por APRA | May 10, 2016 | Análisis de Textos Sagrados, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Francisco Viturro
Hola, queridos niños.
Lo primero que quiero hacer es presentarme: Mi nombre es Dios.
Así es como me llaman ahora y aquí, porque como sabréis, en otras épocas tenía otros nombres (Yavé, Jehová, Zeus) y en otros lugares también (Alláh, Manitú…).
Pero lo importante es que todo el mundo me conoce.
Para que todos los hombres tuvieran noticias mías, se me ocurrió el método del “libro sagrado”.Consiste básicamente en hacerles creer a algunos pobres infelices que les estoy hablando.
De esa manera, se tragarán cualquier cosa que les cuenten, porque es una “revelación”.
Acordaos bien, ya que la revelación es el único modo en que dicto mis normas a los humanos.
Podría hacerlo de otras formas -como sabéis soy omnipotente- pero encuentro que así es muy divertido. Además, en cada tiempo y lugar imparto normas diferentes, para que se peleen entre ellos intentando averiguar quién tiene razón.
No sabéis qué bien me lo paso cuando se matan en mi nombre… A veces, algunas personas se niegan a creer en la “revelación” de otras. Quizá porque me paso en lo absolutamente estúpido de las normas que les dicto (¡y aún así las cumplen!), je, je, el caso es que se me rebelan contra la revelación.
Pues bien, nunca he tenido problemas con eso. Si tenéis curiosidad, leed las vidas de los Papas (mis representantes oficiales, como dicen ellos), o de muchos santos.
Veréis cómo hay que hacer para “convencer” a los que se muestran un tanto escépticos.
Pero eso es otra historia. Estamos aquí para que veáis quién soy en realidad, porque desde que envié a mi hijo –todos lo conocéis, se llama Jesús- la religión se ha convertido en cosa de flojos y debiluchos, todo el tiempo predicando chorradas como lo del amor al prójimo, la bondad, la piedad, la misericordia, y cosas así.
Es la parte de la Biblia que menos me gusta, el Nuevo Testamento.
Por culpa de esas ideas se me ha perdido totalmente el respeto.
Ya no se me teme, no se me hacen sacrificios decentes, ni se condena al infierno hasta el fin de la eternidad.
Así no hay quien gobierne un Universo.
Los viejos tiempos eran otra cosa. El Antiguo Testamento, ¡eso sí era orden divino!. Teníais que ver cómo se me obedecía, con qué fe. Y rapidito, no como ahora, que todo se pone en duda y se piensan las cosas dos veces (ay, esos ateos…).
Qué tiempos aquellos, en que exterminaba naciones enteras: [1] Yavé, tu Dios, te introducirá en la tierra adonde vas y que pasará a ser tuya; arrojará delante de ti a muchos pueblos, al heteo y al guergaseo, al amorreo y al cananeo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo, siete naciones mucho más numerosas y poderosas que tú. [2] Cuando las entregue en tus manos y tú las derrotes, los exterminarás según la ley del anatema. No harás alianza con ellas ni les tendrás compasión. (Dt. 7) ¿Qué os parece?.
El problema era que yo les había prometido a mis elegidos (los judíos de entonces) unas determinadas tierras, y resulta que ya estaba ocupadas. Así que hubo que exterminar a unos cuantos miles de inocentes. ¿Y qué? Al fin y al cabo yo los creé, ¿no?.
Y Moisés, qué gran hombre. Los militares de ahora deberían aprender de él: Moisés les dijo: «¿Así, pues, han dejado con vida a las mujeres? [16] Precisamente ellas fueron las que, siguiendo el consejo de Balaam, indujeron a los hijos de Israel a que desobedecieran a Yavé (en el asunto de Baal-Peor) y una plaga azotó a la comunidad de Yavé. [17] Maten, pues, a todos los niños hombres, y a toda mujer que haya tenido relaciones con un hombre. [18] Pero dejen con vida y tomen para ustedes todas las niñas que todavía no han tenido relaciones. (Núm. 31)
En ocasiones, tenía que asesinar a tanta gente, que me era prácticamente imposible hacerlo en persona.
Menos mal que tengo ayudantes: [36] Esa misma noche el Angel de Yavé hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil hombres del campamento asirio. A la hora de levantarse, en la mañana, no había más que cadáveres. (Is. 37)
Es posible que a estas alturas os estéis preguntando: Pero ¿qué Dios es éste, que mata a sus hijos como si fueran cucarachas?. ¿No era el Dios padre bueno, amoroso, misericordioso, bla, bla, bla?.
La respuesta es obvia: NO.
A ver si os enteráis de una vez, queridos niños.
Soy la creación de un grupo de nómadas primitivos, apenas unos criadores de cabras, que plasmaron en unos cuantos libros todas las leyendas que durante miles de años les contaron sus antepasados, que a su vez eran también criadores de cabras. Y me hicieron así de sanguinario, feroz, cruel, injusto, mentiroso y prepotente.
