbial del padre que roba un pan para alimentar a sus hijos hambrientos; y que los fundamentalistas cristianos no se manifiesten contra la guerra, el crimen máximo, ni voten contra quienes la inician, en lugar de desfilar contra el aborto y el matrimonio homosexual.
Es característico de los guerreros de sillón, desde los políticos que organizaron la primera masacre mundial hasta nuestros días, el que todo lo vean en términos de victorias y derrotas, nada en términos morales. Por ejemplo, en el documental “The fog of war”, dedicado a la vida pública de Robert S. McNamara, éste confiesa haber cometido varios errores al organizar la guerra contra Vietnam en su calidad de secretario de defensa de los presidentes Kennedy y Johnson, pero rechaza categóricamente la acusación de haber cometido crímenes de guerra, pese a haber ordenado el bombardeo indiscriminado de poblaciones civiles, la fumigación con “agente naranja”, el desmantelamiento de aldeas, y muchos otros actos prohibidos explícitamente por la Convención de Ginebra y la Carta de las Naciones Unidas. Las personas normales, en cambio, sabemos que la agresión bélica es criminal y por lo tanto inmoral.
Con el pretexto de que la mejor defensa es la agresión, a menudo el agresor alega que dispara primero para defender mejor. Se habla así de guerra preventiva, se invade países enteros para aprehender a un puñado de terroristas y, con el pretexto de la seguridad, se cercenan las libertades civiles. A los ojos del escéptico, la guerra, ya auténtica, ya metafórica, es un delito que sólo conviene a unas pocas compañías y a los políticos que medran con la credulidad del ciudadano.

10. MORALEJAS ESCÉPTICAS
Terminaré enunciando un puñado colmado de moralejas escépticas.

  1. Confundir deliberadamente es estafar. No se deje estafar.
  2. Errar es humano, pero persistir en el error es estúpido o criminal. Corrija sus errores antes de que lo tomen por tonto o por canalla.
  3. En política, exagerar para cualquiera de los dos lados es peligroso. No arriesgue el pellejo subestimando, ni haga el ridículo exagerando.
  4. Las predicciones políticas son azarosas porque no conocemos leyes históricas. Desconfíe de quien le ofrezca venderle el futuro, sobre todo en cuotas de sangre.
  5. En política las palabras sirven, ya para informar, ya para engañar. No sea ingenuo: tome con pinzas y examine todo lo que le digan, y recuerde que el mentiroso mayorista suele ser premiado y recordado, ya injustamente como gran hombre, ya justamente como gran rufián.
  6. Antes de aceptar un pagaré político averigüe si el firmante es solvente y si su pasado inspira confianza.
  7. Desenmascare el maquiavelismo: contribuya a moralizar la política. A buenos fines, buenos medios.
  8. Recuerde que la agresión armada, por justificada que parezca, es un crimen. Y que este crimen se da en dos variedades: de abajo y de arriba (o terrorismo de Estado). El terrorista de abajo puede caer bajo el Código Penal, mientras que al de arriba le cabe el Código de Nüremberg. En resumen, cuando oiga la palabra ‘guerra’, desconfíe: acuda al diccionario y averigüe quién es el auténtico enemigo y cómo combatirlo sin cometer crímenes de guerra.

Metamoraleja: Desconfíe de todas las moralejas, pero no se deje paralizar por la desconfianza. La duda sacude y la crítica quiebra, pero para que haya algo que sacudir o quebrar es preciso empezar por construirlo (en inglés queda más bonito: Doubt shakes and criticism breaks: Neither makes, and making is what counts). Para que sirva, el escepticismo no debe ser una doctrina sino una fase de la investigación.

La Ciencia frente a las creencias religiosas

Por: Juan Antonio Aguilera Mochçomn

El viejo debate sobre las relaciones entre ciencia y religión, lejos de extinguirse por ausencia de novedades, ha cobrado vigor en los últimos años, sobre todo en el ámbito anglosajón. En Estados Unidos, los ataques a la enseñanza de la evolución por parte de activistas religiosos se están recrudeciendo, y han merecido una portada y un editorial de la gran revista científica Nature (2005). Como ha ocurrido en este caso, la respuesta desde las instancias científicas a los ataques directos a la ciencia por parte de algunos creyentes religiosos suele ser conciliadora con la religión en general, una respuesta que recibe el visto bueno de la mayor parte de los pensadores y autoridades religiosos. Habitualmente, en efecto, se defiende una posición próxima a esta:

«La religión ya no es enemiga de la ciencia. Ciencia y religión no son incompatibles, sino complementarias, y entre ellas se espera una “mutua armonía”. Cuando -por ejemplo- los creacionistas niegan la evolución se trata de una invasión inaceptable del terreno científico, y cuando algunos científicos pretenden que la ciencia diga algo sobre lo sobrenatural o quieren que la ciencia guíe todas las actividades humanas estamos ante una intromisión improcedente en el terreno religioso.»  Este espíritu conciliador se ha alentado en los últimos años desde diversos frentes. Tuvo una inusitada repercusión el número de 20 de julio de 1988 de la revista estadounidense Newsweek, cuyo titular de portada rezaba “Science Finds God” (“La ciencia encuentra a Dios”). Otras revistas recogieron el tema de forma similar y dieron cuenta de las crecientes iniciativas de diálogo entre “las dos vías de conocimiento”. Un incentivo no desdeñable de este diálogo “constructivo” en el mundo anglosajón lo supuso la creación de la Fundación Templeton, financiada por el multimillonario sir John Templeton. En 1972 convocó el premio Templeton para el progreso en la religión, dotado en 2005 con 795.000 libras esterlinas (aproximadamente un millón doscientos mil euros que se ha embolsado el premio Nobel de Física de 1964 Charles Townes): más que el propio premio Nobel, de hecho es el mayor premio monetario anual otorgado a un individuo. Pero son múltiples las iniciativas de esta Fundación; en 2004 apoyó en Barcelona la décima Conferencia Europea sobre Ciencia y Teología. Animados o no por estos reclamos, lo cierto es que son numerosos los científicos que han escrito en torno a esta idea de la “mutua armonía”. Destaquemos por su alcance estos libros de los ganadores del premio Templeton en 1995, 1999, 2001 y 2002, respectivamente: La mente de Dios, de Paul Davies (1992),Religión y Ciencia, de Ian Barbour (1997), God and Science, de Arthur Peacocke (1996) y Ciencia y Teología, de John Polkinhorne (1999). Pero ha tenido mayor impacto popular el libro que publicó, pocos años antes de morir, Stephen Jay Gould, el gran divulgador evolucionista y combatiente activo contra el creacionismo en Estados Unidos: Ciencia versus religión (Gould 1999). En él proclamaba -en línea con lo que ya propusiera Kant- el fin del viejo contencioso entre la ciencia y la religión, en particular la católica: cada una tendría un “magisterio” independiente. La ciencia se ocuparía del reino empírico, de los hechos del universo y de por qué éste funciona como lo hace; la religión, de los valores morales, los fines y el significado último. Según Gould, la religión católica y otras respetan esta división de tareas. Muchos otros científicos (y, por supuesto, muchos teólogos) han manifestado públicamente su coincidencia con Gould en esta visión armoniosa, no conflictiva, que no obstaculizaría el que los científicos coherentes fueran creyentes religiosos no menos coherentes.Sin embargo, en mi opinión, Gould llega a esa percepción de ausencia de conflicto sin atender en ningún momento al contenido doctrinal de las religiones: no hace el análisis de las creencias religiosas concretas. Así, no alcanza a ver este posible lugar conflictivo: el de la percepción y explicación de la realidad, el del “reino empírico”, en sus propias palabras. En efecto, encontramos una serie de creencias religiosas fundamentales en las que se hacen afirmaciones de gran calado sobre cómo es y cómo funciona el mundo, y, por tanto, sobre aspectos de la realidad de los que se ocupa la ciencia.Como al fin y al cabo quien esto escribe no es más que un científico, quiero empezar recogiendo lo que dicen los científicos en general sobre las creencias religiosas; más aún: respecto a las mayores creencias religiosas -como la relativa a Dios-, ¿son los científicos creyentes, o incrédulos?

