Por: Félix Piriyú, fundador de Astropy y miembro de APRA.

A la fecha en que se escribe este artículo (agosto de 2026), se han lanzado más de 50 misiones al planeta Marte. Las naciones o agencias espaciales que componen el reducido grupo de exploradores del Planeta Rojo son Estados Unidos, Rusia, China, India, Emiratos Árabes Unidos, Japón y la Agencia Espacial Europea (ESA).

La tecnología de la India tiene el enorme mérito de haber tenido éxito en llegar a Marte en su primer intento: ninguna otra nación lo logró en su vuelo inaugural.

En promedio, más del 50 % de los intentos por llegar a Marte han fracasado. El viaje es difícil y el proceso de insertarse en órbita es complicado, pero la parte realmente dura es conseguir llegar al suelo marciano de manera controlada.

El error más pintoresco: Mars Climate Orbiter

Uno de los errores más pintorescos fue el de la misión norteamericana Mars Climate Orbiter, lanzada en noviembre de 1998. La nave espacial no tuvo problemas mecánicos, pero en su interior había una sutil inconsistencia con los valores que manejaba el sistema informático.

Lockheed Martin Astronautics, la empresa que programó el software de control, calculó la fuerza de los motores utilizando el sistema anglosajón. En cambio, el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA (JPL) asumió que esos datos estaban expresados en el Sistema Internacional de Unidades.

Así, con cada corrección en la trayectoria de vuelo, se fue acumulando un error que finalmente hizo que la nave iniciara sus maniobras de acercamiento final a una altura de 54 km, cuando en realidad debería haberlo hecho a unos 150 km. A tan baja altura, la fricción con la tenue atmósfera marciana hizo que la nave se incendiara y se destruyera por completo.

De esa manera se perdieron los sueños y el trabajo de cientos de investigadores, así como los 240 millones de dólares (valor actual) que costó la misión Mars Climate Orbiter.

El éxito de la NASA y el espectacular amartizaje

Aun así, la NASA es, de lejos, la agencia más exitosa en la conquista del suelo marciano. En los últimos años ha puesto a trabajar dos enormes rovers (vehículos robóticos) sobre la superficie del planeta Marte y lo ha hecho de una forma espectacular.

El amartizaje se inicia con la cápsula ingresando a la atmósfera a unos 21.000 km/h. En la parte inferior de la misma se ubica un escudo protector que soporta temperaturas mayores a 1.500 °C. Como el rover debe tocar tierra en un lugar específico, hace uso de unos pequeños propulsores que van corrigiendo su caída.

El roce del escudo con la atmósfera hace que la velocidad se reduzca a unos 2.000 km/h. Entonces, a una altura de 10 km, se abren los paracaídas: estos fueron los mayores paracaídas desplegados en Marte en la historia de la exploración marciana.

Una vez abiertos correctamente los paracaídas, el escudo inferior es expulsado y se ponen a trabajar los radares de la parte inferior del rover; de esa forma puede calcular su altura con una precisión del orden de los milímetros.

Con la información de los radares, los paracaídas y el protector de la parte superior son desechados. Entonces, el rover se mantiene en el aire utilizando ocho motores. A una altura de unos 20 metros entra en funcionamiento el «Sky Crane», una grúa que baja al rover utilizando tres cuerdas de nailon, además del llamado cordón umbilical, que aporta energía eléctrica y permite la comunicación de datos.

Al tocar el suelo, la grúa siente el alivio del peso y corta las cuerdas y el cordón. Liberado el rover, la grúa utiliza sus motores para alejarse y estrellarse lejos del punto de contacto del rover con la superficie. Así finalizan 36 semanas de viaje interplanetario.

Tenga en cuenta el lector que todo este proceso se realiza, en su totalidad, sin injerencia humana: el sistema informático que lleva la nave controla absolutamente todo. Esto es así porque las señales de la Tierra tardan más de 17 minutos en llegar a Marte, haciendo imposible controlar manualmente el amartizaje.

La trayectoria y las ventanas de lanzamiento

El viaje espacial entre la Tierra y Marte se tiene que calcular detalladamente. Como ambos planetas están girando alrededor del Sol, se debe lanzar la nave de tal manera que recorra la menor distancia posible.

Por lo general, esto implica una trayectoria de encuentro con Marte cuya duración promedio es de unos siete meses. La mejor ventana de lanzamiento se abre cada dos años.

Por lo tanto, futuras misiones humanas que tengan el objetivo de llegar a Marte deben ir preparadas para permanecer en el planeta casi dos años, esperando que la ventana de lanzamiento se vuelva a abrir. Esto es así siempre y cuando no desarrollemos alguna tecnología nueva que nos permita viajar más rápido.