Las madres tuvieron que comerse a sus hijos, a sus niños de pecho. Fueron asesinados en el santuario de Yavé sacerdote y profeta. [21] Por tierra yacen en las calles niños y ancianos; mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a cuchillo; mataste en el día de tu cólera, mataste sin compasión. (Lam. 2)
Qué le vamos a hacer. Claro que no todo va a ser enfados, cabreos y mala leche. Si queréis una prueba de mi sentido del humor, mirad lo que le hice a Abrahán, el padre de la patria israelita:
[1] Tiempo después, Dios quiso probar a Abrahán y lo llamó: «Abrahán.» Respondió él: «Aquí estoy». [2] Y Dios le dijo: «Toma a tu hijo, al único que tienes y al que amas, Isaac, y vete a la región de Moriah. Allí me lo ofrecerás en sacrificio, en un cerro que yo te indicaré.» [3] Se levantó Abrahán de madrugada, ensilló su burro, llamó a dos muchachos para que lo acompañaran, y tomó consigo a su hijo Isaac. Partió leña para el sacrificio y se puso en marcha hacia el lugar que Dios le había indicado. [4] Al tercer día levantó los ojos y divisó desde lejos el lugar. [5] Entonces dijo a los muchachos: «Quédense aquí con el burro. El niño y yo nos vamos allá arriba a adorar, y luego volveremos donde ustedes.» [6] Abrahán tomó la leña para el sacrificio y la cargó sobre su hijo Isaac. Tomó luego en su mano el brasero y el cuchillo y enseguida partieron los dos. [7] Entonces Isaac dijo a Abrahán: «Padre mío.» Le respondió: «¿Qué hay, hijito?» Prosiguió Isaac: «Llevamos el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» [8] Abrahán le respondió: «Dios mismo proveerá el cordero, hijo mío.» Y continuaron juntos el camino. [9] Al llegar al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó un altar y puso la leña sobre él.
Luego ató a su hijo Isaac y lo colocó sobre la leña. [10] Extendió después su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo, [11] pero el Ángel de Dios lo llamó desde el cielo y le dijo: «Abrahán, Abrahán.» Contestó él: «Aquí estoy.» [12] «No toques al niño, ni le hagas nada, pues ahora veo que temes a Dios, ya que no me has negado a tu hijo, el único que tienes.» (Gn. 22)
¿Os dais cuenta?.
Le pido al tío que mate a su hijo para ofrecérmelo en sacrificio (algo que me encanta) y ni siquiera protesta.
Eso es obediencia, y lo demás son tonterías.
Reconozco que ahí estuve sentimental y le paré la mano, pero os juro que su idea era matarlo para mí. Gran persona, este Abrahán… y muy leal.
Hasta hizo cargar a su hijo con la leña!!!.
Como veis, el asesinato y la masacre no es algo extraño ni anómalo en mi comportamiento.
Que los hombres me teman es muy productivo en determinadas circunstancias. Y no importa si son amigos o enemigos míos, todos deben estar bajo un horror tan agudo que les impida siquiera pensar en rebelarse contra Dios.
Una costumbre muy extendida entre las religiones actuales es sostener que las calamidades que ocurren en el mundo se deben a los hombres, que son pecadores, imperfectos, etc.
Cuando los ateos les dicen a los creyentes: ¿Porqué Dios no evitó tal o cual desgracia, siendo como es, omnipotente?, éstos responden muy serios algo referente al “libre albedrío” (o sea, la libertad de hacer lo que se quiera, bueno o malo).
Pues bien, recordad lo que dije hace ya muchos años: [7] Yo soy Yavé, y no hay otro más; yo enciendo la luz y creo las tinieblas, yo hago la felicidad y provoco la desgracia, yo, Yavé, soy el que hace todo esto. (Is. 45)
Después de haber provocado tantas muertes, exterminios, pestes y enfermedades en la antigüedad, no me importa nada seguir machacando a la humanidad, por mí creada. Los pobres judíos todavía se creen el pueblo elegido, y mira que les mando desgracias (lo de los nazis aún está reciente). ¿Qué tengo que hacer para que se decidan a repudiarme de una vez?.
Yo creo que son masoquistas, les gusta sufrir un montón. Y ante eso nada puedo hacer, la estupidez humana es lo único infinito de este Universo mío.
Si no, ved lo que dicen de mí, incluso después de achicharrarlos con azufre, matarlos y despedazarlos sin miramientos a miles, a millones: [8] El Señor es ternura y compasión, paciente y lleno de amor. [9] El Señor es bondad para con todos, sus ternuras están en todas sus obras. (Sal. 145)
¿Os dais cuenta, queridos niños?.
Mmmm, niños.
Eso me recuerda aquello que dijo Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
Deberíais tener en cuenta que yo no soy tan indulgente con vosotros, pequeñas criaturas indefensas.
Esto les pasó a los egipcios, por tener a los judíos como esclavos: [29] Sucedió que, a media noche, Yavé hirió de muerte a todo primogénito del país de Egipto, desde el primogénito del Faraón que está sentado en el trono, hasta el del preso que está en la cárcel, y a todos los primeros nacidos de los animales. [30] Faraón se levantó de noche, y con él toda su gente y todos los egipcios. Se oyó un clamor grande por todo Egipto, pues no había casa donde no hubiera algún muerto. (Ex. 12)
Una gran hazaña, lo reconozco.
Maté a todos los primeros hijos de cada familia y de cada animal en una sola noche.
Desde aquél día, los judíos celebran la Pascua sacrificando un cordero en mi nombre.
¡Sólo un cordero, con lo que me agrada un buen sacrificio de un niño pequeño, o de una virgen!. Pero las buenas costumbres se van perdiendo, como podéis ver.
Otro botón de muestra de cómo me las gasto yo con los niños, lo tenéis en la orden que le di a Samuel: Esta es la palabra de Yavé de los Ejércitos: [2] He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. [3] Ahora, vete y castiga a Amalec; tú lo declararás anatema con todo lo que le pertenece. No le tendrás compasión, sino que matarás a todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros.» (I Sam 15)
¿Qué os parece?.
Impresionante, ¿verdad?.