Los científicos y Dios
La pregunta ya se la hecho un prestigioso físico español, Antonio Fernández Rañada, en su libro Los científicos y Dios (Rañada 2000). En la pág. 40 defiende la tesis de que “la ciencia y la religión son plenamente compatibles”, y en la pág. 44 se adscribe a la idea de que “por sí misma, la práctica de la ciencia ni aleja al hombre de Dios, ni lo acerca a Él”.
En la pág. 45 sostiene Rañada:“Desarrollaré la tesis de este libro siguiendo los testimonios de grandes científicos. Me parece necesario hacerlo así. La experiencia de personas como Maxwell, Einstein, Planck, Darwin o Monod está hondamente arraigada y expresa un compromiso vital profundo que les hace estar por encima de estereotipos, de modas o de interpretaciones superficiales.”

Rañada recuerda a los más grandes científicos de los siglos anteriores y llega a la conclusión de que casi todos eran “religiosos”. La palabra “religión” es polisémica y gracias a ello Rañada puede incluir entre los religiosos a autores como el pionero evolucionista Wallace o Einstein. Pero la creencia a la que se adhiere queda muy clara cuando concreta esta definición (pág. 59):“Lo que se suele entender por Dios en nuestra cultura es el Dios personal de las religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo o islamismo. Es un ser creador y mantenedor del mundo, que administra justicia en una vida futura. Es posible tener una relación personal y directa con Él: se le puede adorar, rezar, amar, agradecer o hablar.”

Me parece una definición muy acertada, que apoyarían las autoridades oficiales y la inmensa mayoría de los creyentes de esas religiones. Pero, comoquiera que Rañada ciñe su estudio casi totalmente a científicos pretéritos, convendría saber qué piensan (qué creen) los actuales. Por fortuna, se han hecho al respecto en Estados Unidos unas encuestas muy acreditadas (sus resultados han aparecido en Nature y en Scientific American).En 1914 y 1933, el psicólogo James H. Leuba se propuso poner a prueba la hipótesis de que cuanto más instruida es la gente, menos probable es que crea en Dios. Para ello, realizó una encuesta entre científicos estadounidenses, y sus respuestas confirmaron la idea de que es mucho menos probable que crean en Dios los miembros de este colectivo que el público general. Leuba atribuyó esto a la mejor educación de los científicos, y se aventuró a predecir que con el paso del tiempo y el presumible aumento en la educación del público general, las creencias religiosas se harían cada vez más raras. En 1997 y 1998, Edward J. Larson y Larry Witham (el primero historiador de la ciencia en la Universidad de Georgia, el segundo periodista del Washington Times) publicaron dos artículos en Nature (Larson, Witham 1997, 1998) mostrando los resultados de sendos estudios en los que se repitieron las encuestas de Leuba. Éste había indagado sobre las actitudes de los científicos, concretamente, de los biólogos y físicos (incluyendo entre éstos a los matemáticos) estadounidenses, en lo referente a lo que él denominó “las dos creencias centrales de la religión cristiana”: la existencia de un Dios influenciado por la oración (en la que centraremos nuestro análisis), y la otra vida (afterlife). Abrevió como “creencia en un Dios personal” la fe en “un Dios en comunicación intelectual y afectiva con la humanidad, es decir, un Dios a quien uno puede rezar en espera de recibir una respuesta”: esta es la definición de Dios que aparecía en la encuesta; como vemos, muy acorde con la de Rañada. Ya en tiempos de Leuba hubo protestas por la naturaleza de las preguntas; por ejemplo, alguien decía que creía en Dios pero no esperaba que respondiese a las plegarias. Pero Leuba mantuvo que el Dios de su pregunta es el que postulan todas las ramas de la cristiandad. Y Larson y Witham no modificaron las preguntas para poder comparar los resultados con rigor.Leuba hizo sus encuestas entre científicos “normales”, por una parte, y “grandes científicos”, por otra. La distinción la hacía el propio American Men of Science, de donde obtuvo la lista de científicos. Larson y Witham, por su parte, han buscado biólogos, físicos y matemáticos en el ahora llamado American Men and Women of Science, pero éste ya no distingue a los grandes científicos, así que han tomado como tales a los miembros de la mucho más elitista National Academy of Sciences (NAS).Veamos en primer lugar qué pasa con los científicos “normales”. Como vemos en la Tabla 1, tanto en 1914 como ahora, aproximadamente el 40% de los científicos creen en un Dios personal. En cambio, la creencia en la inmortalidad ha caído de algo más del 50% a algo menos del 40%, y se ha duplicado sobradamente la increencia.En lo que respecta a la creencia en Dios, estos datos no corroboran una de las predicciones de Leuba, que esperaba que, gracias al progreso científico y educativo, la increencia religiosa crecería tanto entre los científicos estadounidenses como entre los estadounidenses en general. Como vemos, los científicos “normales” son hoy casi tan creyentes en Dios como entonces, y las encuestas Gallup sugieren lo mismo respecto a la población general: siempre más del 90 % de estadounidenses creyentes en Dios. (Sí parece haber un descenso en el caso de los españoles: un 79 % de creyentes en 1987, pero un 72,9 % en 2005; este porcentaje es la suma de las respuestas a “creo firmemente” (41,7 %) y “más bien creo” (31,2 %) frente a “más bien no creo” (5,4 %), “no creo, en absoluto” (9,2 %) o no contestan (0,8 %). Datos de Pérez-Agote y Santiago, 2005). Hay que señalar que en las encuestas no suele darse una definición precisa de Dios, del tipo de la que se empleó para los científicos; en este sentido nos interesa la encuesta publicada por Tom Rice (2003), según la cual el 83 % de los estadounidenses cree que Dios responde a las plegarias. En todo caso, los datos de unas y otras encuestas permiten decir algo más: el título del artículo de Larson y Witham es “Los científicos mantienen su fe”, pero, siguiendo a Máximo Pigliucci (1998), biólogo de la Universidad de Tennessee, más bien debería decirse que “Los científicos mantienen su poca fe”, pues tanto en 1914 como en 1996 el porcentaje de científicos que creen en Dios (40 %) es significativamente menor que en la población general (más del 80 %).Pero ¿lleva razón Pigliucci cuando explica el mantenimiento de los porcentajes de creyentes diciendo que el nivel de educación de la mayoría de los científicos es hoy probablemente comparable al que tenían en 1914, y que nuestra visión global del universo no ha cambiado dramáticamente desde entonces? Pigliucci concluye que “claramente, no hay mucha correlación entre el nivel de educación general y la capacidad para discriminar ficción y realidad”, pero creo que este autor no considera otros datos sociológicos y psicológicos que pueden empujar al pensamiento irracional. Esto permitiría entender lo que también señala el autor: a pesar de que ahora muchos más estadounidenses han estudiado más, no han descendido tampoco sus creencias en astrología, parapsicología u ovnis.En la segunda parte de su estudio, Leuba encontró en la elite científica mucha más increencia y duda (véase la Tabla 2).La “creencia en un Dios personal” cayó casi a la mitad en 19 años: un 27,7 % creían en 1914, y sólo un 15 % en 1933. El estudio de 1998 no hizo sino confirmar esa tendencia, pues la “creencia” bajó hasta el 7%, mientras que la “increencia” subió al 72,2 % y la “duda o agnosticismo” permaneció cerca del 21 %. (Véase la Tabla 2, y la Figura 1, donde se resumen los datos recientes sobre creencia en un Dios personal de los científicos y la población general de los Estados Unidos).La creencia en la inmortalidad bajó de manera similar, aunque en este caso el aumento en la increencia fue mayor (se triplicó de 1914 a 1998) y hubo además un fuerte descenso en el porcentaje de dudosos o agnósticos.La mayor propensión a la increencia de los “grandes” científicos, Leuba la atribuyó a su “superior conocimiento, entendimiento y experiencia”, y los resultados de 1998 confirmarían sus predicciones. Larson y Witham, a pesar de ser creyentes ellos mismos -Larson asiste a una iglesia metodista y Witham declara sentirse confortable con el Dios definido por Leuba-, no dejan de reconocer que el resultado de su encuesta es coherente con otros datos estadísticos, y citan al historiador Paul K. Conkin (1998): “Hoy, cuanto mayor es el nivel educativo de los individuos, o mejores sus resultados en test de inteligencia o de rendimiento, menos probable es que sean cristianos”. Los datos de que disponemos en España apuntan en el mismo sentido (Pérez-Agote, Santiago 2005, pp. 43 y 82): conforme aumenta el nivel de estudios, disminuye la creencia en Dios; el 90,4 % de los españoles sin estudios creen en Dios, pero sólo el 55,5 % de quienes tienen estudios superiores. Entre éstos, no reza nunca el 43,7 %, pero sólo el 15,8 % de quienes carecen de estudios. Los autores de este importante estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas llegan además a esta conclusión:”La sociedad española tiende a crecer en su nivel medio de estudios y, con ello, a decrecer en su nivel de religiosidad” (p. 124).Volviendo a las respuestas de los grandes científicos, cabe pensar que se deben a convicciones personales y no a una adhesión a una especie de toma de postura colectiva antirreligiosa -como alguien ha llegado a sugerir-. De hecho, un grupo de científicos de esa elite (NAS) proclamó públicamente en 1998, en un escrito en defensa de la enseñanza de la evolución en la escuela pública, que la ciencia es neutral sobre la cuestión de Dios. Bruce Alberts, presidente del NAS, declaró que “hay muchos miembros muy destacados de esta Academia, muchos de ellos biólogos, que son muy religiosos y creen en la evolución”. El biólogo Richard Dawkins, de la Universidad de Oxford, achaca este tipo de declaraciones a “cobardía”. Lo cierto es que, mientras en la encuesta confidencial los científicos de elite se revelan mayoritariamente ateos, suelen guardarse de manifestarlo en declaraciones públicas.Como vemos, el camino tomado por Rañada acaba volviéndose en contra de su tesis. Es muy significativo que en la p. 46 de su libro haga mención de los estudios estadísticos de Leuba, Larson y Witham sobre los científicos “normales” pero, en cambio, ¡ignore por completo los datos de los científicos “eminentes”!, que son mucho más pertinentes según su propia reivindicación del especial valor de las opiniones de éstos.Cabe añadir que, puestos a evaluar el peso de las opiniones de grandes científicos del pasado y actuales, deberían ganar nuestros contemporáneos sencillamente porque, por el propio desarrollo científico, disponen de mucha más información. Casi todos los grandes científicos de épocas pasadas creían en Dios, es cierto, pero también tenían otras creencias que se han demostrado falsas (por ejemplo, antes de Pasteur daban por cierta la generación espontánea). Es el caso de pensadores tan importantes como Descartes y Newton. Newton era alquimista y creía en la Biblia hasta tal punto que pensó el mundo acabaría con el Apocalipsis en 2060. En realidad, esto es aún posible, pero es que, además, creía que el Sol estaba habitado, que se podía obtener oro a partir del antimonio…Llegados a este punto, que podría parecer favorable para mis tesis posteriores, quiero hacer borrón y cuenta nueva, prescindiendo del mero recurso a la autoridad de personas “eminentes”.En efecto, una manera muy común de enfrentarse a un asunto conflictivo consiste en dejarse llevar por las autoridades en la materia. La falacia de la autoridad, también llamada argumento de autoridad, se produce cuando se proclama una tesis como verdadera sólo porque una persona de reconocido valor intelectual o moral (autoridad) la afirma. Esto tiene sentido práctico cuando uno no está capacitado para entrar en el fondo de una cuestión; así, si no entiende la mecánica cuántica, quizás sea lo más conveniente aceptar lo que dice un experto en esta disciplina si se está discutiendo un asunto que la atañe. Pero aunque en general es mucho más probable que sean ciertas las opiniones de un especialista que las de un lego, no es raro que el especialista se equivoque, y en las ciencias experimentales y en la filosofía el argumento de autoridad es muchas veces un obstáculo para la investigación.
Dijo Richard Feynman -¡toda una autoridad!- que la ciencia enseña que se debe dudar de los expertos. En definitiva, la opinión de una autoridad no es suficiente: deberá fundamentarla con razones y pruebas.Menos valor aún tiene el “efecto de halo”, tan común en nuestra sociedad, por el que una autoridad en una materia (o una persona simplemente “famosa”) es considerada autoridad en otra materia en la que no es experta. Y una última falacia a la que nos puede conducir el resultado de las encuestas es el “argumento de la mayoría”: lo que la mayoría crea debe ser verdad.En el tema que aquí nos ocupa, el posible conflicto con la ciencia de ciertas creencias religiosas, mi intención es que el lector llegue a sus propias conclusiones. Pero como antes de escribir, es obvio que yo he analizado el caso y he alcanzado una conclusión, quiero hacerla explícita para que se mantenga alerta y crítico conmigo: existen conflictos irresolubles entre la ciencia y algunas creencias religiosas fundamentales.Para poder opinar con conocimiento de causa, conviene empezar por comparar brevemente las características del conocimiento científico y del religioso.