De la ficción a la realidad

La fascinación que siente nuestra especie por el Planeta Rojo se ha traducido inicialmente en ideas fantásticas sobre ingenieros marcianos, excelentes constructores de canales que atravesaban todo el planeta distribuyendo el agua de los polos, para después transformarse en estupendas obras de ciencia ficción, tanto novelas como películas.

En el año 1898, H. G. Wells publicó La guerra de los mundos, obra pionera que inauguró la temática de las invasiones extraterrestres. No se puede dejar de nombrar Una princesa de Marte, de E. R. Burroughs, publicada en 1912, y Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, de 1950.

Del lado de Hollywood tenemos El vengador del futuro (1990), Misión a Marte (2000) y El marciano (2015), que es una exitosa adaptación cinematográfica de la novela de Andy Weir.

Las misiones de la NASA mostraron que Marte era muy distinto del imaginario mundo de las novelas y de lo que pensaban los astrónomos de inicios del siglo XX. Las sondas gemelas Viking mostraron un planeta seco y rocoso, con una atmósfera extremadamente fina e irrespirable para el ser humano.

Marte carece de un campo magnético que proteja la superficie de las radiaciones que vienen del Sol, dejando el suelo estéril y permitiendo que la atmósfera escape hacia el espacio.

La «Cara de Marte»

Aun así, teniendo la información de las Viking, contamos con dos ejemplos de cómo Marte nos siguió fascinando. El primero es la famosa «Cara de Marte», una fotografía tomada por el orbitador de la sonda Viking 1 de la zona llamada Cydonia.

Muchos ufólogos argumentaron que la «cara» era una construcción artificial creada por una antigua civilización marciana.

La NASA había explicado que la apariencia humana de la formación rocosa se debía a un juego de sombras y a la mala definición de la cámara que se utilizó: fue un ejemplo más de pareidolia. En este caso, pareidolia interplanetaria.

En la actualidad, se ha fotografiado la región de Cydonia con cámaras de muy alta definición y no hay rastros de ninguna «cara» ni de construcciones de antiguos marcianos.

  Imagen disponible en Wikipedia.

El meteorito y la vida que nunca fue

El otro caso involucró directamente a la NASA. En agosto de 1996, el entonces administrador de la agencia espacial anunció en una rueda de prensa que habían encontrado restos fosilizados de vida microscópica en un meteorito marciano hallado en la Antártida.

Tan mediática fue la noticia que incluso el presidente Bill Clinton anunció por televisión la enorme importancia del supuesto descubrimiento. La comunidad científica se mantuvo escéptica ante el anuncio y, con el paso del tiempo, demostró que aquellas formas microscópicas parecidas a gusanos podían explicarse perfectamente a través de procesos puramente geológicos y químicos abióticos, descartando cualquier origen biológico.

  Fuente: https://www.britannica.com/topic/Mars-Exploration-Rover

Los desafíos de las misiones humanas

Existen varios proyectos que tienen por objetivo poner a seres humanos sobre la superficie del Planeta Rojo, pero aún hay varios problemas que requieren tecnología por desarrollar.

El primer problema que se debe resolver sería proteger a la nave, a la tecnología que lleva dentro y a la tripulación. El espacio es muy hostil para todo lo que representa la habitabilidad humana.

Las partículas que vienen del Sol, especialmente durante una tormenta solar, pueden dañar las células y producir cáncer. En el equipo electrónico pueden causar cortocircuitos y dejar fuera de servicio los sistemas informáticos.

A esto se suman otras dificultades formidables: el aterrizaje controlado de cargas mucho más pesadas (decenas de toneladas, frente a los pocos cientos de kilos de los rovers actuales), la necesidad de producir oxígeno, agua y combustible en el propio Marte (utilización de recursos in situ o ISRU), la generación de energía fiable durante las largas tormentas de polvo que bloquean el Sol, los hábitats presurizados y protegidos contra la radiación, los sistemas de soporte vital de ciclo cerrado y la autonomía total de la tripulación, ya que cualquier ayuda proveniente de la Tierra se demoraría dos años en llegar.

Recalcamos nuevamente que las ventanas de lanzamiento se abren solo cada 26 meses aproximadamente.

Los planes actuales (agosto de 2026)

La NASA ha priorizado la Luna como campo de pruebas a través del programa Artemis. Su objetivo es establecer los primeros elementos de una base lunar permanente hacia 2030 y usar esa experiencia para misiones a Marte en la década de 2030 o más tarde.