Si es que no hay nada como ser Dios Todopoderoso, ya que nadie te protesta.
Y si lo hace, lo matas y “a otra cosa, mariposa”.
A él y a toda su descendencia, por supuesto.
Y para terminar con el asunto de los niños (que, reconocedlo, a veces sois muy pesaditos), leed este pequeño detalle de cómo reacciono cuando me enojo: [23] De allí subió a Betel. Iba subiendo (Eliseo) por el camino cuando unos niños pequeños salieron de la ciudad y se burlaban de él, diciendo: [24] «¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!» El se dio la vuelta, los vio y los maldijo en nombre de Yavé. Salieron dos osas del bosque y destrozaron a cuarenta y dos de ellos. [25] De allí Eliseo partió para el monte Carmelo, y regresó a Samaria. (II Re. 2)
Como si tal cosa.
Así que tened cuidadito de lo que decís y sobre todo de lo que pensáis sobre mí, vuestro Dios.
Porque si algo tengo claro, es que la mejor forma de que los niños aprendan respeto y buenas costumbres, es gracias al castigo duro.
Y no me refiero a quedaros sin postre, o no ver la tele. Mirad, mirad…
[24] No usar la vara es no amar al hijo: el que lo ama no demora en corregirlo.
(Pr. 13) [13] No vaciles en corregir a un niño: el haberlo azotado no lo hará morir.
(Pr. 23) [15] Los azotes y las correcciones llevan a la sabiduría, el niño que lo dejan hacer todo será la vergüenza de su madre.
(Pr. 29) [6] Una palabra dicha en mal momento es como música en momentos de duelo, pero los azotes y las sabias reprensiones convienen en cualquier momento.
(Ecl. 22) [1] El que ama a su hijo no le escatima los azotes, más tarde ese hijo será su consuelo. [2] El que educa bien a su hijo, tendrá sus satisfacciones; se sentirá orgulloso de él delante de sus parientes.
(Ecl. 30) [9] ¿Quieres mimar a tu hijo? un día te hará temblar; juguetea con él, y te causará tristeza. [10] No te rías con él si no quieres un día afligirte con él y tener al fin que rechinar los dientes. [11] No le des rienda suelta en su juventud, [12] Pégale en las costillas cuando sea pequeño, no sea que se empecine y se te rebele. (Ecl. 30)
Pero a veces, los golpes no son suficientes.
Por ello doy el siguiente consejo:
[18] Si un hombre tiene un hijo rebelde y desvergonzado, que no atiende lo que mandan su padre o su madre, ni los escucha cuando lo corrigen, [19] sus padres lo agarrarán y llevarán ante los jefes de la ciudad, a la puerta donde se juzga, [20] y les dirán: «Este hijo nuestro es rebelde y desvergonzado, no nos hace caso, es un vicioso y un borracho.» [21] Entonces todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti, y todo Israel, al saberlo, temerá. (Dt. 21)
Creo haber dejado claro cuál es mi actitud con relación a la infancia.
En otro orden de cosas, para que podáis comprobar cómo cambian los tiempos, ahí va un ejemplo de legislación en materia de derechos humanos:
[44] Si quieres adquirir esclavos y esclavas, los tomarás de las naciones vecinas: de allí comprarás esclavos y esclavas. [45] También podrán comprarlos entre los extranjeros que viven con ustedes y de sus familias que están entre ustedes, es decir, de los que hayan nacido entre ustedes.
Esos pueden ser propiedad de ustedes, [46] y los dejarán en herencia a sus hijos después de ustedes como propiedad para siempre. (Lv. 25)
Con relación a la venta de esclavos, no hace falta que sean extranjeros. ¡Los familiares valen!.
[7] Si un hombre vende a su hija como esclava, ésta no recuperará su libertad como hace cualquier esclavo. [8] Si la joven no agrada a su dueño que debía tomarla por esposa, el dueño aceptará que otro la rescate; pero no la puede vender a un extranjero, en vista de que la ha traicionado. (Ex. 21)
Es posible que a estas alturas, después de lo que habéis leído (y que seguramente, nunca nadie os había contado) estéis algo asustados y confusos.
¿Dónde está aquél Dios bueno y justo del Catecismo?.
Si vuestro desasosiego os lleva a dirigiros a un cura, una monja, o un profesor cristiano practicante para preguntar si todo esto es cierto, con casi total seguridad os responderán:
“Si, pero eso eran otros tiempos, otras gentes y hoy en día las cosas son de otra manera…”.
O bien: “Bueno, la Biblia no hay que tratar de entenderla literalmente…”
Ni que decir tiene que tanto una cosa como la otra son falsas.
Mis leyes son eternas e inmutables, valen para allí y para aquí, para entonces y para ahora.
Y podéis estar seguros de que si digo “todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera”, no quise decir “todo el pueblo le dirá que fue malo, malísimo”… ¿me habéis entendido?.
Ya para finalizar, os recomendaré que leáis mucho la Biblia –al fin y al cabo es mi Palabra- y que seáis muy buenos.
Aunque después de leer esto, entenderé que no deseéis estar conmigo en el cielo toda la eternidad…
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Stephen Jay Gould
Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes.
La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en los juicio
s de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar.
De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy.
El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) del derecho evangélico resurgente. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución.
Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución.
Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos.
En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella? Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría.
Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.” Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos.
La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.
Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física.
Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución.
Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, Charles Darwin que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución.
El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar.
Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas.
La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender.
En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad de sus teorías.
Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones.
Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones.
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Stephen Jay Gould
Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes.
La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en el juicio de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar.
De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy.