El conocimiento científico

La ciencia es un conocimiento y un modo de conseguir conocimiento sobre la base de pruebas objetivas, que busca explicar de forma rigurosa cómo es y funciona el mundo. La ciencia incluye, en primer lugar, una serie de métodos empíricos y lógicos para la observación sistemática de fenómenos con el objetivo de entenderlos y explicarlos. Es lo que englobamos bajo el nombre genérico de método científico. En segundo lugar, la ciencia comprende el conjunto organizado y sistemático de conocimientos que derivan de aplicar los anteriores métodos. Lo podemos dividir en una serie de ciencias específicas -cada una con unas metodologías características- según el tipo de fenómenos empíricos que investigan: física, astronomía, geología, química, biología, …La ciencia trata de fenómenos y hechos de la realidad empírica (natural, que podemos percibir directa o indirectamente con los sentidos), se basa en la razón y no en sensaciones, opiniones infundadas o dogmas, es sistemática (busca constituir un cuerpo de proposiciones entrelazadas) e intenta ser explicativa, no sólo descriptiva (véase Bunge 1979 y Carrier 2001). En esta labor explicativa, que supone que el conocimiento y la metodología científicos son comunicables, resalta la búsqueda de coherencia, claridad y precisión. Se rechazan el gusto, la intuición o la conveniencia (tan decisivos en otros terrenos) como criterios de verdad. Hay que dejar constancia, no obstante, de que sigue habiendo controversias en las reflexiones teóricas sobre el método científico, pero donde sobre todo las hay es en el análisis del avance de la ciencia: las aportaciones clásicas de Popper, Khun, Lakatos, Feyerabend, Polanyi o Bunge siguen discutiéndose acaloradamente.Últimamente se insiste mucho en que la ciencia presupone unas creencias, lo que la hace similar a las religiones. Es cierto que para que la ciencia funcione son necesarios algunos presupuestos filosóficos. En la ciencia se acepta de entrada que hay una realidad externa, que nuestros sentidos nos dan una indicación al menos parcialmente aproximada de ella, y que esa realidad es inteligible. Asimismo se asume que el pasado es (o fue) real y que podemos confiar un mínimo en la memoria de la mayoría. Por fin, la asunción sobre el futuro es que los patrones y principios que han existido en el pasado probablemente continuarán existiendo, que hay una continuidad de los fenómenos. Son unas asunciones tan básicas que las necesitamos para sobrevivir. Pero, en ocasiones (¿en la mecánica cuántica?) incluso estos presupuestos pueden contravenirse desde la propia ciencia; ésta es capaz de superar las limitaciones y posibles errores de los sentidos… incluido el “sentido común”.Sobre estas bases tan elementales, la ciencia se construye gracias a un modo de hacer tan simple como extraordinario en la actividad humana. Para que algo se califique como ciencia, las observaciones deben ser verificables independientemente por otros. La mayor fuerza de la ciencia viene de que sus hallazgos están bajo sospecha, sujetos a prueba. Se deben eliminar de la consideración científica las impresiones subjetivas y los fenómenos sin pruebas. Una verdad “objetiva” es aquella sobre la que se pueden poner de acuerdo todos los observadores (en su caso, que estén completamente enterados del tema). El que esto se consigue se manifiesta en que hay una sola ciencia, independientemente del lugar de origen o de las creencias de los científicos. En resumen, el truco es usar estrategias que permitan un conocimiento lo más objetivo posible de la realidad. Se busca eliminar toda una serie de fuentes de error en nuestro entendimiento del mundo: superstición, pensamiento mágico, pensamiento guiado por el deseo (wishful thinking), pensamiento reprimido, autoengaño, refuerzo grupal, explicaciones ad hoc y post hoc, distorsión de los recuerdos, alucinación, ilusión, fraude… Se desarrolla un escepticismo que favorece un máximo de objetividad.Otro rasgo extraordinario de la ciencia, íntimamente ligado al anterior, es la asunción de provisionalidad. Se considera que el conocimiento científico es provisional porque es siempre susceptible de cambiarse o modificarse sobre la base de nuevas evidencias. Fue Karl Popper quien mejor defendió la falsabilidad como una característica esencial de las hipótesis científicas -aunque su papel en la historia real de la ciencia sea muy discutible-. Paradójicamente, la provisionalidad de la ciencia la hace enormemente fuerte, es una de sus grandes virtudes: el camino hacia la verdad no sería posible sin el cambio, sin la rectificación. La ciencia ha redondeado así el mayor y más efectivo control contra los errores, y progresa espectacularmente a pesar de las debilidades de los científicos.Decía antes que hay quienes acusan a la ciencia de no ser más que otro sistema de creencias. No podemos aceptarlo, pues tales “creencias” no se forman por “fe ciega o intuitiva”, sino que se basan en observaciones múltiples e independientes, en la aportación de pruebas rigurosas, en la resistencia a los intentos de falsación. En la ciencia se unen la supuesta fe (creencia) con la justificación empírica de modo que el resultado no es una fe, pues se está en las antípodas del “creer sin ver”.La ciencia no sólo somete a prueba hipótesis, sino también métodos, de forma que cada vez encuentra las mejores formas para acercarse a la verdad. Este es otro factor que añade fiabilidad a los conocimientos adquiridos vía científica. La ciencia se basa en la observación, y los experimentos son sólo una manera especialmente valiosa de llevarla a cabo. La contrastación (sometimiento a prueba) de las predicciones que generan nuestras hipótesis se puede hacer con experimentos, que tienen el interés de añadir controlabilidad, pero no siempre es posible hacerlos. Apenas podemos hacer experimentos con montañas, astros, ecosistemas naturales o personas: puede resultar imposible o ser carísimo, podemos interferir demasiado en los fenómenos, o simplemente pueden frenarnos los impedimentos éticos. En estos casos se hacen predicciones (o retrodicciones) de lo que se debería encontrar si la hipótesis es cierta… y la observación será lo que nos servirá para contrastar si se cumple o no lo que predecimos.Los objetivos principales de la ciencia son generar descripciones generales, pero también predicciones y explicaciones (a través de hipótesis, leyes y teorías). Los hechos son aquello que cuidadosamente hemos observado (a menudo como consecuencia de una hipótesis), y las teorías son explicaciones a esos hechos. Las leyes identifican y describen las relaciones entre los fenómenos observables, su conducta. Las leyes describen, las teorías expli-can: revelan las causas. Por ejemplo, Newton expuso leyes de la gravedad, pero no propuso ninguna teoría al respecto. Recordemos que una teoría científica no es lo que se entiende por teoría en el lenguaje coloquial; por el contrario, es una explicación que tiene una considerable cantidad de pruebas que la sustentan y que resiste los intentos de refutarla.El caso de Newton nos recuerda el carácter creativo de la innovación científica: la imaginación y la creatividad son esenciales para la actividad científica más interesante. Se necesitan para elaborar hipótesis, para idear metodologías concretas, para buscar aplicaciones prácticas, etc. La fuerza de la ciencia procede también, pues, de la conjugación de la creatividad con el rigor de la razón y la exigencia de pruebas.También hay que decir que la ciencia ni tiene la exclusiva de la racionalidad ni debe considerarse el único instrumento de conocimiento objetivo y verdadero. De hecho, habrá quedado claro que el conocimiento científico no se considera a sí mismo necesariamente “verdadero”.Por fin, conviene dejar claro que está fuera del alcance de la ciencia el emitir juicios de valor u opiniones estéticas, no importa que pueda llegar a explicar los mecanismos moleculares del goce estético o de las decisiones morales. En este último terreno, la ciencia puede decirnos qué puede hacerse -y qué consecuencias pueden tener nuestros actos-, pero no qué debe hacerse. Y puede aclararnos si las afirmaciones sobre la realidad en las que se fundamenta una moral son falsas, probablemente ciertas o inverificables.