No existe todavía una fecha oficial de aterrizaje tripulado en el Planeta Rojo. La agencia trabaja en un nuevo sistema de propulsión. En 2028 planea lanzar la sonda nuclear SR-1 Freedom, que desplegará helicópteros similares a Ingenuity para estudiar posibles lugares de aterrizaje y buscar hielo de agua.

SpaceX, con su vehículo Starship, mantiene el objetivo a largo plazo de una ciudad autosostenible en Marte. Sin embargo, en 2026 la empresa retrasó sus planes marcianos varios años para concentrarse primero en la Luna. Los primeros vuelos no tripulados de Starship a Marte se proyectan ahora para principios o mediados de la década de 2030, siempre que se resuelvan los retos del reabastecimiento en órbita y el aterrizaje de grandes masas.

China avanza de forma independiente. Su misión Tianwen-3, de retorno de muestras, tiene previsto el lanzamiento alrededor de 2028 y el regreso a la Tierra en 2031. Según su hoja de ruta, hacia el año 2050 se podría concretar una misión tripulada a Marte, con la posible construcción de una base de investigación.

La Agencia Espacial Europea, India, Japón y los Emiratos Árabes Unidos continúan con misiones robóticas y colaboraciones. Japón lanzará en 2026 la misión MMX para explorar las lunas de Marte y traer muestras de Fobos. India, que ya llegó a Marte en su primer intento, trabaja en nuevas sondas.

Para que una colonia sea viable se necesita:

  • Sistemas de propulsión más rápidos (térmica o eléctrica nuclear) que reduzcan el tiempo de exposición a la radiación.
  • Escudos térmicos y sistemas de aterrizaje capaces de frenar vehículos de decenas de toneladas en la tenue atmósfera marciana.
  • Producción de oxígeno a partir del dióxido de carbono (ya demostrada a pequeña escala por el experimento MOXIE del rover Perseverance) y de combustible (metano y oxígeno) a partir de hielo de agua y CO₂.
  • Reactores de fisión compactos para generar electricidad continua.
  • Hábitats inflables o construidos con regolito marciano que ofrezcan protección contra la radiación y las extremas variaciones de temperatura. También se ha estudiado la posibilidad de hacer habitables los túneles de lava que se sabe que existen en Marte.
  • Sistemas de soporte vital casi cerrados que reciclen agua y aire y, eventualmente, produzcan alimentos.
  • Robótica avanzada y autonomía total, porque no habrá control en tiempo real desde la Tierra.

Sin estos avances, cualquier intento de colonia permanecerá en el terreno de la ciencia ficción.

Los mayores logros y descubrimientos de los rovers marcianos de la NASA

Los rovers de la NASA han transformado por completo nuestra visión de Marte.

Spirit y Opportunity (2004 al 2018 y 2004 al 2010) demostraron de forma definitiva que en el pasado fluyó agua líquida durante periodos prolongados. Opportunity encontró los famosos «arándanos» de hematita y evidencias de lagos salados antiguos. Spirit descubrió rocas alteradas por agua subterránea y restos de antiguos manantiales calientes.

Curiosity, que aterrizó en 2012 y sigue activo en 2026, reveló que el cráter Gale albergó lagos durante millones de años y que las condiciones fueron habitables durante largos periodos. Detectó moléculas orgánicas complejas, incluidas cadenas largas de hidrocarburos.

Perseverance, que aterrizó en el cráter Jezero en 2021 y también continúa operando, ha llevado la exploración un paso más allá. Ha recogido y sellado decenas de muestras de roca y suelo destinadas a un futuro retorno a la Tierra.

En la roca «Cheyava Falls» encontró posibles biofirmas: manchas con forma de «piel de leopardo» asociadas a reacciones químicas que en la Tierra suelen estar ligadas a la actividad microbiana.

Confirmó que Jezero fue un antiguo lago alimentado por un delta fluvial. El rover produjo oxígeno a partir de la atmósfera marciana con el experimento MOXIE. Además, su pequeño helicóptero Ingenuity realizó el primer vuelo controlado en otro planeta. En 2026, Perseverance completó más de 42 kilómetros sobre la superficie marciana.

Juntos, estos robots han demostrado que Marte fue un mundo con agua, con ambientes potencialmente habitables y con química orgánica compleja. Han preparado el camino para las misiones humanas y han convertido al Planeta Rojo en un destino científico real y no solo en un sueño de la literatura.

Terrícolas, Marte nos espera. Ojalá estos proyectos avancen lo más rápido posible y podamos ver a un Homo sapiens sobre suelo marciano antes de que termine la primera mitad del siglo XXI.

Obv: las imagenes usadas en este artículo fueron generadas con IA.

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