El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) de la resurgente derecha evangélica. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución.
Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución.
Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos.
En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella?
Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría. Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.”
Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos.
La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.
Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física.
Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución.
Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, Charles Darwin que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución.
El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar.
Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas.
La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender.
En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad de sus teorías.
Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones.
Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones.
Artículo original en inglés.
por APRA | May 3, 2016 | Ciencia, Crítica a las Religiones, Pensamiento Crítico |
Por: Bertrand Russell
DE “LA VOLUNTAD DE DUDAR”

Deseo proponer una doctrina que puede, me temo, parecer violentamente paradójica y subversiva.
La doctrina en cuestión es ésta: que es indeseable creer en una proposicion cuando no hay razones fundadas para suponerla verdadera.
Debo, por supuesto, admitir que si tal opinión llegara a ser común transformaría totalmente nuestra vida social y nuestro sistema político; puesto que ambos son actualmente intachables, ésto debe pesar contra élla. Creo también (lo que es mas serio) que esto tendería a disminuir las rentas de clarividentes, de editores de libros, obispos, y de otros que viven de las esperanzas irracionales de los que no han hecho nada para merecer buena fortuna aquí o de aquí en adelante. Primero que todo, deseo guardarme contra el pensamiento de mantener una posicion extrema.
Soy Whig británico, con un amor británico del compromiso y la moderación. Una historia se cuenta de Pirro, el fundador del Pirronismo (tál era el viejo nombre del escepticismo). Él mantuvo que nunca sabemos bastante para estar seguros que una línea de conducta es más sabia que otra.
En su juventud vio a su profesor en filosofía (de quién él tomo sus principios) con su cabeza metida en una zanja, incapaz de salir. Después de contemplarlo un cierto tiempo, se marcho, diciendo que no habia suficiente fundamento para suponer que haría algún bien sacando al hombre.
Otros, menos escépticos, efectuaron un rescate, y culparon a Pirro por ser de corazon duro. Pero su profesor, fiel a sus principios, lo elogio por su consistencia. No abogo por un escepticismo heroico tal como ése. Estoy preparado para admitir la creencia ordinaria del sentido común, en la práctica si no en teoría.
Estoy preparado para admitir cualquier resultado bien establecido por la ciencia, no como verdad absoluta, sino como suficientemente probable para producir una base para la acción racional. Si se anuncia que habra un eclipse de luna en tal-y-tal fecha, creo méritorio mirar y ver si está ocurriendo. Pirro habría pensado de otra manera.
En este terreno, me siento justificado al afirmar que abogo una posición media. Hay materias acerca de las cuales convienen los que las han investigado; las fechas de eclipses pueden servir como ilustración. Hay otras materias sobre las cuales no convienen los expertos. Aun cuando los expertos coincidan, ellos bien pueden fallar. La opinión de Einstein en cuanto a la magnitud de la desviación de la luz por la gravitación habría sido rechazada por todos los expertos hace no muchos años, con todo se demostró correcta.
Sin embargo la opinión de expertos, cuando es unánime, se debe aceptar por los no expertos como más probablemente correcta que la opinión opuesta. El escepticismo que abogo refiere solamente a esto:
- que cuando convienen a los expertos, la opinión opuesta no puede ser sostenida con certeza;
- que cuando no convienen, ninguna opinión se pueden mirar como segura por un no-experto; y
- que cuando todos coinciden en que no hay bases para una opinión positiva, el hombre ordinario haría bien en no emitir juicio alguno.
Estos asuntos pueden parecer triviales, con todo, si fueran aceptados, revolucionarían absolutamente la vida humana. Las opiniones por las cuales la gente está dispuesta a luchar y a seguir pertenecen todas a una de las tres clases que este escepticismo condena.
Cuando hay argumentos racionales para una opinión, la gente esta contenta en establecerlas y esperan verlas funcionar. En tales casos, la gente no exterioriza sus opiniones con la pasión; las sostiene tranquilamente, y dispone sus razones en silencio. Las opiniones que están sostenidas con la pasión son siempre aquellas que no disponen de buenas bases que las sustenten; la pasión es de hecho la medida de la carencia de bases racionales del expositor.
Las opiniones en política y religión se llevan a cabo casi siempre en forma apasionada. Excepto en China, se cree que que un hombre es una pobre criatura a menos que tenga fuertes opiniones sobre tales materias; la gente odia a los escépticos mucho mas que a los abogados que sostienen ideas hostiles a las propias.
Se piensa que las demandas de la vida práctica exigen opiniones sobre tales cuestiones, y que, si nos volviéramos más racionales, la existencia social seria imposible.
Creo lo contrario de esto, e intentaré poner en claro porqué tengo esta creencia.
por Ricardo Montanía | May 3, 2016 | Artículos de Ricardo Montanía, Ciencia, Crítica a las Religiones |
El artículo del doctor Moreno:
La razón y las líneas imaginarias
En inmortal definición de Boecio, el ser humano es “sustancia racional”. Y es que el rasgo que distingue al hombre del resto de la creación es precisamente su capacidad de razonar. Pero ocurre que en ocasiones otros factores como las emociones, los sentimientos e intereses subracionales, entorpecen su visión y lo desvían del camino de racionalidad, con resultados generalmente lamentables.
Precisamente esta posibilidad de desviarse de su sustancia racional había llevado a Kant, en su momento sin dudas más pesimista, a acuñar su conocida frase “el hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse”. El objeto de esta breve nota es apuntar, particularmente, un caso de madera torcida causada por el alejamiento de cánones mínimos de la razón.