El conocimiento religioso

¿Qué caracteriza, por su parte, al conocimiento religioso? ¿No busca conocer la verdad, como la ciencia? En principio, es claro que sí, incluso -según se declara- verdades de más envergadura, podríamos decir. La diferencia está en el procedimiento que se sigue para alcanzar las verdades. En las religiones, este procedimiento se basa en la tradición y en la autoridad.Por la tradición, la gente suele creer ciertas cosas nada evidentes porque los antepasados del lugar han creído lo mismo durante siglos. Además, las creencias se sostienen en que las sostienen personas importantes (autoridades).La tradición y la autoridad confluyen en la familia, en los padres. Como resalta Richard Dawkins (1995), millones de personas creen una serie de cosas posiblemente porque se les dijo que las creyesen cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para ponerlas en duda. A los niños musulmanes, por ejemplo, se les dicen cosas distintas a las que se dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los adventistas, los testigos o los mormones, y todos dicen estar totalmente seguros de que son ellos quienes poseen la verdad. Cuando los niños crecen, otras autoridades toman el relevo de los padres: en la religión católica, curas, maestros y catequistas, bajo el control doctrinal de los obispos, y, por encima de todos, del Papa. En otras religiones encontramos autoridades como imanes, ayatolás, rabinos, pastores, gurús, diversos tipos de sacerdotes,… Pero no sólo en las religiones mayoritarias: en la inmensa mayoría de los casos las autoridades son masculinas, no pueden ser mujeres.También encontramos la tradición y la autoridad unidas en el singular crédito de la fuente de conocimiento característica de las grandes religiones occidentales: la llamada revelación escrita, los libros sagrados. Sobre estas bases, las religiones suelen hacer afirmaciones dogmáticas y pretendidamente “inmutables”. Por la fe religiosa, no sólo se deben creen cosas sin pruebas, sino que, en ocasiones, hay que creerlas aunque haya pruebas en contra: se considera que esto precisamente pone a prueba y refuerza la fe. No es que se rechace abiertamente la razón, sino que, como se dice en la encíclica Fides et ratio, la razón está “iluminada” por la fe. Para entender qué significa esto baste analizar un texto oficial reciente de la Iglesia: en la Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española del 5 de mayo de 2005 contra la ley de los matrimonios homosexuales, en tres ocasiones se arguye una contradicción, no ya con la moral católica (que es simplemente “la ley moral”), sino con la razón o la “recta razón”. Es evidente que se entiende que la razón está subordinada a la fe.Como se ve fácilmente, estamos en las antípodas de la provisionalidad y la exigencia de constatación independiente que caracteriza a la ciencia. Pero hay que señalar que las religiones, a su pesar, no logran escapar al carácter revisable y caducable de sus creencias.
El Dios del Viejo Testamento parece ahora un tipo colérico y vengativo. O repárese en las fechas de instauración de los dogmas católicos sobre María: la virginidad de María no fue un dogma hasta la Constitución apostólica del 7 de agosto de 1555; el dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854; y la tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia católica en 1950.Resumiendo, tenemos de un lado datos, leyes y teorías científicas: muy contrastados, muy resistentes a los intentos de refutación, “universales”… y de otro creencias y dogmas religiosos: no verificados, sin pruebas, múltiples e incompatibles entre sí…Hay personas dispuestas a morir por defender unos “conocimientos”, unas aseveraciones; o a matar a quien no los crea. Se podría pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para mantenerlos. ¡Lo que ocurre es justo lo contrario!: normalmente, estas aseveraciones que desencadenan odios y guerras son las más carentes de pruebas, las de tipo religioso. Las diferencias de opiniones científicas, el abatimiento de teorías… rarísima vez llevan la sangre al río, jamás mueven turbas vengadoras. Dice Dawkins (2001):“Etiquetar a las personas como enemigos merecedores de la muerte a causa de desacuerdos en la política del mundo real es bastante malo. Hacer lo mismo a causa de desacuerdos sobre un mundo ilusorio habitado por arcángeles, demonios y amigos imaginarios es ridículamente trágico.”