El caso se me plantea por la discusión en estos días, en la Cámara de los Comunes (Inglaterra), sobre una nueva ley que permitiría la utilización de embriones humanos para el avance científico, la experimentación, la creación de embriones para salvar a hermanos, etc. Y esto, claro está, presenta el problema del estatus jurídico del embrión humano. La postura tradicional, sin dudas, era que la persona humana es un ser único e irrepetible, y, como tal, posee una dignidad sagrada que no puede ser violada por ninguna ley humana, la cual, en tanto no la respete, carecerá de esa fuerza jurígena que caracteriza a las leyes justas. Preguntándose la razón respecto a desde qué momento puede decirse que esa persona humana posee una dignidad absoluta –y una consecuente protección jurídica integral– la respuesta era simple: en toda su vida, es decir, desde su concepción hasta su muerte física definitiva.
Pero he aquí que los avances médicos han desviado a muchos del camino de la racionalidad, pidiendo que se tracen líneas específicas para determinar el momento a partir del cual debe tutelar el ordenamiento jurídico a la vida humana. Algunos, como el filósofo John Rawls, señalan que esta línea debe ser trazada a partir del primer trimestre de vida; otros, a las 24 semanas; otros, todavía, como la legislación británica propuesta, a las 20 y así sucesivamente. De esta forma, se impediría la protección jurídica del embrión, facilitando la experimentación, etc. Pero ¡qué extraños somos los humanos cuando nos ponemos a trazar líneas así, en forma discrecional! ¿O no fueron hombres los que trazaron una línea arbitraria en la década del 30 en Alemania, determinando que algunos sujetos podían contar con la protección del derecho, condenando así a millones que no lo estaban a la más atroz fortuna?
Mi tesis es que estas líneas –20 semanas, 1 día, 3 meses– no son precisamente trazadas por la razón humana, sino más bien por otros factores, que bien pueden ser sentimientos o intereses personales o prejuicios o, en la mayoría de los casos, una conjunción de todo esto. Pero lo que estoy seguro es que no responden a estrictos cánones de racionalidad que, en este caso, debe provenir de los expertos, que son los médicos o embriólogos. Si recurrimos a los manuales más importantes sobre el tema, ellos nos dicen, por ejemplo que “el desarrollo humano comienza en la fertilización, cuando un gameto masculino o esperma (espermatozoide) se une a un gameto femenino u ovocito (huevo) para formar una única célula, un cigoto. Esta célula altamente especializada, totipotente, marcó el comienzo de cada uno de nosotros como un individuo único”. (Keith L. Moore and T. V. N. Persaud, The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, Quinta Edición; también en este sentido William J. Larsen, Essentials of Human Embryology o Scott F. Gilbert, Developmental Biology, Séptima Edición).
Luego de leer este tipo de definiciones, científicas, racionales si se quiere, me parece francamente increíble, en el sentido prístino de la palabra, leer a quienes plantean, como se hace ahora en Inglaterra, que el embrión no necesariamente debe tener tutela del derecho, sino que puede trazarse una línea que diga “sólo a partir de las 20 semanas tendrá protección el feto” o similar. ¿Cuál es el fundamento racional para sustentar ello? ¿De dónde sale esta línea? ¿Por qué no trazarla a los 2 días, o las 8 meses y medio, y así sucesivamente?
Y es que, cuando otras cuestiones distintas a la razonabilidad del ser humano se imponen y empezamos a imaginar líneas que sencillamente no existen, parece que tenemos que terminar dándole la razón a Kant: “El hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse”.
Yo, por mi parte, y en homenaje a mi entrañable abuelo materno, prefiero terminar esta breve nota citando a uno de sus escritores preferidos: “Cuán difícil es explicarla, pero la vida humana es simplemente misteriosa e inviolable; por ello la protegemos con leyes y penalidades” (Ralph Waldo Emerson). Siempre.
José Antonio Moreno Ruffinelli
Mi respuesta:
En el artículo del doctor José Antonio Moreno Rufinelli publicado el día domingo 25-05-08 en el suplemento cultural de ABC Color, hay una acusación implícita por parte de éste hacia la ciencia en el sentido de desviar al hombre de su racionalidad. Esta es una extraña idea a los ojos de un racionalista. El doctor Moreno nos habla de una postura tradicional que “sin dudas, era que la persona humana es un ser único e irrepetible, y, como tal, posee una dignidad sagrada que no puede ser violada por ninguna ley humana.”
Hagamos un breve repaso entonces de esta historia. La búsqueda de un criterio sólido, no ambiguo, acerca de si el aborto (usemos esta palabra como referencia) es admisible en algún momento, tiene profundas raíces históricas.
En la tradición Cristiana el punto era el momento en que el alma entra al cuerpo, tema no muy apropiado para la investigación científica. Aunque cada religión tiene su doctrina, usualmente no había prohibiciones; era corriente en Grecia y Roma antiguas, aunque los asirios empalaban a las mujeres que abortaban. El Talmud judío enseña que el feto no es una persona por tanto no tiene derechos. En la Biblia, tan abundante en prohibiciones sobre vestimenta, comidas y palabras apenas encontramos una vaga alusión al tema en Éxodo 21:22, diciendo que si una mujer resulta lesionada y en consecuencia aborta, el responsable debe pagar una multa. Los “Angélicos” Tomás de Aquino y Agustín no creían que el aborto sea homicidio, Tomás, porque el embrión no “parece” humano, postura adoptada por el Concilio de Viena en 1.312 y nunca repudiada. El derecho canónico sostenía que el aborto era homicidio sólo después que el feto estuviera “formado”, aproximadamente al final del primer trimestre. En el siglo XVII gracias a los “avances médicos” se examinaron los espermatozoides que parecían mostrar seres humanos plenamente formados. Esta mala interpretación, la de los “homúnculos” (*) convirtió al aborto en motivo de excomunión a partir de 1.869. En los EEUU, hasta 1.800 no había absolutamente ninguna legislación al respecto, lo que produjo el cambio fue el asalto de los médicos contra el aborto.