En nuestras propias sociedades modernas occidentales y democráticas, uno puede burlarse de Einstein y sus postulados -apoyadísimos en la razón y la evidencia- sin mayor peligro que el desdén, pero ay de quien se atreva contra un dogma religioso -nunca verificado-. Incluso personas y organizaciones que arremeten con furor y sarcasmo contra las pretensiones de conocimiento de astrólogos o futurólogos, callan en público ante las religiosas. Sin duda las personas religiosas están en su derecho de serlo: merecen todo el respeto, pero no creo que pueda decirse otro tanto de las propias creencias religiosas, si eso quiere decir que se prohíbe discutirlas públicamente. Quiero reclamar el derecho (¡y el deber!) de someter a duda escéptica, a escrutinio científico, también las creencias religiosas, y aquí lo haré con las católicas, si bien pienso que llegaría a conclusiones similares con las de cualquier otra religión teísta.Me centraré exclusivamente en aquellas creencias religiosas que se refieren a la realidad física, material. Puesto que esta realidad es el terreno propio (no digo exclusivo) de la ciencia, cabe preguntarse si aquí hay colisión. En mi opinión, este es el punto de posible conflicto profundo entre ciencia y religión; otros desencuentros entre científicos y religiosos, con ser todo lo importantes que se quiera para las vidas de los afectados, pues son conflictos de intereses, no tienen ese calado y alcance. Dice Polkinghorne (1998, p. 12 de la trad. española) que “durante los últimos años, ningún otro asunto ha despertado tanto interés… en los escritos de la comunidad de estudiosos de las relaciones entre ciencia y religión” como el de si “es posible concebir que, en el universo ordenado que nos describe la ciencia, tengan lugar acciones divinas singulares”. Pero este asunto es, en mi opinión, donde el propio Polkinghorne, Peacocke, Barbour, Gould y tantos otros mantienen una posición oscura, elusiva, ambigua, o netamente anticientífica, y es el asunto que ahora quiero tratar.Desde el punto de vista científico, hay todo un grupo de creencias religiosas especialmente retadoras, desde su propia definición, para la ciencia: las que afirman la realidad de los milagros.

¿Qué supone un milagro?

 Aceptemos la definición de milagro de la Real Academia Española de la Lengua, que es esencialmente con la que ya trabajaron autores de la talla de Hume y Spinoza, y que coincide con lo que entiende la mayoría y las autoridades católicas: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”. Permítanme que no entremos en mayores consideraciones teóricas, sino que, para que se comprenda claramente lo que suponen los milagros desde el punto de vista científico, tratemos un par de ejemplos, los sugeridos por Polkinghorne (1998, p. 124). Empecemos por el milagro quizás más intrascendente, incluso frívolo, de Jesús, el primero que hizo, según los Evangelios: la conversión, a regañadientes y a instancias de su madre, de unos cientos de litros de agua en vino en las bodas de Caná. Ciertamente, parece insignificante en todos los sentidos, no parece un gran alarde esa transformación.Pero veamos. Un litro de vino puede tener aproximadamente 100 gramos de etanol, que incluyen unos 2.600.000.000.000.000.000.000.000 (más de dos cuatrillones y medio) átomos de carbono… átomos que no estaban en cada litro de agua cananea (en el agua hay algo de carbono, en forma de bicarbonato, por ejemplo, pero es una cantidad insignificante frente a la que estamos considerando; además, recuérdese que en este cálculo sólo estamos teniendo en cuenta la aparición de etanol). ¿Cómo se puede obtener ese carbono de nuevas? Si no haycreación absoluta (véase luego) y partimos de agua, habría que usar los átomos de ésta, hidrógeno y/o oxígeno. Nos puede proporcionar una pista el origen natural de los átomos de carbono en la historia del universo (véase Mason 1991). No mucho después del big bang, según los muy verosímiles modelos actuales del origen y evolución del universo, sólo se formaron los elementos ligeros hidrógeno, deuterio, litio y helio. Se necesitaron algunos cientos de millones de años para que se formaran estrellas, se fusionara el hidrógeno en el  interior de estr hasta generar elementos pesados, y, finalmente, éstos se esparcieran por el espacio impulsados por los estallidos estelares conocidos como supernovas. Es decir, no pudieron formarse planetas con carbono (y otros elementos pesados) como el nuestro hasta que esos elementos procedentes de supernovas quedaron disponibles para la construcción de nuevos sistemas estelares.Toda esa tremenda historia que hubo que recorrer a lo largo de cientos de millones de años para que estuvieran disponibles los átomos de carbono la recapituló Jesús en un santiamén, para que no decayera una fiesta trivial. Sin embargo, Dios no había hecho nada por adelantar la disponibilidad de carbono y el surgimiento de la vida; tuvo que esperar miles de millones de años hasta que pudo aparecer la Tierra… Como se ve, es una pretensión de un calibre descomunal. (Si en vez de formarse el carbono a partir de hidrógeno… se postula otra posibilidad, como una creación absoluta, la violación de las leyes naturales es mucho mayor, si cabe). Y eso sin tener en cuenta que además de carbono tuvieron que formarse otros elementos, como nitrógeno, y que había que formar con ellos una gran cantidad y diversidad de moléculas: además de etanol, azúcares, ácidos, vitaminas, aminoácidos, otros compuestos nitrogenados…Como vemos, no sólo se trata de que se “suspendan” las leyes naturales, según tantas veces se dice en un intento de no afrentar a la ciencia, sino de que se contravienen de una forma muy profunda, como ya señalaron desde distintas posiciones los citados Hume y Spinoza (en todo caso, suspender esas leyes no es más que una forma de transgredirlas.) Un verdadero milagro no debe ser sólo un hecho extraordinario actualmenteinexplicado por la ciencia, sino que ésta nunca podrá explicarlo.El ejemplo analizado es un milagro intrascendente, que de hecho muchos teólogos que discriminan en los evangelios entre milagros verídicos e improbables, sitúan en este último grupo. Veamos pues otro milagro mucho más central en la religión católica, que nos permitirá otras consideraciones.

La resurrección de Jesús

Si la conversión de agua en vino choca contra lo que sabemos científicamente, imagínense lo que significa que un cadáver de varios días vuelva a la vida. Infinidad de microprocesos físicos, químicos y biológicos tendrían que ocurrir de una forma que jamás se ha constatado con rigor.Sin embargo, por extraordinariamente improbable que parezca un hecho, si se produce hay que admitirlo, no importa que ocasione una crisis científica descomunal. Aunque para Hume ninguna prueba podría demostrar un milagro, pues siempre sería éste más improbable que el error en los testimo-nios aportados, creo que sí sería posible registrar fehacientemente unos hechos que violaran las leyes naturales (aunque otra cosa sería probar su origen sobrenatural). Podríamos estar aquí ante un caso, pues se aducen pruebas de la resurrección de Jesús. Recordémoslas brevemente.La creencia en la resurrección de Jesús se basa sobre todo en los testimonios evangélicos. Esos testimonios, en primer lugar, fueron escritos bastantes años después de la muerte de Jesús y no por testigos de los hechos. Pero es que, además, hay muy considerables contradicciones entre ellos. Si esos testimonios se llevaran a un juicio normal, el juez no dudaría en considerarlos carentes de fuerza probatoria.Conviene recordar la máxima que popularizó Carl Sagan: “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. Si lo que se afirmara fuera que Jesús murió como consecuencia de la crucifixión, aún habría dudas, pero no habría motivo para sospechar que no pudo ser así.Además de los debilísimos testimonios evangélicos, muchos creyentes cristianos han hecho una fuerte apuesta al decir que hay una prueba física contrastable de la resurrección de Jesús: la llamada sábana santa.En España fue el conocido ufólogo Juan José Benítez quien popularizó el asunto. En 1978 dijo que “Científicos y técnicos de la NASA -después de tres años de estudio- han aportado datos suficientes como para deducir que Cristo resucitó”. Recientemente ha tenido oportunidad de defender la autenticidad de la sábana santa en una serie suya en la televisión pública estatal. La NASA no ha examinado nunca el lienzo de Turín. La investigación corrió en realidad a cargo del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), de la que formaban parte, a título particular, algunas personas vinculadas a la NASA. Un miembro muy notable del equipo era Walter McCrone, considerado a la sazón el microanalista forense más competente del mundo, pero fue expulsado del grupo. La razón fue que, tras analizar los rastros de supuesta sangre, McCrone llegó a la conclusión de que lo que había era bermellón y ocre rojo en un medio de témpera al colágeno, materiales comunes para los artistas del siglo XIV: la imagen era una bonita pintura medieval.Estos resultados fueron demoledores, pero faltaba un estudio que para muchos era crucial (pocas veces mejor dicho): la determinación objetiva de la edad de la sábana. Vittorio Pesce, antropólogo de la Universidad de Bari, mantenía que la sábana había sido confeccionada entre 1250 y 1350. Y es que los documentos históricos, la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas coincidían en situar la aparición de la sábana en Francia a mediados del siglo XIV. En 1988 el Vaticano aceptó al fin que se sometiera la sábana santa a la datación mediante radiocarbono. Los análisis científicos fueron llevados a cabo de manera independiente por tres laboratorios de Estados Unidos, el Reino Unido y Suiza. Unánimemente concluyeron que el tejido del sudario de Turín había sido confeccionado entre los años 1260 y 1390 (margen estadístico establecido con más del 95 % de confianza). “Los resultados proporcionan pruebas concluyentes de que el lino del sudario de Turín es medieval”, establece el informe publicado por veintiún científicos en la revista Nature (Damon et al. 1989).La Iglesia acató el veredicto de la ciencia; pero el cardenal Anastasio Ballestrero confirmó “su respeto y su veneración a esta imagen de Cristo, que sigue siendo objeto del culto de los fieles”. El Vaticano no asegura que la sábana envolvió el cuerpo de Jesucristo, pero la considera una obra que refleja el sufrimiento de la Pasión de forma coherente con la tradición cris-tiana. El mensaje, a menudo, es ambiguo. El papa Juan Pablo II visitó en Turín la sábana santa el 24 de mayo de 1998. Su discurso ante ella se tituló muy significativamente “La Sábana santa, espejo del Evangelio”, y en él dijo que “la sábana santa es una provocación a la inteligencia”.En la actualidad, numerosos autores católicos cuestionan todos los resultados científicos y he podido constatar de manera directa que hay profesores de religión que en los centros escolares españoles siguen defendiendo ante sus alumnos las insensatas tesis de Juan José Benítez (algunas, pues otras, no menos insensatas, son incompatibles con el catolicismo). Sólo me queda añadir algo obvio que suele olvidarse: aunque la sábana tuviese casi dos milenios, aunque realmente hubiera envuelto el cuerpo de Jesús, ¿dónde estaría la demostración de su resurrección?

Milagros contemporáneos

Los milagros son importantes para la religión católica -y otras- no sólo para apoyar el carácter divino de su mensaje, sino para atraer a la gente con la esperanza de que Dios -o un intermediario- alivie sus cuitas o le proporcione bienes de diverso tipo. Si interesa tanto que en el pasado haya intervenido Dios en los asuntos humanos es porque alienta lo que un creyente religioso común quiere: que le ayude a él en esta vida y que le garantice la otra. Y, en efecto, se cuentan numerosas historias de intervenciones divinas, milagros, realizados por Dios mismo o por intermediación de al-guno de sus santos siervos pretéritos o contemporáneos. Se cuenta… pero nunca se ha probado un milagro con rigor científico.Es evidente que se dan curaciones espontáneas extraordinariamente infrecuentes y llamativas, y que en algunos de esos casos no llega a saberse el mecanismo de la curación. Pero eso no basta para proclamar que se han violado las leyes naturales mediante una intervención sobrenatural. En muchos casos, esta supuesta intervención ni siquiera se ha solicitado.Los milagros no son el único tipo de fenómenos de los que se dice que contravienen las leyes naturales: están también muchos de los llamados fenómenos mágicos y paranormales. Alguna Universidad, como la de Edimburgo, ha hecho frente directamente a estas pretensiones, rechazándolas en todos los casos de estudios controla-dos. Pero destaca la muy acreditada labor del CSICOP (Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales), creado en Estados Unidos en 1976: la investigación científica de los supuestos hechos paranormales invariablemente ha probado la falsedad o la normalidad de éstos. Sin embargo, parece que ningún centro científico de prestigio se decide a afrontar sin reservas el asunto de los milagros, aunque sí hay científicos y médicos que, a título particular, se pronuncian -en uno u otro sentido- sobre fenómenos tales como las curaciones inesperadas.Pocas veces hay declaraciones tan claras como esta de Paul Davies (1999, p. 65 de la trad. española): “la ciencia rechaza los milagros genuinos”. Es llamativa la tarea de un afamado ilusionista, James Randi, como experto en desenmascarar farsantes. Randi creó una fundación para diferenciar el ilusionismo de los fenómenos paranormales y milagrosos. De hecho, instauró hace años un premio de un millón de dólares para quien consiga demostrar, en un entorno controlado, ese tipo de fenómenos. De momento nadie ha pasado de las pruebas preliminares. Al margen de la cuestión de las pruebas, con todos los milagros hay un problema de fondo desde el punto de vista del alcance de la ciencia. Se dice que los milagros están causados por Dios, la Virgen o los santos, quienes están en un mundo trascendente, más allá del dominio de la ciencia, de la realidad física. Pero entonces estamos ante una causa no física (fuera del ámbito de la ciencia) que produce un efecto físico (dentro del ámbito de la ciencia), lo cual es un contrasentido, un absurdo. O bien ese mundo trascendente no puede conectar con el mundo físico, con lo cual los milagros son imposibles, o bien sí son éstos posibles porque sí hay conexión entre los dos mundos, y entonces el llamado mundo trascendente sí sería objeto de indagación científica. En otras palabras: Dios no es objeto de la ciencia… mientras no se diga que Dios actúa sobre la realidad material.Se han hecho intentos de sortear estas dificultades apelando (véase Pol-kinghorne 1998 o Guitton et al. 1991) a un Dios que intervendría a través de fenómenos cuánticos no-deterministas y/o a través del caos determinista, en el que en ocasiones se produce el popular ‘efecto mariposa’ (gran sensibilidad a pequeñas alteraciones). Es un intento obvio de encontrar lagunas en la descripción científica de la realidad material donde hacer actuar a Dios sin problema. Parecería una especie de Dios que actúa donde no se le pueda coger in fraganti, no un Dios que juega a los dados, sino que truca los dados y se esconde. Realmente estas hipótesis no se han formulado con un rigor intelectual que reclame aquí mayor atención.En definitiva, acerca del “Dios personal” con capacidad de intervenir sobre el que se preguntó a los científicos, sí tiene que hablar la ciencia. En mi opinión, esto explica los resultados de los sondeos de Leuba, Larson y Witham, explica que el mayor conocimiento científico vaya habitualmente acompañado de una menor creencia en ese Dios capaz de alterar los procesos naturales.Hoy ya hay muchos teólogos más o menos conscientes de este conflicto de la religión con la ciencia a causa de las intervenciones divinas, y llegan a hablar de fe “a pesar de los milagros”, de los milagros como un obstáculo para la fe. Pero habría que preguntarse qué sería de las religiones, qué quedaría de la religiosidad popular sin los milagros, sin la esperanza de intervenciones desde el más allá en la vida personal. ¿No se invocan estas intervenciones en las prácticas religiosas, como las misas? Conviene conocer que en EE UU -ya que lo venimos tomando como referencia-, el 89 % de la población cree en los milagros (Winseman 2004); este valor sube al 95 % entre los cristianos (Harris Interactive 2003). En España, aunque sólo cree “con seguridad” en los milagros el 33 %, hay otro 30 % que “tiene dudas” (Pérez-Agote, Santiago 2005).Incluso entre quienes rechazan la idea de un Dios interviniendo providencial y frecuentemente en los asuntos humanos, abundan quienes no pueden prescindir de al menos unas pocas intervenciones divinas en la historia del universo. El origen de la vida, el origen del hombre y el propio origen del universo han sido y son momentos irrenunciables para el catolicismo oficial y popular.