Como hasta mediado el siglo XIX la medicina no estaba controlada, la elite médica ansiosa por obtener rango e influencia constituyeron la AMA (**). Los médicos afirmaban que el feto era humano aún antes que la madre sintiera su presencia, había que ser médico para saber cuando resultaba moralmente aceptable practicar un aborto.
Así fue la ley hasta los años 60 del siglo pasado.Vemos entonces que las líneas delimitadoras de las que nos habla el doctor Moreno eran ya comunes antes que “los avances médicos” produzcan el supuesto desvío de la racionalidad.
Analicemos ahora la tesis propuesta de que “estas líneas –20 semanas, 1 día, 3 meses– no son precisamente trazadas por la razón humana, sino más bien por otros factores, que bien pueden ser sentimientos o intereses personales o prejuicios o, en la mayoría de los casos, una conjunción de todo esto” ¿Cuándo accede un feto a la personalidad? Este debe ser el criterio ya que solamente una persona puede ser asesinada. ¿Cuándo la cara se torna humana?, ¿cuándo reacciona a los estímulos externos?, ¿cuándo se pone activo como para que la madre lo sienta?, ¿cuándo puede respirar por si sólo? Evidentemente todos estos criterios son arbitrarios y ninguno implica características exclusivamente humanas al margen de la cuestión facial.
También los animales reaccionan al estímulo, respiran y se mueven, sin que eso impida que los matemos de a millones. Reflejos, movimiento o respiración no nos hacen humanos. Lo único que nos hace tales, lo que marca la diferencia fundamental, es esa capacidad de imaginar acontecimientos que todavía no han ocurrido, de concebir cosas, el pensamiento.
El pensamiento, bendición y perdición nuestra, nos hace ser humanos. El pensamiento tiene lugar en el cerebro y unas 100.000 millones de neuronas conectándose entre sí sirven de plataforma a esta maravilla del universo.
Pero la conexión a gran escala comienza recién a los seis meses del embarazo. La actividad cerebral se puede medir mediante electrodos colocados en la cabeza. Las pautas regulares de un cerebro humano no aparecen hasta cerca de los 7 meses y medio del embarazo. Hasta ese momento, el feto por vivo que se nos muestre no posee el suficiente “equipo” para producir pensamientos. Ese es un criterio racional que nos permite trazar la línea que inquieta al doctor Moreno. Esto es, cuando se hace posible un mínimo asomo de pensamiento característicamente humano. Es ampliamente aceptado en nuestra sociedad que la muerte de una persona está asociada con la cesación de toda actividad cerebral aunque sus demás órganos aún funcionen. En el caso que consideramos, tal actividad aún no tiene visos de existencia. Un criterio más estricto, previendo algún desarrollo fetal precoz, sería trazar la línea a los seis meses.
Si decidimos asegurarnos que el embrión no sufra, tracemos la línea cuando aún no posea ninguna célula nerviosa, aunque no es costumbre humana tener en cuenta el sufrimiento para no matar. Obviamente, cuando uno escoge llamar “humano” a una agrupación microscópica de células, no habrá argumento, por racional que sea, que lo convenza en otro sentido. Palabras como “sagrado” provenientes de las creencias religiosas particulares, comienzan a aparecer junto con ataques, ya que no argumentos, que intentan satanizar el aborto como el de relacionar su práctica con las matanzas de judíos por parte de los nazis .La razón nos dice claramente que un humano está caracterizado por su capacidad de de generar pensamientos, el carácter humano se adquiere con esta capacidad. Luego no existe la “arbitrariedad” alegada.
Si se alega la “potencialidad humana” del embrión podemos caer en la pendiente resbaladiza de considerar un delito impedir cualquier coito, que también tiene tal potencialidad. La mayoría de los coitos no producen embarazos de la misma manera en que la mayoría de los embriones abortan espontáneamente antes de originar humanos. Pero ambos tienen tal potencialidad.
Por supuesto que aun teniendo en cuenta lo expuesto, al menos en mi caso, me siento renuente a aceptar la practica de ningún aborto; lo humano entendido en los términos expuestos, me parece maravilloso. No obstante, puesto a decidir entre una persona con su sistema nervioso plenamente desarrollado generando pensamientos y una agrupación de células en la que ninguna de ellas es capaz de sentir o pensar, optaré siempre por lo humano.
(*) Homúnculo: creencia que el espermatozoide era un humano completamente formado que contenía en su interior otros seres humanos completos y así ad- infinitum.
(**) A.M.A: Asociación Médica Americana.
por Ricardo Montanía | May 3, 2016 | Artículos de Ricardo Montanía, Ciencia, Crítica a las Religiones |
La creencia tradicional de que “no es posible demostrar la inexistencia de Dios” es solo cierta cuando se define a Dios en la categoría de “irrefutables” que menciona Popper, refiriéndose a conceptos de tal amplitud que no hay forma de rebatir. No es tal, sin embargo, la condición del dios Cristiano-Judeo-Musulmán. Este dios se encuentra en cada nanómetro cúbico del universo, participando nanosegundo a nanosegundo de los avatares de su creación, conociendo (¡vaya ancho de banda!) los pensamientos de todas sus criaturas.
La existencia de tal dios es una afirmación de orden natural-empírico y como tal es susceptible de ser analizada como cualquier otra hipótesis del campo científico.
El método consiste en observar si las consecuencias derivadas de la existencia de un dios que posea las tres Oes con que se describe al dios mencionado (a saber Omnisciente, Omnipotente y Omnibenevolente) son consistentes con las observaciones y concuerdan o no con las predicciones del modelo científico estándar.
Primero citaré las observaciones que favorecerían a la existencia de Dios:
- Los sucesos puramente naturales serían incapaces de producir el universo, tal como lo conocemos, de la nada. Por ej., la densidad de la masa podría no haber sido la que es exactamente necesaria para para que el universo haya comenzado desde un estado de energía igual a cero, que asumimos es la energía de la nada. Hubiera implicado un milagro, la violación de la conservación de la energía sería precisa para crear el universo.
- Se podría probar que los procesos meramente naturales no podrían producir el orden en el universo.
- Se podría probar que los procesos meramente naturales no podrían producir la compleja estructura del mundo.
- Se podría encontrar evidencia que falsee la evolución. Algún fósil fuera de secuencia o no observarse especies transicionales.
- La memoria humana y los pensamientos darían evidencia de que no provienen a través de procesos físicos. La ciencia hubiera confirmado poderes excepcionales de la mente no explicables físicamente. Se hubiera encontrado evidencia de la vida después de la muerte.
- Un canal de comunicaciones no físico hubiera sido confirmado empíricamente por revelaciones conteniendo información no asequible por otros medios.
- Se hubieran encontrado evidencia histórica de los hechos de las escrituras. Por ej., registros romanos reportando un terremoto en el momento de la crucifixión.
- El vacío hubiera sido encontrado absolutamente estable requiriendo necesariamente una acción para traer algo de la nada a la existencia.
- El universo debería haber sido absolutamente agradable a la existencia humana. Ya que se lo creo con la vida humana en mente. Los humanos deberían poder moverse de planeta en planeta, capaces de vivir allí sin soporte vital.
- Los eventos naturales deberían seguir una ley moral, antes que una moral neutral de leyes matemáticas. Por ej., los rayos podrían caer más a menudo sobre gente malvada, la gente que actúa mal podría ser afectada por enfermedades con mas frecuencia. Las monjas deberían sobrevivir siempre a los accidentes aéreos.
- Los creyentes deberían tener un sentido moral superior que los no creyentes y otras cualidades superiores mensurables. Por ej., las cárceles deberían estar llenas de ateos mientras todos los creyentes viven sus felices vidas prósperos y conformes, rodeados de sus amantes familias y mascotas.
Desarrollaré a continuación las tres primeras observaciones mencionadas
1ª observación sobre la no existencia de Dios.
Origen
Una evidencia fuerte a favor de probar la existencia de un Dios creador sería una violación de las leyes de la naturaleza. Tradicionalmente, los teístas argumentaban que la materia debió haber sido creada por Dios, que no era posible que la materia haya sido originada de la nada.
Antes del siglo XX se creía que la materia no podía ser creada o destruida, sólo cambiada de un tipo a otro. La simple existencia de la materia parecía ser un milagro, una violación de la asumida ley de conservación de la masa que ocurrió una sola vez – durante la creación.
Sin embargo en su teoría especial de la relatividad de 1.905 el doctor Einstein mostró que la materia puede ser creada de energía y que puede convertirse en energía.
Todos conocen la tasa de cambio expresada en E=mC^2. Esto expresa que por ej., al aniquilar 1gr de masa obtenemos la energía que obtendríamos de quemar 5.000.000 kg de carbón vegetal. Entonces queda claro que la masa proviene de la energía y la ley de la conservación de la masa queda intacta. Ahora bien, ¿de dónde proviene la energía? La hipótesis de la creación divina quedaría confirmada por un requerimiento teórico de una violación de la ley de la conservación de la energía conocida como 1ª ley de la termodinámica 13.7 millones de años atrás en el momento del Big Bang.
Sin embargo ni las observaciones o la teoría indican que este haya sido el caso. La primera ley permite que la energía se convierta de un tipo a otro en un sistema cerrado mientras que el total de la energía del sistema permanezca constante.
Muy notablemente, la energía total del universo parece ser cero.
Como afirma Stephen Hawking en su libro de 1.988, “Una breve historia del tiempo”,
“En el caso de un universo que es aproximadamente uniforme en el espacio se puede mostrar que la energía gravitacional negativa cancela exactamente la energía positiva representada por la materia. Así la energía total del universo es cero. Específicamente , dentro de pequeños errores de medición, la densidad de energía promedio del universo”
es exactamente la que debería ser para un universo que apareció de un estado de energía cero dentro de una pequeña incertidumbre cuántica. Por tanto, la existencia tanto de la materia como de la energía en el universo no requirieron de la ruptura de ninguna ley en una supuesta creación. En efecto, los datos apoyan fuertemente la hipótesis de que tal milagro no ha ocurrido.
La hipótesis de la creación implica que debió haber ocurrido, es una de sus predicciones y constituye un criterio de falsabilidad, por tanto la predicción no es confirmada y la afirmación de la creación divina de la materia y la energía queda falsada. La hipótesis queda rechazada.
Aquí vemos claramente como la ciencia SI tiene algo que decir sobre Dios.