El origen de la vida y del hombre

Es muy triste que en países avanzados como el nuestro la evolución apenas sea conocida, entendida y aceptada por una gran parte de la población. No parece haber datos estadísticos sobre los españoles, pero puede orientarnos -considerando los datos comparados de otras creencias religiosas- saber que un gran porcentaje de la población estadounidense sigue creyendo al pie de la letra las historias bíblicas sobre nuestros orígenes.En la encuesta de ABC News publicada el 15 de febrero de 2004, la mayoría dice creer que los relatos bíblicos -como el de Noé y el Diluvio (60%), o el de Moisés y el Mar Rojo (64%)- son “literalmente verdaderos”: están convencidos de que ‘el mundo’ tiene menos de 10.000 años. Después de casi 150 años desde Darwin, la historia de la creación en la que Dios creó el mundo en seis días es creída por el 61%. En la encuesta aparecen como mucho más creyentes en esos absurdos mitos los protestantes (creen en torno al 88 %) que los católicos (en torno al 48 %). En otra encuesta (Newport 2004), sólo el 35 % piensa que la evolución está bien apoyada en pruebas y sólo el 13% cree que en la aparición del hombre no intervino directamente Dios. Eso explica que el 76 % no se sentiría contrariado si en las escuelas públicas se explicara la teoría creacionista según la cual la especie humana procede de creación directa por Dios, no de la evolución (Carlson 2005). Con ese respaldo popular, extrañan menos los incesantes intentos de que no se explique la evolución adecuadamente en las escuelas: a los 80 años del célebre juicio contra el profesor John Thomas Scopes por enseñar la evolución, se ha celebrado un nuevo proceso en Kansas para llevar el antievolucionismo a la enseñanza. En definitiva, en Estados Unidos la mayoría aceptaría sin dudar el llamado “argumento del diseño”, y cabe pensar que en España el respaldo sería mucho menor, pero considerable. El argumento del diseño ha sido utilizado, junto a los argumentos ontológico y cosmológico, como prueba de la inevitable existencia de un creador del universo. El teólogo del siglo XVIII William Paley lo exponía en un pasaje muy conocido al comienzo a su Teología natural, o pruebas de existencia y atributos de la divinidad recogidas a partir de los aspectos de la naturaleza, de 1802. Básicamente decía que si la complejidad y precisión del diseño de un reloj nos fuerzan a concluir que tuvo un fabricante inteligente, las obras de la naturaleza nos fuerzan con mucho más motivo. Sin embargo, David Hume, en su Diálogos sobre la religión natural, publicado en 1779, ya había hecho una crítica demoledora a la lógica de la utilización del aparente diseño de la naturaleza como prueba positiva de la existencia de Dios: el argumento del diseño es sólo una analogía, que puede servir de guía para formular una hipótesis, pero no es un criterio válido de prueba; además, es una analogía débil si atendemos con detenimiento a las similitudes entre los seres vivos y los objetos diseñados por el hombre.A pesar de la contundencia de los argumentos de Hume, no había una explicación satisfactoria de la complejidad del mundo, sobre todo de la vida, ni pruebas de la aparición natural de los seres vivos. El principio de esta explicación y esas pruebas vino de la mano de Alfred Russel Wallace y, sobre todo, de Charles Darwin, cuando publicó en 1859 El origen de las especies. Desde entonces las pruebas del hecho evolutivo son abrumadoras, y sólo discuten la existencia de la evolución, conociendo esas pruebas, personas obcecadas (véase una buena divulgación evolucionista en Dawkins 1986).

Los defensores del “diseño inteligente” (una nueva versión del viejo creacionismo que evita hablar de una Tierra de 6.000 años de antigüedad), muchos de ellos en el Discovery Institute de Seattle, aceptan la evolución pero declaran que es imposible sin la mano guiadora de un impulsor. Intentan contar con un fundamento científico demostrando aquella imposibilidad, y están siendo cada vez más activos en los campus universitarios. De hecho, la revista Nature, pregunta desde su portada del 28 de abril de 2005: Is intelligent design coming to your campus? (¿Está llegando el diseño inteligente a tu campus?) Y en el editorial pide a los científicos que no se ignore esta “amenaza al mismo corazón de la razón científica”, que defiendan esta razón ante los estudiantes.Las “demostraciones” que propone el diseño inteligente lo que suelen probar es falta de conocimiento de los procesos evolutivos y, en general, de los mecanismos generadores de complejidad. Sus defensores desconocen, aparte de los mecanismos evolutivos biológicos que está desentrañando la genética, la biología molecular y la biología teórica en general, los mecanismos de alcance general que estudia la termodinámica de sistemas alejados del equilibrio, el caos determinista y otras aproximaciones a los fenómenos de autoorganización (véase Lewin 1999). En el mejor de los casos, nos las vemos con el viejo “Dios de los huecos” o “Dios tapaagujeros”, el que hace siglos valía para explicar tantas cosas, pero que ha ido retrocediendo empujado por el avance del conocimiento científico. Ese Dios que surgió de la ignorancia es un anacronismo que se mantiene por el peso de la tradición y por la propia ignorancia científica actual.Los defensores deldiseño inteligente parecen ignorar que la arquitectura y funcionamiento de los seres vivos, aun siendo sobrecogedores, distan, como señaló el propio Darwin, de la perfección. El gran biólogo francés François Jacob (1981) dejó claro que la evolución -si se quiere una imagen antropomórfica- actúa como una gran oportunista sin planes de futuro, aficionada al bricolaje, no perspicaz diseñadora. ¿No es notable, por ejemplo, que ningún animal haya incorporado el enormemente ventajoso movimiento rotatorio de las ruedas? (Holliday 2003).Los avances en el conocimiento de la evolución no han eliminado las fuertes controversias sobre aspectos concretos de los procesos y los mecanismos implicados, pero, dada la enorme coincidencia de todos los seres vivos conocidos sobre la Tierra en el plano celular y molecular, pocos dudan de que tienen un origen común. Es decir, cada célula de cada ser vivo (incluyéndolo a usted) procede de otra célula (omnia cellula ex cellula), que a su vez procede de otra… Esto nos lleva a un viaje ininterrumpido hacia el pasado en el que finalmente nos encontraríamos con una célula, o mejor, una población celular, que sería el ancestro común a todos los seres vivos (se la conoce en la literatura científica como LUCA, de Last Universal Common Ancestor).Incluso para muchos de quienes aceptan la evolución, y entienden que una especie se moldea mediante una acumulación de cambios a partir de organismos ancestrales y en ocasiones mucho más simples, la aparición de los primeros organismos sobre la Tierra supone un problema sin solución. Desde luego, es un problema que no resuelve la teoría evolutiva convencional, pues ésta se ocupa de las transformaciones de especies ya existentes. Pero el cómo pudo emerger la vida es un problema genuinamente científico, aunque con dificultades excepcionales: la ciencia podrá demostrar cómo pudieron ocurrir probablemente los hechos (el origen de la vida), e incluso probarlo en el laboratorio, pero parece que nunca podrá certificar que ocurrieron de esa manera. Desde que Alexander I. Oparin y John B. S. Haldane propusieron las primeras hipótesis científicas en torno al origen de la vida en los años 1920, y desde que Stanley L. Miller demostró en el laboratorio, en 1953, que la simulación de las condiciones de la Tierra primigenia originaba espontáneamente compuestos característicos de los seres vivos (aminoácidos), se ha avanzado mucho en la comprensión del problema y en el planteamiento de soluciones. Hoy es un campo activo y apasionante de investigación en el que quedan importantes asuntos que resolver para entender, sobre bases sólidas, cómo pudieron ensamblarse las primeras células; sin embargo, no son hipótesis científicas lo que falta (véase la de Günter Wächtershäuser (1988) como hipótesis modélica, y una perspectiva general en Aguilera (1993)). Por tanto, no se puede sostener -si no es por ignorancia o mala fe- que el origen de la vida es un problema que la ciencia no puede ni podrá explicar. Pocos científicos informados dudan de que el origen de la vida fue un suceso natural, espontáneo, aunque haya diversidad de pareceres en cuanto a la probabilidad del suceso dadas las condiciones adecuadas (lo que afecta también a la probabilidad de vida extraterrestre).Lo que sabemos del origen de la vida permite decir, una vez más, que la hipótesis de Dios es innecesaria. Pero yo añadiría -en la línea de François Jacob- que, si aceptáramos al Dios creador y diseñador como hipótesis de trabajo, concluiríamos que se trató (trata), aparentemente, de un ignorante en Biología molecular. El propio código genético, con el que se traducen los mensajes genéticos al lenguaje de las proteínas, parece fácilmente mejorable. De hecho, los humanos, que apenas hemos empezado a avanzar en Biología molecular, ya estamos proyectando la mejora de ese código en especies existentes… o en especies desarrolladas casi de novo. El último episodio de la evolución biológica donde las religiones suelen invocar la intervención divina es la aparición de la especie humana. La Iglesia católica, que acabó aceptando en 1992 que “la evolución es algo más que una hipótesis”, sigue manteniendo fuera del alcance evolutivo la aparición de los humanos: hubo Dios de intervenir para insuflar el alma. Este mito del alma, refutado de manera implacable y exhaustiva por Gonzalo Puente Ojea (2000), es uno de los últimos refugios del Dios tapaagujeros… sólo que, desde el punto de vista científico, cuesta ver qué agujero es el que se pretende tapar. Con los conocimientos científicos actuales, la hipótesis del alma no es solamente innecesaria o metafísica. La ciencia no sólo no la contempla por su materialismo metodológico, pues si se dice que el alma afecta a las funciones cerebrales, cae en las redes científicas: es una hipótesis del ‘reino empírico’. Pero como tal, está incluso pendiente de formulación rigurosa, me temo que porque la formulación clara choca de inmediato con los hechos y la razón. En estos tiempos es difícil imaginarse a alguien documentado que crea que Dios dirigió la creación y la evolución del universo y de la vida en la Tierra con el objetivo de llegar al hombre. La historia evolutiva que condujo a nuestra especie estuvo -como ha explicado convincentemente Gould- plagada de contingencias; la caída de un gran meteorito hace 65 millones de años, decisiva para el fin de los dinosaurios y tantas otras especies y para la prosperidad de nuestros antepasados, es sólo una de ellas. El conocimiento cada vez más profundo de la evolución (por ejemplo, a nivel genético y molecular) deja cada vez más clara la no singularidad de nuestra especie.La visión anticientífica, por motivos religiosos, de la especie humana y sus orígenes, tiene a veces consecuencias desgraciadas. Veamos como ejemplo el caso de la homosexualidad. Diversas religiones la consideran “contra natura” sobre la base de asignar a la naturaleza, y especialmente a los humanos, los propósitos divinos. Sin embargo, es evidente que la homosexualidad es natural, se observa en multitud de especies animales (véase Bagemihl 1999). Otro caso de creencias religiosas anticientíficas con efectos morales graves son la existencia de alma en los zigotos y embriones humanos -recordemos que hablamos de un alma capaz de afectar, en su momento, a la acción cerebral- y la virginidad de la madre de Jesús… además de las ya consideradas, como los hechos milagrosos en general (y la resurrección de Jesús en particular) y la evolución dirigida por Dios. En todos los casos se pone de manifiesto que la ciencia no puede dictar normas morales, pero sí señalar la verosimilitud de sus fundamentos.Ante las dificultades para defender una evolución guiada por Dios, y las intervenciones de seres trascendentes en general sobre el funcionamiento del mundo, muchos de los defensores de una acción divina orientada a la aparición de la especie humana han encontrado una solución en la cosmología: Dios habría generado el universo con sus leyes y ya no intervendría más. Dios actuaría de forma inmanente a través de las leyes naturales: no tiene que ir haciendo ajustes (incluso no debe), se soslaya el problema de la existencia del mal siendo Dios omnipotente e infinitamente bueno (teodi-cea) y se evita el conflicto con la ciencia. Más aún: la ciencia ofrecería indicios de esa acción divina primigenia. Veamos esto.