Imaginemos que el valor de la densidad de la masa del universo no haya sido igual a la necesaria para que la energía total del universo sea cero. Entonces, legítimamente se podría decir que un milagro, violación de las leyes de conservación, sería necesario para que el universo exista. Aunque no sea una prueba concluyente de la existencia de un creador a la satisfacción de todo el mundo, sería un fortísimo indicio a su favor. Pero tal no es el caso.
2da observacion sobre la no existencia de Dios.
El orden.
La hipótesis teísta implica que el orden del universo fue instituido por Dios. Si el universo fue creado, entonces debería tener un cierto orden cuando lo creó, el orden que el Diseñador imprimió en él. Vale decir, en el momento de la creación Dios debería haber puesto el orden del universo. Observaciones que impliquen esa situación o necesidades teóricas de tal situación serían indicios a favor de la existencia de Dios.
Nuevamente nos encontramos con que no se observan tales “marcas de Dios”.
Esto se puede explicar en términos de la 2da ley de la termodinámica, que expresa que la entropía o desorden de un sistema cerrado debe permanecer constante o aumentar con el tiempo. De esto se sigue que como se puede considerar al universo como un sistema cerrado, en algún momento no fue así y alguien desde “afuera” introdujo cierto orden al mismo.
Hasta el descubrimiento por parte de Hubble de la expansión del universo, lo anterior era un fuerte argumento a favor de la posibilidad de la existencia de Dios.
Si imaginamos un cierto desorden en una habitación, digamos zapatos y juguetes tirados por todas partes, siempre podremos obtener un orden local si tenemos un patio donde poner esos zapatos y juguetes causantes del desorden, de otra forma, cuando disponemos de mayor espacio se puede tener más orden local.
Como el universo se expande, partes del universo pueden tener mayor orden a pesar del aumento de la entropía porque el aumento total de la entropía “disponible” es mayor que el aumento de la entropía al expandirse el universo.
Esto es así porque la máxima entropía de una esfera de cierto radio, es la de un agujero negro de ese radio. Pero el universo, que asumimos como una esfera, no es un agujero negro y por lo tanto tiene menos que la máxima entropía. Por tanto aunque volviéndose más desordenado a medida que pasa el tiempo, nuestro universo tiene cada vez más lugar para el desorden. Así también se explica que alguna vez no tuvo lugar para más desorden, es decir, el desorden era máximo. Extrapolando la expansión a 13.7 millones de años atrás cuando el universo estaba confinado a la más pequeña porción de espacio posible, una esfera de Planck que tiene un radio igual a 1.6x 10-35 metros. Como se deduce de la segunda ley, aunque la entropía en ese entonces era menor a la de hoy, sin embargo “llenaba” toda la esfera porque la esfera de Planck es equivalente a un agujero negro.
En el principio el desorden del universo era completo, no tenía estructura; hoy sí tiene estructura basada en el hecho que su entropía ya no es máxima. En el principio no se diseñó nada, era un estado de caos.
Una vez más se ve un resultado científico que de haber sido de otra manera hubiera proveído de una fuerte evidencia de un creador.
Estamos forzados a concluir que el orden complejo que observamos ahora no pudo haber sido el resultado de un diseño inicial de la llamada “creación”. El universo no posee registro de lo ocurrido antes del Big Bang. El creador, de existir, no dejó huellas. Podemos reputarlo como inexistente en cuanto a esto.
3era observación sobre la no-existencia de Dios.
Porqué hay “algo” en vez de “nada”.
Si las leyes de la física proceden, como es demostrable, del espacio-tiempo vacío, ¿de dónde es que viene ese espacio-tiempo?
Este es el último recurso del teísta que busca argumentar la existencia de Dios. ¿Por qué existe “algo” en vez de “nada”?, pregunta que consideran “ganadora”, cuando todos sus supuestos argumentos cosmológicos y físicos fallan.
Analizando la cuestión, una vez más nos topamos con el problema de etiquetación, ¿ a qué exactamente es que llamamos “nada”? ¿cuáles son sus propiedades? ¿Si tuviera propiedades, seguiría siendo “nada”?
Los teístas dicen esto y responden que Dios es la respuesta, pero ¿por qué debería haber Dios y no “nada”?
Asumiendo que podamos definir “nada”, ¿por qué esto es un estado de cosas más natural que “algo”?
La mejor ciencia del momento parece indicar que “algo” es un estado de cosas más plausible que “nada”.
Considérese la simpleza de “nada”; no es razonable esperar que permanezca en ese estado, que sea muy estable. Es muy probable que experimente una transición de fase a algo más complicado, como un universo conteniendo materia. La transición de “nada” hacia algo es natural y no requiere de ningún agente.
“La respuesta a la antigua cuestión de porqué hay algo en vez de nada es que ‘nada’ es inestable”--Frank Wilczek, Premio Nobel de Fisica
Los científicos calculan que en un universo sin bordes propuesto por Hawking, la probabilidad para que haya algo en vez de nada está por encima del 60%, de hecho es el 68% (ver “The Comprehensible Cosmos”, por V. Stenger, apéndice H).
Se puede afirmar entonces que el estado natural de las cosas en el universo es de “algo” en vez de “nada”.
Un universo vacío requeriría intervención sobrenatural, no así uno como el que observamos. Solamente una constante intervención divina podría mantener un estado de vacío en el universo, algo así como el que pretenda tener su patio libre de yuyos. Un estado natural de un patio vacío es lleno de yuyos, un patio sin yuyos es uno que requiere constante intervención del dueño. El hecho de que haya “algo” en vez de “nada” es lo que se esperaría si no hubiera Dios.
El argumento teísta, una vez más se vuelve contra ellos.
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