El origen del universo: ¿último refugio para Dios?

 Salvo los ofuscados creacionistas, pocas personas informadas rechazan la evolución del universo desde su explosivo principio, aunque haya apasionantes controversias sobre el proceso. Lo que ha resultado sorprendente ha sido la constatación de que, si en esos inicios se hubieran impuesto unas constantes físicas (la constante de Planck, o la intensidad de las cuatro fuerzas fundamentales del universo) ligeramente diferentes a las existentes, el universo no habría evolucionado de forma compatible con la vida que conocemos… con la existencia humana, por tanto. A esta constatación se la conoce con el nombre de «principio antrópico» (expresión introducida por Brandon Carter en 1974; véase Davies 1992). Hay una versión «débil» del principio que no es mucho más que el desarrollo lógico de la constatación señalada. Pero una versión «fuerte» añade que aquellas constantes fundamentales se seleccionaron para que apareciera la vida. En otras palabras, al comienzo del universo hubo un ajuste fino de las constantes, un ajuste intencionado. ¿Cómo explicar si no tamaña coincidencia? Es curioso que algunos defensores del diseño apelen a un Dios creador cósmico para generar un universo que hiciera la vida probable o necesaria y, al mismo tiempo, apelen a un Dios creador biológico para explicar el origen de la vida porque es sumamente improbable. ¿Es admisible, desde la ciencia, esa intervención única de un Dios, hace unos 14.000 millones de años? Un Dios que no sería aquel ser providente que ha guiado cuidadosamente la evolución de la especie humana, ese a quien se puede rezar para que obre milagros… Para empezar, lo evidente: apelar a un Dios creador para explicar el origen del universo no hace sino retrasar el problema hacia el origen de Dios mismo. No deben valer los trucos de asignar a ese Dios propiedades físicas, como la eternidad, y negárselas al propio universo físico. En definitiva: ese Dios no es que no parezca una explicación satisfactoria, simplemente no parece una explicación. El origen de todo, la cuestión de Leibniz (¿por qué hay algo en vez de nada?) es el problema de los problemas, pero desde la Física ha aparecido una propuesta de solución; se trata de la hipótesis de Alexander Vilenkin acerca del origen del universo a partir de una fluctuación cuántica aleatoria de la nada, pero no parece que eso sea posible sin violar los principios de conservación. Menos evidente es el asunto del aparente ajuste de las constantes físicas. Sin embargo, cuando lo que se plantea es la necesidad de recurrir a un ajuste intencionado, se está ignorando lo que la física hipotetiza, y lo que sabe (y no sabe), a saber:

  • No se conocen los mecanismos mediante los que esas constantes se generan. No se percibe ninguna razón por la que no podamos llegar a conocerlos algún día. Si llega ese día -como cabe esperar-, podremos discutir el asunto sobre bases más firmes.
  • No está demostrado que alguna forma de vida -o de inteligencia- sólo sea posible en un rango muy estrecho de parámetros físicos.
  • En el caso de que al generarse un universo existan varias (quizá infinitas) posibilidades de elección de constantes, hay diversas hipótesis puramente físicas que quieren explicar la existencia de este nuestro universo con las constantes adecuadas. Remito al lector a la lectura -en Internet puede encontrar exposiciones asequibles- de las hipótesis acerca de la existencia de una infinidad de universos -o un multiverso- aleatorios con todas las posibles combinaciones de leyes y constantes físicas (André Linde), lo que quizás sea más fácil de explicar que la existencia de un solo universo; la hipótesis relacionada del citado Vilenkin -desarrollada con variantes por Sean Carroll y Jennifer Chen- que opina que hay buenas razones para pensar que el universo es infinito, con infinitos big bangs; y la propuesta de una evolución por selección natural de universos (Lee Smolin, Quentin Smith). Victor Stenger (2003) ha hecho una magnífica labor divulgativa de estas “extrañas” hipótesis. Pero caben dudas sobre si en su estado actual son realmente hipótesis científicas: ¿son susceptibles de falsación? (requisitopopperiano).

En definitiva, el último reducto del Dios tapaagujeros empieza a verse inseguro. En cualquier caso, la negación desde la ciencia, más allá de dudas razonables, de la existencia de milagros y de almas, de un Dios providente y de otros seres trascendentes capaces de afectar a la realidad material sin ser objetos de la actividad científica, está siendo muy dura de asumir, incluso por buena parte de los científicos. Pero este reconocimiento de la realidad me parece un gran paso, y un paso necesario, en el tránsito de la infancia a la edad adulta. Especialmente si se quiere mejorar esa realidad.

Más allá de la ciencia

Como se ha dicho, la ciencia no nos da un sentido de la vida, una moral. Esto no es lo mismo que decir que, siguiendo a la ciencia, la vida carezca necesariamente de sentido, incluido el moral. La moral y el sentido son creaciones humanas que están fuera del ámbito científico, aunque, en mi opinión, tienen que estar muy atentas a la ciencia porque no deben ignorar los conocimientos sobre la realidad material. Pero, además, quizás el método científico pueda sugerir algunos comportamientos deseables en las relaciones sociales, en los conflictos: el rigor en la expresión, el rechazo de las falacias argumentativas, el mantenimiento de la duda razonable… La cultura científica y la razón crítica pueden ser emancipadoras, herramientas que nos permiten ser dueños de nuestra voluntad y nuestro pensamiento, auténticamente responsables. Nos sirven para evitar la irracionalidad en forma de percepciones falsas, errores lógicos, decisiones incoherentes, malas apuestas. Y para detectar manipulaciones y engaños. Los grandes males de nuestro tiempo (piénsese en los siguientes, ligados entre sí: la pobreza, el deterioro ambiental, la explotación laboral, las diversas formas y grados de terrorismo -incluido el ejercido desde el poder oficial-, el imperialismo, el militarismo, la colonización cultural…) no vienen de un exceso de racionalidad, como nos dicen los oscurantistas, sino, en buena medida, de su defecto. Vienen de que se sustituyen o disfrazan en parte las viejas formas de manipulación y dominio por otras que se alimentan de las nuevas tecnologías. Frente a todas, el conocimiento, la razón y la crítica son nuestras mejores armas. Y deberán emplearse a fondo a la hora de decidir los objetivos de las investigaciones científicas, de promover una ciencia al servicio de la humanidad, no preferentemente de los poderes económicos y militares, como hoy sucede.

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(1) Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada (España).
Publicado originalmente en la revista Mientras Tanto (publicación trimestral de ciencias sociales de la Fundación Giulia Adinolfi – Manuel Sacristán), vol. 95 (verano 2005), pp. 125-153.